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Desplazamiento lógico del yo

Desplazamiento lógico del yo

La poeta Anne Carson ha recibido el Nobel de literatura. Leo el titular de la noticia y, tras la inmediata alegría, recuerdo uno de los fragmentos que he leído recientemente en Yo. ¿Quién? de Jorge Burón. En dicho párrafo apunta a que, si en el siglo XIX los novelistas fracasaron en el género del teatro y fueron los poetas los que se hicieron sus dueños, en el siglo XXI con los poetas, incluidos Anne Carson, ha pasado lo mismo con el ensayo.

Quizás haya sido fundamental la obra ensayística de Anne Carson para recibir el premio, pero lo importante es que esta es una de las cualidades del libro de Jorge Burón, la de dejar revoloteando en el cerebro de quien lo lee algunas ideas que, en algún momento, se posarán sobre otras ideas. Algo parecido a lo que da la impresión de haberle pasado a su autor.

Aunque la contraportada del libro dice que se trata de un ensayo en forma de aforismos, no es así. Es un ensayo en fragmentos, algunos de los cuales (muchos) son simplemente citas. Me atrevería a decir que son, o fueron en su origen, anotaciones. En cualquier caso, se trata de fragmentos con poco espacio entre ellos. Roland Barthes asemejaba a islotes la escritura fragmentada. Islotes de indeterminación que dejan un espacio entre ellos para que el lector lo rellene con sus propias reflexiones. Si pensamos en los párrafos de Yo. ¿Quién? como islas, este libro es un archipiélago polinésico y muy compactado. El espacio que dejan es estrecho. Es posible navegar entre ellas, sí, pero con una canoa pequeña, en la que solo quepa un tripulante, Yo.

270. Todo texto es el texto de un yo; todo yo se imprime en el texto que escribe.

Esta indeterminación está implícita en ese “¿quién?” del propio título del libro y se extiende a cada una de las seis partes que lo componen: Otro yo, Sobre los orígenes del yo, La escritura del sí, El problema de la novela, Un cuerpo putrefacto sobre la mesa y Yo otro son los títulos de las seis partes de las que se compone el ensayo, que aborda un gran número de cuestiones a través del concepto del yo, el contexto de la escritura y de la literatura en todas sus vertientes y géneros.

Entre notas de lectura críticas, anotaciones, reflexiones y aforismos se encuentran diversos pasajes a lo largo de todas las partes en los que Yo (como un personaje) protagoniza diversas escenas, microrrelatos, e incluso se ve en medio de pasajes históricos o mitológicos en los que Jorge Burón deja ver su yo más creativo y juguetón:

63. Una vez Yo conoció a otro con su nombre, pero solo en la intimidad comprendió quién era Yo, en el nombre compartido, en el cuerpo compartido.

65. En Babel, durante la construcción de la Torre, Yo contempló la belleza repetitiva y la grandeza sencilla de la obra. […] Por un instante los humanos habían vivido en paz trabajando hermanados por el bien común. No había un ápice de soberbia, solo ilusión.

Pero hay otros yoes de Jorge Burón que tienen voz en este ensayo que quizás intenta tambalear la idea de una identidad única y totalmente construida. Las facetas como lector y crítico del autor tienen una presencia continua.

El fragmento 20 es una cita de Anna Ajmátova: “No, no soy yo, es otra la que sufre, / yo no podría sufrir tanto”. A esta poeta rusa la cita también Begoña Méndez en su libro 124 huecos, del que, como crítico, escribió Jorge Burón: «Es un texto tan perfecto, tan cristalino que transparenta la sucia y dolorosa realidad, el propio cuerpo herido». Esta es también una forma de saber cómo está escrito «Yo, ¿quién?»

