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Darío Villanueva: “LA RAE no es la policía de la lengua”

Dario Villanueva, en la Real Academia Española. Foto: Jeosm

El éxito de la edición digital del Diccionario de la Lengua Española, que en 2016 superó los 800 millones de consultas, es un buen motivo para entrevistar al director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, y para conversar también sobre otras cuestiones que afectan a esta institución tricentenaria.

Darío Villanueva lleva dos años como director de la Real Academia Española, y si hay algo que le quita el sueño es “la sostenibilidad económica” de esta institución. Le han tocado tiempos difíciles y no solo porque la aportación del Estado ha disminuido un sesenta por ciento en los últimos años y se ha quedado en 1,6 millones de euros,  menos de la cuarta parte de los 7,4 millones a que asciende el presupuesto de la RAE para 2017. También, las obras académicas han experimentado “un fuerte descenso de ventas”  y los patrocinios no pasan por su mejor momento, y eso que la Academia cuenta con algunos “muy fieles y generosos”, entre ellos el de “la Caixa”, que ha permitido potenciar la edición digital del Diccionario de la Lengua Española, que en 2016 recibió más de 800 millones de consultas, un 58 por ciento más que el año anterior.

A pesar de esos “vientos huracanados”, la RAE “no tiene deudas y no está con el agua al cuello”, y lucha por conseguir, “hasta cierto punto, una autonomía financiera a base de la rentabilización de los productos lingüísticos que la Academia hace”. Con ese fin, se ha empezado a comercializar una aplicación de descarga del Diccionario para móviles y tabletas, que no exige conexión con internet. Funcionará mediante suscripción, a 9,99 euros. “A la vuelta del verano”, se pondrá también en el mercado una versión mucho más amplia de ese servicio lingüístico, afirma Darío Villanueva (Villalba, Lugo, 1950) en la entrevista que concede a Zenda. 

En ese encuentro, que tiene lugar en la sede de la RAE, el director habla, además, de los grandes esfuerzos que la Academia está realizando para acomodarse a la sociedad digital –”el futuro es de los nativos digitales”, asegura– y menciona las presiones frecuentes que esta institución recibe para que retire del Diccionario determinadas palabras o acepciones, consideradas ofensivas o inaceptables por ciertos grupos.

Dario Villanueva, en la RAE. Foto: JeosmAlgunos ejemplos pueden servir para ilustrar esas presiones: en múltiples ocasiones representantes del pueblo gitano le han pedido a la RAE que retire del Diccionario la acepción de gitano y gitanada que remite a trapacero, definido como aquel “que con astucia, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”, y la Academia ha explicado una y otra vez que esa acepción se usa “en  el español literario y hablado desde 1500 hasta hoy mismo”. O bien le han solicitado que suprima la acepción de jesuítico que lo asocia con “hipócrita”, o la definición de cáncer como «proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos”, y que refleja el ejemplo «la droga es el cáncer de nuestra sociedad”. Las asociaciones de feministas, muy combativas con el posible sesgo machista de algunas voces del Diccionario,  han protestado reiteradamente por la acepción de mujer pública equivalente a prostituta y que en nada se parece a la de hombre público (el “que tiene presencia e influjo en la vida social”). Y a la comunidad judía no le gusta la definición que se da de judiada (“mala pasada o acción que perjudica a alguien”).

“Nosotros –dice Darío Villanueva– no podemos censurar el Diccionario en virtud de la corrección política. Ahí sí que no podemos transigir por una razón muy sencilla: esas palabras o acepciones no las ha inventado la Academia sino que están en el lenguaje real, porque la gente utiliza la lengua para comportarse educadamente pero también para insultar, para ofender, para ser canalla o para ser arbitrario, y eso es una realidad. Y nuestro Diccionario, en relación a esas palabras, no está haciendo propaganda de ellas ni está pidiendo a los ciudadanos que las usen; solo las está anotando como un notario, registrándolas”.

"La Academia no puede censurar el Diccionario en virtud de la corrección política. Estaríamos traicionando a la realidad de la lengua."

“Cuando en 1726 se editó el Diccionario de Autoridades se decía en el prólogo que esta obra no recogía nombres propios, lo cual era razonable porque eso es propio de las enciclopedias, y se decía también que no se incluían palabras que ‘significan desnudamente objeto indecente, es decir, había una censura de tipo moralizante. Entonces la pregunta es: ¿hoy se admitiría que un Diccionario del siglo XXI no incluyera este tipo de palabras? Absolutamente no. Pues bien, es el mismo problema que se plantearía si nosotros empezáramos a censurar en virtud de la corrección política en nuestro propio Diccionario, estaríamos traicionando a la realidad de la lengua”.

