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Crónicas de Danvers (VIII): Las cosas de Paqui

Crónicas de Danvers (VIII): Las cosas de Paqui

El Corte Inglés de Generalísimo es una mole enorme, no lo recordaba tan grande. Paqui va poco a Madrid, porque cuando necesita algo importante es más de ir al centro comercial nuevo de su pueblo, en las afueras. Pero a su hija Tere le han tocado entradas para ver un espectáculo de magia con toda la familia, y no sabe qué ponerse. Bueno, el conjunto ya lo tiene, pero le quedaría muy bonito en el cuello un pañuelo rosa clarito que ha visto en una revista de la peluquería, así que ahí está ella, sola frente a un mundo de sedas de colores. Duda entre dos tonos, y le explica a la señorita que esa noche quiere que sus nietos la vean radiante, que no todos los días se va a la Gran Vía. Se prueba uno, y cuando se mira en el espejito del mostrador, ve a sus espaldas a una señora que le resulta familiar.

"Paqui no puede evitar seguirla con la mirada, y cuando ve que un señor mayor gordo y grande, con el pelo blanco, la coge del brazo, se da cuenta: es doña Isabel, la viuda de Bastida"

Debe de ser alguna famosa, así con esas gafas de sol grandes y el pelo tan ahuecado, pero es mayor. Lleva un visón bueno, bueno, y un bolso de esos de cuadraditos marrones. No sabe de qué le suena, pero la conoce seguro. Está donde las joyas de bisutería y anda como distraída. Paqui no puede evitar seguirla con la mirada, y cuando ve que un señor mayor gordo y grande, con el pelo blanco, la coge del brazo, se da cuenta: es doña Isabel, la viuda de Bastida, el antiguo alcalde de Valdepenín. Y el señor es Lorenzo Aguilar, el constructor millonario, que va cargado de bolsas de marca. Ay, esos dos juntos, menuda pareja. Ella nunca le gustó, ni siquiera cuando corrían por el pueblo de niñas, porque siempre miraba a todos por encima del hombro. El bueno de Bastida se casó enamoradísimo y se desvivía por complacerla. Y además Isabel se porta muy mal con su hermana Filo, que sigue viviendo enfrente. Huy, Filo, la tiene que llamar, que el sábado no vino a comer a casa y se perdió la partida con las demás. Con Aguilar nunca tuvo mucho trato, porque en cuanto se casó con su José se marchó de Valdepenín.

"Marca otra vez y nada. ¿Dónde se habrá metido Filo?"

¿Cuántos años tendrá Isabel? Es más joven que ella, pero no tanto, ¿no? Por Dios, ni una sola cana, esto tiene que comentarlo con Berta, a ver qué se pone en el pelo. Y sigue siendo guapa. O lo parece, con la cara tapada con esas gafas. Él le aprieta más fuerte el brazo, da un pequeño tirón y ella se sobresalta. Se le resbalan un poco las gafas y a Paqui le parece que Isabel tiene un ojo morado, debajo de las gafas y debajo del maquillaje. A lo mejor no se ha fijado bien. Intenta verlo, pero se han dado la vuelta. Saca el teléfono y llama a Filo mientras mira los pañuelos, pero ésta no contesta. Marca otra vez y nada. ¿Dónde se habrá metido Filo? Lo intenta con Tere, porque necesita comentar inmediatamente: ella sabe lo que ha visto y ese ojo está morado.

—¿Se lleva el rosa?

—Sí, sí, éste.

—Perfecto. ¿Y paga con el móvil?

—¿Cómo dice usted que pague?

—Con el móvil, como lo lleva en la mano…

—Muy amable, señorita, pero pagar, pagar, yo pago con dinero de verdad, como Dios manda.

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