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Beethoven, ese catalán

Los orígenes de Ludwig van Beethoven fueron importantes desde casi su nombre: proviene de Beeth (betabel) y Hoven, plural de Hof (granja). Es decir, que el apellido, algo así como «granja de remolacha», da cuenta del carácter granjero y campesino de los ascendientes del maestro. Él golpea con el aldabón, además, la puerta del XIX, ese siglo encargado de moldear los primeros nacionalismos, de acuñar Volksgeists y sentimientos tradicionalistas. Es en el periodo decimonónico cuando empiezan a tener sentido las identidades culturales, cuando por ejemplo el mundo hispánico se agarra al Quijote como padre de la lengua y el imperio victoriano corresponde con el auge shakespeariano. Cultura y política comienzan a otearse, en pos de un sentir nacionalista que nos llevaría al desastre del siglo XX. En este contexto, como digo, los orígenes de Beethoven son indispensables para el posterior renacer finisecular del sueño alemán, pues ese nuevo Estado centroeuropeo vería en la sinfonía rupturista del músico de Bonn la proyección de su sueño.

"El Institut Nova Història afirma que la abuela de Beethoven era catalana, que influyó en su música, y que el compositor escribió sus obras «contra España»"

Por tanto, los oyentes de Beethoven empezaron a acercarse a sus obras con un sentimiento político. La sinfonía como nuevo rito de comunidad, que sería la marca de la Alemania por venir, que explotaría Wagner y que utilizaría el mismísimo Hitler en beneficio del delirio. Beethoven había roto con los esquemas de la sinfonía clásica, había fracturado el estilo marcado en el resto de Europa, le había proporcionado a la nueva sociedad alemana el rasgo más preciado de cuantos persiguió la centuria: identidad. En esta tesitura, desligar el origen de Beethoven de una Alemania que él no llegó a conocer, pero cuya personalidad ayudó a cincelar, para ligarlos a Cataluña casi suena a chiste. Pero es lo que ha hecho un estudio reciente. El Institut Nova Història afirma que la abuela de Beethoven era catalana, que influyó en su música, y que el compositor escribió sus obras «contra España». Ridículo. Hilarante. Chusco. Pero también retorcido y quizá valioso desde el punto de vista del rédito político.

"Da igual lo ridículo que resulte decir que Teresa de Ávila, Francis Drake, Diego Velázquez, Miguel de Cervantes o Cristóbal Colón eran catalanes"

Y es que en el presente vuelve a tener un sentido especial ese concepto aparecido renglones atrás: la identidad. Poco importa la historia, sólo hay que transformarla para dotar a la cultura de un sentido torticero, y con ello otorgar a las identidades cierta distinción. Si la abuela del genio de Bonn salió por pies, según estos iluminados, tras la guerra de Sucesión española, y fue capaz de impregnar a Beethoven de su carácter heroico y rebelde, entonces el espíritu catalán, su Volksgeist, será heroico y rebelde. Un silogismo absurdo y paleto, propio como digo del sentir protonacionalista del XIX, que parecía superado con los desastres bélicos de principios del XX, pero que intenta resucitar por momentos. Da igual lo ridículo que resulte decir que Teresa de Ávila, Francis Drake, Diego Velázquez, Miguel de Cervantes o Cristóbal Colón eran catalanes, como hace este instituto. Siempre habrá quien crea que los rasgos de estos personajes van intrínsecos a su cultura, y que además son diferenciales con respecto a la cultura del vecino. La historia al servicio de la falsa moral borreguil. Y mientras, claro, los de siempre vaciando moralidades y, por supuesto, llenando bolsillos. Si la historia, como se suele decir, es cíclica, prepárense para las curvas.

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