Abril

Domingo, 23

Estoy con P. en Barcelona. Sant Jordi es una fiesta continua en la que, entre los puestos de libros y rosas que inundan las calles, realidad y ficción se funden. Hay quien coloca su tenderete para decir que la independencia es la panacea para Cataluña.

La noche anterior asistimos a la fiesta que ofrecía La Vanguardia en el hotel Alma. Cantaron Los Manolos en un ambiente pijocultureta y todos nos abrazamos cordialmente y nos dijimos cuánto nos gustaba volver a vernos. Una verdadera orgía intelectual. Los cuatro oradores que abrieron el acto hablaron y hablaron en catalán y en ningún momento tuvieron la educación de enviar un saludo al numerosísimo público castellanohablante que había asistido a su fiesta, a beber su cava, aunque se hubieran tragado 500 kilómetros, más otros 500 para volver, antes de pagar un par de noches en un hotelito a precio de escándalo.

A mediodía de este mágico 23, en el que algunos recordamos de lejos a Cervantes y a Shakespeare, la futura mamá que estaba también muy lejos, literalmente lejos de todo porque esperaba un bebé desde hacía casi 300 días, nos llamó por teléfono para comunicarnos que la espera estaba a punto de acabar. Estábamos a casi 1.000 kilómetros pero llegamos diez minutos antes de que terminase el mejor Día del Libro de los últimos años, justo en el momento en que decidiste salir y contaminarte con la poesía diaria de las cosas más sencillas: las mismas que espero seas tú quien un día las protagonice.

Carta a un niño que acaba de nacer

Abril ya no será el mes más cruel, querido Pablo. Has llegado tú y lo has cambiado todo: «el azul del océano en los mapas, / los días y sus noches».

A solo diez minutos para acabar el día en que la imaginación de la literatura, la magia de la realidad y todo lo que al ser humano se le haya ocurrido inventar para darle la vuelta a lo cotidiano, llegas tú y lo cambias todo. Sin saberlo.

Sin tan siquiera hacer nada.

Oriana Fallaci escribió en su Carta a un niño que nunca nació: “Anoche supe que existías: una gota de vida que se escapó de la nada”. Ya ves lo que eres, Pablo: una gota de vida que abandona la bolsa amniótica de tu mamá en donde te alojabas flotando en una felicidad que te permitía vencer la fuerza de la gravedad, que te protegía de los golpes y de la que te alimentaste durante nueve meses. Si no fuera pura ciencia sería para creer en los milagros. El milagro de la vida, decimos. Y aquí estás, un recién llegado en ese episodio tan crucial de tu vida: Te tuve /cuando eras /dulce, /acariciado mundo. /Realidad casi nube, /… Ya ves que recurro otra vez a Ángel González, ya te hablaré de él y tendrás ocasión de leer sus poemas (¿se seguirá leyendo dentro de 15 años?). Hoy han anunciado que los coches voladores están a punto de llegar, así que ya casi todo es posible; pero yo no hablaba de esa realidad, ni de la posibilidad de planear o de subir más alto. Ni de ninguna realidad virtual. Acabas de llegar al mundo de la posverdad, ¿sabes lo que es eso?, pues es un concepto algo ambiguo para explicar cómo los hechos objetivos apenas tienen influencia en la formación de la opinión pública. Habrá que recurrir otra vez a la emoción personal para no caer del todo en un pozo de falacia en donde los poderosos campan a sus anchas. Pero bueno, por favor, acabas de llegar y ya estoy yo dándote la charla. Con lo que tú duermes. Aunque no perdamos de vista que esto, si lo llegaras a leer, lo harás dentro de mucho tiempo, así que te diré dos o tres cosas más: que estás en la época del Brexit (Bretaña exit, o sea, Gran Bretaña se va de la Unión Europea), y también de Marine Le Pen, la lideresa del partido de la derecha más extrema de Francia -antes ejemplo de la grandeur y de la Revolución que enarboló la Libertad, Igualdad y Fraternidad-, que si gana las próximas elecciones también quiere promover la huida de la Comunidad Europea, de la que, dicho sea de paso, no ha hecho nada bien sus deberes. Pero en España, el país en que has nacido, las cosas no están mejor. El momento recuerda al título de la película de Berlanga, Todos a la cárcel. De aquella targentópolis italiana que tanto criticamos, que sumió al país en una cloaca de corrupción, terminamos siendo nosotros un fiel reflejo.

