Mayo

G.T.B. visto por Chema Conesa en 1997

 

Miércoles, 3

Comida con P., Luis Mateo Díez, Manuel Longares y Ernesto Pérez Zúñiga. Ya es una tradición que mantenemos con ganas de vernos y vocación literaria.

Mateo y Longares son dos locos maravillosos y Zúñiga lleva ese mismo camino, solo que ante maestros les deja a ellos la parte del león y se mantiene en un plano de admiración y amistad. Ellos admiran también su literatura, así que la comida, que hacemos en Casa Paco, en la calle de Caballero de Gracia, transcurre entre himnos de camaradería intelectual y unas risas inevitables tratándose de Mateo y Longares, humoristas confesos y amantes de la vida, a veces a pesar de ella.

Caballero de Gracia es una calle paralela a la Gran Vía madrileña y es el vals de la zarzuela La Gran Vía, que dice:

“Caballero de Gracia me llaman, / y efectivamente soy así, / pues sabido es que a mí me conoce /por mis amoríos todo Madrid”.

Martes, 9

Había quedado con Fernando Beltrán en La Tavernetta, que es el restaurante al que acudo para mis encuentros importantes. Como siempre, Angelo Loi hace los honores y nos recomienda un plato que está haciendo Flor, la joven abuela filipina que sonríe tras el vidrio de la cocina, abierta para que los comensales sepan en todo momento qué es lo que se está cociendo allí.

Loi, que es un cocinero espléndido y un sardo culto, añade a sus comentarios culinarios frases del tipo “esto también es poesía” porque en la conversación se mezclan felizmente dos promesas compatibles: la literatura y los fogones.

Fernando y yo arreglamos el mundo mientras comemos una pasta divina y hablamos de Claudio Rodríguez y de José Luis Guerín, del que Fernando me recomienda encarecidamente que vea La academia de las musas, que es la manera en que Fernando te recomienda algo que le ha gustado. Lo había hecho ya con el documental Searching for sugar man.

"Ambos habíamos conocido a don Gonzalo y ambos habíamos leído La saga/fuga de J.B., uno de los grandes hitos de la novela experimental, y también Don Juan, su novela preferida."

Al salir, y aún en la calle Orellana, a esa hora en que el recuerdo de la siesta empieza a rondarte por la cabeza como una nueva promesa de salvación, nos cruzamos con una jovencísima lectora que camina decidida y sin tropezar con ninguna farola, a pesar de empuñar con decisión un libro que, a su paso, se nos revela como El golpe de Estado de Guadalupe Limón, de Gonzalo Torrente Ballester.

Fernando, que es el vivo ejemplo de la pasión, exclama: “Dios. Bendito seas, una joven leyendo a Torrente; escritora, seguro”. Lo que no podíamos imaginar es lo que a continuación sucedió, porque la jovencísima lectora, que luego nos dijo que tenía 16 años, se paró en seco y recobrando la serenidad tras la primera sorpresa, dijo:

“Soy su nieta. La nieta de Torrente Ballester”.

Cruzaba por allí alguien al que Fernando abordó para que nos hiciera una foto, que no reproduzco aquí por tratarse de una menor.

Todo tenía que ser así porque si no, la vida no nos gustaría tanto.

Ambos habíamos conocido a don Gonzalo y ambos habíamos leído La saga/fuga de J.B., uno de los grandes hitos de la novela experimental, y también Don Juan, su novela preferida, y esa monumental historia que es Los gozos y las sombras, y que le dio a Torrente el respiro económico que necesitaba.

"Que Fernando Beltrán ansiara ser académico a su tierna edad de escritor en ciernes lo supe aquel día cuando lo contó. Debo confesar que si aún no lo es, se debe a la ceguera intelectual de algunos."

Fernando Beltrán, que desde hacía una hora llevaba subido al cielo de la creación poética con que la vida misma unge a los que la provocan, le contó a la nieta del ilustre escritor que en 1975, recién nombrado académico, él, Fernando —17 años— y Elena, la que hoy es su mujer —15—, se acercaron con La saga/fuga de J.B. para que se lo firmase. Le cuentan que acaban de hacerse novios, y en ese estado de gracia poética en el que estaba doblemente instalado, Fernando le dice a Torrente, lleno de ilusión y orgullo —los mismos sentimientos que ahora le da vergüenza recordar: “Yo quiero algún día ocupar un sillón como usted en la Academia. Y don Gonzalo Torrente Ballester escribió:

“A Elena y Fernando, con el deseo de que todo salga bien. Con el afecto de…”.

Que Fernando Beltrán ansiara ser académico a su tierna edad de escritor en ciernes lo supe aquel día cuando lo contó. Debo confesar que si aún no lo es, se debe a la ceguera intelectual de algunos que no han incluido en la docta Casa a Pepe Caballero Bonald, a Cristina Fernández Cubas, a Santos Sanz Villanueva, a Joan Margarit y, naturalmente, al creador de tantas obras poéticas de altura y de tantas palabras salidas de su laboratorio de ideas llamado “El nombre de las cosas”: Fernando Beltrán.