Este experto en literatura comparada, que fue rector de la Universidad de Santiago de Compostela entre 1994 y 2002, reconoce que entre los académicos hay disparidad de opiniones sobre si la RAE debe hacer frente o no a las polémicas lingüísticas que surgen en la sociedad,  “tan viscerales” con frecuencia “porque las cuestiones relacionadas con la lengua lo son”.

Y, así, frente a aquellos académicos que creen que la Academia no hace valer suficientemente su autoridad y son partidarios, por tanto, de que se intervenga de una forma más activa, otros sostienen que “una institución como la nuestra no puede estar en la palestra día a día de las polémicas, y más en un momento en el que el aire a veces resulta irrespirable en el entorno”, afirma Villanueva.

“En eso, yo, como director, me guío por la opinión mayoritaria del pleno. Ha habido varios momentos en que este asunto se ha planteado abiertamente  y la opinión mayoritaria es que estamos haciendo lo que nos corresponde, es decir, mantener la serenidad  y, junto a esto, el trabajo, que está demostrado, creo, por las obras que producimos, por nuestra presencia en las redes y por el millón de seguidores que tenemos en Twitter, a los que les estamos dando continuamente información y les estamos resolviendo dudas lingüísticas”, comenta Villanueva.

“En estas disputas es muy difícil mantener la ecuanimidad cuando se producen. Siempre habrá quienes consideren que nos manifestamos poco, pero también hay quienes sostienen que lo hacemos demasiado y temen que la Academia se exceda y ejerza una especie de función de policía lingüística, que a mí me recuerda lo que pasó cuando se fundó la Academia”.

“Los académicos, cuando se constituyeron en el año 1713, diseñaron el estatuto, buscaron un nombre, que fue el de Real Academia Española, llenaron de contenido sus funciones, pero también se plantearon las cuestiones de imagen, por ejemplo, el lema. Y de ahí salió el famoso ‘Limpia, fija y da esplendor.  Pero hubo otro lema que también se puso sobre la mesa y que compitió con el que finalmente fue aprobado. Era el de ‘Aprueba y reprueba‘, y ese sí que hubiese significado la convicción de que el papel de la Academia era ejercer de policía lingüística. La prudencia de los académicos desaconsejó ese papel y yo sigo pensando que fue un acierto, que la Academia no es la policía de la lengua”.

Desde hace años, la RAE “se ha puesto las pilas” para encontrar un sitio para ella en la sociedad digital, y la prueba de que va por el buen camino es el éxito de la versión digital del Diccionario, cuya consulta es libre y gratuita desde octubre de 2015. Desde enero de 2016, existe una aplicación oficial que permite acceder a esta gran obra de referencia desde móviles y tabletas, y han sido estos dispositivos los que favorecieron en parte el incremento espectacular de las consultas en 2016 hasta superar los 800 millones, con una media mensual de 67 millones. En octubre se llegó casi a los 79 millones, la cifra más elevada del año.

"Las consultas a la edición digital del Diccionario crecieron de forma espectacular en 2016 y superaron los 800 millones, casi un sesenta por ciento más que el año anterior."

“La consulta desde el móvil o la tableta es cómoda y se produce en cualquier circunstancia y a cualquier hora del día”, y por eso se lleva “más del cincuenta por ciento de todo el tráfico”, señala Darío Villanueva.

España, con 306,8 millones, lideró las consultas al Diccionario en 2016, seguida de México (117,1 millones), Argentina (56,3), Colombia (55,5), Perú (39,4), Chile (34,1) y Estados Unidos, con casi 32 millones.

La supresión de la página web en español de la Casa Blanca ha causado lógica preocupación en las Academias de la Lengua Española, que ya han manifestado su opinión al respecto. “Es una regresión –asegura Villanueva– y,  además, desde el punto de vista comunicativo, es absurdo. No tiene lógica retirar una versión que ya existía en español, que no solo es útil para los hispanos de Estados Unidos sino que también lo es para el resto de la comunidad hispanohablante en todo el mundo”.

¿Y cuáles fueron las palabras más consultadas en 2016? Entre las habituales figuran resiliencia, bizarro, procrastinar, paradigma, asertivo, vehemente, raer, feminismo y holístico. También cuestiones que tienen que ver con dudas ortográficas, por ejemplo, rallar y rayar, acervo y acerbo, halla y haya, basto y vasto.

