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Almudena Grandes, la escritora que no quiso pasar la página del franquismo

Almudena Grandes, la escritora que no quiso pasar la página del franquismo

Almudena Grandes falleció el sábado 27 de noviembre de 2021, a los sesenta y un años, como consecuencia de un cáncer de colon diagnosticado poco más de un año antes. La enfermedad tuvo un desenlace inesperadamente rápido, teniendo en cuenta que la propia autora había desvelado esta circunstancia algunas semanas antes en su colaboración habitual de El País Semanal a través de su sección “Tirar una valla”: “Todo empezó hace poco más de un año. Revisión rutinaria, tumor maligno, buen pronóstico y a pelear”, escribió. Poco tiempo después declaraba: “Prometo solemnemente que volveré a sentarme en una caseta para firmar libros y mirar a los ojos a mis lectores y lectoras”. Su voz, como siempre, sonó grave y potente, aunque no pudo cumplir su promesa. Sus restos mortales descansan en el Cementerio Civil de Madrid.

En 2019 declaraba a La Vanguardia: “Quiero dejar un cadáver horrible y viejísimo”, y se autodefinía como “insólita madrileña de quinta generación”. Porque Almudena Grandes, nacida en el barrio de Tribunal, era muy gata. En su manera de ser y de hablar había algo muy madrileño.

"La desmedida repercusión de su primera obra, según afirmaba la propia autora, le regaló la vida que ella quería vivir y jamás podría saldar esa deuda"

Grandes desembarcó en las letras a los veintiocho años con Las edades de Lulú, novela con la que ganó el premio de novela erótica La Sonrisa Vertical, que promovía la editorial Tusquets, a la que siempre se mantuvo fiel. Con posterioridad, en 1990, la historia fue llevada al cine por el director Bigas Luna, con no pocas dificultades, puesto que muchas actrices rechazaron el papel de Lulú por su elevado voltaje erótico, hasta que lo aceptó la italiana Francesca Neri, compartiendo protagonismo con un desconocido Javier Bardem. La cinta levantó cierta polémica, teniendo en cuenta el desarrollo erótico de la protagonista a partir de la tierna edad de trece años. Tal vez hoy lo hubiera hecho aún más. Ambos, Grandes como autora del guion y Luna como director de la cinta, fueron nominados en los premios Goya, en la categoría de mejor guion adaptado. El libro tuvo un enorme éxito, en apenas dos décadas vendió un millón de ejemplares y se tradujo a más de veinte idiomas. La desmedida repercusión de su primera obra, según afirmaba la propia autora, “le regaló la vida que ella quería vivir, y jamás podría saldar esa deuda”.

"Autora con gran vinculación cinematográfica, siete de sus obras han sido llevadas a la gran pantalla, siendo patrona de honor de la Fundación Academia de Cine durante más de treinta años"

Almudena Grandes, de férreas convicciones progresistas, republicanas y feministas, se pasó pronto a la novela de corte social, cada vez con más elementos reivindicativos relacionados con la recuperación de la memoria histórica. Tras Te llamaré Viernes (1991) y Malena es un nombre de tango (1994), Atlas de geografía humana (1998), Los aires difíciles (2002), Castillos de cartón (2004) y El corazón helado (2007), emprendió a partir de 2010 una serie de seis novelas sobre la larga posguerra española, enmarcadas bajo el epígrafe Episodios de una guerra interminable, emulando a los Episodios nacionales de su admirado Benito Pérez Galdós, y escritas desde la convicción de que “es necesario pasar la página de la guerra civil y la posguerra, pero antes hay que haber leído la página”. Esta serie abarca el periodo comprendido entre 1939 y 1964, en el que se conmemoraron los XXV Años de Paz proclamados por el régimen de Franco. La sexta y última entrega, Todo va a mejorar, ya fallecida la escritora, fue terminada por su pareja, el poeta Luis García Montero. Él mismo cuenta que, cuando Almudena presintió cerca el final, le dijo: “Me queda el último episodio, ahí tienes los cuadernos, quiero que hagas hincapié en que la esperanza es una voluntad de resistencia y quiero que acabe con un final esperanzador…”.

