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Un buen rato de ciencia

Un buen rato de ciencia

Un amigo librero suele decir que, si bien es cierto que en España se lee poco, no lo es tanto que se vendan pocos libros. En su entendimiento, una parte de la compra de libros hay que echarla a cuenta del consumismo o de la atracción momentánea por un título o una portada, sin que al cabo el ejemplar tenga otro destino que el esperar infinitamente en una estantería. También están los que se adquieren para regalo –una costumbre, por cierto, en franco desuso- y aquí sí convendremos en que el porcentaje de los finalmente leídos es mínimo.  Y, por terminar, incluiremos títulos ilustres que todos tenemos, pero ¿quién de verdad ha pasado del primer capítulo? Erasmo, que no tenía fluidez con la lengua de Homero, decía que le bastaba ver los caracteres griegos de una página de la Ilíada para emocionarse. A algunos les ocurre lo mismo con el Ulises de Joyce, el José y sus hermanos de Mann o cualquier cosa de Hermann Broch.

Sin embargo, donde uno diría que de verdad se cumple esta, llamémosla, conjetura del librero escéptico es con los libros de ciencia. Por alguna misteriosísima razón, en nuestro país se publican constantemente ese tipo de obras; hay editoriales con sellos estupendos —Drakontos, Metatemas…— que llevan tiempo sacando títulos con regularidad y acumulan un catálogo extraordinario. El CSIC mantiene muy activa una colección, Qué sabemos de…?,  digna copia del modelo francés, con una inmensa mayoría de libros del mayor interés.

"Científicos como Asimov o George Gamow abrieron el camino, pero son Feynman o, más reciente, Stephen Hawking, los que han acuñado un modelo."

En fin, que estamos mejor que queremos; algo sorprendente por varias razones. La principal, que aquí somos muy refractarios a la ciencia y a la tecnología, pues para eso, oiga, para explicar el mundo, ya está la religión, equiparable a efectos de currículo escolar a la física o las matemáticas, para nuestra infinita vergüenza. Que un país de la importancia histórica y el nivel económico de España haya logrado solamente un único premio Nobel en ciencia —Cajal; el de Severo Ochoa no cuenta por estar vinculado a la Universidad de Nueva York— es consecuencia de esta secular incuria, perfectamente asumida por nuestra sociedad. Haga el lector, si no, una prueba: pregunte a sus conocidos si han leído el Quijote o visitado el museo del Prado, y verá como ninguno, con el matiz que sea, y mintiendo si hace falta, deja de responder en positivo. Interésese a cambio por el número de cromosomas que tiene un ser humano, o la definición de logaritmo, y obtendrán una contestación del tipo “ni idea” o “a mí las matemáticas no se me dan bien”, pero en tono desdeñoso, nada avergonzado, quizá hasta satisfecho. En resumen, las dos culturas que Snow nos explicó, casi reducidas a una sola.

Otra pregunta que debemos hacernos es si el producto que se nos vende es de calidad; algo fundamental, pues con la divulgación científica pasa como con los puros habanos: o te haces con uno bueno, o mejor quedarte sin fumar. No hay clase media. Quien esto escribe, por poner un ejemplo, tiene la manía de comprar todo lo que encuentra relacionado con la mecánica cuántica, buscando el santo Grial de una explicación comprensible. La cosa, claro, tiene truco: desde el momento inicial y por sus mismos padres fundadores, la mecánica cuántica ha sido repetidamente calificada de ininteligible. Así que es el mejor banco de pruebas para testar la habilidad del divulgador explicando con palabras lo que, en puridad, sólo puede hacerse con ecuaciones.

En términos generales, está llegándonos —traducida— buena divulgación. Científicos como Asimov o George Gamow abrieron el camino, pero son Feynman o, más reciente, Stephen Hawking, los que han acuñado un modelo: textos escritos no para todo el mundo, sino dirigidos a personas formadas, de nivel universitario o casi, aunque no necesariamente vinculadas a la ciencia. Típicamente, un abogado o economista que, como todos, usa intensivamente la tecnología y se pregunta qué hay detrás de los cachivaches que maneja; o quiere entender mejor las noticias sobre genética o astronomía que, afortunadamente, cada vez abundan más en los medios.

universo

"Nos preguntábamos al principio por el aparente –y sorprendente- éxito de la divulgación científica. Libros como estos lo explican por sí mismos."

Por eso, el punto está en evitar fórmulas y palabrería compleja, pero sin caer en un lenguaje ñoño, como el del que, considerando al lector ayuno en este tipo de saberes, le quiere seducir con un estilo de narración infantiloide. Así nos ha parecido un libro que últimamente parece haber disfrutado de un gran éxito de ventas, escrito por un discípulo francés del mencionado Hawking; el cual está en las antípodas de la aproximación ofrecida por las dos obras que aquí queremos reseñar.

AhoraDe Ahora, de Richard A. Muller y La historia de Krauss, hay que comenzar señalando el nuevo acierto de la editorial Pasado & Presente, que nos ha acostumbrado, en sus pocos años de vida, a una selección exquisita también en esta temática. Han aparecido con pocas semanas de diferencia, y no habíamos acabado con la primera cuando la segunda ya estaba ahí, reclamando la atención debida.

Nos permitimos sugerir al lector que se haga con las dos obras. Y que empiece por La historia Es una lectura de esas que se recomienda a todo el mundo y se regala con o sin excusa de por medio. Con capítulos muy medidos en cuanto a extensión y contenido, no renuncia al esquema tradicional que arranca en la electricidad y el magnetismo, sigue con la relatividad, mecánica cuántica, partículas… y aquí hay una novedad: el tratamiento cuidadoso de la simetría, un asunto que la mayoría de los divulgadores tienden a esquivar. Por su parte, Ahora circula menos por estos ejes del conocimiento cosmológico, prefiriendo rodearlos buscando temas periféricos; por otra parte, del mayor interés, como es el tiempo (y las derivaciones filosóficas que ese análisis inevitablemente hace emerger).

La historia más grande jamás contada... hasta ahora.Nos preguntábamos al principio por el aparente –y sorprendente- éxito de la divulgación científica. Libros como estos lo explican por sí mismos. Reúnen más misterio que una colección completa de novela negra; la trama de la cadena de descubrimientos en física frecuentemente tiene la intriga de un argumento policíaco y, finalmente, el entendimiento de la realidad, el De Rerum Natura que se puede escribir en el siglo XXI, no pasa por la agotada filosofía, sino por los resultados de los experimentos en los aceleradores de partículas. Entonces, ¿para qué leer otra cosa?

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Autor: Richard A. Muller. Título: Ahora. La física del tiempo. Editorial: Editorial Pasado & Presente. Venta: Amazon  y FNAC

Autor: Lawrence M. Krauss. Título: La historia más grande jamás contada… hasta ahora. ¿Por qué estamos aquí? Editorial: Editorial Pasado & Presente. Venta: Amazon y FNAC

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