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A quién le importa, de Alaska y Dinarama

Single de A quién le importa, de Alaska y Dinarama

¿Qué bebías la primera vez que escuchaste A quién le importa?

Pesco en un corte publicitario “yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré” y recuerdo a Alaska en La bola de cristal y regreso a los ochenta y apuro la canción con cubatas en vaso de tubo, litronas de cerveza y cachis de calimocho. Pero alzo la vista, miro al televisor y, ¡mecacho!, ahora la canción sirve para anunciar agua mineral con un cero por ciento de impurezas. Es el signo de los tiempos. Estamos en otro milenio.

El vídeo me gusta, aunque podría valer para anunciar cerveza sin alcohol, yogures desnatados o torreznos. También podrían aparecer en el vídeo los voluntarios de cualquier oenegé o los militantes de cualquier partido político. Los himnos, como las banderas, pueden cobijar muchas causas.

Porque A quién le importa, de Alaska y Dinarama —bueno, y de Carlos Berlanga y Nacho Canut, autores de la letra y la música, y de tantos y tantos que han bailado y cantado esta canción—, es un himno. Cuando se cumplieron treinta años del tema, Canut contó en Vanity Fair que en 1986 jamás imaginaron que llegaría a serlo. “Creíamos que estábamos haciendo una canción al estilo de Sinitta, el Hi-NRG o el I am what I am de Gloria Gaynor. Nunca me he propuesto componer un himno y creo que eso además lo decide el público, no el compositor. Son cosas que no se pueden forzar”.

Sin forzar, A quién le importa es un himno festivo, verbenero y gay, que suena y resuena el Día del Orgullo.

Una buena canción, y una excelente canción, como ésta, no tiene por qué proceder de un poema, bombardear con figuras retóricas o mostrar la cara oculta de la luna. Pero una buena canción siempre cuenta con una letra memorable (incluso el La, la, la de Serrat).

A quién le importa, de Alaska y Dinarama (letra)

La gente me señala, me apuntan con el dedo,
susurra a mis espaldas, y a mí me importa un bledo.
¿Qué más me da si soy distinta a ellos?
No soy de nadie, no tengo dueño.

Yo sé que me critican, me consta que me odian,
la envidia les corroe, mi vida les agobia.
¿Por qué será? Yo no tengo la culpa.
Mi circunstancia les insulta.

Mi destino es el que yo decido,
el que yo elijo para mí.

¿A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

¿A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

Quizá la culpa es mía por no seguir la norma.
Ya es demasiado tarde para cambiar ahora.
Me mantendré firme en mis convicciones,
reforzaré mis posiciones.

Mi destino es el que yo decido,
el que yo elijo para mí.

¿A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

¿A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

¿A quién le importa lo que yo haga,
a quién le importa lo que yo diga?
Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.

***

La versión más auténtica quizá sea esta:

Y esta otra, de Bebe, cala:

¿Qué podría anunciarse con el Tiempos nuevos, tiempos salvajes de Ilegales? Ahí lo dejo.