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Alfonso X «El Sabio», un rey adelantado a su tiempo

Alfonso X «El Sabio», un rey adelantado a su tiempo

Con motivo del VIII centenario del nacimiento de Alfonso X, la Biblioteca Nacional de España (BNE) inaugura la exposición “Los libros del rey Sabio”, un compendio de las obras más importantes del monarca, “un rey innovador, anticipado a su tiempo y con ambición que supo entender el valor de la divulgación cultural”.

Fue pionero en realizar códices de lujo regio, estandarizando el castellano y el gallego, gestó un molde narrativo que se mantiene hasta la actualidad y supo ver “el valor de la imagen para la difusión de las ideas”. Así fue el rey Alfonso X, cuyos cinco códices originales alfonsíes se exponen en la BNE hasta el 12 de febrero.

“Alfonso X fue un visionario que entendió que para transformar la sociedad hay que cambiar las ideas sobre las que se sustenta”, ha dicho en la inauguración de la muestra su comisaria Inés Fernández-Ordoñez sobre la figura del monarca, “un adelantado a su época”.

Para rendir tributo a todas sus aportaciones, la Biblioteca Nacional de España configura una exposición sobre la extensa producción cultural que promovió y también los cinco códices de su scriptorium: El libro de las cruzes, la primera versión de las Cantigas de Santa María, el Fuero real, el Libro complido de los judizios de las estrellas y la primera la parte de la Grande e general estoria.

Además de sus códices, Alfonso X realizó grandes aportaciones y fue “muy contemporáneo en la divulgación del conocimiento”. Prueba de ello es que compuso sus obras en castellano y gallego en lugar de latín y árabe, un hecho con el que “marcó una voluntad de transparencia y divulgación hacia todas las personas”. “Favoreció el castellano y el gallego al copiar en códices de lujo regio estas lenguas, contribuyendo enormemente a su estandarización”, ha remarcado Fernández-Ordoñez, quien ha señalado que de esta forma benefició también el desarrollo terminológico del español, que mantiene en la actualidad muchos de los vocablos y formas de entonces, en especial en el ámbito jurídico.

Otra de las novedades que introdujo Alfonso X fue la atribución de la autoría en los textos. “Quería instituirse como el rey Sabio, por lo que se atribuía los textos, que realizaban colaboradores, pero en los que participaba de forma activa en la estructura y el diseño”, ha indicado.

Alfonso X, ha añadido, creó “un esquema narrativo estructural”, presentando en todas sus obras un autor, un prólogo justificativo del texto y un diseño moderno, “formas que no existían en la literatura medieval y que no aparecerían de forma generalizada hasta el Renacimiento, y cuyo molde se mantiene en ocasiones en la actualidad”.

También fue un monarca “consciente de la importancia de la imagen en la difusión”. Y es que en las Cantigas de Santa María alababa a la virgen María y se retrataba gráficamente en una cantiga de cada diez. “No existen tantos retratos de ningún otro rey, ni siquiera de los Reyes Católicos”.

En el campo de la legislación, estableció una regulación del derecho eclesiástico, civil, administrativo, notarial, de las minorías o hacia los judíos y musulmanes. Las siete partidas funcionaron como derecho supletorio hasta el XIX en España, debido a su carácter tan exhaustivo”.

Un pilar importante para el rey fue la ciencia, en concreto la astrología y la astromagia. “Aunque hoy no creemos en el valor científico de estas disciplinas, todos los reyes medievales lo hacían, ya que no solo debían predecir el futuro e interpretar la realidad, sino poder cambiarlos a su favor”, ha explicado sobre estas disciplinas.

En El libro de las cruzes, y no satisfecho con la traducción de las tablas astronómicas existentes en Al Ándalus, el monarca “hizo observar el cielo y el movimiento de sus estrellas durante nueve años, sentando bases de astronomía que se mantuvieron hasta el XIX”, ha explicado la comisaria, resaltando que en la mentalidad medieval todos los hechos estaban dictados por el cielo.

Por este motivo, también otorgó importancia el Sabio a los instrumentos astronómicos, su construcción y usos, que ayudaban a interpretar “lo que pasaba en el cielo, y por tanto en la Tierra”. Un aspecto que, aunque en apariencia pueda parecer dispar, iba de la mano con la gran devoción del rey por la virgen, otro aspecto “propio del espíritu de la época”, en la que magia y fe eran compatibles. “Se proclamaba a sí mismo como el representante de Dios en la Tierra. Así se convierte en mediador entre la virgen y sus súbditos, forma parte de la cadena de poder desde Dios hasta los hombres”, ha detallado sobre este aspecto, patente en las Cantigas de Santa María, uno de los cinco códices que muestran el carácter adelantado del monarca.

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