Al llegar a mi casa, Hortaleza, 75, parafraseando al Luis Rosales de La casa encendida, Fernando me mandó entusiasmado la dedicatoria de Torrente y el recorte de un artículo que Víctor García de la Concha había publicado en El País del 28 de enero de 1999, en el que el académico hablaba de Oviedo (Fernando nació en esta ciudad que bautizó como Lloviedo) y también cita el libro que llevaba la nietísima. El recorte lo había guardado Beltrán entre las páginas de La saga/fuga…, y entre otras cosas decía: “En novelas como El golpe de Estado de Guadalupe Limón [Torrente Ballester] descubre la falsedad de toda construcción histórica”.
Pues bien, esa misma noche, la 1 de TVE quiso cerrar el círculo del jardín de los senderos que se bifurcan recordando a José Luis Guerín y Los gozos y las sombras mediante unos fotogramas de la serie hecha a partir de la trilogía de don Gonzalo.

Domingo, 14

Me llega un whatsapp de Javier Lasheras que, al abrir, leo con estupor: “Necrológica de don Mariano Arias Páramo-versión móvil- esquelas de Asturias”.

"Así era Mariano Arias, gran escritor, magnífico docente, estudioso de las palabras, miembro destacado de la Escuela materialista de Oviedo y espléndido amigo"

El pasado 1 de marzo publicábamos en Zenda “La palabra sacralizada”, reseña que el profesor de filosofía Román García Fernández escribió sobre El escriba sagrado. Filosofía del origen de la Idea de Escritura, de Mariano Arias, publicado por la editorial Brumaria-Eikasia. Esta fue la última obra de Mariano Arias (Oviedo, 1961) en la que trató del origen de la escritura desde una perspectiva materialista.

Recuerdo ahora su voz pausada al otro lado de la línea cuando me llamó en enero de 1991 para decirme que había sido finalista del premio Nadal con El silencio de las palabras (Destino, 1991). Pero Mariano no continuó el camino de la narrativa, salvo contadas excepciones como cuando escribió Il finimondo, el cuento con el que ganó el premio Juan Rulfo y que es una narración trufada de filosofía. Ante la pregunta de Diego Medrado en El Comercio de por qué no había seguido en la ficción tras aquel gran empujón literario del Nadal, Arias respondió:

“Por algo muy importante, me di cuenta de que lo que quería decir no lo podía hacer bajo el género novelesco. Buscaba algo más importante que contar una historia. Explicar qué es la escritura. Algo que no consiguió decirnos ni el formalismo ruso, ni la escuela americana ni mucho menos la francesa. Los géneros son una consecuencia, si quieres, pero no la causa: una evolución de cómo la imaginación comenzó a desarrollarse para contar. Mi pasión es la literatura que los trasciende, el Ulises, de Joyce, si quieres, o la propia literatura hispanoamericana, que es sucintamente oral, muy traviesa. Quise ir al origen de todo, simplemente. En un reto honesto y muy mío”.

Así era Mariano Arias, gran escritor, magnífico docente, estudioso de las palabras, miembro destacado de la Escuela materialista de Oviedo y espléndido amigo al que Zenda brindó un espacio para El escriba sagrado, su último trabajo. Como dice Román García Fernández, “sobre las reflexiones de las distintas tradiciones culturales, como el judaísmo o el psicoanálisis, o las que realiza sobre las corrientes filosóficas como el estructuralismo derridiano o las teorías de Denise Schmandt-Besserat o el propio concepto de producción, claves en las reflexiones sobre la escritura”.

"Mar Cohnen, directora de XL y Arturo Pérez-Reverte, fundador y editor de Zenda, hablaron corto y bien a los escritores, pintores, periodistas, directores de cine que llenaban la sala de la quinta planta del Círculo de Bellas Artes."

En mi colección incompleta de Los Cuadernos del Norte, la mítica revista que dirigió Juan Cueto, conservo un ejemplar que Mariano Arias me regaló (Nº 49. Mayo-Junio de 1988) en el que había publicado una magnífica narración titulada “Maledicti”, que en la revista ocupaba seis páginas, y que él me había corregido -en rojo- las erratas que había encontrado tras su lectura.

Jueves, 18

Fiesta de Zenda y XL Semanal.

“Muy ricas las bodas fueron / y quien las vio las recuerda”, cantó Antonio Machado en La tierra de Alvargonzález. Así fue la unión digital de Zenda, Autores, libros & cía con el XL Semanal, la revista de fin de semana del grupo Vocento, que se difunde con 23 diarios nacionales. “Hubo gaitas, tambor y vihuela, / fuegos a la valenciana y danzas a la aragonesa”, es decir, las bodegas de Emilio Moro pusieron la alegría para brindar por el encuentro.

Mar Cohnen, directora de XL y Arturo Pérez-Reverte, fundador y editor de Zenda, hablaron corto y bien a los escritores, pintores, periodistas, directores de cine que llenaban la sala de la quinta planta del Círculo de Bellas Artes. Pepe Habichuela rasgó con amor y solvencia probada su guitarra y tras dos temas que trajeron aromas del sur comenzó la fiesta. Lo dicho: “Quien las vio las recuerda”.

