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Deja de odiar a Paulo Coelho

Deja de odiar a Paulo Coelho

Apuntes sobre la literatura de inspiración 

Me parece veros frotándoos las manos, y no negaré que hacéis lo correcto, pues me propongo ofreceros un material un tanto bizarro y controvertido para abrir un debate moderadamente filosófico y, espero, tan educado como los de antes del nacimiento de Twitter.

Me veo en la penosa obligación de sacar a relucir (sí que estaban sucios y descuidados, por cierto) algunos aspectos de mi ridiculum vitae a fin de eliminar en la medida de lo posible análisis y conclusiones precipitados: adoro las matemáticas. Hice un bachillerato de ciencias, pero el caso es que mi camino me llevó por derroteros muy distintos, como doctorarme en filosofía, algo —con toda probabilidad— más afín a un tipo que leía a Poe y Lovecraft a los ocho años y a Kafka muy poco después. No, no te estoy vacilando, ni considero que sea algo de lo que presumir. Tan sólo trato de ahuyentar toda sospecha de superchería, pensamiento mágico o ingenua credulidad en relación con mi persona.

"Cualquiera que introduzca en Google «Odio Paulo Coelho» verá que muchas otras personas ya lo han hecho"

Y esto porque os sugiero ahondar en un tipo de literatura que, para muchos, cae en el mismo saco de la homeopatía, las pseudociencias, la «magia» (es decir, la charlatanería), etc., etc. Me refiero, claro está, a ese combo formado por la autoayuda, el desarrollo personal y la literatura de inspiración. Valga señalar que no son lo mismo, aunque a veces lo parezca.

Por supuesto, no soy el primero en aproximarse a la cuestión (cualquiera que introduzca en Google «Odio Paulo Coelho», sí, así, como lo haría Tarzán) verá que muchas otras personas ya lo han hecho.

¿Dónde reside, por tanto, la novedad? En algo más arriesgado: en tratar de demostrar que las mismas críticas que se le hacen a este tipo de literatura podrían aplicarse a otros productos culturales que disfrutan sin problemas, e incluso con cierto orgullo, aquellos que las llevan a cabo. (Nota mental: por si alguien te pregunta para qué sirve la filosofía y no quieres recurrir a Deleuze y responder que «para hacer de la estupidez una cosa vergonzosa […], para denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas», puedes responder simple y llanamente que para tocar las narices).

"En el antiguo Oeste, pocos fueron los que se hicieron ricos con el oro; los que hicieron fortuna de verdad fueron aquellos que les vendían los picos y las palas."

Con toda seguridad, puede que al decir autoayuda-desarrollopersonal-literaturadeinspiración —esos «subproductos» new age consumidos casi en secreto, como la novela romántica o la pornografía— os vengan a la mente libros como El alquimista de Coelho (el único que he leído de ese autor, por cierto), El secreto, El monje que vendió su Ferrari, o autores como Tony Robbins. Y, tal vez, una de vuestras objeciones sea que lo que dicen en sus libros sólo les ha servido a ellos —¡que se han hecho ricos vendiéndoselos a almas cándidas y desesperadas!—. Conviene señalar, por tanto, que en el antiguo Oeste, pocos fueron los que se hicieron ricos con el oro; los que hicieron fortuna de verdad fueron aquellos que les vendían los picos y las palas. Que hay mucho charlatán es cierto y creo que estaremos de acuerdo. Pero también hubo quienes encontraron el oro de verdad, al igual que entre esas «almas cándidas y desesperadas» se hallan personajes como Bruce Lee, Bill Clinton (a mí también se me ha puesto una sonrisa socarrona al escribirlo, para qué negarlo), Michael Jordan, y un largo etcétera. Y esto ya hace que agitemos los traseros en nuestra silla o en nuestro sofá.

En otras palabras, el asunto no se presta a un análisis plano o, al menos, exento de elementos llamativos. ¿Os imagináis a Bruce Lee escribiendo su lista de propósitos después de leer el clásico de Napoleon Hill Piense y hágase rico? ¿O a Bill Clinton, Gorbachov o Michael Jordan dejándose asesorar o aconsejar por un tipo como Tony Robbins, sin estudios universitarios? Estos hechos pulverizan nuestra visión estandarizada de lo que es un «maestro cualificado», al tiempo que ponen de manifiesto algunos rincones menos iluminados del alma humana (razón y emoción no van siempre de la mano). A fin de cuentas, una persona sabia es aquella que admite sin reparos que no tiene todas las respuestas. Y una persona todavía más sabia es la que está abierta a abrazar el conocimiento, venga de donde venga y adopte la forma que adopte.

"El texto de desarrollo personal plantea que, aunque no haya un conflicto, todas las personas podemos mejorar"

Antes de avanzar, me gustaría señalar alguna diferencia entre literatura de autoayuda, de desarrollo personal y de inspiración. La autoayuda estás más o menos clara: aquella que nos ofrece consejos u orientaciones para superar o resolver asuntos y conflictos de diversa índole (cómo dejar de fumar, cómo hablar en público, cómo ser más felices o independientes o…). No entro a valorar la validez de los consejos ofrecidos.

