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El calor de Elvira Sastre

Elvira Sastre declara su adiós al frío envolviéndonos en un manto de calor, el de sus poemas, el de unos versos que superan la nostalgia, que luchan, pelean, sobreviven y caminan —en cada página— hacia un horizonte donde la protagonista es la alegría. Todo un regalo en estos tiempos recios.

A veces para valorar lo que tenemos debemos perderlo. Para celebrar la vida hemos tenido que sufrir la muerte. En estos versos Elvira nos lleva del dolor al amor, de la oscuridad a la luz, nos muestra sus heridas mientras reivindica su apuesta por la vida.

Dice Benjamín Prado: «Por su mezcla de nostalgia ante las pérdidas que impone el tiempo, su música de combate y su defensa de la alegría, Adiós al frío es un paso adelante en su obra». Defender la alegría y hacerlo con poesía parece un oxímoron, una ilusión, pero Sastre lo consigue: que la vida es esto: / un río sin caudal ni final, por el que dejarse llevar / sin temor a la corriente, como el que sabe que esto es tanto / y lo es todo.

Dice Luis García Montero: «Una poesía hecha de insistencia, una que quiere llegar hasta los huesos, como nos enseñó César Vallejo». Escribió el poeta peruano: Tus fríos capitanes darán orden; / y quien habrá partido seré yo. Esos dos versos sirven para enfatizar todo lo que en este libro siente el lector en sus páginas.

*****

UNA NECESIDAD EXTREMA

Siento una necesidad extrema de estar triste,
de perder la fuerza
y dejarme caer sobre todo lo que duele.
la pena me ahoga
[…]

*****

TODO ESTÁ EN CALMA

Todo está en calma
Ella se ha ido y, aunque ha dicho en otra voz
no sea cierto,
todo sigue en calma.
[…]

*****

Hace unas semanas hice un trato con mi hija. Ella quería comprarse un libro de Harry Potter. Yo le dije que de acuerdo, pero que tenía que leer poesía. Le di una semana de plazo. El sábado que expiraba el ultimátum la descubrí en la ventana. Se había puesto una boina marrón, que yo imaginaba perdida en algún armario de la casa. En las manos tenía la antología de Pizarnik. Se dio la vuelta, me miró y sonrío. De repente, se puso seria y me advirtió: «Esta será siempre mi poeta». Le compré el libro del joven mago. Se aburrió de él, pero no de los poemas. Añadió a Vilariño y se sorprendió con Machado.

Llevamos ya una semana de cuarentena. Mi pareja dio positivo. Volvemos a la casilla de inicio; al 14 de marzo. Ella se ha llevado la peor parte. Mi hija y yo somos «negativos».

Estaba a punto de alcanzar los 300 kilómetros corriendo este mes. No quiero parar; alquilo una bicicleta estática en el gimnasio. Solo hay un problema: cómo traerla hasta casa, a nuestro confinamiento. Leandro carga con ella y hace acrobacias para meterla en el ascensor. Junto con la bici me trae el poemario de Elvira Sastre, Adiós al frío. Ayer le recité a mi hija Imagina un mundo y hoy me pidió leerlo de nuevo. «Estos versos me dan calor», me dijo haciendo que tiritaba de frío dentro del edredón. Luego fue el turno de Somos mujeres. «Con este tengo fiebre, casi 39», me aseguró. Repite «miradnos» una y otra vez, «miradnos», y lo dice orgullosa.

Miradnos.

Decidimos cambiar la dirección del puño
porque nosotras no nos defendemos:
nosotras luchamos.

Miradnos.

******

Julieta se ha dormido. Ahí están los versos de Elvira en la mesilla. Se desparraman por toda la habitación. Afuera hace frío, pero nosotros estamos al abrigo de los poemas. En las hojas de su libro está el silencio que explica el ruido, la nostalgia que mece la noche y la sonrisa del día que llega.

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Autor: Elvira Sastre. Título: Adiós al fríoEditorial: Visor. VentaTodostuslibros y Amazon

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