Lo cuentan mejor Leandro Pérez (“Los latidos de Zenda“, del 19 de mayo) y Raquel Jiménez (“Feliz cumpleaños, Zenda”, del pasado día 26).

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Presentación del libro de fotografías, Mujer, de Jeosm, en la librería Swinton & Grant (Miguel Servet 21).
Lleno hasta la bandera para celebrar la salida del libro del fotógrafo estrella de Zenda, Jeosm. Marta Fernández y Arturo Pérez-Reverte fueron los padrinos perfectos. Ambos estuvieron de diez y hablaron de Jeosm no solo como del gran fotógrafo que es sino también de su calidad humana, algo que yo confirmo desde que vino a casa a hacerme unas fotos (su sección se llama #Mibiblioteca). Jeosm es un gran tipo con una gran sensibilidad, un self-made man que mira el mundo con ojos creativos y, por tanto, que sabe mirar a sus modelos, sean quienes sean, en este caso mujeres jóvenes, con ropas y posturas insinuantes, mostrando su anatomía con descaro y con libertad. “Jeosm no nos dijo cómo teníamos que ir vestidas a su estudio”, dicen las chicas que posaron para él. “Fue en todo momento respetuoso y nos hemos sentido como colegas”.

" Es muy modesto Jeosm, porque tiene además ingenio y esa mirada de colega, de hombre que ama lo que hace, que pone en su trabajo el arte y la técnica para que el resultado final sea bueno para ambos."

Como dice María José Solano en la entrevista que publica en Zenda hoy mismo sobre él, (“La mujer sigue siendo el sexo fuerte”), “Jeosm es autor de obras como Guerreros urbanos Sacrificios y Realidad, ofrece un tributo a la mujer de su generación y de su propio entorno mediante un centenar de retratos en blanco y negro de peluqueras, dependientas, maquilladoras, camareras, periodistas, estudiantes, bailarinas, cantantes, artistas del tatuaje, diseñadoras gráficas…” Y a este retrato generacional le acompañan textos de varias mujeres (Lara Siscar, Paloma Bravo, Espido Freire, Cristina Redondo, Michelle Roche, Marta Robles…).

“Mira”, le dice a Solano en la entrevista, “yo tengo un arma, que es la luz. Ya está. No tengo nada más”. Es muy modesto Jeosm, porque tiene además ingenio y esa mirada de colega, de hombre que ama lo que hace, que pone en su trabajo el arte y la técnica para que el resultado final sea bueno para ambos: para el artista y su modelo.

Lo cantó Silvio Rodríguez en su disco Mujeres (1978): “Me han estremecido / un montón de mujeres / mujeres de fuego /mujeres de nieve…”.

(Ver también “Jeosm presenta Mujer, un homenaje a ´los seres superiores´”, de Jesús Fernández Úbeda, el 24 de mayo).

Domingo, 21

A las doce de la mañana quedo con Edu Galán en el Maravillas en un acto reivindicativo en defensa de la libertad de expresión organizado por infolibre.com. Me vuelvo a ver con Jesús Maraña, su director, después de casi veinte años de haber compartido la segunda planta en El Mundo y con antiguos colegas con los que compartí momentos interesantes en unos años en los que trabajabas, te divertías y si querías, arrimabas el hombro para que las cosas fueran p´arriba, que era el camino que tenían que haber ido esas cosas. Hoy volvemos a vernos para hablar de la falta de libertad, orquestada desde poderes omnívoros, en un ambiente de destrozos sistemáticos, financieros y políticos. Vuelta a empezar.

"Un sueño que yo vi cumplido en 1997 y que se debería incluir como la cuarta condición para ser algo en la vida, es decir: tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol…, y ser el pregonero de las fiestas de tu pueblo."

Allí estuvieron, entre otros muchos, Luis García Montero, Dani Mateo, el juez Garzón, Carlos Castresana -el fiscal que dirigió la Comisión contra la Impunidad en Guatemala por encargo de la ONU y que dijo cosas que dejan boquiabierto-; Edu Galán y Darío Adanti, la pareja de humor inteligente que dirige la revista Mongolia y que son imprescindibles para poner en solfa todos los desmanes de la clase política, de los banqueros y de la Casa Real. Un placer reivindicativo de los de antes: con fundamento, como los buenos platos que dice cocinar Karlos Arguiñano.

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Rebeca Minguela, la segoviana que según dice la revista Papel el Foro de Davos acaba de consagrar como la única española de su lista de Jóvenes Líderes Globales, manifiesta que aún tiene un sueño: dar el pregón de sus fiestas patronales.

Un sueño que yo vi cumplido en 1997 y que se debería incluir como la cuarta condición para ser algo en la vida, es decir: tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol…, y ser el pregonero de las fiestas de tu pueblo.

Lunes, 22

El escritor Javier Lasheras ha publicado hoy en La Nueva España este testimonio para un amigo que titula:

“Carta para Il Finimondo. En recuerdo de Mariano Arias, escritor y filósofo”.