No temas, cuando estires un poco más el cuello para ver todo esto que te cuento no quedará nada. Habrá otras cosas, claro, y quizá el buen sentido habrá imperado. Ya verás cómo tú vas a contribuir a hacer de este mundo algo mejor. Si tienes ocasión puedes ver otra película con la retranca de Berlanga, pero es de José Luis Cuerda: Amanece, que no es poco.

Pero no todo es tan negativo. Además, estamos aquí para ser protagonistas y no observadores pasivos. Tenemos que volver a enchufarnos a la vida, y tú nos vas a ayudar. Acuérdate de lo que un día escribió José Agustín Goytisolo: «La vida es bella, ya verás / como a pesar de los pesares / tendrás amor, tendrás amigos».
El poeta lo escribió pensando en Julia, su hija, cuando nació, como yo lo escribo hoy, pensando en ti, / como ahora pienso.

Martes, 25

Abro al azar La misteriosa llama de la reina Loana, de Umberto Eco, y en la página 13, leo: No me ponga en apuros, solo soy un médico. Y además estamos en abril (…). Hoy es 25 de abril.

Viernes, 28

Alfredo: Una biografía dibujada

“Asturiano desde la primavera del 33, quise ser futbolista, camionero y maquinista de RENFE, todo a la vez; pero no sé cómo estudié Humanidades y Filosofía con los dominicos, lo cual me vino muy bien. En los años 50, y siempre con mis frailes, leíamos a hurtadillas a Machado, Lorca y Miguel Hernández. Hacia el 58 llegué a Madrid con 1.500 ptas. y junto a andaluces y extremeños me instalé de peón de albañil por Usera. En Madrid me di de bruces con la publicidad y los abstractos del grupo El Paso. Estos juntaban la nada; o sea, cuadros sin gente. La publicidad me dio de comer, una familia y un amigo del alma, José María Mozo. Me publicaron algunos libros, realicé exposiciones y colaboré en periódicos y revistas”.

De esta manera tan sencilla y esquemática cuenta su larga y azarosa vida Alfredo, uno de los dibujantes más interesantes de nuestro panorama cultural.

El Museo ABC de Madrid muestra ahora el legado de este maestro de ilustradores, con la exposición “Alfredo. La ventana de atrás. Desmemorias de un dibujante” y la editorial Treseditores pone a la venta, con el mismo título, un magnífico libro en el que Alfredo cuenta su extraordinaria vida con un texto cargado de emotividad, frescura y humor a raudales, e ilustrado con sus dibujos que son una delicia y un canto a la vida. Una vida que Alfredo plasma con sus lápices de colores, sus pasteles y sus rotuladores, que son los materiales con que ha retratado las ciudades y las personas que ha conocido durante una vida que se prolonga ya 84 años. “Sus dibujos son un repaso a sus recuerdos escritos y dibujados que constituyen un mosaico que recorre no solo su vida sino también la historia de nuestro país en los últimos ochenta años”, dice su editor, Mauricio d´Ors.

Juan Carlos Laviana, en su artículo, “Alfredo, la grandeza del artista humilde” (La Nueva España, 26 de de abril, 2017), escribe: “Alfredo representa mejor que nadie la humildad del genio. Es un artista portentoso, deslumbrante, fuera de lo común, aunque no le gustaría leer estas palabras”. Y es así, con parecidos términos, como hablan de él los que le conocen. Y eso lo refleja en sus ilustraciones, personalísimas y con un toque naïf que las hace inconfundibles.

– ¿Por qué faes les cases torcíes?, dice Alfredo que le preguntaba su madre cuando veía sus dibujos. “Ahora le contestaría que es porque me salen así”, escribe. Sea como fuere, Alfredo es un dibujante que dibuja siempre y en cualquier ocasión; y dibuja ciudades como nadie: “porque soy de pueblo”, dice, “y digamos que veo los contrastes”. Alfredo nació en Agüeria, una aldea del centro de Asturias, en plena cuenca minera del Caudal, y no olvida sus orígenes y lo que pasó a su alrededor -un año después de venir al mundo estalla la Revolución del 34, y poco después la guerra civil, la dictadura y todo eso que sabemos. Por eso su narración es así de real, de tangible, de verdadera, de vital. Por eso La ventana de atrás es un libro que merece la pena leerlo, mirarlo y sentirlo con la misma fuerza con la que Alfredo lo trasmite. Una ventana por la que Alfredo, siendo aún un niño, pudo librarse de un destino ineludible: pasar de la escuela a la mina.

La ventana de atrás, publicado por Treseditores está a la venta en Amazon y en el Museo ABC.

Alfredo. El Transcantábrico

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