A este libro se le ve el esqueleto. Pienso en el poema de Emily Dickinson (que no está citado entre las muchas citas del libro, aunque sí se habla de la poeta):

El Yo es como una columna–
un apoyo colosal
en cualquier Apuro –o Trance–

Las reseñas que escribe Jorge Burón como radiografías de su yo lector. Yo. ¿Quién? como el diagnóstico completo al que sirven esas radiografías. El autor se nos muestra como un Yo-lector desnudo hasta los huesos.

Pero ¿es importante para entender este libro lo que escribe Jorge Burón fuera de él, en críticas, cuentas de Substack o medios online? Creo que sí. Lo es porque este libro tiene una vocación de hipervínculo. De red que se extiende más allá del texto, hacia otros libros, poemas, ensayos, películas, podcasts y hacia todo lo que escribe el propio autor. Y sin embargo en todo el texto no aparece la palabra yo en plural. No hay yoes. Solo yo.

7. Francis Scott Fitzgerald, ese genio frágil, escribió en el Crack-Up —durante sus años más terribles, alcoholizado, con su mujer Zelda ya internada, mientras arrastraba su pobreza y su talento por Hollywood— que la principal característica de una mente de primera calidad era la capacidad de sostener dos ideas contradictorias al mismo tiempo.

Son muchos los conceptos que se tratan en el libro, todos bajo el prisma del yo. Así, el yo se pasea por la religión, la literatura, la filosofía, el pensamiento, la psicología.

Permitidme la contradicción. No estoy de acuerdo con mi anotación anterior. El libro habla sobre muchos conceptos, entre los que se cuelan la literatura, la crítica literaria, la belleza, la muerte, la creación, la destrucción, la autoficción, la mentira romántica, la máscara social, el lenguaje, el suicidio, entre una larga lista. Todo bajo la excusa del yo. Al final yo es una excusa.

Yo, como excusa, quizás sea una de las mejores de la historia de la humanidad.

Tal vez tampoco este libro sea esto último. Una de las figuras retóricas preferidas de Borges era la hipálage, que consiste en atribuir un adjetivo a un sustantivo distinto pero cercano de aquel al que debería pertenecer según la lógica. El efecto que consigue es que se produzca un desplazamiento lógico que rompe con la expectativa, para crear imágenes sugerentes o asociaciones intensas. Y quizás es esto lo que ha conseguido Jorge Burón. Un ensayo-hipálage en el que logra ese desplazamiento lógico entre el yo y todos los conceptos sobre los que reflexiona, especialmente los que tienen que ver con la literatura.

Mitos griegos, poetas clásicos (Safo, Pessoa, Rilke), la Biblia, poetas contemporáneos (Anne Carson, Sylvia Plath, Luna Miguel), Angélica Lidell, filósofos clásicos (Heidegger, Kant, Lao Tse), pensadores actuales (Paul B. Preciado, María Negroni), filosofía india, Angélica Lidell otra vez, ensayistas, novelistas actuales (Pol Guasch, Annie Ernaux)… Aparece mucho citado, pero también la cantante Rosalía, un diálogo de la película Crepúsculo, Harry Potter, la youtuber Soy una pringada o el podcast Punzadas sonoras. Un libro que también es una cosmovisión del apunte.

326. Ojalá este fuera un libro de digresiones, cada una en una dirección y sin centro. Frases, ideas, imágenes, puestas a jugar, a ver qué pasa.

En definitiva. Abrir este libro. Leer algunos párrafos. Anotar alguno de ellos (quizás no al completo) y alguna reflexión debajo. No ser más que un lector, escritor, reseñista tomando notas de un libro escrito por otro escritor, lector y reseñista que ha ido tomando notas de otros libros para construir un texto que empieza y acaba en otro Yo (acaso como cualquier pensamiento). Cerrar el libro sobre el escritorio cuadrado de mi cerebro y dejar que sus ideas circulen por él. Aguardar impaciente a abrirlo de nuevo en una nueva cita.

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Autor: Jorge Burón. Título: Yo. ¿Quién?  Editorial: La Caja Books. Venta: Todos tus libros.

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