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Asia Argento, entre la denuncia y la polémica

Asia Argento, entre la denuncia y la polémica

En 1997, apenas se hicieron públicas las primeras denuncias del movimiento #MeToo, Asia Argento fue una de las actrices que manifestaron que, ella también, había sido víctima de los abominables abusos de Harvey Weinstein durante una fiesta en la Costa Azul. Pero, a diferencia de sus compañeras, recibió tantos insultos y amenazas por parte de sus compatriotas que anunció que abandonaba el país. Naturalmente, ello no impidió que en la siguiente edición del festival de Cannes volviera a denunciar, esta vez en una sobrecogedora declaración en la que refería todos los detalles, cómo, allí mismo, en 1997, había sufrido el ultraje.

Si no supiera que todos los colectivos, todos los grupos, toda grey, para ratificarse en su homogeneidad, precisa del diferente para estigmatizarle y marginarle, me hubiera costado mucho más trabajo creer que una actriz italiana hubiera tenido tantos problemas en su país por acusar a un productor de cine estadounidense de haber abusado de ella. Da la impresión de que Asia Argento, por determinados aspectos de su vida privada, estaba sufriendo la misma suerte que esas chicas que después de la violación, son culpadas por el miserable de turno de habérsela buscado porque enseñaban las piernas.

"Sin haber alcanzado aún la adolescencia, ya era una fuente de inspiración para el espléndido cine italiano de miedo. Pero aquellos personajes, aquellos niños terribles de sus primeras creaciones, bien pudieron ser el origen de su estigma"

Ya en otro orden de cosas, tengo igualmente la impresión de que, cuando se habla de prodigios tempranos, no suele pensarse en Linda Blair. Sin embargo, cuando esta actriz recreó a Regan, la famosa niña de El exorcista (William Friedkin, 1973), sólo contaba doce años. Cuando se piensa en los intérpretes más precoces, se evoca antes a la Judy Garland de El mago de Oz (V. Fleming, G. Cukor, M. LeRoy, 1939) que a la Linda Blair que incorporó a Regan, la proverbial endemoniada que abrió la puerta a todos los pequeños endiablados, que, en la pantalla de los años 70, cambiaron los antiguos prototipos del cine de miedo.

Los niños actores, para ser admirados como tales, además de sus prodigios, deben interpretar a personajes angelicales. No basta con el candor, o el desparpajo, de la precocidad. De ahí también que en la filmografía de Brooke Shields apenas cuente su Violet, la niña criada en un burdel de Nueva Orleans, cuya virginidad vende su madre al mejor postor en La pequeña (Louis Malle, 1978). Así pues, tampoco debe gustar mucho a sus compatriotas Ingrid Haller, la niña a la que recreó Asia Argento con tan solo once años en Demons 2 (Lamberto Bava, 1986). Sin haber alcanzado aún la adolescencia, ya era una fuente de inspiración para el espléndido cine italiano de miedo. Pero aquellos personajes, aquellos niños terribles de sus primeras creaciones, bien pudieron ser el origen de su estigma.

"Otra de las cosas que debieron de estigmatizar a Asia Argento fueron los tórridos desnudos en los que la retrató su padre en Trauma, su primera colaboración"

Hija del realizador Dario Argento y de su musa, la actriz Daria Nicolodi, Asia nació en Roma en 1975 y figura como Aria en el registro civil. No se podía dar el nombre de un continente a una niña, aseguraron los funcionarios a sus padres. Hija de una pareja referencial en el excelente cine trasalpino al que me refiero, la pequeña estaba llamada a ser ella misma otra de las grandes musas del cine de terror europeo. Aunque, entre los primeros recuerdos que guarda de sus progenitores, destaca el del día en que fueron detenidos por fumar hachís. Las drogas siempre han estado mucho más perseguidas en Italia que en España y los Argento supieron de aquellos rigores con creces.

“Es una actriz natural, espontánea, intuitiva”, comentó Dario Argento tras finalizar el rodaje de Drácula 3D (2012), su quinta colaboración con Asia. “Creció ante mis ojos en cada película, ahora es más adulta, más mujer. En el plató no se nos escapa la relación paternofilial, a eso volvemos cuando acaba el rodaje y vamos a comer. Pero, delante de la cámara, ella me ayuda como actriz, me hace sugerencias, me aporta sus buenas ideas”.