Querido Mariano:

Miro la fotografía. Estamos en “La mar del medio”, en Oviedo. Es el 19 de marzo de 1999. Me acuerdo porque ese día a Félix Grande y a mí nos comunicaron que José Agustín Goytisolo se había elevado a los cielos. Déjame recordarte. De izquierda a derecha estamos el fotógrafo Paco García, que cedió su cámara a Mauro Blanco para retratarnos; un servidor; Francisco García Pérez al que se le adivina por la presencia de Paz, su mujer; Fernanda, la mujer de Labra; Pepe Monteserín; los mencionados Ricardo Labra y Paz; Félix Grande, tú y Cristina Fernández Cubas. Pero tú y yo ya nos habíamos conocido años antes, Miguel Munárriz mediante, con motivo del llamamiento de Javier Bauluz para socorrer a las gentes que padecían la guerra de Bosnia-Herzegovina. Te involucraste como en tantas otras causas y, junto con Munárriz y conmigo reunimos a más de cuarenta autores. Luego, Roberto Quiroga y yo te entrevistamos en la radio y a partir de ahí, entre libros y paseos, bosques y montañas, fuimos viviendo los años. Pasaron las fotografías, la literatura, los enamoramientos y ese despacho tuyo que parecía un enclave más de la rive gauche parisina. También esos viajes repentinos a la búsqueda de conocimientos para desenmascarar tanta apocalipsis que sólo servía «para aterrorizar a sus contemporáneos con la idea del fin del mundo», como bien escribías en el epílogo a la que considero tu obra más acabada, Il Finimondo, una narración corta pero de extensa longitud humanística.

"Vuelvo a la fotografía. Veo en tus ojos la mirada del escritor que ha sabido superarse, a la manera de Samuel Beckett. Un escritor que ha encontrado alguna pregunta esencial, de esas que no necesitan respuesta."

Un día, tras haber leído este relato en el que aunaste filosofía y literatura con una exquisita mirada de fotógrafo que contempla el mundo, me hablaste cerca de Santa María del Naranco de la catedral de Orvieto, de esa Capilla de san Brizio y de todos sus significados. Hablamos de la calidad de aquellos frescos de Luca Signorelli, de los trazos y colores, de su precisión para dar vida a aquellos seres de luz sobrecogedora. Y también de cómo te encontraste con esa lámina que reproduce ese fresco de Signorelli en el que se aprecia al filósofo Empédocles asomado por el óculo de una bóveda observando Il Finimondo. Signorelli, te recuerdo, recibió la noticia de la muerte de su joven primogénito y a pesar de estar abatido por el dolor, lo retrató ya muerto con el fin de guardar en su memoria lo que la Europa de la peste le había arrebatado para siempre. Ahora recuerdo aquel mecanismo de la física que aplicaste a tu relato y que en la técnica fotográfica produce el llamado efecto polarizador. Así lograste que el protagonista Galvanus, al mirar ese fresco de Signorelli, viese cómo Empédocles cobraba vida, salía del óculo situado a quince metros de altura y le sonreía justo antes de que Galvanus sufriera esa experiencia apocalíptica: es entonces cuando ve la Historia, la Filosofía, la Poesía, el Cosmos, la Guerra y la Muerte. Como bien decías, ni siquiera las «palabras de Platón o Aristóteles, ni las del mismo Empédocles o el Dante de la Divina Comedia» lograrán sosegar a Galvanus.

Vuelvo a la fotografía. Veo en tus ojos la mirada del escritor que ha sabido superarse, a la manera de Samuel Beckett. Un escritor que ha encontrado alguna pregunta esencial, de esas que no necesitan respuesta. El cenicero repleto de colillas: parecen gusanos a la espera de devorar las palabras y obrar el silencio eterno. Miramos todos al objetivo, congelados en la redoma del tiempo y, de repente, desapareces. Sé que no te has ido, que has usado un nuevo truco fotográfico para dejarnos con un temblor en el relato de tu propia vida. Así que, como hiciera Signorelli al retratar a su hijo, yo conservaré esta foto para recordarte y sé que tú, al igual que Empédocles a Galvanus, me sonreirás desde el óculo de tus libros. Que los Campos Elíseos sean de tu agrado.
Javier Lasheras acaba de publicar Las mujeres de la calle Luna (Ed. Algaida)

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Rueda de prensa en el Espacio Bertelsmann (O’Donnell, 10) para presentar el libro de Antonio Resines: Pa´ habernos matao. Memoria de un calvo (Aguilar). El actor se sentó con su editor y con el prologuista del libro, Fernando Trueba y supimos que Resines había estudiado en Madrid Derecho y Periodismo y que “por casualidad, comenzó a actuar”. Lo de casualidad lo corroboraron todos los amigos que participaron en un vídeo y también los que poblaban gran parte de la sala: Verónica Forqué, El Gran Wyoming, Carlos Boyero, Carmen Maura, José Luis Cuerda, Fernando Colomo, Jesús Bonilla, Antonio Molero, María Barranco… “Yo no tenía ni idea de que Antonio quería ser actor”, fue la frase más recurrente. Fue una rueda de prensa muy divertida, tal vez porque fue solo divertida y no fue rueda de prensa. Después del vídeo y de un par de intervenciones de sus amigos, Resines agradeció la presencia de todos y dio por terminado el acto. Fin de fiesta. Pero queda su libro, una historia del cine español desde 1980 contada por uno de sus actores fetiche. Como él mismo dice cuando Colomo le preguntó: “Antonio, ¿cómo es que estás haciendo tantas películas, si tú lo que quieres hacer es producción?” “Es que tengo que aprovechar esta rachilla”, le contestó.