Dario Villanueva, en la RAE. Foto: JeosmNo hay nada tan llamativo como fue en su momento el que abdicar pasara a ser la palabra más consultada tras la decisión del Rey Juan Carlos I de dejar la corona. O aquel ejemplo que tantas veces he comentado de majunche, ese término que utilizaba el presidente venezolano Hugo Chávez para referirse  a su oponente en las elecciones presidenciales”, dice Villanueva, que fue elegido académico de la Lengua en 2007 y fue secretario de la RAE desde 2009 hasta que empezó a ejercer como director en enero de 2015.

“Son cosas bonitas porque ves la conexión inmediata que tiene un hecho de la realidad con el Diccionario. Sobre todo, en el caso de majunche, a mí lo que me encantó es que siendo una palabra exclusivamente venezolana estuviese en el Diccionario, lo que significa que el Diccionario es el del español total, aunque vamos a incrementar todavía la presencia de los términos americanos para equilibrar el léxico entre la variante peninsular española y las variantes americanas”.

La edición del Diccionario de 2001 fue la primera que se digitalizó, y la versión en línea de la  actual, la de 2014, ofrece más posibilidades de navegación que aquella.

En estos días, se está “ultimando ya la aprobación por parte de todas las Academias de la Lengua Española de lo que va a ser la nueva planta del Diccionario, que será la XXIV edición”. La renovación será tan profunda que a Darío Villanueva le gusta hablar de “refundación del Diccionario”.

Aún no hay fecha para la publicación de la XXIV edición, pero la Academia irá actualizando año a año, en el mes de diciembre, la última edición de esta obra con un conjunto de adiciones y modificaciones.

Mientras tanto, los académicos y los filólogos que trabajan para la RAE siguen “peinando el Diccionario” para actualizar las definiciones que lo requieran, “lo cual –añade el director–  “nos permite ser sensibles al cambio de percepción de muchas cosas, por ejemplo, en materias relacionadas con el papel de la mujer o la consideración de las minorías”. Eso sí, insiste, “nosotros no vamos a incurrir nunca en corrección política”.

Y, por supuesto, se incorporarán voces nuevas, y, en ese sentido, la RAE se guía por “un instrumento magnífico”, el Corpus del Español del siglo XXI, que cuenta ya con 300 millones de formas (no son palabras, sino realizaciones de las palabras del español en su contexto). El 70 por ciento de ellas procede de América y el 30 por ciento de España, y las fuentes son orales (radio, televisión, música) y escritas (prensa, economía, política, literatura…).

Entre esas novedades, ¿entrará por fin selfie? En la RAE se ha debatido ampliamente sobre este término, pero, aclara el director, aún no hay “una decisión definitiva al respecto”. “Conviene también esperar un poco porque, en ocasiones, hay palabras que se ponen de moda y luego desaparecen. Son ‘palabras globo’, como yo las llamo, que se desinflan”.

A veces, señala Villanueva, las novedades “provocan mucho revuelo, como sucedió en la última edición del Diccionario con amigovio, que se nos criticó mucho. Pero es que resulta que hay 300 millones de hispanohablantes que sí la utilizan para referirse a lo que en España, de manera discreta, llamamos amigo con derecho a roce”. Sin embargo, en  la edición de 2001 figuraba otra creación muy similar a la de amigovio que era la de marinovio, para referirse a las parejas de hecho, “y en aquel momento no hubo protestas. ¿A qué obedece esto? Obedece a la evidencia de que los hablantes del español en España representamos un 9 por ciento del total de los hispanohablantes, y, por lo tanto, hay formas que nosotros no utilizamos pero que son predominantes en el conjunto de la hispanofonía”.

Dario Villanueva, entrevistado por Ana Mendoza. Foto Jeosm

Al director de la RAE le ha tocado lidiar con ciertas “leyendas urbanas”, como la de que el diccionario académico admite cocreta. “Eso es mentira”, subraya. “Esa palabra no está en el Diccionario, es un vulgarismo y no tiene que estar recogido. Lo que pasa es que lo conectan con otro caso que sí es perfectamente explicable, que es el de almóndiga y albóndiga. Almóndiga se utilizaba en los siglos XVI y XVII, y el Diccionario la recoge como un término en desuso, pero se incluye porque esta obra debe facilitar la comprensión del español desde 1500 hasta ahora”.

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