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La supervivencia del legionario Manolo

La supervivencia del legionario Manolo

Acabo de enterarme de que la OTAN organizó hace poco en España unas maniobras de fuerzas especiales para demostrar la superioridad táctica de cada país miembro. Y que, tras una dura selección, quedaron como finalistas un norteamericano, un francés y un español, como en los chistes que se contaban antes. El gringo era un ranger de Arkansas: armario sin empotrar con ojos de rumiante asesino y bíceps como jamones. El franchute era otro estilo: delgado, fibroso, con ese aire de intelectual que tienen algunos de allí, que cuando se ajustan el paracaídas parece que llevan un libro de Camus en la mochila. En cuanto al español, resultó ser el inevitable cabo legionario: patillas, chapiri ladeado con precisión geométrica, camisa abierta hasta el ombligo y tatuajes hasta en el prepucio. De los que salen en Málaga llevando al Cristo acojonado mientras, más que cantarle, parece que le riñen.

Total, que empezó la prueba decisiva: supervivencia en territorio hostil. Al norteamericano le dieron dos latas de sardinas y una de cocacola y lo soltaron en los Monegros, a ver cuánto aguantaba. Asomó a los doce días hecho polvo: sucio, escuálido, deshidratado, con la mirada de quien ha visto el horror, el horror. Interrogado por los generales del comité, declaró:

—Racioné cada gramo de proteína. Hasta las raspas me fui comiendo. Chupé el aceite de la lata, bebí buchitos de cocacola… Calculé el consumo energético, optimicé recursos y sobreviví gracias a mi entrenamiento. Hasta mi propia orina bebí al final, a falta de agua.

Todos los generales asintieron satisfechos: muy bien, muy profesional, muy OTAN. Luego mandaron al francés con una lata de foie gras, cuatro rebanadas de pan Bimbo y medio litro de vino. Dieciocho días más tarde lo trajeron esquelético, barbudo, casi agonizante, el uniforme hecho harapos.

—Utilicé bolitas de fuagrás para atraer escorpiones y lagartijas —contó con un hilo de voz— y me alimenté con ellos. La última la usé para atraer a un buitre, lo degollé y bebí su sangre. Y cuando ya no pude más, utilicé la tapa metálica de la lata para hacer señales ópticas a un helicóptero.

Los generales estallaron en aplausos y elogios: admirable, elegante, técnico. Sufrimiento sofisticado y capacidad narrativa. Después llegó el turno del español: cabo legionario Manolo Cantalejo. A petición expresa de su general lo soltaron sin una gota de agua y con un chorizo de Cantimpalo como única provisión. Impasible, el cabo cogió el chorizo, saludó marcial a los generales y se perdió en el desierto a paso legionario. Viéndolo desaparecer en lontananza, el general español se enjugó una lágrima viril.

—Ahí va —dijo conmovido— el novio de la muerte.

Dos meses tardó en volver el cabo Manolo. Ya lo daban por desaparecido, en brazos de su más leal compañera, cuando llegó al cuartel de la OTAN. Venía irreconocible: gordo, bien afeitado, lustroso, peinado hacia atrás con gomina, limpio y planchado el uniforme, oliendo a colonia Nenuco y con un clavel en el chapiri. Todos los altos mandos, incluido el español, se quedaron de pasta de boniato. Y fue este último —general de división Gumersindo Ruipérez— quien formuló la candente pregunta:

—¿Cómo carajo has sobrevivido, hijo mío?

—Pues verá vuecencia —el lejía encendió un puro Montecristo de los cuatro que traía en un bolsillo—. El primer día me zampé el chorizo entero, que estaba maravilloso…

—Qué atrevimiento, cabo —se admiraba el general—. Con qué dolor y dureza me contestas. Qué seguridad castrense.

—Después —siguió contando el lejía— cogí la cuerdecita del chorizo, me amarré bien con ella las botas y me puse a trote cochinero, pim pam, pim pam, hasta su casa de usted, mi general, que para algo el Tercio enseña orientación. Una vez allí, con el pellejo del chorizo me hice un preservativo homologado OTAN versión Villaverde Bajo, y me he pasado dos meses  follándome a su señora, que me ha tenido como un marajá… Y tengo que felicitarlo, mi general, por dos cosas: tiene usted una bodega de vinos cojonuda y su señora cocina de puta madre.