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"Ya de anochecida tomamos un cóctel a la luz de la luna con la temperatura perfecta para ver pasar el tiempo."

“¡Por Caballero Bonald! Con él, en la Residencia”. Este era el lema que reunió a amigos y lectores de Pepe Caballero. Con él, y con Pepa Ramis, pasamos una velada de gran contenido literario y buenas dosis de cariño hacia el poeta más longevo, disidente y además —como conté en una breve biografía que escribí en Ciudades para a(r)mar, el libro de fotografías de Daniel Mordzinski al que acompaño con algunos textos míos y al que puso prólogo Pepe—: “Maestro del idioma y crítico con el poder, su obra poética y narrativa es un engranaje lingüístico contra el convencionalismo y la banalidad. Caballero Bonald concibe su poesía como un ejercicio crítico y contestatario a partir de la memoria. Irónico e inteligente, su itinerario está hecho de experiencias vividas y escritas; el flamenco, el mar, el buen vino, la amistad y los viajes son algunas de sus señas de identidad. Irrumpió en 1952 con Las adivinaciones y en 2013 fue galardonado con el premio Cervantes”.
En la Residencia de Estudiantes el poeta iba tocado con un sombrero que no se quitó en ningún momento porque tenía unas manchas que no deseaba que se vieran. Coqueto, distinguido, elegante, con su fraseo característico, fue investido de nuevo como gran maestro entre otra generación de poetas —Clara Janés, Antonio Lucas, Aurora Luque, Carlos Pardo, José Luis Rey y Javier Rodríguez Marcos— y celebrado por un grupo de amigos flamencos jerezanos: David Lagos al cante y su hermano Alfredo a la guitarra interpretaron varios palos con letras de Caballero Bonald, que fueron palmeados por Manuel Téllez y Noé Barroso y presentados por José María Velázquez-Gaztelu, “sobrino mío”, en palabras de Pepe, y “hermano menor”, según puntualizó el falso sobrino.

Pero la tarde también fue para celebrar a Pepa, Pepa Ramis, su “ineludible compañera”, de la que Caballero Bonald escribió en uno de sus libros de memorias, La costumbre de vivir: “Era muy rubia, de ojos muy azules, con la piel suavemente curtida por el sol (…). La placentera contemplación de aquella criatura acuática —luego supe que había sido campeona de natación de Baleares— como surgida de un mar boticelliano, se acentuó cuando empezó a hablarme con esa tonalidad melodiosa y un poco agreste de algunas mallorquinas…”.
José García-Velasco presentó el acto y Manuel Gutiérrez Aragón habló del último libro de Pepe Caballero: Examen de ingenios (Seix Barral), un volumen con 94 semblanzas de escritores y artistas españoles —Azorín, Cela, Vargas Llosa, Manuel Agujetas, Pío Baroja, Max Aub, Neruda, Joan Miró, Cortázar, Torrente Ballester, Delibes, Rulfo, Jorge Oteiza, Antonio López, Paco de Lucía

Ya de anochecida tomamos un cóctel a la luz de la luna con la temperatura perfecta para ver pasar el tiempo. Aquel lugar, que fue refugio en los años 30 de grandes escritores, pintores y cineastas como Lorca, Dalí y Buñuel, tuvo también días gloriosos en los años 90 cuando el fin de la temporada lo marcaba la Residencia de Estudiantes reuniendo al mundo de la cultura en sus jardines.

Miércoles, 24

Yolanda Guerrero se estrena como novelista con El huracán y la mariposa (Catedral), “un relato íntimo que enhebra con maestría la cara más amarga de la adopción”, dice la solapa del libro. Y efectivamente, Yolanda se adentra en el drama familiar que supone una adopción fallida. “Cuando hay una disfunción entre el vínculo del niño en sus primeros años, ¡o en sus primeros meses!, con quienes lo cuidan —explica Guerrero a Juan Cruz en una entrevista que leo días más tarde (El País, 29 de mayo), ese vínculo se rompe, se acaba el apego. Y el niño desconfía de todo el mundo”.

"El premio Dos Passos busca autores inéditos; nuevas voces, valores ocultos que necesitan salir al exterior. Y eso es posible gracias a Ámbito Cultural que aporta 12.000 euros para el ganador."