Merecedora de un David de Donatello y algún otro de los premios más reputados de la pantalla trasalpina, con independencia de los elogios paternos, otra de las cosas que debieron de estigmatizar a Asia Argento, de cara a quienes la insultaron y amenazaron cuando denunció a sus violadores —amén de Weinstein, en otros momentos de su carrera hubo dos más— fueron los tórridos desnudos en los que la retrató su padre —siendo Asia aún menor— en Trauma (1993), su primera colaboración.

"Charlotte, al volver la vista atrás, buscó a otra hija de una pareja de notables que lo pasara aún peor que ella por los devaneos de sus padres y la encontró en Asia Argento"

Lejano ya aquel 1969 en que Je t’aime… moi non plus se escuchaba en toda Europa y en algunos lugares —Austria, Países Bajos…— lideraba las listas de éxitos, la maravillosa Jane Birkin, que acabó por separarse del gran Serge Gainsbourg cuando se cansó de emborracharse con él y de aguantarle sus infidelidades, aún recordaba con cierto cariño a su exmarido. En lo mejor de su matrimonio, iban hasta arriba. Jane era una de esas mujeres a las que beber las embellece y Serge, aún sin destrozar por la priva, componía algunas de las mejores canciones del pop de los años 70: Melody Nelson, Vu de l’exterieur, Marilou sous la neige… Pues bien, lejanos ya aquellos excesos, Jane Birkin —con ese cariño al que me refiero— recordaba que en aquel tiempo iban tan volados que precisaban somníferos para poder dormir.

Charlotte Gainsbourg, la hija que concibieron —hoy una de las grandes musas de la pantalla independiente internacional— recordaba de forma muy distinta aquel desenfreno. No hay duda, como ha demostrado públicamente en varias ocasiones, de que quiere a sus padres. Eso sí, puesta a rememorar sus borracheras, tampoco oculta su desazón por haber tenido unos padres así. Ahora bien, como ese sabio de Calderón de la Barca, que en La vida es sueño se pregunta si habrá otro más pobre y mísero que él, Charlotte, al volver la vista atrás, buscó a otra hija de una pareja de notables que lo pasara aún peor que ella por los devaneos de sus padres y la encontró en Asia Argento.

Asia, quien, por cierto, también grabó una versión de Je t’aime… moi non plus junto con Brian Molko, el líder de Placebo, es una de las mejores actrices de la pantalla internacional de las últimas tres décadas. De ello dan prueba sus colaboraciones en títulos como La reina Margot (Patrice Chéreaux, 1994), New Rose Hotel (Abel Ferrara, 1998), La tierra de los muertos vivientes (George A. Romero 2005), María Antonieta (Sofia Coppola, 2006) o Go Go Tales (Abel Ferrara, 2007). En esta última fue acusada poco menos que de zoofilia por una secuencia en la que besa en el hocico a un rottweiler

"Es autora de interesantes acercamientos a su progenitora en el otoño de sus días. Más o menos, podría decirse que Daria Nicolodi se murió ante el objetivo de su hija"

En fin, casi un centenar de películas que van de giallo de las cintas de su padre, al ciberpunk de New Rose Hotel, sobre un guión de William Gibson. Particularmente, me quedo con su Violaine de Les morsures de l’aube (Antoine de Caunes, 2001), una vampira que me resulta una de las mejores almas en pena vistas en la pantalla en lo que va de siglo XXI. De lo rodado en familia he de destacar La tercera madre (2007), culminación de la trilogía de las Tres madres, iniciada por Dario Argento en Suspiria (1977) y continuada en Inferno (1980).

Autora la misma Asia de videoclips de Marilyn Manson y cortometrajes sobre madres adolescentes, de su faceta como realizadora sobresalen sus documentales sobre Abel Ferrara —una vez superados los problemas de la polémica por el beso al perro en Go go tales. Pero, sobre todo, es autora de interesantes acercamientos a su progenitora en el otoño de sus días. Más o menos, podría decirse que Daria Nicolodi se murió ante el objetivo de su hija. Asia, pese a todas las fatalidades y desastres que han jalonado su carrera —vio morir prematuramente a una hermana en un accidente de tráfico, recién acababa de superar la joven una anorexia—, pese a todos los escándalos —meses después de sus denuncias, el actor Jimmy Bennett denunció haber sido violado por ella—, Asia Argento es una de las mejores actrices del cine actual con independencia de su familia.

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