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Contraataque

Compré Contraataque, de Ramón J. Sender, en una librería del centro de Sevilla. Creía que iba a encontrar una guerra. Lo que encontré fue a un hombre intentando entender lo que estaba ocurriendo mientras ocurría.

No había intención de releer la guerra ni de volver a discutirla. Solo curiosidad: abrir un libro escrito desde dentro de los primeros meses del conflicto y comprobar qué quedaba de todo aquello leído hoy. También pesaba la familiaridad con su obra. Sender era aragonés y ya lo había leído antes —Imán, Réquiem por un campesino español—, libros que permanecen. Influía una cercanía difícil de explicar del todo, esa manera en que ciertos paisajes y voces no resultan ajenos.

La guerra avanza como una sucesión de decisiones tomadas demasiado deprisa. En Contraataque no hay grandes discursos. Hay conversaciones interrumpidas, órdenes que cambian, hombres que no saben quién manda ni qué ocurre unos metros más allá. Todo sucede antes de que pueda ordenarse en un relato.

"Sender escribe desde un compromiso antifascista explícito y desde su experiencia como capitán de milicias republicanas. Dentro del conflicto, lo urgente desplaza a la comprensión"

En algunos pasajes la confusión es casi física: granadas que caen sin que nadie sepa quién da las órdenes, camiones atravesados en la carretera, hombres que salen de un portal sin saber hacia dónde avanzar. No hay una estrategia visible, solo la urgencia de moverse, de no quedarse atrás.

Sender escribe desde un compromiso antifascista explícito y desde su experiencia como capitán de milicias republicanas. Dentro del conflicto, lo urgente desplaza a la comprensión. Lo primero es seguir adelante.

Años después volví a caminar por ese mismo paisaje, durante un periodo de formación militar en la sierra. El Guadarrama tiene algo engañoso: desde lejos parece ordenado, casi limpio. Desde dentro solo hay pendiente, frío y posiciones que cambian de sentido según desde dónde se miren. El terreno obliga a decidir antes de entender. Muchas certezas solo aparecen cuando ya no sirven.

"Contraataque sobrevive porque fija ese momento anterior, cuando todavía nada estaba ordenado y todo debía hacerse sin distancia"

Dentro de una estructura militar, mirar y seguir adelante acaban siendo la misma cosa. Algunas cosas se aceptan sin pensarlas demasiado. Detenerse a examinarlas de frente hace difícil avanzar.

Leído hoy, uno se pregunta hasta qué punto Sender describe lo que ve o lo que necesita creer. Es la condición de quien vive dentro de un conflicto: actuar antes de comprender, sostener una versión de lo que ocurre para que no se desmorone todo.

Desde dentro, casi nada es claro. La claridad aparece después, cuando ya no hay que decidir.

Contraataque sobrevive porque fija ese momento anterior, cuando todavía nada estaba ordenado y todo debía hacerse sin distancia. Mantiene la incertidumbre de quienes tuvieron que vivirlo desde dentro.

Con el tiempo, las guerras acaban convertidas en relatos.

Contraataque no aclara la guerra. Conserva la confusión de quienes tuvieron que vivirla. Y por eso sigue siendo necesario.

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