Yolanda Guerrero ha construido una novela con elementos reales que no deben callarse. La presentación tuvo también su parte emotiva porque algunas personas se acercaron para confesarle a la autora que ellas también habían vivido historias parecidas. Hubo incluso una que le dijo que ella salía en su novela.
Me maravilla leer a una autora como Yolanda Guerrero, conocida como periodista internacional, de corresponsal en Argentina, Colombia, Brasil, China, Tailandia, India, Turquía, Japón, Egipto…, ejerciendo con maestría en este terreno tan diferente que es la novela, que es también el testimonio de una mujer valiente que demuestra cada día su inmensa capacidad para dar amor.

Jueves, 25

Juan Cruz presenta hoy su nuevo libro Un golpe de vida (Alfaguara). Le acompañan Julio Llamazares, Luis Landero, Jorge F. Hernández y Luz Sánchez Mellado para conversar con él. Promete ser una velada divertida a la que no podré asistir en favor de otra presentación: la de Toni Quero, que con Párpados (Galaxia Gutenberg) ganó la tercera edición del premio Dos Passos a la primera novela. Han estado con él Pilar Adón y Winston Manrique e hizo de maestro de ceremonias el escritor Ramón Pernas, director de Ámbito Cultural de El Corte Inglés, que es la firma patrocinadora. Párpados es una novela que transcurre en cien capítulos cortos, que son los días que dura el trayecto en moto de una pareja de jóvenes que no está en su mejor momento. Toni Quero lo cuenta en primera persona manejando un lenguaje depurado y preciso que domina por su oficio poético de Los adolescentes furtivos, un libro premiado en Colliure con el Premio Internacional de Literatura Antonio Machado y elogiado por Pere Gimferrer. En Párpados toma las riendas de una novela arriesgada por el estado mental que provoca, por la continua sensación de fragilidad, por la mirada al paisaje, que es como un paisaje del alma, que captan la cámara de fotos de él y el cuaderno de dibujo de Duna, su compañera.

El premio Dos Passos busca autores inéditos; nuevas voces, valores ocultos que necesitan salir al exterior. Y eso es posible gracias a Ámbito Cultural que aporta 12.000 euros para el ganador, más la publicación de la obra en la editorial Galaxia Gutenberg, y la entrada en el catálogo de la agencia literaria Dos Passos.

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Me ha gustado Un golpe de vida. Pero no es eso solo; me ha emocionado, que es más importante. Es Juan Cruz en estado puro, es decir, es el periodista, observador de la realidad en primer plano, y también el escritor que recuerda su vida, el memorialista melancólico, el reflexivo certero, al menos para mí, en lo que tiene que ver con Cuba, con Cortázar, o el capítulo “Sonidos del trayecto”, en el que cuenta cuando conoció a Pablo Iglesias y entrevistó a Monedero. Esta memoria de Juan Cruz es un relato perfecto y necesario del periodismo que vivió y que escribe, porque escribe para vivir. Juan es como Pavese, que reunió en un volumen El oficio de vivir. El oficio de poeta, y tiene edad y oficio para estar cansado (laborare estanca, “trabajar cansa”, como Pavese) pero no se lo puede permitir, tampoco nosotros, los que le queremos, se lo vamos a permitir. Necesitamos la memoria recurrente de este periodista amable y culto, que aún no lo ha contado todo.
Al final del libro, Juan escribe:

Umbría, Tenerife, esta es una hermosa mañana del último verano. Dentro de veintisiete días cumplo sesenta y ocho años. Un año antes recibí por estas fechas noticias que el periodista no sabe contar. Con ello vivo, despertar sigue siendo el momento más arriesgado del día. Esas nubes no se van. Estarán siempre. Ahora estoy cansado, pero es del viaje”.

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La noticia luctuosa es la de la muerte de otra librería. Esta vez se trata de Ojanguren, en Oviedo. Lo anuncia La Nueva España y dice que se cerrará en septiembre.

"En los años setenta supe que había clientes que habían abierto una cuenta en Ojanguren para comprar libros y pagarlos mediante una cantidad fija mensual contra una cuenta bancaria."

Cuentan las crónicas que Clarín tenía a Ojanguren como “central de cobro de sus colaboraciones en revistas madrileñas”. Ya en los años cincuenta del siglo XX fue adquirida por Julio Rojo, familiar de Enedina Fernández Ojanguren, quien tenía registrada la propiedad, y desde entonces no ha hecho más que crecer, continuando la labor, tras la muerte de Rojo, su hijo, que es quien se verá en la dura tarea de sellar la historia cultural de una librería situada al lado de tres hitos: un trozo de la muralla de Oviedo, el edificio de la histórica universidad y la estatua del general Riego, un constitucionalista de Cádiz, liberal revolucionario que luchó contra los franceses. El himno de la segunda República es el que tocaban las tropas de Riego cuando fue vencido y ejecutado. Al lado de la puerta de la librería Ojanguren se conserva un trozo de la muralla medieval. Entre toda esta historia había que pasar para entrar en ese otro monumento a la inteligencia que es una librería.