El texto de desarrollo personal, por su parte, plantea que, aunque no haya un conflicto, todas las personas podemos mejorar (quizá no se me dé mal hablar en público, pero me gustaría hacerlo mejor, por poner un ejemplo). En esta línea encontramos las obras de Tony Robbins, Dale Carnegie, Sir Ken Robinson, Amy Cuddy (profesora en Harvard, dicho sea de paso), etc.

Por último está la literatura de inspiración, que combina lo anterior con un enfoque más o menos literario (pensemos en el ya citado Alquimista, pero también en Juan Salvador Gaviota, puede que en El principito, El caballero de la armadura oxidada, El monje que vendió su Ferrari, El oso, el tigre y el dragón de Ecequiel Barricart y Andrés Pascual…). Como puede apreciarse, aunque presentan numerosos elementos en común y una misma finalidad —a saber, ayudarnos a mejorar y a ser más felices—, no son lo mismo.

Hagamos, pues, un repaso somero de algunas de las críticas y objeciones que se le suele hacer a este tipo de literatura en general: simplifican la realidad y la profundidad de los acontecimientos o conflictos, pretenden tener la misma validez que la ciencia, ofrecen fórmulas vacías, manidas y soluciones enlatadas, constituyen otra forma del «opio del pueblo», suponen un «brindis al sol», se aprovechan de las personas que atraviesan una mala racha o son crédulas e ingenuas y necesitan aferrarse a lo que sea, están mal escritas, apelan a un «buenrollismo» exagerado, insuflan falsas esperanzas en los lectores…

"¿Acaso el thriller y la novela negra, uno de los géneros más populares a fecha de hoy, no están repletos de estereotipos y simplificaciones varias?"

Éste es el punto en el que el debate, a mi juicio, se hace más interesante. Veamos algunos contraejemplos:

¿Acaso el thriller y la novela negra, uno de los géneros más populares a fecha de hoy, no están repletos de estereotipos y simplificaciones varias (el psicópata que sufrió una infancia terrible, el policía desencantado y hecho polvo, la mujer fatal y demás)? ¿No es bien cierto que muchos best sellers y novelas mainstream recurren a una plantilla harto trillada? (Por cierto, desde mi punto de vista, los siglos XX y XXI no serán de Thomas Pynchon o equivalentes, sino de Stephen King, y con razón).

Respecto a las novelas de inspiración, ¿es posible demarcarlas claramente de otros géneros como las fábulas, sí, las de Esopo y Samaniego y todas esas que nos enseñaban en las escuelas de antes (no sé si en las de ahora)? ¿Mal escritas? Personalmente no me desagradó El alquimista (parece que a millones de lectores, ya que es uno de los libros más vendidos de la historia, tampoco), considero que El caballero de la armadura oxidada no está mal escrito y adoro El principito. ¿Locuras? Sospecho que algunas de las ideas vertidas en estos textos, como la conexión entre emoción y su correlato en el cuerpo físico o la relación pensamiento-materia, serán muy consideradas por la ciencia del futuro. Tal vez no por las mismas razones o recurriendo a las mismas explicaciones, pero sí llegando a las mismas conclusiones (conviene recordar que la ciencia comúnmente aceptada ha procedido de ese modo a lo largo de los tiempos).

Pienso, aunque puedo estar muy equivocado, que la raíz del desprecio por este tipo de literatura es, por un lado, un cierto rechazo del concepto de bienestar emocional (es como si, para que aceptemos un relato, éste deba ser oscuro o trágico —o una comedia explícita—), sin duda un poso de la herencia judeo-cristiana, y, por otro, un cierto esnobismo literario que yo mismo he padecido.

"¿Por qué, por tanto, no íbamos a poder seleccionar mejor nuestras creencias y actitudes de modo que contribuyan a hacernos un poco más felices?"

Asimismo, estimo que damos por sentada la idea de un determinado inmovilismo, que somos los mismos de la cuna a la tumba —con nuestras creencias incluidas— y que toda tentativa de cambio está abocado o al fraude o al fracaso, cuando lo cierto es que el modo en que adquirimos dichas creencias y nuestra identidad es fruto de un proceso aleatorio, en constante cambio, condicionado por el lugar de nuestro nacimiento, la época, nuestra familia y entorno (Aristóteles decía que aprendemos por imitación) y un sinfín de factores externos a nosotros. ¿Por qué, por tanto, no íbamos a poder seleccionar mejor nuestras creencias y actitudes  de modo que contribuyan a hacernos un poco más felices? ¿Por qué no «imitar» modelos más acordes con nuestros deseos y aspiraciones? ¿A quién estaríamos traicionando?

¿La solución? Desde mi humilde opinión: aflojarnos la corbata y entregarnos al disfrute de los placeres culpables, bien sea en forma de best seller, en ocasiones escritos por dudosas plumas de youtubers o influencers; de novela negra o romántica; leyendo novelas policiacas como Fernando Pessoa o viendo películas del Oeste en primera fila como Wittgenstein. Leer algún buen libro por el camino, aunque sea de vez en cuando. Creer por una vez que el mundo es un lugar hermoso a pesar de todo y que podemos ser un poco mejores de acuerdo con nuestros parámetros. Porque haciendo esto, tal vez lo logremos.

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