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Cómo empezó todo

El autor de La hora de despertarnos juntos, libro traducido a ocho idiomas y de reciente aparición en Booket, cuenta para Zenda el germen de la obra y sostiene su convicción “en una forma libre de novela, en una estética de la transparencia en la que puede caber casi todo si la novela así lo requiere”.

 

Comprender lo que pasó y por qué. Cuándo empezó todo. El cese de ETA me llevó a investigar sobre los episodios anteriores. Me acordé de una mujer que vivió el siglo XX en primera fila, todos los acontecimientos políticos e históricos del siglo anterior: los sueños de la preguerra, la guerra civil, el exilio en París y Caracas, el duro franquismo de los 40, un segundo exilio económico en Latinoamérica, el antifranquismo y los inicios de ETA… Me detuve en el precipicio. En el año 1978. Todo lo demás ya lo sabemos.

"Lucharán contra los totalitarismos y por la libertad. Algún día Franco caerá. Eso creen. Eso les prometen los aliados. Aunque nunca ocurrirá"

Este es el germen de La hora de despertarnos juntos (Seix Barral). La novela cuenta la vida de una mujer real, Karmele Urresti. Fue enfermera en el hospital de Basurto a principios de los años 30. Con la guerra se exilió a París. Allí participó en la embajada cultural vasca llamada Eresoinka, un acto de propaganda a favor de las libertades que recorrió Europa. Conoció en París a un músico, también exiliado, Txomin Letamendi. Miembro de la orquesta sinfónica de Bilbao, músico de jazz en las noches bohemias de la República, amigo de Manu Sota, el tercer pilar de la novela, hijo menor del rico industrial Ramón de la Sota, culto, profesor de Cambridge, amigo de los poetas del 27 y, según cuentan, gay. Manu Sota será el director de Eresoinka hasta que el presidente Aguirre lo enviará a Estados Unidos a abrir la primera oficina del Gobierno Vasco en Nueva York. Su primera acción será presentarse en la Casa Blanca de Franklin D. y Eleanor Roosevelt con unos niños vascos y cantarles un villancico en euskera. Eran las navidades de 1940. Sota se hará amigo de Hemingway, de Thomas Mann, de Jay Allen…

Karmele Urresti con sus hijos en Venezuela (años 40)

Mientras tanto, Karmele y Txomin, con la llegada de los nazis a Paris partirán a Venezuela. Allí los visitará el Lendakari Agirre que los convencerá para que se metan en los servicios secretos vascos que trabajaban para la inteligencia estadounidense. Viajarán a Barcelona. Lucharán contra los totalitarismos y por la libertad. Algún día Franco caerá. Eso creen. Eso les prometen los aliados. Aunque nunca ocurrirá. Txomin murió en las cárceles de la dictadura y Karmele vivió otro largo exilio en Venezuela. Luchó por la supervivencia del euskera que, allí sí, se podía publicar. En los 60, sus hijos entrarán en el movimiento antifranquista. Es la época de lucha por los derechos civiles en EEUU y el mayo del 68. Todo ello aparece en el libro. Y al final de la novela, la pregunta que hace uno de los personajes, François Nothomb (tío abuelo de Amélie Nothomb), a un hijo de Karmele. Los vascos, que habéis sido tan éticos, ¿por qué empezasteis a matar? Una pregunta que pudiera ser el resumen de todo el libro. La hora de despertarnos juntos no da la respuesta a esa pregunta. Sería ingenuo pensar que lo podría hacer. Como todas las novelas, cuenta una historia. Y la cuenta desde la distancia y sin hacer valoraciones morales. Esa es su fortaleza. Esa y la de plantear aún más interrogantes.

"Es la historia de una minoría y su punto de vista. Cómo lo pierden todo con la dictadura. Sus miedos y anhelos"

La novela relata la vida de una familia proveniente de una minoría, la minoría vasca. Esto es un dato importante. Es como si un estadounidense contase la vida de una familia afroamericana o de nativos. Es la historia de una minoría y su punto de vista. Cómo lo pierden todo con la dictadura. Sus miedos y anhelos. Lo que significa ser una mujer independiente en aquellos años tan oscuros. Los sueños truncados de aquellos artistas bohemios reconvertidos en espías. Se plantea si acaso tuvieron otra opción. Por qué no supieron pararlo cuando aún era posible y por qué casi nadie se cercioró del infierno que vendría después.