Les aseguro que la historia es verídica. Lo juro por el cetro de Ottokar. Me la contó el propio Gumersindo Ruipérez una noche de borrachera y confidencias, llorándome desconsolado en un hombro. La criatura.

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Publicado el 28 de mayo de 2026 en XL Semanal.

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John P. Herra
John P. Herra
5 ddís hace

El chiste es muy bueno, pero tiene mucho de realidad, y es la capacidad de adaptarse al medio del español. Los calvinistas holandeses conquistaron Sudáfrica (aunque luego les conquistaron los ingleses en las guerras anglo-boers) y tuvieron apartheid hasta los años noventa. Si hubiéramos sido los españoles los que toman Sudáfrica, como hijos de Roma que somos, en dos días hubieran desaparecido las diferencias de raza. Hubiera surgido un problema de hijos sin padre y madres solteras de color (que seguro, seguro serían las más guapas), pero ya se hubieran ocupado los curas de meter en vereda a los conquistadores y de llevarles de la oreja al altar.

Jaime Ramírez Morales
Jaime Ramírez Morales
3 ddís hace
Responder a  John P. Herra

Sí, y si los curas comieran chinos del río, no estarían tan gordos los tíos jodíos.

John P. Herra
John P. Herra
2 ddís hace

No los conozco a todos. Usted sí?

Aguijón
Aguijón
5 ddís hace

Sevillanas de la supervivencia

Manolo dice que en supervivencia
No hay cargo de conciencia.
“No hay cargo de conciencia simplemente
Porque aunque a priori parezca indecente
Es una disciplina siempre dura
Y si no te lo tomas seriamente
Vas a la sepultura.
Vas a la sepultura, se lo digo,
Así que no se enfade Gumersindo
Y acepte la razón, su señoría,
A ver si va a creer que este “lejía”
Se ha caído de algún guindo”

“Me suelta usted en medio del desierto
Y sin equipamiento.
Y sin equipamiento y de regalo
La sarta se chorizo Cantimpalos,
Que está muy bueno, no se lo discuto,
Pero es que yo siempre suelo regarlo
Con cerveza y canuto.
Con cerveza y canuto en la cantina
Lo toma mi bandera, cosa fina,
Pero es que a palo seco, estando solo,
Prefiero que me arreste algún pistolo
Que hacerme fosfatina”

Así nadie se extrañe que encontrara
El hueco que buscaba.
El hueco que buscaba mismamente
Para sobrevivir muy dignamente,
Pues nada decían las ordenanzas
Que tenga que valerse solamente
Con chapiri y la sarta.
Con chapiri y la sarta que lucía
Se presentó en la casa de usía,
Que allí bien se recibe a la tropa…
Por eso las cuestiones de la OTAN
Las deja “pa” otro día.

Pepe Cuervo
Pepe Cuervo
5 ddís hace

La Legión dejó de ser la Legión, desde que dejaron entrar a las mujeres. Suena misógino, pero es real como la vida misma. Cosas de estos tiempos.

Aguijón
Aguijón
5 ddís hace
Responder a  Pepe Cuervo

Todavía puede ser peor, imagine que “felonidas” mande cambiar el himno y en vez del novio de la muerte suene algún engendro de su hermanísimo el chirimoyo, así que mejor que se quede la cosa como está, con damas legionarias incluidas.

Jaime Ramírez Morales
Jaime Ramírez Morales
3 ddís hace
Responder a  Aguijón

¿Felonidas es Pedro Sánchez? Porque me he perdido, aunque veo que el artículo ha dado mucho que hablar. Mi madre, como mujer inteligente que es, se rio mucho con la lectura aunque me dijo que ya veía venir el final. Le daré vueltas a ver si deduzco quién es el chirimoyo, aunque creo que sé ya por donde va.

Aguijón
Aguijón
2 ddís hace

P. S. , creo que así le llaman los suyos.
Saludos

Jaime Ramírez Morales
Jaime Ramírez Morales
3 ddís hace
Responder a  Pepe Cuervo

Cómo cambian los tiempos, Venancio.

