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César Pérez Gellida: «Carapocha es el personaje con el que tengo más afinidad personal»

César Pérez Gellida: «Carapocha es el personaje con el que tengo más afinidad personal»

En Astillas en la piel, la última novela de César Pérez Gellida, Álvaro, un exitoso escritor, y Mateo, un crucigramista en números rojos, acaban atrapados en el caótico trazado medieval de la villa de Urueña. Ambos tienen que formar parte de un macabro juego en el que la sed de venganza los llevará a tomar decisiones complicadas. El autor de La suerte del enano y Todo lo peor vuelve a sorprender a sus seguidores con un thriller absorbente, donde nada es lo que parece y el engaño sobrevuela durante toda la trama.

Virginia Amo Platero, librera de Valladolid, conversa con el escritor para Zenda.

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—Astillas en la piel es tu nueva novela. ¿Es el propio autor quien mejor puede hacernos un resumen?

—No, yo diría que el autor no tiene perspectiva ni distancia suficiente para resumir un argumento en pocas palabras. Por eso se encargan otros de ello.

—Siempre apoyas tus novelas en canciones, refranes, crucigramas… ¿Qué peso tiene este juego con las palabras en el desarrollo de cada una de tus historias? ¿Son relevantes o son la excusa para encuadrar el argumento?

"En algún momento se me ocurrió que podría estar bien incluir una banda sonora en mi primera novela y me funcionó estupendamente"

—Lo cierto es que no lo sé. En algún momento se me ocurrió que podría estar bien incluir una banda sonora en mi primera novela y me funcionó estupendamente. En Astillas en la piel el crucigrama no interviene para nada en la trama, pero un día decidí lanzarme a ello por la profesión de uno de los protagonistas. No sabes cuánto me he arrepentido de hacerlo.

—Durante el proceso previo a la escritura, ¿la elección del tema es pura inspiración o es una vivencia concreta (personal o ajena) la que te invita a trabajar sobre ella?

—Cambia dependiendo del autor. En mi caso, por suerte, todo es pura ficción.

—¿A cuántas personas “reales” has matado en tus novelas?

—Creo recordar que un par. Mi actual pareja (en aquel momento no lo era) se libró porque surgió otra por el camino que hizo más méritos para convertirse en víctima de Augusto Ledesma.

—¿Has resuelto en ellas alguna venganza personal?

—No, para nada. Solo me sirvo de ello como fuente de inspiración.

—Hace poco decía Manuel Marlaska que él ha tenido que posponer temas de trabajo hasta tener la fuerza suficiente para entrar en casos policiales muy duros. Con temas tan crudos como los que sueles tratar (aunque sean ficción): sociopatías, abusos, crímenes, venganzas… ¿te liberan, te afectan?

"Es cuestión de interpretar al personaje y ser capaz de entrar y salir sin sufrir daños"

—Normalmente no. Es cuestión de interpretar al personaje y ser capaz de entrar y salir sin sufrir daños. Dicho esto, en asuntos en los que te tienes que documentar tirando de casos reales, como he tenido que hacer en Astillas en la piel con los abusos a menores, pederastia… etc, es inevitable que no te afecten en lo personal.

—Acostumbrados a una batería de personajes en tus anteriores novelas, Astillas es un mano a mano entre Mateo y Álvaro. ¿Por qué?

—Era absolutamente necesario para sostener la trama que tenía en la cabeza. No necesitaba más personajes que ellos dos y un tercero que interviniera en determinadas partes muy concretas de la novela.

—Tampoco nos hemos encontrado con la música ni los bares, tan importantes en otras historias. ¿Te estás volviendo un tipo formal?

—No, para nada. Pero esta historia requería de una atmósfera distinta. Un universo cerrado que influyera en las decisiones que toman los personajes.

—En esta novela encontramos otro punto de vista sobre el abuso de poder. Nos ha sorprendido que en ese “juego de sometimiento” el culpable tiene un rol de actuación muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver. ¿Por qué?

"Las víctimas de abusos muchas veces generan un sentimiento de culpabilidad que les obliga a guardar silencio"

—Los abusadores actúan así. Someten a sus víctimas aprovechando vínculos emocionales que los hacen manejar voluntades ajenas para obtener lo que buscan, habitualmente gratificación sexual. Por ello las víctimas de abusos muchas veces generan un sentimiento de culpabilidad que les obliga a guardar silencio y es precisamente en esos momentos cuando las astillas se clavan en lo más profundo.

—¿Para cuándo una mujer sociópata en tus libros? ¿Nos tienes miedo?

—Mucho. Me cuesta interpretar papeles de mujeres por razones obvias, pero no es este el motivo por el que la mayor parte de mis personajes del lado oscuro son hombres. Es porque me inspiro en la realidad, y los hechos dicen que la mayoría de asesinos en serie son hombres. Dicho esto, ya tengo en mente una historia protagonizada por una mujer muy, pero que muy peligrosa.

—Si no recuerdo mal a tus personajes no les hemos visto aún en la cárcel. ¿Qué futuro tendrían en un lugar tan hostil?

"No me atraen demasiado los ambientes carcelarios"

—Sancho pasó por una cárcel serbia al principio de Consummatum est y, efectivamente, muy bien no lo pasó. No me atraen demasiado los ambientes carcelarios, la verdad.

—¿Con cuál de todos tus personajes escribirías una novela a cuatro manos?

—Con Carapocha, seguro, es con el que más afinidad personal tengo.

—Dicen que un libro es como un hijo. A menudo los hijos somos orgullo y frustración para nuestros padres. ¿Has sentido esto con tus novelas? Cuando llegan al lector ¿son tan redondas como a ti te gustaría o nunca quedas del todo satisfecho?

—Siempre orgullo, nunca frustración, porque me siento al 100% responsable de cómo llegan al lector. Si no son redondas la culpa es mía y solo mía.

—Voy a ponerte en un compromiso. Si tuvieras que elegir un cómplice para una situación complicada: ¿un lector o un librero?

—Un librero, sin duda. Si no resultara bien del todo me costaría mucho menos deshacerme de él.

—Y, por último, y como estamos entre amigos que están deseando que confieses… ¿envidias más la melena larga y azul de Elisabeth Benavent o el tupé plateado y frondoso de Juan Gómez Jurado?

—Ambos tocados me quedarían de fábula, pero prefiero mantener mi look actual para que me sigan confundiendo con el cantante de Celtas Cortos.

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