Mientras la peste negra devastaba Florencia, y Europa se entregaba a una de las mayores catástrofes de su historia, Giovanni Boccaccio decidió ponerse a contar cuentos. Ni sermones, ni vidas ejemplares, ni tratados sobre la salvación del alma. Cuentos de amor, adulterios, burlas, engaños, apetitos carnales y mujeres que sabían perfectamente lo que querían. A mediados del siglo XIV, cuando la muerte parecía tener la última palabra, el escritor florentino le concedió la réplica al deseo.
Reino de Cordelia acaba de publicar una edición particularmente hermosa de esta obra inmortal. Mita Valvassori ha seleccionado y reorganizado algunos de sus cien cuentos alrededor de un asunto tan antiguo como la humanidad y tan incómodo para los guardianes de la moral: el deseo femenino. El resultado es una lectura nueva de un clásico que creíamos conocer y que, siete siglos después, conserva una sorprendente capacidad para escandalizar.
Las mujeres de Boccaccio desean. Y no se limitan a esperar que alguien las desee. Eligen, seducen, engañan, se equivocan, toman la iniciativa y, cuando las circunstancias lo exigen, despliegan una inteligencia muy superior a la de los hombres que pretenden gobernar sus vidas. Son esposas insatisfechas, amantes ingeniosas, jóvenes enamoradas, viudas y mujeres que descubren que entre la virtud que les predican y la felicidad que persiguen existe una distancia considerable.
Boccaccio no necesita convertirlas en heroínas ejemplares. Ahí reside precisamente su grandeza. Les concede algo mucho más interesante que la perfección: humanidad. Sus protagonistas pueden ser generosas o crueles, fieles o adúlteras, prudentes o temerarias. Pero difícilmente resultan aburridas. Y ninguna parece dispuesta a renunciar al placer por el simple hecho de haber nacido mujer.
A esta celebración de la libertad se suma otro de los grandes aciertos de la edición: las ilustraciones. Las reproducciones de pinturas, principalmente prerrafaelitas, establecen un diálogo fascinante entre dos épocas separadas por cinco siglos. Las mujeres que Boccaccio imaginó en el Trecento encuentran un inesperado reflejo en las figuras femeninas de la pintura del XIX, con sus cabelleras interminables, sus miradas melancólicas y su sensualidad cuidadosamente envuelta en símbolos, flores y terciopelos.
La paradoja es deliciosa. Mientras los pintores victorianos recreaban una Edad Media de belleza idealizada, Boccaccio había descrito una mucho más carnal, desvergonzada y divertida. Bajo la delicadeza de aquellas imágenes laten los mismos deseos que sus personajes persiguen sin demasiados escrúpulos.
Esta edición demuestra, además, que los clásicos no necesitan ser modernizados para resultar modernos: basta con saber abrirlos por la página adecuada. Boccaccio comprendió hace setecientos años algo que todavía hoy provoca interminables discusiones: que el deseo de las mujeres no es una anomalía que deba explicarse, corregirse o castigarse, sino una de las fuerzas más poderosas de la vida. Y que, cuando la muerte llama a la puerta, siempre será preferible recibirla después de haber escuchado un buen cuento. O de haber vivido uno.
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Autor: Giovanni Boccaccio. Título: Mujeres y deseo en el Decamerón. Traducción, selección y edición: Mita Valvassori. Editorial: Reino de Cordelia. Venta: Todostuslibros.


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