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Contra los sueños

Contra los sueños

Es probable que la mejor forma de perderse sea perseguir sueños. Engañosos y complacientes, vienen llevando gente al desastre desde que el mundo es mundo. Te pones a perseguir sueños y acabas dejándote los cuernos en el marco de la puerta. Contra lo que predican la sociedad, la modernidad y la publicidad, jamás persigas un sueño. Empiezas enamorándote de uno y acabas muerto. Los dioses, de hecho, cuando quieren perder a alguien le entregan sueños.

Si después de esta introducción aún pretende usted perseguir algún tipo de sueño, le aconsejo que no se limite y diversifique. Sí, tenga una cartera de sueños variada y cambie a menudo. Cuanto más cambie, mejor. En materia de sueños, la volubilidad es una virtud, así que hay que construir sueños nuevos sin parar y traicionar alegremente los viejos.

"La Idea, la que sea, ensueño de los ensueños, esclaviza más que la más acabada dictadura"

“Nunca te ates a una trayectoria”, pedía don Miguel de Unamuno en un artículo clásico titulado «¡Adentro!». Aparece en el volumen 417 de la colección Austral, El caballero de la Triste Figura, librito apasionante que contiene otros seis o siete artículos del rector de Salamanca; hoy no habrá modo de encontrarlo, imagino, aunque lo mismo queda un ejemplar por ahí. En todo caso, no me veo buscándolo por la Internet, Moyano ni mucho menos a lo largo de los puestos de los bouquinistes de los quais de París. Va contra mi naturaleza. O quizá sí debiera… ¿Por qué no? Al fin y al cabo, no hay que atarse a ninguna trayectoria. Sé libre, Bowman. ¡Seamos libres!

García, el maestro de Zamora, quería a su amada tan libre que ni siquiera le perteneciera, que a mí se antoja el colmo de la liberalidad. Más: que ni siquiera se perteneciera a sí misma, que ya es una excentricidad. “Ni de Dios ni de nadie ni tuya siquiera”. Propuesta tan contraria a la retórica amatoria habitual se expone en un poema del libro Canciones y soliloquios, publicado por primera vez en 1976 y hoy en el catálogo de la editorial Lucina. Amancio Prada lleva cantándolo toda la vida, y en su día lo cantó incluso la inolvidable María Jiménez. En algún momento el feminismo hizo suyo este poema, sin acabar de darse cuenta de que la forma de sumisión más perfecta que existe es la fidelidad. Ni que lo malo es la fidelidad a una idea, porque enajena y destruye el alma, igual que la fidelidad a la botella, así sea tan excelsa como la de Peinado 100 y la idea tan noble como el feminismo. O tan sencilla como poner unas estanterías: se te ocurre poner unas estanterías y se acabó la libertad. La Idea, la que sea, ensueño de los ensueños, esclaviza más que la más acabada dictadura.

En las Florecillas de San Francisco, ramillete de textos bajomedievales italianos que da cuenta de las hazañas y hechos del pobrete de Asís, se insiste en el abandono de toda idea, incluida la de uno mismo, para así verse lleno de Dios, realidad inmaterial ajena a este mundo. La renuncia a uno mismo, no pertenecerse, sería la quintaesencia de la libertad y la más acabada expresión de la “perfecta alegría” franciscana. Una hermosa utopía que si ata, como cualquier idea, al menos libera de todas las demás.

De hecho, se tiene a Francesco, Il Poverello, por el proto-hippie.

"A través de los siglos, el “fantasma de la libertad” viene dejando un elocuente rastro de ruina y devastación"

Yo para mí que, de todos los ensueños, este de la libertad es el más carente de fundamento: a través de los siglos, el “fantasma de la libertad” viene dejando un elocuente rastro de ruina y devastación. Y es que nadie va lejos si va solo, pero nadie puede ser libre tampoco si va acompañado.

El día que la Humanidad resuelva este imposible habrá llegado al soñado “mundo nuevo y feliz” que anunciara la cantante Karina en Eurovisión hace mil años: “Al fin del camino habrá un despertar, de nuevo volver a vivir (…). Tus sueños de siempre serán realidad en un mundo nuevo y feliz. Parara-pa-pa”. Yo, puestos a soñar, creer cosas y seguir una idea, me abono a Karina. Parara-pa-pa. Y que Dios reparta suerte.

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