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Canciones para leer: Al alba, de Luis Eduardo Aute

Al alba, de Luis Eduardo Aute.

«Cuando los estados de excepción franquistas, yo quería hacer una canción sobre un fusilamiento. Intenté hacerla, pero no terminaba de pillar la perspectiva. Empecé a hacer otras canciones, canciones de amor. De repente aparece Al alba, que es una canción de amor, de una despedida radical. Pero la iconografía de la canción sugería que el narrador se despedía de su amor porque lo van a fusilar. Rosa León, arriesgando el pellejo, dedicó la canción a los condenados a muerte en sus conciertos. A partir de ahí, la canción quedó vinculada a los fusilados el 27 de septiembre de 1975». Luis Eduardo Aute, en El Español. en una de las últimas entrevistas que ha concedido.

Al alba, dice Aute, es una canción de amor. Vamos a leerla, sin música:

Al alba, de Luis Eduardo Aute (letra)

Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son éstas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Desmenuzar las estrofas de una canción, reflexionar sobre su vuelo poético y sus valores literarios o elucubrar sobre qué quiso transmitir el autor de las letras para nada es el propósito de esta serie de música para leer. Pretendo algo muy sencillo: sólo mostrar canciones y disfrutarlas como poemas, en silencio o con música.

Las grandes canciones son himnos (en la cuarta acepción del diccionario: «composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan»; las tres acepciones anteriores no vienen a cuento).

Hace unos meses, Edu Galán entrevistó aquí a Rosa León y la cantante que popularizó el tema dejó caer esto:

«Luis Eduardo tiene una facilidad que me asombra para convertir una letra imposible en una canción audible. “Miles de buitres callados van extendiendo sus alas”, y eso se convierte en una canción popular. ¡Mi madre! Es un genio haciendo estructuras de canciones y dándole vueltas a letras y letras y letras».

También contó que en el 76 fue amenazada y atacada por cantar Al alba:

«Con el disco “Al alba”, recién nacido Víctor (su hijo, el cineasta Víctor García León) en 1976, le llevaba en el coche en brazos. Marta, 3 años, atrás. Pepe conduciendo. De repente veo que nos vamos contra una pared. Con los niños dentro. Al poco me llaman a casa y me dicen “primer aviso”. Iba en serio. ¿Qué es lo que había hecho yo? Cantar “Al alba”, y me rajan las ruedas del coche y casi nos matamos con los niños dentro. “Primer aviso”».

Tres versiones de Alba me vienen a la cabeza cuando pienso en esta canción.

La de Aute, del disco Albanta. La original.

La de Rosa León. También clásica; si cierro los ojos la imagino en blanco y negro, como las teles de entonces…

Y la de José Mercé. Jonda.

Toda la poesía, de Luis Eduardo Aute.La editorial Pigmalión recogió 414 canciones de este polifacético artista en Claroscuros y otros pentimentos. Y Espasa, en una edición de Miguel Munárriz, reunió sus versos en Toda la poesía.

Aute merece ser escuchado. Y leído, cómo no. Porque los buitres siguen extendiendo sus alas.