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Capitalismo engelante

Capitalismo engelante

Casi todo el mundo ha oído hablar de las camas calientes, bien las de los pesqueros, bien las de los pisos patera. La variante de las mesas es mucho más reciente. Pospandémica, como tantas otras innovaciones, la de las mesas calientes consiste en una eventual desaparición de los puestos propios en los centros de trabajo: los días que el empleado acude a la oficina,reserva, en la enésima app, el que decida de entre los disponibles. Un representante patronal celebraba la novedad con un infinitivo muy salvajemente neoliberal: “optimizar”. Todo esto podría suponer un principio del fin del tiempo y el espacio para la customización del escritorio. Nada de fotografías familiares, montañas de pósits ni apegos que puedan seguir poniendo palos en la rueda de la hiperproductividad. Nada de rituales porque, en última instancia, es de lo que va todo esto. De ahí que La desaparición de los rituales, de Byung-Chul Han (Herder, 2020) nos ofrezca algunas claves al respecto. Por supuesto, las propias referencias de este librillo —denso y corto, como acostumbran a ser los del coreano— nos ofrecen otras tantas a su vez. A destacar Baudrillard, que en Las estrategias fatales (Anagrama, 2000) ya alertaba de cómo “la seducción mágica del mundo” debía “quedar reducida, casi aniquilada”.

"En un mundo sometido a la amenaza indefinida de los virus y las variantes, reajustado como se reajustó tras el 11S, no hay tiempo ni pertinencia para zarandajas"

Al autor de Sociedad del cansancio (Herder, 2007) no se le escapa “la progresiva funcionalización e informalización del lenguaje”, en orden a eliminar “el exceso, el sobreexcedente de significante”. Otra forma de verlo, más complementaria que divergente respecto a los análisis de La desaparición, es que lo ritual se ha visto súbitamente reemplazado por lo protocolario. En un mundo sometido a la amenaza indefinida de los virus y las variantes, reajustado como se reajustó tras el 11S, no hay tiempo ni pertinencia para zarandajas, pero esto es solo el haz. El envés es el lugar privilegiado que la precarización, en sus múltiples formas, habría adquirido el día después, tanto en lo público como en lo privado. Baste aludir al problema de la atención primaria y su despacho telefónico, que supone un paso certero hacia “la desaparición del «coloquio íntimo»” con el médico, expresándolo en términos leídos en un libro viejo: La cibernética y lo humano (Aurel David. Labor, 1966). Una sociedad sin tiempo para inflexiones lúdicas, para momentos espontáneos de sobresignificación, en el ámbito de quehaceres cotidianos más o menos burocratizados, será gris y distópica. Y solo podrá ir a peor tanto si sobrevive a sí misma como si colapsa, aunque en el segundo caso, habría una nueva oportunidad para quienes lleguen después.

"No es posible celebrar el trabajo, dice Chul Han, aunque sería más exacto decir que ya no se puede seguir celebrando"

Rituales por protocolos, pues. Interacciones libres convertidas en frías gestiones telemáticas, inscritas en la “nueva democracia de la telecomunicación”, tal como llamaba Félix Duque a esta cosa, proféticamente, en Terror tras la posmodernidad (Círculo de Bellas Artes, 2004). El estado líquido que Zygmunt Bauman adjudicó a la modernidad se congela ahora en los engranajes capitalistas; allí donde los esclavos satisfechos, que nunca reconocerían serlo, se ven privados de sus posiciones intransferibles, así como de cualquier tic que pueda mermar su aporte de leña a la máquina del desarrollo inmoderado. “No es posible celebrar el trabajo”, dice Han, aunque sería más exacto decir que ya no se puede seguir celebrando. Las cosas han venido cambiando mucho últimamente, y han demostrado que Marcuse estaba muy equivocado cuando escribió aquello de que “la libertad depende en gran medida del progreso técnico”. Es cierto que soñaba con una técnica no explotadora en la misma fuente, An Essay on Liberation (1969), pero no lo es menos que su buena voluntad sesentera es más susceptible de provocar una sonrisa amarga que de ser tomada mínimamente en serio. Que me perdonen los viejos marxistas: el sueño de la emancipación tecnocientífica no tiene ningún sentido en la era Bezos.

Todos los movimientos artísticos y políticos han nacido en situaciones cargadas de rituales, perdidas las miradas en “la fantasía del umbral” y rebelados los intrigantes contra “el infierno de lo igual”. El mundo que alumbró Las revoluciones burguesas sobre las que escribió Eric Hobsbawm (1962) era “a la vez mucho más pequeño y mucho más grande que el nuestro” porque sobraba tiempo y espacio. Ahora “nos empobrecemos de espacio y tiempo”, matándolos en nuestro intento desesperado de producirlos a toda costa. A cambio tenemos clics y enlaces; una compensación ridícula e insultante por el secuestro del agora. Y no es baladí, porque difícilmente podrá armarse la siguiente revolución sin calor humano, helándose todo como se está helando, para mayor gloria y beneficio del 1% que tiene en sus manos casi la mitad de la riqueza mundial.

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Autor: Byung-Chul Han. Título: La desaparición de los rituales. Editorial: Herder. Venta: Todostuslibros y Amazon 

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