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«Better Call Saul»: No todo va bien, tío

“It’s all good, man” (todo va bien, hombre) en inglés suena igual que «Saul Goodman». Ha finalizado la cuarta temporada del spin-off de Breaking Bad, Better Call Saul, y ya está claro que el pseudónimo de abogado de Jimmy McGill se basa todo él en una mentira, la que Jimmy/Saul cuenta a los demás, pero sobre todo la que se cuenta a sí mismo. En un mundo de dobles identidades, la máscara de superhéroe que se ha creado el personaje del portentoso Bob Odenkirk quiere ser una especie de superyo, pero el resultado está, pese a su traje colorido, teñido de esa desesperación, dolor y ternura que impregna todo lo que Jimmy toca.

El final de la tercera, hace dos años, fue en sí mismo un cambio de capítulo tanto para Jimmy como para Mike (Jonathan Banks, otro que tal). Uno culmina su definitiva conversión a abogado saltimbanqui, el otro selló su destino con el asesinato por la espalda más noble de la televisión reciente. En esta cuarta temporada los fans el Universo Cinemático Albuquerque tienen dos momentos para aplaudir: uno es el regreso de un querido personaje de Breaking Bad (otro más) y el segundo el peregrinaje por el desierto del memorable capítulo 8, “Camello”, donde Vince Gilligan se marca como director y escritor un perfecto mini largometraje de acción.

"El camino del héroe picaresco de Better Call Saul tiene tanto valor en el desértico Albuquerque como en la España del Lazarillo"

Aunque Gilligan ha delegado parte del trabajo en Peter Gould, Better Call Saul, el spin-off que acabó siendo mejor que su serie matriz, es cada vez más Breaking Bad. Una vez liquidada la trama fraternal con un eléctrico Michael McKean, la serie se sumerge sin tapujos en la negrura del mundo criminal. Jimmy, o perdón, Saul, cada vez se parece más a Walter White mientras recorre un camino igualmente extraño: si antes era el tipo normal que descubre que es malo, ahora el bufón, el alivio cómico, se hace de carne y de sangre.

Quizá una de las mejores maneras de ubicar a Jimmy sea aquel momento del segundo episodio en la cuarta temporada, en el que él mismo nos cuenta las diferencias (o semejanzas) entre un abogado y un vendedor. “¡Soy como el monstruo de Gila!”, grita alegre, comparándose con un lagarto más bien poco agradable, recién salido de la sombra de su hermano Chuck (Michael McKean). ¿Es Jimmy el vendedor que soñó que era abogado o el abogado que quiso ser vendedor?

Better Call Saul es una serie que se la juega. Seguramente agote la paciencia del espectador de Ryan Murphy o Shonda Rhimes (sin que esto sea necesariamente un descrédito para nadie). Su desarrollo es lento y meticuloso, la argamasa de drama y comedia (en proporciones similares pero reversas a Breaking Bad) se va tiñendo también de negro thriller muy poquito a poco, acercando una serie a otra a medida que se acerca el final de una… y comienza el principio de la siguiente. La habilidad con la que se entretejen tramas y recuperan, señalizan, momentos del pasado y el futuro supera las nociones de “caso de la semana” o “serie para fans”.

El camino del héroe picaresco de Better Call Saul tiene tanto valor en el desértico Albuquerque como en la España del Lazarillo. En un mundo de grandes despachos de abogados, el individuo se pierde y se ve obligado a reformularse, y con él la definición de altruismo. La serie huye de tópicos y afectaciones, a este y el otro lado de la ley, y en la cuarta temporada se incluye incluso el desahucio de un anciano a manos de una gran compañía que rehúye los tópicos del buenísimo al uso.

"No hay bustos parlantes sino atmósfera; los personajes están creados a través de metáforas pictóricas en movimiento"

Hay una cosa, sin embargo, que caracteriza a Better Call Saul, la serie con el diseño de planos con más creatividad y sustancia del panorama televisivo actual. En ella las imágenes narran y proporcionan información como en el cine, pero sin necesidad de parecerse a él. Su guión en paralelo crea un mosaico que se beneficia del formato televisivo (al tiempo que huye del temible algoritmo de golpes de efecto de la televisión en streaming) pero sus guiones se ilustran a golpe de idea visual, casi todas más bien tenebristas. No hay bustos parlantes sino atmósfera; los personajes están creados a través de metáforas pictóricas en movimiento mientras la trama avanza en medio de un paisaje y un tiempo bien acotado, pero a la vez vago.

Individuos tostándose en una jungla de hormigón bajo el sol de Nuevo México; viviendas unifamiliares plantadas en medio del desierto; aparcamientos vacíos que parecen un oasis entre palmeras. Es la reformulación tex-mex de las estampas de soledad urbana de Hopper, un sueño americano sacado del horno antes de tiempo. Como el del propio Saul, dueño y señor de una de las mejores series de televisión de la actualidad.

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Título: Better Call Saul

Creadores: Vince Gilligan y Peter Gould

Reparto: Bob Odenkirk, Jonathan Banks, Rhea Seehorn, Patrick Fabian, Michael McKean, Giancarlo Esposito y Kerry Condon.

Temporadas: 5

Capítulos: 50

Dónde verla: AMC

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