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Carl Schmitt, el “hombre peligroso”, en su conversación más larga

Carl Schmitt, el “hombre peligroso”, en su conversación más larga

El filósofo y jurista Carl Schmitt (1888-1985), caído en desgracia desde 1945 por haber proporcionado armazón jurídico a los nazis, concedió en 1971, a sus 83 años, cuando aún se le consideraba “un hombre peligroso”, una larga entrevista radiofónica que ahora se publica íntegra, transcrita y traducida por primera vez al español.

Como refleja Mientras el imperio siga ahí (Una conversación), publicada por la editorial El Paseo con traducción de Fernando González Viñas, Schmitt, que se apartó de los nazis en 1936 y se refugió en la universidad, también fue considerado “un hombre peligroso”, por la admiración que causó en los años sesenta en los grupos revolucionarios de izquierda, sobre todo maoístas, algunos de cuyos líderes buscaron su presencia o su asesoría. “Su cuestionamiento del modelo capitalista fue más certero que el de Carlos Marx”, ha dicho a Efe David González Romero, director de El Paseo, sello que publicó hace cuatro años los diarios de Schmitt bajo el título Glossarium y que a finales de este año publicará también por primera vez en español su correspondencia con el escritor Ernst Jünger, que abarca desde 1930 hasta 1983.

Teórico de la revolución conservadora, crítico feroz de la democracia liberal, políticamente antisemita pero no racista —su esposa era eslava—, Schmitt fue exonerado de responsabilidades penales por los tribunales que juzgaron a los dirigentes nazis pero, catedrático de Derecho, fue apartado de la vida académica y condenado al ostracismo civil. Católico desde su más temprana educación, Schmitt siempre se desenvolvió en ambientes sociales y académicos de mayoría protestante, en los que también debió de resultar “un hombre peligroso”, con asertos como el pronunciado en esta entrevista: “La casa parroquial evangélica (es) el más peligroso de los grandes polvorines de la historia de la espiritualidad”.

El título Mientras el imperio siga ahí se refiere, más que a ningún sistema político pasado o presente, a la idea de Schmitt de que el poder político debe asentarse en bases sólidas y ejercerse con fortaleza, según ha aclarado el editor, quien ha comentado con humor que publicar estas obras no es por adhesión a su autor sino “por su lucidez y brillantez intelectual” y porque en esta entrevista habla de su vida, casi por única vez. La entrevista a Schmitt corrió a cargo del periodista Klaus Figge y del profesor Dieter Groh, autor del epílogo a esta edición y a la edición alemana, y quien en esas páginas afirma que no fue difícil llevar a cabo esta larga “conversación” en la emisora Südwestfunk.

“No tuvimos oposición porque Schmitt era demasiado desconocido. Y si alguna gente lo conocía, como mucho, fruncían el entrecejo”, confiesa Dieter Groh en esas páginas, para añadir: “Al principio fue difícil aportar algo sobre Schmitt. Durante un tiempo fue difícil decir algo contra Carl Schmitt, y después fue difícil decir algo a favor de Carl Schmitt. Actualmente es difícil decir algo sin Carl Schmitt“. También señala Groh que a la hora de hacer la entrevista “no se habló de dejar fuera determinadas etapas”, sino que ambos entrevistadores, a medida que avanza la conversación, se esfuerzan en saber por qué colaboró con el régimen nazi, un asunto sobre el que el jurista siempre responde de forma taimada y huidiza.

En la entrevista hay varias alusiones a España —la hija de Schmitt se casó con un profesor de Derecho gallego—, y el mismo Schmitt, conocedor de la novela picaresca, se llegó a definir a sí mismo como “un pícaro español”, mientras que en los años treinta explicó a un jerarca nazi que la fascinación que Hitler ejercía en un mitin sobre la gente era similar a la que se sentía en la plazas de toros españolas cuando salía el toro.

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Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
1 mes hace

Carl Schmitt sí fue un hombre peligroso porque fue un racista que apoyó y admiró a genocidas, el peor Adolf Hitler. El relativismo moral de muchos pseudo intelectuales los lleva a admirar a éste charlatán que llaman “jurista y filósofo”, solo fue un abogado oportunista con ideas desfasadas y caducas (jamás entendió la lógica aristotélica y menos a un a Hans Kelsen, verdadero jurista) porque Carl Schmitt es la personificación de la barbarie germánica que no logró asimilar las luces de la civilización grecorromana y se atrincheró en el racismo y el delirio de sus dioses paganos y su racismo criminal (era antisemita). Sus tesis, apartes de fraudulentas, son infantiles (Enemigos /Amigos) no entendió que el Estado debe buscar la felicidad general, como lo asentaron los antiguos griegos y después, en prueba de adulación infamante, se copió del Rey Absolutista de Francia, Luis XIV (“El Estado soy yo”) y dijo que “el Estado Alemán era Hitler” porque Hitler “decidía sobre el Estado de Excepción”, simple negación del Derecho como sistema constitucional de normas de regulación de la vida colectiva conforme a una lógica aristotélica (que puede ser justa o injusta, la esclavitud existió legalmente durante siglos hasta finales del siglo XIX en la mayoría de las sociedades humanas, hasta su abolición por la masificación de las máquinas de vapor) , Smittt niega el Derecho porque simplemente lo ve como la expresión arbitraria de un Señor Absoluto. Y claro que actuó esquivo y evasivo sobre su apoyo a Hitler, a su época de Nazi y a su distanciamiento porque no logró los cargos, privilegios o recompensas que esperaba por su apología de la Dictadura, la Tiranía y la Guerra que desarrolló a favor de su amado y admirado Líder (eso significa en alemán “Fuhrer”) y de su partido Nazi. Smittt, como el charlatán que creen filósofo Martín Heidegger, son dos pruebas de la estulticia de dos hombres errados, con ideas delirantes y con convicciones racistas, nazis, que aún hoy, erradamente, muchos creen que representan al intelecto alemán y solo eran unos impostores y una vergüenza para la Humanidad.
?Pensadores estos dos filotiranos, nazis contumaces, admiradores fanáticos de un demagogo ignorante y genocida? Sí sus intelectos no les permitió ver los crímenes que apoyaron es porque eran unos ignorantes o unos oportunistas, en todo caso, tarados morales. A menos que sufrieran un menoscabo mental como quienes sostienen hoy en 2026 que la tierra es plana.
Continúen difundiendo los disparates de Carl Schmitt o de Martin Heidegger para que el mundo lea y entienda sus desvaríos y los desvaríos de sus actuales admiradores. Quiera Dios o la Historia que más gente lea de Historia (la búsqueda de la verdad del pasado) y de Filosofía (la búsqueda del conocimiento) para que pueden calificar a éstos dos ejemplares del descerebrado y criminal racista “Homo Nazi”.