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El complot Canalejas, «el crimen en el que metió mano todo Dios»

El complot Canalejas, «el crimen en el que metió mano todo Dios»

El presidente José Canalejas fue asesinado en la Puerta del Sol en 1912, en un atentado del que el conde de Romanones dijo que «en aquel crimen metió mano todo Dios», lo que corrobora Julián Granado en El complot Canalejas, donde cuenta una conspiración contra la instauración del liberalismo.

El complot Canalejas, acreedora del Premio de Novela Ciudad de Salamanca, «es más que una novela histórica, una narración de inspiración histórica», según ha dicho a Efe Julián Granado, al explicar que personajes secundarios y algunas escenas pertenecen a la ficción, por más que los personajes principales sean históricos. El autor ha afirmado que a Canalejas se le conocía como «el político creyente más laico», puesto que tenía una capilla privada en su casa, pero siempre fue partidario de un gobierno laico y de que el Vaticano, con el que trató de tener una buena relación, tutelara la política española.

El complot Canalejas llega a relacionarse en ambos sectores en la trama que estuvo tras el magnicidio, a la que se sumó a una conexión francesa, ya que la policía de este país jamás informará de la presencia en Francia y de su paso a España de Manuel Pardiñas. Entonces estaba en el juego del futuro del norte de África, y Francia aspiraba a hacerse con la zona fértil de Marruecos y dejar a España las migajas, unos planes a los que Canalejas se opuso frontalmente.

Julián Granado, autor de El complot Canalejas

La teoría de la conspiración se vio alimentada por la autopsia que se le hizo a Pardiñas y que Granado describe como «la más chapucera de la historia de la medicina forense», ya que ni siquiera aclaraba si su cráneo tenía uno o dos agujeros de bala. En su huida tras asesinar al presidente del Gobierno, Pardiñas cayó entre dos coches de caballos y, al creerse atrapado por los tres policías de la escolta, se apuntó a la sien con su arma y disparó, o al menos así lo contó, según Granado, la «versión oficial». El autor ha dicho que se publicó una foto del cadáver de Pardiñas en el periódico ABC, colgado de un gancho para mantenerlo vertical, en la que se apreciaba un orificio, pero que nunca se aclaró el motivo de otras lesiones craneales.

Canalejas llegó al Gobierno «abierto a la negociación con la CNT, y no se comprende que los anarquistas hubieran decidido eliminarlo». Tampoco se entiende que la operación la llevara a cabo «un activista torpe» como fue Pardiñas, a las órdenes del anarquismo internacional, cuyos miembros eran muy dados a actuar como meros mercenarios al servicio de otros intereses. Manuel Pardiñas huyó de España, entre otras razones, para librarse del servicio militar y un más que probable destino en la guerra de Marruecos, de modo que puso rumbo a Argentina, de donde fue expulsado por sus actividades políticas y en 1910 llegó a Miami, donde fue adiestrado como comando en el núcleo anarquista que surgió en torno a la industria tabaquera. De Miami pasó a Nueva York, donde fue acogido por un compañero de Ferrer Guardia apellidado Esteve, y desde donde finalmente partió hacia España con el encargo del magnicidio. A España llegó vía Francia. Sus pasos por Burdeos fueron conocidos por la policía francesa, pero jamás comunicados a las autoridades españolas. Al principio se pensó que su objetivo podría ser Antonio Maura, como venganza por los sucesos de la Semana Trágica, o incluso el Rey Alfonso XIII.

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