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Caos y explosiones en Valladolid: las cosas que pasan en las novelas de Pérez Gellida

Caos y explosiones en Valladolid: las cosas que pasan en las novelas de Pérez Gellida

Fue explosiva (emocionalmente explosiva) la presentación de la última novela de César Pérez Gellida en su tierra, Valladolid, escenario en el que sucede la acción de La piel de una gota (Destino), y a donde llegaron escritores, humoristas, gente de toda España al Teatro Zorrilla para rendir una especie de homenaje a este autor con gesto de pocos amigos y al que, sin embargo, le sobran los amigos, los buenos amigos, tal como se vio en la presentación de la novela, con autoridades locales y fotocol incluidos.

Fue un hermoso y entrañable espectáculo, tal como se suele hacer a los que ya han fallecido, con la diferencia de que Gellida estaba allí, muy de cuerpo presente, con su impenetrable gorra, que es como una segunda piel,  acompañado de Dolores Redondo —son grandes amigos y sus familias viajan juntas—, que hizo de entrevistadora. Luego, empezaron a desfilar los invitados por el escenario al requerimiento de Carmen Corazzini, la presentadora del acto.

"Algunos de los amigos que no pudieron asistir mandaron un video, como Antonio Chicote, Miguel Santiago, Blue Jeans o Juan Gómez-Jurado"

No estaban todos. Algunos de los amigos que no pudieron asistir mandaron un video, como Antonio Chicote, Miguel Santiago, Blue Jeans o Juan Gómez-Jurado, cuyas palabras fueron las que más me sorprendieron: “César es un gran escritor, pero mejor persona”. No es que dudáramos de las cualidades morales de Pérez Gellida, pero ese aire entre canalla y cínico que suele mantener a la media distancia no es el terreno más abonado para una fe franciscana. Quizás, como el antagonista de su novela, El Témpano, el escritor ejerza de frío tan solo en lo profesional. O quizás sea una máscara, un avatar. En la presentación de la novela dijo —en voz baja— algo inquietante al respecto: “No es que Ramiro Sancho se parezca a mí, sino que yo cada vez me voy pareciendo más a este personaje”.

Para los que no son lectores (entre los que me contaba) de César Pérez Gellida, habrá que señalar que Ramiro Sancho es su gran creación literaria, un inspector de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid, un hombre alto y de aspecto irlandés, reservado, sensible, al que le gusta el rugby y los refranes, y en su trabajo no se deja guiar por corazonadas sino que sigue las pruebas y trata de entender los motivos del asesino como una atajo para atraparlo. Fue el protagonista absoluto de sus seis primeras novelas, divididas en dos trilogías, que parecen, más bien, títulos pensados por  un cantautor de los setenta: Versos, canciones y trocitos de carne y Refranes, canciones y rastros de sangre, denominaciones nada comerciales en novela negra y muy lejos de lo que se mueve en el mundo la edición; lo que me llevó a preguntarle cómo es que la editorial te permitiera, siendo un autor primerizo, esos títulos de otra época y de otro ámbito. Por cierto, la primera novela de la primera trilogía, Memento mori (esto ya parece el título de un poemario para presentar a un concurso) se ha llevado a la televisión en una serie que puede verse en Prime.

"Ese es el suspense, el misterio, el tirón del lector: descubrir los motivos genocidas del personaje"

Ramiro Sancho, que también es protagonista de algunos relatos, se esfuma en la literatura de Gellida en el 2017, y es ahora (ocho novelas después) cuando vuelve a aparecer con todos los honores en La piel de una gota para seguir la pista a uno de los antagonistas más difíciles y destructores de su obra: el Témpano, un antiguo militar, experto en explosivos, que estuvo en el Congo y planea una terrible venganza sobre Valladolid. De hecho, el booktrailer de la novela se inicia con una imagen costumbrista (idílica) de la Plaza Mayor engalanada de luces y paz navideñas, a la que sigue una tremenda explosión que se carga el enorme árbol adornado y destroza el lugar.