Autora con gran vinculación cinematográfica, siete de sus obras han sido llevadas a la gran pantalla, siendo patrona de honor de la Fundación Academia de Cine durante más de treinta años.

Quizás algunos vieron el formato narrativo de Grandes como anacrónico, pero su determinación a retomar los mimbres de una lucha renovada por recuperar y honrar la memoria de los derrotados en la Guerra Civil fue bien entendida y acogida por una legión de fieles lectores. Según declaraba, era su deseo “explotar un filón de historias espléndidas que aún no se habían contado, además de renovar el impulso moral de enseñar al lector contemporáneo cómo miles de mujeres y hombres se jugaron la vida para que pudiéramos hoy disfrutar de democracia y libertad”. Su voluntad y su compromiso de utilizar a la gente normal como héroes y heroínas cumplió con creces las expectativas de la autora.

"Novelas aparte, Almudena Grandes fue columnista habitual del diario El País y contertulia frecuente en los programas de Onda Cero y Cadena SER"

Pero demos marcha atrás y comencemos por el principio. María Almudena Grandes Hernández nació el 7 de mayo de 1960, en Madrid, ciudad a la que siempre se sintió estrechamente vinculada. Desde niña quiso ser escritora, pero por voluntad de su madre, quien deseaba que su hija se dedicase a una “carrera de chicas”, ingresó en la facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense. Tras titularse sin emoción ninguna, comenzó a trabajar escribiendo textos para enciclopedias, compaginándolo con algún que otro papelito en el cine. La propia autora cuenta que se dedicó a la escritura gracias al fútbol y porque no sabía dibujar: “Cuando íbamos a visitar a mi abuelo, mi padre y él veían el fútbol y no se podía hablar. A los niños nos daban lápices de colores, pero como a mí no me gustaba dibujar, me aburría. Y me dijeron que escribiera algo. Aún conservo algunos cuentecitos para regalo de los que obtuve rentabilidad económica. Fueron mi primer trabajo profesional”.

Por fin comenzaron a llegar sus novelas y numerosos premios, salpicados en el tiempo por una obra más breve, como recopilación de relatos, que publicaría en 2003, Mercado de Barceló, y Estaciones de paso en 2005.

"Durante toda su vida mantuvo el convencimiento de que la literatura puede ayudar a cambiar o, al menos, transformar nuestra visión de la realidad y permitirnos vivir la vida con más intensidad"

Novelas aparte, Almudena Grandes fue columnista habitual del diario El País y contertulia frecuente en los programas de Onda Cero y Cadena SER. Se distinguió en todo momento por sus posiciones políticas de izquierdas, mostrando su apoyo públicamente a Izquierda Unida en las elecciones de 2011. Sin embargo, en posteriores comicios aseguró no “decantarse por ningún partido”, porque “ninguno de ellos, en aquellos momentos, la representaba ideológicamente”. Es más, en una entrevista concedida en 2010, cuando la preguntaron desde cuándo “su corazón estaba inclinado hacia la izquierda”, respondió reconociendo que “como en tantas otras cuestiones vitales dentro de las que se asentaba su pensamiento, se hizo de izquierdas leyendo”.

Son muchas sus declaraciones polémicas. Como muestra un botón. En 2020: “El problema más grande que tiene España surge cuando la derecha pierde el poder y se comporta como si se lo hubieran robado”. Y continuaba: “Se atraviesa una situación insostenible de bronca y crispación que viene de antiguo, de cuando se inició la Transición, porque todo esto es una consecuencia de la manera en que se dio paso a una democracia sin romper totalmente los vínculos con la dictadura de Franco y sin la más mínima preocupación por las víctimas del franquismo”.

Durante toda su vida mantuvo el convencimiento de que la literatura puede ayudar a cambiar o, al menos, transformar nuestra visión de la realidad y permitirnos vivir la vida con más intensidad. Ella se confesaba algo soberbia, sin embargo su imagen transmitía todo lo contrario a los tópicos que suelen ir unidos a los novelistas de éxito en España, e incluso a los de menos éxito. Sus palabras siempre transmitieron humildad y franqueza, precisamente la de quienes han sobrevivido varias veces a sí mismos y a los ajetreos de la vida, porque “la mejor manera de sobrellevar la pura existencia es ser leales a las propias convicciones de forma que, gusten más o menos tus libros, estar seguros de haber dado lo mejor de uno mismo en la vida que, de momento y que sepamos, es la única posesión valiosa que tenemos”.