David
David
3 ddís hace
Responder a  Pepe Cuervo

No sé si usted estuvo en la Legión para opinar. Yo he estado (de paraca) de maniobras con legías y de la Brilat, y sus mujeres, y sobre todo las zapadoras, les dan sopas con hondas a cualquier tipo. En mi unidad la única dama era la administrativa, pistola pero buena persona. Hablo de hace 20 añitos, pero… Cierto que cuando una dama cae en combate afecta mucho más a sus compañeros que si fuese un hombre pero cojones tienen para usted y para mí, de sobra. Un abrazo

Lo que me he reído
Lo que me he reído
5 ddís hace

Me he reído un montón, la mejor forma de comenzar el día.

basurillas
basurillas
5 ddís hace

Prueba: “Supervivencia en territorio hostil”
Vencedor de la prueba, con sobresaliente y premio fin de carrera/corrida campestre, para el cabo legionario Manuel Pichá Bravo
Méritos: lograr alistamiento de aliados/as sobre el terreno, logrando su colaboración máxima en avituallamiento, cooperación con el Cuerpo y conquista enológica.
Propuesta: Traslado inmediato a penal militar para capacitación intensiva y duradera en segunda fase de la prueba (supervivencia en aislamiento, clausura y superación de sevicias varias frente al enemigo).

El General de División
Gumersindo Ruipérez

José Prats Sariol
José Prats Sariol
5 ddís hace

Como siempre, muy bien escrito, de ingeniosas asociaciones. Pero lo del español era previsible. Hitchcock no le hubiera dado empleo, en esta entrega, como guionista.

José Ángel
5 ddís hace

Si es posible, se debe hacer reír hasta a los muertos (Leonardo Da Vinci). Me he reído muchísimo, muy bueno don Arturo.

Juan A.
Juan A.
5 ddís hace

Intentemos salvar los muebles de esta siempre fluida y apreciada escritura, a pesar del lastre del chistes, de esos hace tiempo caídos en desgracia.

Este legionario se podría emparentar con el sufrido y callado Alatriste, siempre a las órdenes de mandos más bien despreocupados por el destino de las tropas, mero engranaje de una maquinaria letal, sosteniendo lo insostenible, por Dios, por la patria y el rey.

Ahora bien, la singularidad española está muy presente… *Spain is different* y demás. No somos ni protohéroes estadounidenses [¿cómo que norteamericano?], ni europeos cuadriculados (y uniformados de vivos colores).

El tipo en partucular es castizo: creativo, buscavidas, tramposo, socarrón, descreido de la jerarquía y dueño de su suerte, un rambo de pata negra, escarmentado por siglos de desastres y olvido. Un espejo en el que aún nos podemos reconocer.

Gracias una vez más por compartirlo cada juzves.

Amanda Itzas
Amanda Itzas
5 ddís hace

Don Arturo, me he reído a mandíbula batiente. Y eso que el final se intuía desde que el cabo Manolo se ajustó el chapiri. Pero daba igual, la gracia no estaba en el destino, sino en la forma de contarlo. Y usted, como siempre, lo ha bordado. Gracias por este chorizo de humor, pero aún más sabroso.

Claudio
Claudio
4 ddís hace

Tengo otro… Se hace una competencia de servicios de inteligencia del mundo…
El desafío es encontrar al conejo de pascuas…
Participan: La CIA, el Mosad y la Policía Federal Argentina.

Primero aparecen los gringos persiguen al conejo… en 7 minutos, gracias al sistema de satélites, y a la encriptación de las redes sociales, lo encontraron.

En segundo lugar sale el mosad… en 3 minutos aparecen con el conejo. Gracias a las tropas especiales y a un bombardeo “estratégico” el animalito sale aterrado…

Por último, y luego de 48 hs, aparece la Policía Federal Argentina. Lo hacen con un hermoso cerdito bajo el brazo… quien traía los ojos en compota y venía escupiendo dientes… el lechón dice: …”soy el conejo de pascuas… pero por favor, no me peguen mas.”…

Es verdad que cada pueblo tiene su impronta don Arturo, pero por estos lares, estamos cada vez peor.

Abrazo desde la tierra de los árboles doblados al oeste.

Antonan
Antonan
2 ddís hace
Responder a  Claudio

Muy bueno 🙂

Jai Ramírez Morales
Jai Ramírez Morales
3 ddís hace

El artículo es hilarante y refleja muy bien tanto el espíritu hijoputa ‘typical spanish’ de los tiempos que corren como la crisis económica que estamos viviendo. El domingo pasado me hizo reír muchísimo. Gracias, don Arturo, por mantenerse tan lúcido y trabajador.

Matías Mato
Matías Mato
2 ddís hace

No puede ser!!!! No me lo creo!!!
Aunque es verdad que alguien dijo: la realidad siempre supera a la ficción….