Si empezamos a leer la novela, parece ser que la muerte de su perra en los fuegos artificiales de las fiestas es la razón de tanta violencia indiscriminada. El autor lo matiza: “Este hecho es el punto de inflexión, pero detrás hay un pasado, la muerte de una mujer y otros motivos que se irán conociendo a lo largo de la novela para entender esa espiral de violencia y destrucción que emprende el personaje contra la ciudad y, lo más grave, contra sus habitantes”. La frase quizás no sea exacta, pero sí la idea.

Ese es el suspense, el misterio, el tirón del lector: descubrir los motivos genocidas del personaje, ya que aquí no hay que tratar de adivinar quién es el asesino, porque se nos muestra (con su perra aún viva) desde la primera página. Y, curiosa y tristemente, cuanto más daño causa este complejo personaje, más se le comprende (o así).

"Intuimos que Ramiro Sancho, ese personaje al que acabará pareciéndose el autor (salvo en la melena pelirroja), seguirá moviéndose por sus páginas"

La piel de una gota —ya son 16 libros— era la mejor novela del autor hasta que se publicó, pero como Gellida no hace concesiones al tiempo ni al descanso, nada más entregarla a la editora se puso a escribir la siguiente, que ahora considera que es superior. “La mejor novela siempre es la que estoy escribiendo”. Posiblemente sea la continuación —al menos en el tiempo y en el espacio— de esta, sin intentar hacer una segunda parte, ya que La piel de una gota es autoconclusiva. Sin embargo, y así lo señaló, para la nueva novela ha de tener en cuenta que la ciudad está parcialmente destrozada y en medio de los trabajos de reconstrucción. Intuimos que Ramiro Sancho, ese personaje al que acabará pareciéndose el autor (salvo en la melena pelirroja), seguirá moviéndose por sus páginas. Hacía más de cuatro años que lo había abandonado y le ha gustado reencontrarse con él. Fue como volver a ver a un viejo amigo.

“Piel” y “gota” pueden ser palabras muy propias del título de una novela negra, pero no juntas, de ahí la perplejidad ante La piel de una gota. ¿Por qué esa imagen?, le preguntaron, y el autor habló del simbolismo, de tratar de reflejar esa enorme fragilidad y tensión a la que está sometida la ciudad en su libro, donde un individuo puede destrozar multitud de vidas. Y lo reitera de otro modo: “Como sociedad, somos muy vulnerables. Una persona con ciertos conocimientos puede poner en jaque a toda una ciudad o a todo un país”. Así se comprobó en la época del Covid.

"Trabajaba en una empresa de videojuegos, pero por las noches, y para mitigar las alargadas horas sin fondo, empezó a escribir, a escribir hasta dar forma a una novela, Memento mori"

La novela sucede dos años después del fin de la pandemia en Valladolid, cuyo alcalde era entonces Óscar Puente, y lógicamente aparece en las páginas, pero no con su nombre (“no me ha dado su permiso”, ironiza el autor), sino con el, quizás más afortunado, de Omar Fuentes.

La meteórica trayectoria literaria de César Pérez Gellida resulta, cuando menos, curiosa. Fue el insomnio lo que le llevó a ser escritor. Trabajaba en una empresa de videojuegos, pero por las noches, y para mitigar las alargadas horas sin fondo, empezó a escribir, a escribir hasta dar forma a una novela, Memento mori, que se la entregó a su amigo Michael Robinson, al que le gustó, y el día después le puso en contacto con la editorial Suma, que la aceptó y con quien ha publicado trece novelas con buena venta.

Lo más singular de Pérez Gellida, llegado a los libros por circunstancias ambientales, es la manera con la que aborda su trabajo de escritor. No acolcha las paredes, como Juan Ramón Jiménez, ni busca una música que lo acompañe, sino que —según afirma— no puede escribir sin el soplo caliente y el insistente ruido de un secador en marcha, y como tal reconoce que ha de vender muchos libros para pagarse esas decenas o centenares de secadores que compra este escritor de calva reluciente, pero que no ha olvidado la sensación del secador de su infancia.