"Y al final, cinco meses después, todo saltó por los aires. Decidimos contarlo a nuestras parejas los dos el mismo día, porque habíamos llegado a la conclusión de que lo nuestro iba muy en serio"

“La ausencia es una forma de invierno”, declaraba un Luis García Montero desolado, tras la muerte de su esposa. Se conocieron a principios de la década de 1990. Ella novelista, él poeta, y ambos con pareja. El amor de Luis y Almudena pudo con todo: rompieron sus relaciones anteriores, se fueron a vivir juntos y en 1996 se casaron. Una historia de amor eterna que duró hasta que la muerte los separó.

“A Almudena la conocí personalmente en un acto contra la primera guerra de Irak, a principios de los 90”, recordaba Luis. Y ella confirmaba: ”Lo primero que recuerdo de él es que me asombró que pareciera tan joven, y pensé: «Hay que ver cómo me gusta este tío, con ese corte de pelo y ese abrigo que lleva». Yo estaba casada, Luis estaba casado, bueno, como si lo estuviera, y yo tenía la sensación de que lo que me estaba pasando no se parecía en nada a algo que me hubiera pasado antes”. Y continúa Luis: “Y al final, cinco meses después, todo saltó por los aires. Decidimos contarlo a nuestras parejas los dos el mismo día, porque habíamos llegado a la conclusión de que lo nuestro iba muy en serio”.

Se casaron el 6 de diciembre de 1996, en el Ayuntamiento de Santa Fe, en Granada. Dos años más tarde, Luis García Montero publicó Completamente Viernes, un poemario cuyo título hacía un guiño a la segunda novela de Grandes, Te llamaré Viernes. “Quizás de todos los libros que no he escrito yo es el más importante, el más mío”, decía Almudena. Fue esta la obra que Luis García Montero depositó sobre la tumba de la mujer con la que compartió más de dos décadas. Ella, por su parte, le dedicaba todos sus libros. Escribía algo así como: “A Luis, una vez más, y nunca serán suficientes”.

"Impartía conferencias sobre el nacionalsindicalismo y, para disgusto de sus padres, llegó a ocupar la cuarta posición en la candidatura falangista en las elecciones autonómicas de 2021"

Juntos formaron una familia, con sus respectivos hijos: Irene, fruto de la relación de él con su anterior pareja, y Mauro, primogénito de ella. Elisa es la única descendiente en común. Poco se sabe de los primeros, alejados desde siempre del foco mediático. En cambio, Elisa García Grandes se convirtió en protagonista de la prensa en los últimos años. La pequeña de la familia no aceptó la educación progresista de sus padres, destacados intelectuales de izquierdas. “Es una niña muy independiente. Si su padre es del Real Madrid y su madre del Atlético, pues ella es forofa del Rayo Vallecano. Le gustan los ambientes populares, la cultura punki...”. Así la describía su padre, que achacaba entonces el comportamiento de su hija a la adolescencia: ”Es muy pacífica, pero muy alternativa. Está en la época de absoluta rebeldía. Como dice su madre, nos está haciendo pagar todo lo que nosotros les hicimos sufrir a nuestros padres”.

La realidad es que Elisa acabó declarándose falangista y seguidora de Primo de Rivera. La joven impartía conferencias sobre el nacionalsindicalismo y, para disgusto de sus padres, llegó a ocupar la cuarta posición en la candidatura falangista en las elecciones autonómicas de 2021.

"Su guarida siempre estuvo en la casa que Luis construyó en Rota, donde el grupo pasaba unos veranos fantásticos. Tal fue la conexión del matrimonio con Rota que dos de sus avenidas principales llevan sus nombres"

La muerte de Almudena Grandes fue un varapalo para toda la familia. Su yerno, Fernando Maqueda, también falangista y pareja de su hija Elisa, dejó a un lado la ideología y le dedicó unas palabras: “Para los casposos que estáis escribiendo sobre Almudena Grandes, efectivamente era mi suegra y la quería como a una madre, una persona extraordinaria, de la que destacaría su nobleza y vitalidad, pero, sobre todo, su inteligencia”.