En los años setenta supe que había clientes que habían abierto una cuenta en Ojanguren para comprar libros y pagarlos mediante una cantidad fija mensual contra una cuenta bancaria. Julio Rojo era una figura omnipresente en la librería (igual que Alfredo Quirós en la Cervantes), una persona con la que apenas me crucé más allá de los saludos de rigor. Imagino que los clientes con cuenta abierta serían profesores de la universidad, escritores, periodistas y, tal vez, gente de la altura de Gustavo Bueno, Juan Cueto, Juan Benito Argüelles, José Doval, Juan Uría y Emilio Alarcos. Nunca se lo pregunté pero yo fui a hablar con Julio Rojo y le propuse formar parte de ese grupo de clientes para llevarme un buen montón de libros cada vez, e ir abonándolos mes a mes mediante una cantidad fija. Lo que vio Julio Rojo en mí para confiar en mi lealtad pagadora no lo sé, pero aquel día que hablamos y me dijo que le diera mi cuenta, en la que el color de los números habitualmente se parecía al de su apellido, lo recuerdo como si fuera ahora mismo. Y así estuve treinta años. Y de esa manera formé mi biblioteca y la de mis hijas.

Y en septiembre la librería Ojanguren, el mítico refugio en el que pasé tantas horas interesantes, cerrará su puerta de madera al lado de la muralla del siglo XIII, la que mandó construir Alfonso X el Sabio, sobre la primitiva muralla prerrománica que cinco siglos antes había mandado levantar Alfonso II el Casto, cuando trasladó la corte desde Pravia y nombró Oviedo como capital de Asturias.

Recurro a este tono histórico para darle a la noticia la gravedad que merece. Que para mí tiene. También podría haber tirado de una tragedia griega o de una novela negra para escribir la necrológica.

"Ray se hizo escritor y luego director de cine, que viene a ser lo mismo. Después nos dio a leer Héroes y Caídos del cielo, y entonces viajó, aunque hubiera viajado antes, conoció otros mundos y vivió en Nueva York y en Vietnam, no sé si para demostrar que es posible la convivencia."

En junio de 2015, el Café Comercial, en la Glorieta de Bilbao de Madrid, tuvo que cerrar tras casi 130 años de vida. En marzo de este año ha vuelto a abrir, pero durante el tiempo que estuvo cerrado, sus enormes cristaleras se forraron de pósits con mensajes escritos con el corazón a favor de la reapertura. “Había muchos elementos protegidos por Patrimonio, que, por supuesto, hemos conservado”, dice un responsable de la reforma. Y yo me pregunto si en la librería Ojanguren no habrá elementos protegidos por algún otro Patrimonio que no permita que se cierre. Tal vez una nueva revolución de pósits lo consiga.

Viernes, 26
Este año el premio Alfaguara se celebró en los jardines del Museo Lázaro Galdiano en donde nos reunimos en torno a Ray Loriga y a su novela, Rendición. El acta del jurado dice que es “una fábula luminosa sobre el destierro, la pérdida, la paternidad y los afectos”. Algo de eso sabe ya Ray, cuya novela aún no he tenido el tiempo ni la fortuna de empezar a leer pero que promete ser su mejor libro. Desde que publicó Lo peor de todo ha demostrado ser el escritor que se adivinaba con esta primera novela de juventud.

Hace tiempo publiqué un artículo sobre Ray Loriga, (La Luna del siglo XXI, nº 24. El Mundo, Viernes, 19 de marzo de 1999) que titulé igual que el libro de Tobias Wolff: Vida de este chico, y que ahora recojo aquí en una mínima parte. Contaba en él algunas de las influencias literarias y vitales de Ray, como los escritores de la Generación Beat: Ferlinghetti, Kerouac, de la música de Bob Dylan Bowie, del austríaco Peter Handke y algunos autores del llamado dirty realism.

“Con 25 años Ray escribe una novela cuyo tema es el desaliento, en la que un protagonista adolescente busca sobrevivir entre el amor, la música y los amigos. “Lo peor de todo no son las horas perdidas (…) lo peor son esos crucifijos hechos con pinzas para la ropa”. Ray se hizo escritor y luego director de cine, que viene a ser lo mismo. Después nos dio a leer Héroes y Caídos del cielo, y entonces viajó, aunque hubiera viajado antes, conoció otros mundos y vivió en Nueva York y en Vietnam, no sé si para demostrar que es posible la convivencia. Ahora ha vuelto a publicar Tokio ya no nos quiere (Plaza y Janés), una novela con la que ha bajado al infierno del próximo futuro: ha escrito una historia terrible sobre el dolor que produce la memoria, pero también una historia de amor en la que la emoción salta en cada párrafo. Se ha liado la manta a la cabeza y ha hecho un viaje a lo más oscuro de la selva humana, un viaje como antes lo habían hecho otros parientes suyos muy cercanos, Conrad y Ballard“.