"El premio Nadal, que prestigió en su tiempo el vallisoletano Miguel Delibes, le ha abierto puertas a las que no creía que podría llegar"

Tras el éxito de sus dos primeras trilogías y otras novelas sucesivas con Suma, el afortunado idilio se rompió en el 2024. ¿Por qué te cambiaste a Destino?, le preguntamos. Y lo explica con tres palabras: “El premio Nadal”. Porque el premio Nadal, que prestigió en su tiempo el vallisoletano Miguel Delibes, le ha abierto puertas a las que no creía que podría llegar. “Antes era un escritor de novela negra, ahora ya figuro en esa lista de escritores que ganaron el Nadal”.

La editorial Destino, tras la publicación de la obra  galardonada Bajo tierra seca, y su continuación, Nada bueno germina, se ha volcado con el nuevo libro y la recuperación de su detective estrella, Ramiro Sancho. Así se comprobó en la presentación de esta novela en una jornada completa que se habrá convertido en una de las más hermosas y memorables de Pérez Gellida. Con periodistas locales y nacionales, se habló de la novela en lo alto del campanario de la catedral, desde la que se veía todo Valladolid —la ciudad que en su novela se destroza—, y allí resumió la esencia de su libro: “En mis novelas pasan cosas, y en La piel de una gota pasan a lo grande”.

En la comida —a lo grande— hablamos con Anna Soldevila, la editora, quien nos dio la buena noticia de la próxima publicación del Borges, de Bioy Casares, el inmenso diario (más de mil páginas) que editó Destino en un solo tomo hace demasiado tiempo y se agotó rápidamente. Ahora, tras largos años de espera, se vuelve a reeditar en dos manejables volúmenes. Esperemos —ya los comentaremos en otra crónica— que con índice onomástico.

"La jornada de presentación de la novela y homenaje a César Pérez Gellida sirvió de prólogo a la sexta edición de las jornadas literarias Blacklladolid"

El alborozo de este acontecimiento no ha de soslayar el tema que nos ocupa: César Pérez Gellida, su última novela y el homenaje que le rindieron los amigos y la ciudad de Valladolid —estuvieron presentes las autoridades— en el Teatro Zorrilla. La presentadora del espectáculo fue Carmen Corazzini, rostro de las noticias de Tele 5, periodista y criminóloga, que ha publicado dos libros, y que  junto a Gellida lleva el videopodcast Naranjas sanguinas, sobre crímenes y literatura negra. Cálida y profesional, fue dando paso a tantos invitados que se subieron al escenario para hablar con cariño y desenfado (hubo bastante humor) del escritor, como los cómicos JJ Vaquero y Álex Clavero; el escritor Santiago Díaz; los actores Javier Varela y Hovik Keuchkerian, y hasta desfiló el grupo Siloé con uno de sus temas. Al final hubo un fin de fiesta con vino Ribera y cervezas en uno de los bares cercanos, en donde Gellida habló y disfrutó con los invitados, y confesó (se confesó) que lo que más le emocionó fue la presencia de su hijo Hugo, un adolescente, allí en primera fila. Algo que no se esperaba.

La jornada de presentación de la novela y homenaje a César Pérez Gellida sirvió de prólogo a la sexta edición de las jornadas literaria Blacklladolid, que dirige el autor junto a Dolores Redondo, y que, pese a su nombre, no es un certamen de novela negra, sino de novela y otra cosa. Este año tocaba la moda, y entre los invitado desfilarían la diseñadora burgalesa Amaya Urzuaga y la autora de El tiempo entre costuras, María Dueñas.

***

P.S. Al acabar las 540 páginas de la novela nos tropezamos con una prolífica nota del autor, quien cuenta sus pormenores de escritor y los agradecimientos, y hace una alusión al título distinta a lo que nos relató. Aquí se refiere a una fábula apócrifa de la mitología lugbara (del Congo), “una fábula sobre una gota de divinidad transformada en piel que resulta ser al mismo tiempo don y condena”.

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