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Almudena Grandes: «El feminismo es la única revolución que llegó viva al siglo XXI»

Almudena Grandes: «El feminismo es la única revolución que llegó viva al siglo XXI»

Almudena Grandes es una escritora combativa que siempre tiene el ojo atento a la actualidad y comprometida con el feminismo. «De todas las revoluciones del siglo XX, la única que ha llegado viva y con expectativas de crecer en el XXI es el feminismo», asegura a Efeminista.

Acaba de publicar La herida perpetua (Tusquets), donde reúne 10 años de artículos y columnas para El País, en los que habla de todo, la crisis y la situación de España y que presenta estos días en la Feria del Libro de Madrid.

De las mujeres considera que «la realidad no se puede esconder». «Las mujeres somos la mayoría de la población, algo de lo que muchas parece que no se dan cuenta y se comportan como si no lo supieran. Somos la mayoría de la población y estamos reclamado una parte del pastel que controla la minoría. No tiene sentido».

«El feminismo, ya de entrada, es la única revolución social del siglo XX que triunfó, y eso no se puede olvidar. De todas las revoluciones del siglo XX, la única que ha llegado viva y con expectativas de crecer en el XXI es el feminismo». Es un movimiento que se ha consolidado en los últimos años y que «es imparable y transversal», asegura, antes de agregar: «En los últimos años, un montón de mujeres que decían que no eran feministas, incluso reaccionarias. Mujeres que se consideraban conservadoras han empezado a preguntarse qué ha pasado con ellas, si ellas nunca han pagado un precio por ser mujeres, y la respuesta es que sí».

El avance del feminismo ha provocado una reducción de los hombres feministas, reflexiona la escritora. «Cuando teníamos el techo de cristal más lejos había más hombres feministas. A medida que nos vamos acercando ya empieza lo de: «Os estáis pasando». Pero eso es inevitable».

Y sobre la existencia del machismo en el mundo del libro, señala que existe, como en todos los sectores de la sociedad. «Muchas mujeres trabajan en las editoriales. Pero todos los jefes en España son hombres, la cúpula máxima de las editoriales son hombres, hay muchas mujeres en puestos bajos e intermedios e intermedios altos».

«Lo que sí es evidente —agrega— es que hay un techo de cristal, que es más invisible que otros (…), porque no tiene que ver con el éxito editorial, ni con las ventas, ni con el número de lectores, porque es verdad que partiendo de la base de que las lectoras de ficción son muchas más que los lectores de ficción, aquí tu vales por lo que venden tus libros».

Cuando ganó el año pasado el Premio Nacional de Narrativa fue la séptima mujer en noventa años, y al enterarse creyó que era un error. «Ahí es donde se ven los problemas», asegura. «Puede ser que te den un premio, que te hagan homenajes, que decidan poner tu nombre, pero todavía hay una gran diferencia».

Son opiniones que vierte Grandes en la Feria del Libro antes de firmar ejemplares de La herida perpetua, un libro donde analiza los problemas de este país. Porque le duele España —»a veces mucho», reconoce—. «Me parece que España es un problema para los españoles y eso se debe a que es un país anormal, no es un país como los demás. España es solo un país como los demás cuando la selección juega un mundial de fútbol. Pero durante todo el resto de tiempo hay muchos millones de personas que se apellidan García, que se apellidan López, que nunca serán más que españoles, que no tendrá nunca otra nacionalidad, pero que no se reconocen en la bandera, en los símbolos nacionales, y piensan que España es algo que no tiene nada que ver con ellos, y eso es una anomalía y una herida abierta. Media España considera que medio país es suyo porque lo han heredado de sus abuelos y que los únicos que pueden tener poder son ellos y que los únicos patriotas son ellos porque llevan un pulserita con la bandera, y media España tiene estos problemas. Y a nadie se le ocurre que el patriotismo puede ser también pagar impuestos, para que en España se conserve la magnifica sanidad pública que tenemos, para que se mejoren las infraestructuras, la investigación o la enseñanza o la educación».

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