Lunes, 29
Silvia Fernández es fiel a sus orígenes. Cuando Blanca Rosa Roca dirigía Ediciones B —allá por el paleolítico superior del mundo de la cultura en español— era la jefa de prensa de esta editorial que tanta buena literatura produjo. Ahora Ediciones B ha sido adquirida por el gran grupo de los grupos mundiales, Penguin Random House, pero hacía ya unos años que Blanca Rosa había creado Roca Editorial porque su vocación editora está adherida a su piel desde siempre, y Silvia Fernández, que en el mundillo literario fue conocida como Silvia B, mantiene su lealtad y continúa de jefa de prensa con su editora de siempre (www.rocalibros.com).
Ayer nos vimos, tras algunos encuentros esporádicos sin apenas tiempo para ponernos al día, y charlamos con calma de tantas cosas como nos unen tras más de veinte años de profesionalidad y amistad a lo largo, como dijo Gil de Biedma. Ha sido para mí una suerte de encuentro porque he visto a una Silvia que mantiene el entusiasmo y la soltura con que te habla de los libros que publican, aunque el tiempo deja entrever —como a todos— esa pátina de cansancio ante la transformación que estamos viviendo en el mundo editorial.

"En House of Card y al filosofía, los autores van entrando en los capítulos de la serie aplicando el pensamiento de los grandes filósofos de una manera atractiva y actual que hará que volvamos a ver la serie de otra manera."

Me quedo con estos dos libros de Roca, absolutamente actuales. Uno es un cómic sobre el presidente de EE.UU. que tanta tinta está haciendo correr: Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos, y el otro es un trabajo impresionante dirigido por William Irwin y J. Edward Hackett, titulado House of Cards y la filosofía. La república de Underwod. Estamos, pues, en la Norteamérica de ahora mismo, y como suele decir P., “Hoy, la mejor literatura y el mejor cine se están haciendo en las series de televisión”.

Pablo Ríos (Algeciras, 1978) elabora una breve historia en cada página que divide en cuatro viñetas. La primera es para el título: “Justicia”, “Geoestrategia”, “Yo soy un berlinés”, “Aburrido” (a este le dedica cuatro)… En todas, Trump está siempre sentado tras la mesa de su despacho y, por ejemplo, en la primera historieta de “Aburrido”, después de verle en silencio, sin saber qué hacer, termina diciendo: “Podría bombardear algo”. Es ese humor contado con la calma de maestros como Schult o Quino.

En House of Cards y al filosofía, los autores van entrando en los capítulos de la serie aplicando el pensamiento de los grandes filósofos de una manera atractiva y actual que hará que volvamos a ver la serie de otra manera. Pero los que aún la tengan pendiente que no se la pierdan. Disfrutarán más de la lectura de este libro como yo lo estoy haciendo.

Miércoles, 31
La alergia también me ha pillado a mí. Me dice mi médico de familia (antes era de cabecera, supongo porque nos visitaba al pie de la cama), que la invasión es galopante y que hasta el polen se mezcla con el combustible diesel y otras historias para no dormir. Yo, que era “alérgico” a muchas cosas, lo soy ahora de verdad. Clínicamente probado. Nunca es tarde para conocer nuevos mundos.

Destituyen a Pedro G. Cuartango de la dirección de El Mundo. Llevaba solo un año como interino al frente del rotativo, es decir que ejercía de director en funciones y en ese tiempo no había sido refrendado por la cúpula. Cuartango había sustituido a David Jiménez, cargo también meteórico, quien había sustituido a Casimiro García Abadillo, que duró quince meses en el puesto. Ahora se sentará en el trono de destronados Paco Rosell. Con Pedro J. se fracturó una de las leyes no escritas de los directores de periódicos que marcaron estilo y que en España formaron durante muchos años una trinidad periodística que creímos indestructible: Juan Luis Cebrián, Luis Mª Anson y Pedro J. Ramírez.

La nostalgia ya no es lo que era, escribió y utilizó como título para sus memorias, Simone Signoret. Ya nada es lo mismo, escribió Ángel González en su cuarto poema de la serie “Glosas a Heráclito” que encabezó con esta aseveración categórica, “Interpretación del pesimista”:

Nada es lo mismo, nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten.

Pedro G. Cuartango es un periodista honrado y culto, que escribe atravesado por la historia y la filosofía y no sé si es que no supo poner los pies sobre el suelo en este año que, supongo, habrá vivido con permanente zozobra, o los designios de los dioses del capitalismo salvaje siguen sin estar con quienes buscan en la palabra una tabla de salvación ética y estética para no morirse tan rápido.

De pie ante la redacción del diario, Pedro G. Cuartango les dijo: “Han decidido relevarme o sustituirme. Yo no tengo nada que decir, acepto la decisión. Yo no sé quién va a ser el director ni sé a quién van a poner al frente del periódico, pero me gustaría que colaborarais con él por el bien de todos”.
Y ahí se acabó esta nueva etapa de un letraherido que, estoy seguro, soñó con cambiar algunas cosas. Pero antes de irse pidió a su equipo que siguiera colaborando. Ojo: “Por el bien de todos”.

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Hoy ya es 1 de junio. Berna González Harbour presenta su última novela, protagonizada por la comisaria María Ruiz, Las lágrimas de Claire Jones (Destino), acompañada por la periodista Montserrat Domínguez y la actriz Verónica Sánchez. Será en la librería Alberti (calle Tutor, 57) a las 19 h. No se me ocurre mejor sitio para encontrarnos.