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Carlos del Amor, el protagonista de sus propios cuadros

Carlos del Amor, el protagonista de sus propios cuadros

He retratado a Carlos del Amor en varias ocasiones y para diferentes encargos.

Siempre me ha permitido trabajar con libertad, dispuesto a crear juntos una imagen diferente más allá de la típica foto promocional.

Su sensibilidad artística, especialmente su pasión por la pintura, me ha permitido plantear retratos en los que la composición y la luz adquieren tanto protagonismo como el propio retratado, algo poco habitual en este tipo de trabajos.

La primera vez que coincidimos fue en octubre de 2020, en las oficinas de la editorial Planeta, en Madrid. Carlos acababa de publicar Emocionarte: La doble vida de los cuadros, obra ganadora del Premio Espasa de Ensayo 2020.

María José Solano lo entrevistaba, todavía con mascarillas por las restricciones de la pandemia.

Solano como buena historiadora, fue directa:

—¿Una imagen vale más que mil palabras?

—A veces sí. En muchas ocasiones, una imagen en directo esconde un silencio elocuente.

Mientras charlaban tomé algunas fotografías de la conversación, donde el arte y la literatura inundaban la sala.

Terminada la entrevista, llegó mi turno. Bajamos al exterior del edificio, donde la luz entraba en diagonal. Decidí trabajar sin flash de relleno, buscando un contraste intenso: la luz recortando su rostro, el fondo blanco y la sombra de su figura proyectada en la pared.

Recuerdo cómo el sol incidía con fuerza, en la cara de Carlos, costándole abrir los ojos. Le enseñé la primera fotografía y me devolvió una sonrisa de sorpresa y aprobación. Hice cuatro o cinco disparos más y dimos por terminado el reportaje.

Durante el camino de vuelta, comentando las fotos con María José, me miró con complicidad y soltó, mientas me empujaba con el hombro:

—¡Que cabrón, bro! La vocación de San Mateo.

La respondí con una sonrisa, agradecido de que los tres supiéramos exactamente a que estábamos jugando.

En 2022 volví a retratar a Carlos en dos ocasiones: primero para una sesión promocional con motivo de la publicación de su nuevo libro, Retratarte (Espasa, 2022), y después para una nueva entrevista de Carlos H. Vázquez en esta casa.

La sesión promocional la hicimos en dos localizaciones: el Salón Inglés del Hotel Palace y el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Antes de comenzar estuvimos tomando un café y hablando de pintura, y más concretamente del retrato. Comentamos brevemente el triángulo de Rembrandt, y a partir de la conversación empecé a plantear la sesión desde una perspectiva distinta. Además de recurrir a un gran angular, donde se viese la majestuosidad del salón del Palace, como si Carlos fuese Parmigianino en su obra Autorretrato con espejo convexo, quise darle además un dramatismo a la iluminación, generando una atmósfera similar a la de la obra de Rembrandt Joven sentado junto a una mesa.

Para finalizar con un homenaje más nítido al maestro del Barroco neerlandés, surgió este retrato, donde aparece su célebre triangulo debajo del ojo izquierdo de Carlos.

Esa conversación inicial con Carlos influyó directamente en mi decisión para afrontar los retratos que, una vez más, construimos juntos.

Salimos del hotel y nos fuimos al Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, donde realizamos varias fotografías junto a algunas de sus obras. Aquí Carlos aparece como lo que es: un apasionando de la pintura

En 2025 coincidimos de nuevo, por encargo de su editorial, para fotografiarle por la promoción su novela Una dama desconocida (Espasa, 2025).

La sesión la realizamos en un estudio de fotografía, donde dispusimos de más tiempo. Antes de empezar hablamos, junto con su jefa de prensa, Desirée Rubio de Marzo, sobre el enfoque que querían dar al trabajo. De nuevo, Carlos se mostró dispuesto a hacer retratos diferentes pero que estuviesen relacionados con su personalidad.

Durante la sesión trabajamos diferentes esquemas de iluminación, varios fondos y distintas ópticas, buscando un resultado acorde a lo que se necesitaba.

Además de las fotos promocionales, realizamos varías imágenes con referencias pictóricas. En una de ellas Carlos está subido a una escalera detrás del fondo, en un guiño a la obra Perro semihundido, de Francisco de Goya.

También recreamos la portada de su novela, pero con el rostro del propio Carlos.

Para terminar, hicimos lo que él mismo bautizó como la metafoto: Desirée sostiene un espejo, cuyas manos parecen desenfocadas en primer plano, y en el reflejo se muestra cómo yo fotografío a Carlos y él, a su vez, me retrata con su teléfono. Una imagen que juega con los distintos puntos de vista y convierte el acto de fotografiar en parte del retrato.

En mi trabajo es un lujo encontrarme con personas de la sensibilidad de Carlos, que confían en mi mirada, me dan libertad creativa y, sobre todo, están dispuestas a aportar ideas. Cuando esto sucede, el retrato deja de ser sólo una fotografía para convertirse en un diálogo entre el fotógrafo y el retratado, donde la personalidad de ambos queda reflejada en la imagen final.

¡Gracias, Carlos!

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