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El Danteum de Giuseppe Terragni

El Danteum de Giuseppe Terragni

La Divina Comedia, la Proporción Áurea y la Arquitectura Daimónica

Cuenta Giovanni Boccaccio que la madre de Dante, estando embarazada, soñó que daba a luz bajo un gran laurel junto a un manantial de agua clara, y que el niño, nada más nacer, comió de las bayas del árbol, bebió del agua del manantial y se convirtió ante sus ojos en un pastor que jugaba con las hojas y las ramas del laurel, y que poco después se transformó ante sus ojos en un hermoso pavo real, y al punto se despertó feliz, sabiendo que el sueño auguraba el triunfo de su hijo en el mundo de la poesía bajo el auspicio de la lira del laureado dios Apolo.

Treinta y cinco años después, Dante nos relató un sueño propio en su Divina Comedia, confirmando así el profético de su madre. Un sueño bien distinto que se inicia en el verso 10 del Canto I del Infierno.

Io non so ben ridir com’i’ v’intrai,              Repetir no sabría cómo entré      

tant’era pien di sonno a quel punto          pues me vencía el sueño el mismo día

che la verace via abbandonai.                  en que el veraz camino abandoné.                   

Y continúa con el viaje del héroe en busca de conocimiento. Estructurado en tercetos de endecasílabos, consta de tres geografías bien distintas, cada una de ellas con una composición espacial propia, en los que traza un completo plano físico y emocional de la topografía del inframundo y de nuestro subconsciente.

"Gracias a la memoria escrita por Terragni, Relazione sul Danteum, de la que no se conserva la parte donde describe el Paraíso, podemos saber la génesis del mismo"

A lo largo de la historia son múltiples las representaciones gráficas de la Divina Comedia, desde Sandro Botticelli a Domenico Michelino con retrato de Dante incluido, pasando por William Blake o Gustavo Doré, pero ninguna como el Danteum de Giuseppe Terragni y Pietro Lingeri que diseñaron para la Exposición Universal de 1942 en Roma. Su construcción fue aprobada en 1938 por el propio Mussolini, pero la guerra paralizó la construcción del proyecto.

Gracias a la memoria escrita por Terragni, Relazione sul Danteum, de la que no se conserva la parte donde describe el Paraíso, podemos saber la génesis del mismo. Terragni se acerca al proyecto tratando de concebir una obra que refleje no sólo el poema desde sus diferentes puntos de vista, literal, alegórico y analógico, sino su esencia e intención didáctica y moralizante, para lo cual plantea el edificio como un templo clásico donde obtener las respuestas que nos lleven a la felicidad eterna.

Como en el poema, su recorrido es lineal, los angostos pasillos sugieren el tránsito en fila india, la meditación interior, la pena de los pecadores en triste peregrinación, el camino ascendente y la búsqueda de la virtud.

Hasta Terragni todas las representaciones del universo de Dante eran troncocónicas, ya sean invertidas (el Infierno), espirales truncadas tipo zigurat (el Purgatorio) o a modo de órbitas de cada planeta alrededor de la Tierra (el Paraíso). Pero el Danteum se proyecta a partir de un cuadrado desplazado con proporción áurea y maclado a otros tantos, fuertemente ligado al terreno asignado junto al Foro romano, con el lado largo coincidente con la dimensión de la Basílica de Magencio, frente al solar, y el lado corto a la diferencia de los lados del rectángulo áureo de la Basílica. Se proyecta además paralelepípedo para evitar la competencia con la curvatura de la planta elíptica del Coliseo. Esta elección no exime al proyecto de un recorrido espiral de su interior (existen dos recorridos helicoidales de sentidos inversos, uno para la parte destinada al Infierno y otro para la del Purgatorio) que parte de lo que para Dante sería el centro de la Tierra, consiguiendo así la cuadratura del círculo, que según nos cuenta el poeta en el verso 134 del canto XXXIII del Paraíso, buscaba el geómetra, y ligando espiritualmente la composición del edificio con la Divina Comedia.

"Los planos del proyecto tienen además una dimensión daimónica y parece como si se estuviera contemplando realmente una arquitectura titánica"

La sección áurea como leit motiv del Danteum de Terragni tiene varios niveles interpretativos y al menos una doble significación, ya que el propio poema guarda en su interior la divina proporción al estar cortado en extrema y media razón, según la definición tercera del libro VI de los Elementos de Euclides.

Dante abandona el Purgatorio, se despide de Virgilio y se encamina al Paraíso, al linde del Leteo, en el canto 28 del Purgatorio. Este canto, llamado de la Floresta Divina, es el 62 de los 100 que componen el poema completo, por lo que la longitud de la Divina Comedia (a+b) es a la longitud del Infierno + la longitud del Purgatorio (a) como ésta lo es a la longitud del Cielo (b).

(a+b)/a = a/b = Φ = (1+ √ 5)/2 = 1,61 de la misma forma que 100/62 = Φ = 1,61

Los planos del proyecto tienen además una dimensión daimónica, y parece como si se estuviera contemplando realmente una arquitectura titánica. Tienen la fuerza evocadora de un poema, que apenas iniciada su lectura te transporta a un estado que trasciende al cotidiano. Los muros perimetrales que estrechan el ingreso estaban proyectados en mármol blanco y constaban de cien bloques, emulando los cien cantos de la obra. Es, como decimos, la mejor representación del universo de la Divina Comedia porque sin ser literal, aunque tiene algunas concesiones a la literalidad (los bajos relieves del muro que rodean el Purgatorio), no es ajena a su mundo emocional, que es en definitiva el hilo conductor de la peregrinación del poema, que se inicia confuso en un bosque con la senda de la virtud perdida (el patio colmado de columnas) y termina en comunión con la luz flotando en el cielo (andando sobre un suelo de cristal en la última estancia del edificio, iluminado por luz natural en todos sus planos).

"El Danteum tiene ese aura de proyecto doblemente truncado, de sueño irrealizado. El de Mussolini de utilizarlo como propaganda del Fascio y el del propio Terragni de experimentar con la topología del espíritu"

Eran tiempos en los que el inframundo estaba atestado de espíritus, tantos que muchos tardarían en entrar en él una vez abandonados sus cuerpos en el fragor de la batalla. La Primera Guerra Mundial había dejado Europa llena de muertos y la Segunda iba a triplicarlos, llevándose entre otros al propio Giuseppe Terragni, que en la foto le vemos con uniforme militar asomado a la ventanilla del tren que marchaba rumbo al frente.

Tal vez por eso el Danteum tiene ese aura de proyecto doblemente truncado, de sueño irrealizado. El de Mussolini de utilizarlo como propaganda del Fascio y el del propio Terragni de experimentar con la topología del espíritu, que pronto los dos conocerían de primera mano.

¿En qué círculos hallaremos a ambos? ¿O serán o rectángulos áureos?

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