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Antón Castro, ebrio de vida

De cuantas citas abren Vino del mar, nuevo poemario de Antón Castro en Olifante Ediciones, la que mejor define el libro es aquella de Baudelaire: Deberíamos estar siempre ebrios, eso es todo. Para no sentir la terrible carga del Tiempo, que nos destroza la espalda, es necesario embriagarnos sin tregua. ¿De qué? ¡De vino, de poesía, de virtud! ¡De lo que quieras! ¡Pero embriágate!

Resulta cuando menos curiosa la alusión a la virtud en el autor de “Las flores del mal”; pero si nos atenemos al diccionario de la RAE, la virtud no es solo la pacata moral cristiana del XIX, sino también la integridad de ánimo y bondad de vida. Todo en Vino del mar destila bondad y vitalismo, disfrute sincero de los sentidos y del alma en torno al leitmotiv de la obra: la comarca zaragozana de Cariñena: su vino, sus gentes, su rica cultura. Al decir del autor, Cariñena es territorio de guijarros y viñedos, territorio de sueños; es surco, mar y oleaje: el vino que hace estremecer la tierra. De estos versos nace la metáfora marina del título.

"Sentía nostalgia del mar y presintió que las parras centenarias, agitadas por el cierzo, semejaban la rítmica ondulación del Atlántico"

Durante la juventud, recién llegado de su Galicia natal en el otoño de 1978, Antón Castro fue vendimiador en Cariñena. Sentía nostalgia del mar y presintió que las parras centenarias, agitadas por el cierzo, semejaban la rítmica ondulación del Atlántico. Mientras vendimiaba, el autor conoció al empleado de unas bodegas, un hombre sin importancia aparente, que no se apellidaba Baudelaire sino simplemente “Navarro”, y que desveló al autor el secreto de la vida: Corre, colibrí —le dijo—. Emborráchate de urgencia. La vida te espera, aquí en la vendimia, y allá fuera, donde se trajinan las soledades.

Todo el poemario podría resumirse en la praxis de ese “don de la ebriedad”, que Castro, parafraseando a Claudio Rodríguez, cita en el poema “Una visita en la noche”, porque “Vino del mar” es una declaración de amor al vino, a la cultura, a las mujeres, al paisaje de Cariñena. La primera parte, titulada “A campo abierto”, se centra sobre todo en este último. Los viñedos son para el autor océano de verdes senderos, y transita por Mezalocha, por Aguarón, por Muel, por Paniza… de la mano de una bella desconocida que tiene la costumbre necrófila de viajar en moto visitando cementerios, vestigios de vida desaparecida, de ebriedad terminada. Lo hace en el poema en prosa: “Cementerios”. A cada poema, se encarnan en el paisaje la sensualidad y la exuberancia de los sentidos: la mujer es Ángel que pasa y suspira y exhibe su desnudo entre las cepas. Y el autor le exige categórico: Necesito que existas y estés: eres carne de vino que alumbra el envero.

En la segunda parte, titulada “Personajes”, sin abandonar la lírica stricto sensu, Antón Castro parece aproximarse a su ejercicio profesional de periodista cultural y compone poemas que nos parecen semblanzas, dedicados a grandes figuras de la comarca, como la pianista Pilar Bayona, o los exiliados Luis Marín Bosqued, pintor y escritor; Simón Tapia, músico; Ildefonso Manuel Gil, poeta con quien el autor tomó café todas las mañanas durante dos años en un bar de Zaragoza, mientras él fumaba lentamente cigarrillos LM. En cambio, la tercera parte, “Alrededor del mundo”, nos sorprende abandonando el localismo universal de la segunda para abrirse al mundo. Desfilan por las páginas historias de amor que nos llevan a Praga, a Venecia, a Nueva York…

"En Vino del mar la ebriedad lo devora todo, lo bebe todo, lo posee todo, lo acaricia todo; pero la vida y la virtud se cocinan en el poemario a fuego lento"

La cuarta y última parte, titulada “La despedida”, torna al lugar del cual el poemario nunca se marchó, y parafrasea esta vez a Woody Guthrie al afirmar: Esta tierra es tu tierra. Cariñena. Quédate y oye la confesión del vino. Y vuelve a la ebriedad de la mano del poeta Ángel Guinda, a quien dedica un bello poema en el cual lo define como el ahijado de Baudelaire, que desea que sus poemas se impriman en vaginas y no en páginas; que considera la embriaguez el estado ideal para capturar metáforas, y de quien afirma que la vida en él se vuelve lascivia, lucidez, alegría, flor de inmortalidad.

En Vino del mar la ebriedad lo devora todo, lo bebe todo, lo posee todo, lo acaricia todo; pero la vida y la virtud se cocinan en el poemario a fuego lento, para alimentar con salud y gozo a quienes lo lean.

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Autor: Antón Castro. Título: Vino del mar. Editorial: Olifante Ediciones. Venta: Amazon

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