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¿Dónde dormirás esta noche, María?

¿Dónde dormirás esta noche, María?

La distopía que Pedro Mairal presenta en El año del desierto (Libros del Asteroide, 2023) es magnífica por pesadilla. Se muerde la cola. El final de la novela está al comienzo, en Ítaca. Bueno, en Ítaca no, pero quede ya fijada la referencia a un viaje existencial, en este caso, nauseabundo. Ítaca, en este caso, es una biblioteca donde la protagonista, María Valdés, trabaja tras su periplo. Parece que les presento un rompecabezas, pero no, es un novelón que revuelca. Lleva 20 años vivo y cuenta una ciudad que deja de ser ciudad para convertirse en una selva. Su protagonista sobrevive.

Y sobrevive, decía, porque María supera la adversidad —qué clásico recurso, ¿verdad señor Propp?— porque su chico no llega a una cita. Alejandro, que es su nombre, no aparece a la salida del trabajo de María. Su ausencia mantendrá viva a María, y su memoria mantendrá vivo el recuerdo de Alejandro; y no se apagará. Trabajará hasta de puta, pero no se apagará. La novela promete, se lo aseguro.

"El orden social que imperaba hasta ese momento en la ciudad se resquebraja; la ciudad se descontrola porque el avance de la intemperie progresa"

Es imposible destripar el final de esta historia puesto que el autor lo ha incluido en el primer capítulo, que consta de dos páginas. Eso significa que la enjundia comienza después de que María deje de trabajar como secretaria en Suarez & Baitos, una compañía de inversión fundada por dos economistas de 40 años que habían sido muy amigos. Uno de ellos se convertirá en una bestia que babeará sin escrúpulos hacia la mitad de la historia, en el Ocean.

Si de bestias hablamos, hay que nombrar a la muerte, que está presente desde el principio, es decir, desde el final. Y no porque en El año del desierto los personajes mueran como ratas, sino porque Mairal nos la presenta fría tal como es, y lenta como sucede. Empieza contando la muerte de la madre de María. Esta se entera porque Vilma, la asistenta, le dice: «“¿No te dijeron que murió tu mami?” Sentí el golpe, el sacudón por dentro». María era aún una núbil adolescente.

"Mairal nos describe esa sociedad como un lugar donde los ciudadanos desfogan y dan rienda suelta a sus deseos más bastardos y espurios. Las consecuencias se harán visibles"

El sacudón empieza a partir de esa página, la 26. El orden social que imperaba hasta ese momento en la ciudad se resquebraja; la ciudad se descontrola porque «el avance de la intemperie» progresa. Es decir, el avance de personas sin hogar y sin trabajo, deambulando a cielo descubierto y sin techo ni otro reparo aumenta. Recuerdas enseguida tres títulos. El primero se aquilata tras la lectura de este libro de Mairal, El diario del año de la peste, de Defoe; del segundo te ríes por su vaga originalidad: Los juegos del hambre. En el tercero, hasta las mascotas se habían vuelto desconfiadas: La carretera, de McCarthy. Entre estas tres coordenadas se sitúa nuestro desierto.

La novela es la encarnación de una pesadilla. Para la protagonista el mundo, en un preciso instante, deja de girar. Alejandro, aquel novio, será el motivo que propicie que María cambie de escenario constantemente en un territorio que representaba un orden social que ahora se desmorona y se disloca para que imperase la fuerza y el abuso. Hasta el fútbol se suspende porque cuelgan a los árbitros. Mairal nos describe esa sociedad como un lugar donde los ciudadanos desfogan y dan rienda suelta a sus deseos más bastardos y espurios. Las consecuencias se harán visibles. Hasta gente con las tripas en la mano llegaría al hospital donde María empezaba a trabajar como enfermera. Allí cuidaría de su padre, que termina entrando en coma catódico, una forma vanguardista de eutanasia que Mairal inventa. Un botón de muestra del desparpajo imaginativo del autor de esta ficción. Desde el hospital a la vorágine del puterío y mancebía.

"María conseguirá huir con una amiga. Continuará su viaje hacia ese lugar común del respeto por el hombre, la humanidad y la caridad, tan vital y necesario"

Tengo una manía. Señalo en mis notas de lectura la página donde aparece por primera vez la referencia al título de la obra. Me sugiere algunas claves de la novela. En este caso, y si no me equivoco, la palabra «desierto» aparece en la página 158: «¡Colabore en la construcción del templo para que Dios frene el avance del desierto! ¡Colabore en la construcción del templo!». ¿Sugiere Mairal que la demolición social del desierto es consecuencia de la desaparición de Dios de las vidas de sus ciudadanos?

Pues así, casi sin Dios, empezaron a proliferar las güisquerías malolientes hacia el sexto capítulo, donde María se verá abocada a sentarse «en las rodillas de unos marineros yugoslavos» que le decían al oído… Sleeping Beauty. «Me subían las manos por los muslos y se las tenía que estar atajando (…) Y entraban más hombres al Ocean. Tipos del puerto, marineros que ya venían borrachos, adolescentes alucinados, tipos callados, tipos insoportables, tipos tímidos, algunos no tan feos, otros horribles, con caras de mono, con pelos hasta en las orejas, con papadas rosadas, con olores agrios, envenenados por las hormonas, sedientos; los veía entrar, los ojos muy abiertos, un poco blancos, casi asustados de tanta soledad acumulada». María conseguirá huir con una amiga. Continuará su viaje hacia ese lugar común del respeto por el hombre, la humanidad y la caridad, tan vital y necesario.

"Desconcierta porque la protagonista brilla narrando sus venturas y desventuras sin desatender las miserias humanas de esa sociedad machodesquiciada"

El año del desierto trepida conforme se acerca su final, que es el principio, recuerden. María peregrina hasta el silencio, una vez más. Las páginas finales son demoledoras, porque no solo muestran la desarticulación y el desgarro social hacia el que ha involucionado ¿nuestra sociedad dentro de cien años?, sino por la revelación de una naturaleza humana desconocida similar a bestias irredentas. ¿Se adelantará la parusía?

El libro lleva desconcertando a sus lectores desde que se publicó por primera vez en 2005. Y desconcierta porque la protagonista brilla narrando sus venturas y desventuras sin desatender las miserias humanas de esa sociedad machodesquiciada. Porque «el mundo se caía a pedazos, pero los prejuicios se mantenían intactos (…) y yo era una cosa más que se estaban llevando». La protagonista terminará mesándose el pelo en una biblioteca: es el final que es el principio de la página 9 de esta edición.

¿Será El año del desierto una fotografía del ocaso de nuestra mansa y acomodada sociedad desarrollada? ¿Habrá toque de queda y no quedará nada?

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Autor: Pedro Mairal. Título: El año del desierto. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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