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El elemento es la ausencia

No es la ausencia de elementos, es la ausencia el elemento. Los conjuntos, en su teoría, agrupan elementos. Pero si el conjunto está vacío, habrá que hacer algo con la ausencia.

Verónica Gerber hace con la ausencia un libro diferente. Es literatura en palabras (sobre todo en las ausentes, porque es un libro de ausencias) y en gráficos. Su formación como artista visual explica que mezcle ambos recursos.

"La autora recurre a los gráficos de conjuntos y a otras manifestaciones visuales; pero también para ello se queda en la palabra imposible"

Las circunstancias que mueven a los personajes de esta novela, casi todos personajes ausentes, tienen lugar entre Argentina y México. Sin embargo, ambos territorios son escenarios de la fuga. México es el país de residencia de la narradora, Verónica, y de su hermano, prácticamente los únicos dos personajes que no deambulan como fantasmas o como apariciones ocasionales (que necesariamente acarrearán desapariciones). Luego se suma un gato y el triángulo de lo doméstico podría venir a significar algo en este libro de nociones matemáticas, si no fuera porque el hermano se va, porque el gato es mudo y porque ella apenas existe en ese país: más bien está hundida en un búnker, que constituye la posibilidad de otro Universo (U), como si fuera la posibilidad de una isla.

Argentina, por su parte, es el país de origen de la desaparición. De allí se van dos mujeres de esta historia: la madre de Verónica, y Marisa Chubut, ambas exiliadas durante la dictadura militar de Videla y reubicadas en México, pero desaparecidas al fin: la ausencia sería inevitable; “no hay escapatoria”, dice Verónica, y todo lo que no dice de la ausencia en esa frase lo dice desde lo indecible. “Hay cosas, estoy segura, que no se pueden contar con palabras”. Para ello la autora recurre a los gráficos de conjuntos y a otras manifestaciones visuales; pero también para ello se queda en la palabra imposible. Porque lo mejor de la literatura siempre está en la palabra imposible. Ya lo dijo la poeta Alejandra Pizarnik en:

“Esta noche, en este mundo”: “[…] nunca es eso lo que uno quiere decir / la lengua natal castra / […] / entre lo decible / que equivale a mentir / (todo lo que se puede decir es mentira) / el resto es silencio / solo que el silencio no existe / no / las palabras no hacen el amor / hacen la ausencia”.

"Pero es que el no-lugar no es solo ese lugar donde está la madre ausente, sino que es anterior: el no-lugar es ni siquiera la posibilidad de una plaza"

Lo indecible es, en Conjunto vacío, el no-lugar (ausencia de lugar) para la palabra y para el elemento. Por eso el búnker, que no es una casa (el lugar natural); por eso la no-pertenencia (característica del exilio pero también de estos seres fantasmales que nos recuerdan que hasta el cuerpo no se pertenece); por eso también los límites y las orillas, el lugar de la fuga, ahí donde no hay territorio ni Universo (U) sino apenas un borde o una línea que no deja espacio para el elemento (y que a un lado y otro de ellos quedará la ausencia).

“[…] la historia de Mamá (M) tendría más sentido si pudiéramos ir a un lugar como la Plaza de Mayo a exigir que nos la devuelvan, a preguntar ¿dónde estás?”.

Pero es que el no-lugar no es solo ese lugar donde está la madre ausente, sino que es anterior: el no-lugar es ni siquiera la posibilidad de una plaza. La ausencia (o el elemento, si se quiere, si ausencia = elemento) es el valor absoluto.

Verónica Gerber acierta hasta en el manejo de los espacios en blanco de la página. Cuando un libro es bueno, todo tiene sentido.

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Autora: Verónica Gerber Bicecci. Título: Conjunto vacío. Editorial: Pepitas de Calabaza. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro

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