Pero no es posible dar por finalizado este repaso a la vida de Almudena Grandes sin mencionar a sus amigos, tan importantes para el matrimonio, tan determinantes en sus vidas. La pandilla la formaban, entre otros, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Benjamín Prado, Felipe Benítez… Estos son solo algunos de los amigos más próximos a Luis García Montero. Sabina contaba: “Hicimos un núcleo que yo llamaba en broma los jóvenes poetas líricos”. Su guarida siempre estuvo en la casa que Luis construyó en Rota, donde el grupo pasaba unos veranos fantásticos. Tal fue la conexión del matrimonio con Rota que dos de sus avenidas principales llevan sus nombres.

"Porque, a pesar de sus marcadas diferencias, la familia siempre se mantuvo unida. Todos juntos participaron en los homenajes a Almudena Grandes, tras ser nombrada hija predilecta de Madrid a título póstumo"

Luis García Montero declaró: “Uno de los años más imborrables de mi vida es el que pude cuidar a la persona de la que sigo enamorado”. Pero, a tan solo siete meses del fallecimiento de una de las autoras más queridas del panorama literario español, su viudo, el poeta, catedrático de la Universidad de Granada y actual presidente del Instituto Cervantes se ha visto de nuevo obligado a dar malas noticias. “Mi nieta ha muerto a los quince días de nacer. También el amor de mi vida. Pero mi hija vive y resisto por ella”. Pocos meses antes Luis había perdido igualmente a su padre a la edad de noventa y cinco años. Sin embargo, ha sido el dolor por la trágica y prematura muerte de su nieta Ximena lo que le ha unido como nunca a su hija pequeña.

Porque, a pesar de sus marcadas diferencias, la familia siempre se mantuvo unida. Todos juntos participaron en los homenajes a Almudena Grandes, tras ser nombrada hija predilecta de Madrid a título póstumo. “Querida Almudena, la estación de Atocha se llamará Puerta de Atocha Almudena Grandes. Me emociona que los trenes, como nuestros recuerdos, identifiquen bien cuál es su punto de partida y de llegada”, escribió García Montero.

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ROSARIO
ROSARIO
3 meses hace

No es correcto que su última novela sea la sexta y última entrega de sus episodios,tenía planificada esa novela pero aplazó su escritura a raíz de la pandemia,que le llevó a escribir «Todo va a mejorar»una historia que nada tiene que ver con la guerra civil.

basurillas
basurillas
3 meses hace

Ante todo reconocer que uno de los libros de Almudena Grandes, El lector de Julio Verne, es uno de los libros que más me han gustado en toda mi vida. Respecto a la frase citada en el presente artículo («…enseñar al lector contemporáneo cómo miles de mujeres y hombres se jugaron la vida para que pudiéramos hoy disfrutar de democracia y libertad”) y a la vista de la realidad actual en nuestro país, creo que Almudena se debe de estar removiendo en su tumba. Nada más lejos del ideario tradicional de la izquierda, el internacionalismo igualitario en particular, que el pacto con nacionalismos decimonónicos y capitalistas derecho burgueses, y amantes del privilegio para sus comarcas, en perjuicio del resto de la ciudadanía. ¿Disfrutar de democracia?¿dónde está la democracia? Y ya lo de juntarse con criminales no
arrepentidos ni lo comento. Lo siento querida Almudena, pero hoy los trenes saben cual es su punto de partida, pero ignoran -ignoramos- cual será su punto de llegada. D.E.P.

Wittmann
Wittmann
3 meses hace

Esta mujer no conoció el franquismo ni pudo ser activista antifascista. Y su mérito fue escribir las Edades de Lulú, un libro con el que dos generaciones se masajeó el trabuco.
Ser progre da dinero. En paz descanse.

Última edición 3 meses hace por Wittmann