Txomin Letamendi toca la trompeta en París en 1938. Detrás, el Lendakari Agirre.

Tenía la historia. Pero no sabía cómo contarla. Hacer ficción pura o novelarla respetando los nombres y los acontecimientos reales. Aunque la primera opción me tentaba sobremanera como escritor, opté por lo segundo. Por dos razones. Primero, porque si hubiera modificado los nombres la novela no hubiera sido verosímil. Hay demasiadas coincidencias y elementos del azar para que el lector las crea. No, debía respetar a los protagonistas. Además, y esta es la segunda razón, es algo que ya se hace. Lo hacen entre otros Emmanuel Carrère, Siri Hustvedt, Don DeLillo o Javier Cercas.

Creo en una forma libre de novela. En una estética de la transparencia en la que puede caber casi todo si la novela así lo requiere. En la novela del XXI no tienen sitio los compartimentos estancos. ¿Puede ser una historia real el eje de una novela de ficción? Sí. ¿Puede el autor aparecer dentro de la novela como un personaje más? Por qué no. ¿Puede la novela incorporar documentos reales, como cartas, diarios, informes policiales, listas de nombres, fechas y datos históricos? Por supuesto, en nuestro día a día vivimos rodeados de información. ¿Puede el lector ser activo y “colarse” en el relato completando aquello que no se le ha contado? Es necesario.

Karmele Urresti con Agirre en Caracas (años 50)

La investigación y la escritura de la novela me llevaron más de cuatro años. Durante ese proceso hablé de mi proyecto con escritores amigos, y uno de ellos, la novelista etíope afincada en Nueva York Maaza Mengiste me sugirió la lectura de dos libros: Una tumba para Boris Davidovich, de Danilo Kiš, y Trieste, de Daša Drndić. El primero lo había leído, el segundo, no. Y me sorprendió mucho. La protagonista es un personaje de ficción, Haya Tedeschi, pero lo que se cuenta es real. Muy real. Haya es una mujer mayor que va sacando objetos de una caja y recordando pasajes de su vida. Y de esa manera, el lector descubrirá cosas terribles, como el genocidio perpetrado a los judíos en Croacia (la autora incorpora largas listas de nombres de gente real, páginas de enciclopedias de militares nazis etc.) y cómo mucha gente de aquella región colaboró con la masacre.

"Ha habido muchos lectores que me han escrito después de leer la novela. Porque han descubierto cosas que desconocían completamente"

En el prólogo, la traductora Simona Škrabec apunta: “La pregunta que la autora dirige a cada uno de sus lectores es: “Y tú, ¿qué quieres saber de todo eso? ¿Hasta dónde te atreves a mirar en el pozo de ese pasado tan próximo, tan inmediatamente accesible, que nos esforzamos en no ver?” Este libro es como un dedo índice dirigido al pecho de cada lector en singular. Es por eso que el rompecabezas no está acabado y sus hilos narrativos se pierden”. Lo mismo ocurre con La hora de despertarnos juntos. La novela es solo un punto de partida, el inicio de un relato que debiéramos completar entre todos.

Ha habido muchos lectores que me han escrito después de leer la novela. Porque han descubierto cosas que desconocían completamente (muchos de ellos se han metido en internet para verificar lo que leían), o porque su lectura les ha hecho recordar historias parecidas, familiares o no, historias que habían caído irremediablemente en el olvido.

En mi libro se incluye el listado de agentes nazis que había en Bilbao durante la Segunda Guerra Mundial. Un día me llegó un mail diciéndome que uno de aquellos nombres era el de su abuelo y preguntándome si la información era veraz. Lo es. Le mandé la ficha completa de su abuelo, realizada en su día por los servicios secretos aliados. Todo era verdad. En su respuesta me dijo que le sorprendía mucho, porque más tarde su abuelo se casó con una judía francesa.

Es lo que tiene. La vida siempre va por delante de cualquier ficción.

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Autor: Kirmen Uribe. Título: La hora de despertarnos juntos. Editorial: Booket. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro