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Díptico sobre un cambio generacional (y 2)

Díptico sobre un cambio generacional (y 2)

Destacaba en la primera parte de este díptico sobre el cambio generacional que se está produciendo en la narrativa española del presente momento la actitud de irreverente inconformismo de Rubén Martín Giráldez. El joven escritor catalán (nacido en Cerdanyola del Vallès en 1979) manifiesta el propósito de ruptura con una claridad ausente en sus colegas. En Magistral presenta una deslenguada rectificación de nuestra propia historia literaria reciente. La encarna en un proyecto narrativo imaginario, una novela titulada como el libro que supuso —eso asegura el narrador— un revulsivo histórico. Pero Martín Giráldez no se contenta con romper con las promociones precedentes —con autores que se habían dedicado a «chucrutizar la escritura» y a escribir «tonterías»— sino que postula en Magistral el más extremoso de los cambios, abandonar la propia lengua y sustituirla por otra.

Esta actitud rupturista radical marcaba ya la otra novela del autor, Menos joven (Zaragoza, Jekyll & Jill, 2012), una obra de fervoroso experimentalismo que recuerda las travesuras e iconoclastias de las vanguardias históricas. Menos joven sería una caja de sorpresas si el jugueteo externo de los ismos y las audacias gráficas de los formalistas de los años sesenta no nos hubieran curado de espanto. Muchas de sus osadías suenan a sabidas, pero también hace alguna aportación notable al catálogo de recursos experimentales. Tal ocurre con la incorporación de anotaciones manuscritas al texto en los márgenes de las páginas que añaden un diálogo crítico con la obra. A los comentarios tiene el lector la posibilidad de agregar los suyos propios y de este modo establecer una conversación especular. Lo cual, al fin, aporta el posmoderno mensaje de relativizar la solemnidad y fiabilidad de lo escrito.

"Un paso adelante da Martín Giráldez en Magistral al cuestionar, como he dicho, la propia lengua."

Este descreimiento afecta, en primer lugar, a la propia obra de Martín Giráldez. De entrada, ni siquiera el título, Menos joven, tiene la contundencia de designarla inequívocamente, aunque ello no lo percibirá una mayoría de lectores si el azar no contribuye, que es lo que a mí me ocurrió. El libro lleva una sobrecubierta con el rótulo señalado. Por casualidad separé esta segunda cubierta y apareció la del libro con un grafismo muy distinto al de la otra, copia del conocidísimo diseño de las prestigiosas colecciones de la NRF editadas por Gallimard. Aquí figura como título El peinado de Calígula ( «roman») y como editor J&J. Pero en las páginas preliminares vuelve a aparecer el título de la cubierta, Menos joven. (Por cierto, ¿qué criterio utilizarán los bibliotecarios para hacer la ficha catalográfica del libro?). Por otra parte, El peinado de Calígula es el nombre de un programa radiofónico de múltiples protagonistas alrededor del cual la novela se articula (es un decir, porque todo tiene la traza de un feliz desbarajuste) y cuyos papeles son interpretados por un reincidente Rubén Martín Giráldez (así lo enfatiza la página de dramatis personae que abre el volumen).

Estos rasgos avisan por sí solos de la escritura desatada en que consiste Menos joven, no sujeta a otro criterio que a la libérrima y jocosa asociación de contenidos varios, bastante caprichosos, comentarios acerca de múltiples cuestiones y dosis grandes de variopinto culturalismo. A ello se añade una creatividad verbal basada con frecuencia en un sentido lúdico de la lengua, que a veces consigue felices resultados pero otras solo logra dudosas novedades en la línea o herederas de las innovaciones de Cabrera Infante o, entre nosotros, del entusiasta manipulador del idioma que es Julián Rios («Le da el baile de San Witold, le entran los siete málhers»). Todo ello tiene una finalidad desacralizadora de la literatura que se resume, a modo de subversiva tesis, en la «educación híbrida» que propugna el padre de uno de los participantes en el concurso radiofónico. Consiste tal método educativo en «cruzar libros como quien cruza perros de raza». Y se realiza arrancando las cubiertas de las obras literarias y metiendo en ellas las de una obra diferente. Así, en la dickensiana Club Pickwick podrían encontrarse las peripecias del esclavo Kunta Kinte.

Es, pues, un modo socarrón de desconfiar de la realidad en su versión literaria, pero llevado a cabo todavía sobre el recurso de la lengua convenida. Un paso adelante da Martín Giráldez en Magistral al cuestionar, como he dicho, la propia lengua. La cubierta del libro subraya esta intención al copiar unas rotundas sugerencias del narrador: «A lo mejor deberíamos ir pensando en cambiar un idioma que ya no sirve. Puede que haya llegado la hora de hacerle al castellano un hoyo en la hermosura y cagarle lombrices dentro hasta rellenarlo. El castellano es hoy un idioma monigotado, toca asaltar otras lenguas».

"No hará falta decir la exigencia de lectura que supone una novela semejante. Ni aclarar que está dirigida a un limitadísimo número de destinatarios."

Magistral insiste en la misma orientación de escritura desatada que Menos joven. No sin esfuerzo se logra distinguir una línea anecdótica principal. Es la de un narrador que ha escrito un «pasquín», unos «regüeldos», una «soflama», un «libelo», un «bálsamo de Fierabrás», Magistral, y a la vez reflexiona indignado sobre su recepción. Los comentarios de este narrador subversivo («yo no quería escribir una opereta correcta, sino un auto de choque sacramental») se enzarzan en múltiples observaciones que tienen un objetivo cultural (con absoluta indiferencia hacia los motivos sociales) donde se encierra una mirada corrosiva sobre el presente de nuestras letras, de los autores y de los lectores («hay en la literatura española mil tragabolas por cada tragasables»). Esa línea anecdótica funciona también casi como pretexto para exhibiciones de manipulación verbal, un dominio donde se nota que el autor disfruta mucho, aunque no siempre con aciertos a la altura de sus ambiciones.

La degradación de nuestras letras requiere un revulsivo extremo, postula este joven inconformista barcelonés. Lo encuentra en esa ruptura con su propia lengua, que, dice de entrada, se emplea «como emético en varios países de Europa». Conviene cambiar las cosas que no sirven —sostiene el narrador— y por ello «tal vez sea hora de cambiar de idioma». La idea no es inédita. Mediados los años sesenta, un exasperado Juan Goytisolo ya se planteó una alternativa semejante. El problema de España es que hablan igual Unamuno que los taxistas, decía (más o menos, cito de memoria). La opción era desacreditar la lengua representativa de la España eterna. La rabia antiespañola y antitradicional de Goytisolo dio lugar a un conmovedor y magnífico pasaje de su trilogía del desarraigo. Un alter ego del escritor lee en la biblioteca del casino de Tánger con la vista puesta en la cosa española. Unas moscas se posan sobre el texto clásico que tiene en las manos. Cierra las páginas con vehemencia y espachurra en ellas los insectos.

No exhibe rabia semejante Martín Giráldez contra la lengua materna, pero sí ofrece una opción parecida: migrar el idioma. Para ello incorpora a Magistral una novela del todavía joven escritor norteamericano experimental y contracultural Ben Marcus. En el libro inserta la reproducción de las cubiertas y páginas preliminares de Notable North American Women. Se establece un diálogo entre ambos textos con el que se puede poner en práctica la «educación híbrida» sugerida en Menos joven. El autor, el nuestro, se declara «cumplido hagiógrafo» y «apóstol más tímido» del americano. Y en la novela conviven fragmentos en inglés con el castellano. El cambio de lengua va de la mano, por otra parte, de la búsqueda de un objetivo más amplio, la profunda reconversión del género para que deje de ser un vehículo que produzca satisfacción estética.

No hará falta decir la exigencia de lectura que supone una novela semejante. Ni aclarar que está dirigida a un limitadísimo número de destinatarios. Ni tampoco confesar el escepticismo que produce una propuesta regeneradora como ésta. Pero merece un saludo atento quien trae tanta pasión literaria y muestra, a la vez, unas dotes inusuales para construir un artefacto narrativo complejo y provocador. El trabajo de esta clase de escritores suele ser poco fecundo, y corre el peligro de caer en el vicio solitario. Sin ellos sería, sin embargo, mucho más difícil el progreso del arte de contar. Martín Giráldez es un autor de gran talento y de una exigencia inhabitual. También de una gran habilidad para retorcer el idioma y sacarles registros desconocidos. Además de un humorista que maneja con envidiable eficacia el sarcasmo. Hoy por hoy, este escritor de fuste dedica sus acreditadas virtudes a escribir novelas para escritores, pero el futuro no está escrito.

Autor: Rubén Martín Giráldez. Título: Magistral. Editorial: Jekyll & Jill. Edición: Papel

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