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Abedules flameados

Abedules flameados

Cuando, habiendo leído El libro de la madera, uno lee las primeras páginas de esta novela, no puede evitar sospechar que Lars Mytting solo ha cambiado de formato; que vuelve una vez más a la carga con sus filias, independientemente del armazón narrativo que ha levantado para la ocasión. Y es cierto en parte y sin que sea nada a lamentar. Se recrea en descripciones de útiles sencillos desde las primeras páginas, especialmente si llevan abedul flameado, como la navaja del abuelo o el ataúd que desencadena las indagaciones vitales del protagonista, o si se trata de culatas de un nogal especialmente sufrido. Y es que lo hace con mayor preciosismo en lo relativo a ciertos árboles y sus maderas; hasta las sublimadas por una especie de colapso arborífero, capaz de cercenar siglos y siglos de existencia vegetal. Y la fotografía acaba por adquirir esa profundidad por la que no tuvo que preocuparse tanto en su anterior libro: un best seller que, por alguna razón, no se prodigó tanto en España como en el resto de Europa.

"Los personajes principales parecen relacionarse entre sí, sentimentalmente, a través de las dos guerras mundiales, correspondencias escabrosas y materiales."

Los dieciséis árboles del Somme tiene mucho de novela de formación, cómo no, con su preceptivo viaje iniciático. El mundo del protagonista se desmorona alrededor de la pira funeraria del abuelo Sverre, empujándole a nuevos ámbitos en los que obtener respuestas a preguntas que siempre habían estado allí para él, como montañas aparentemente inexpugnables. Por el camino, tal como acabamos de sugerir y con las prerrogativas propias de la primera persona, Mytting se delecta en curiosidades como las que el superventas contenía, y que ahora adquieren la forma de párrafos encastrados en la trama. Al perder o malograr sus máscaras, algunos soldados de la Primera Guerra Mundial se protegieron del gas mostaza con trapos meados. Existe una categoría llamada Circassian Grade para las maderas más hermosas. El legendario Black Watch, batallón de infantería escocés, usó kilt hasta 1940. Nos obsequia con este tipo de erudición —ligera y miscelánea— que se comparte en barras de bar y que recuerda, bien al Reader’s Digest, bien a esos viejos libros cuatricromados que ostentaban títulos tan ingenuos como Todo lo que has de saber. También aquí la historia se vuelve coartada por momentos, pero, por fortuna para el lector, se trata de una bastante buena.

Los personajes principales parecen relacionarse entre sí, sentimentalmente, a través de las dos guerras mundiales, correspondencias escabrosas y materiales: granito de Saksum y árboles que registran en sus vetas tanto la historia de la tierra como la de las sucesivas barbaries civilizadas (no, ni de lejos es un oxímoron). Y el nudo se complica tanto como la talla del ataúd del tío Einar, pero también adquiere los matices tornasolados de esa cierta madera que describe en varios momentos, otorgándole propiedades prácticamente sobrenaturales, cuando la luz revela su esplendor lleno de formas cambiantes. No puede negarse que el autor se ha cuidado de ensamblar con maestría las partes, y de recurrir a los mimbres de la muerte —el asunto de la muerte, ampliamente entendido— para a la vez abrir y cerrar su escrito.

"Los dieciséis árboles del Somme no es un libro excelso, pero sí uno bastante bueno, que mantendrá a más de uno robándole horas a la cama, lo que, ya de por sí, es mucho decir."

Un juego de paridades simbólicas —unas más comunes que otras— vertebra la novela: dos bosques (Somme y Hirijfell), dos mujeres (la imposible y la que siempre estuvo), dos temperamentos enfrentados en los mencionados Sverre y Einar (con esas diferencias irreconciliables tan de las guerras civiles), dos cunas enfrentadas (una campesina y provinciana, otra altoburguesa y cosmopolita), y quizá otras más sutiles. Si bien hay algo de cliché en todo esto, el desenlace del libro enmienda bastante la plana. Por otra parte, el estilo, y probablemente la traducción, revelan a un escritor que maneja buenas imágenes y que —lo que quizá sea más importante— tiene la capacidad de dotar de sentido al conjunto. Los dieciséis árboles del Somme no es un libro excelso, pero sí uno bastante bueno, que mantendrá a más de uno robándole horas a la cama, lo que, ya de por sí, es mucho decir.

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Autor: Lars Mytting. Título: Los dieciséis árboles del Somme (Premio de los Libreros de Noruega). Editorial: Alfaguara. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro