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El final del hombre

El final del hombre

Si la novela negra es la novela de caballerías del siglo XXI, el paradigma de nuestro tiempo, quizás el hecho de que un tema llegue a ella suponga un reconocimiento o un triunfo. El reconocimiento de que ese tema se ha vuelto principal. El triunfo de una preocupación revolucionaria.

No creo que Sofía Luna sea la primera policía transexual de la historia de la literatura, pero es una de las primeras, y eso supone que la cuestión trans —durante muchos años despreciada y durante muchos otros valorada como secundaria— está alcanzado el grado de compromiso necesario para su normalización. La novela que protagoniza se titula El final del hombre y está publicada por Alfaguara. Pero en la propia solapa biográfica ya se anuncia el segundo caso de la serie: Los crímenes de Madrid. Es decir, se trata de una policía —una inspectora— que llega para quedarse.

"El final del hombre tiene dos notas de género. La primera, obvia, la de la inspectora transexual. La segunda, no menos de nuestros días, la de la muerte del hombre."

El autor de la novela es Antonio Mercero, que además de dos novelas había escrito anteriormente numerosos guiones televisivos y cinematográficos. Dentro de las tradiciones —numerosas— de la novela negra, El final del hombre emparenta con la de Agatha Christie, con esa literatura de la búsqueda del culpable en un escenario en el que cualquiera podría serlo. Y hay que anunciar que Mercero maneja los hilos con una soltura que deja probada su larga experiencia en el manejo de tramas y en el cruce de personajes. Quizás uno de los reparos que se le pueda poner a la novela, como a algunas de Agatha Christie, es precisamente esa perfección del diagrama narrativo, la exageración del ensamblaje.

Se comete un crimen el mismo día en el que el inspector Carlos Luna, veterano policía, ha recibido el carnet de identidad que reasigna su sexo con el nombre de Sofía Luna. Iba a acudir al trabajo con su nueva identidad de mujer, pero en ese contexto decide posponerlo un día. En la novela, la investigación del crimen y la salida del armario de Sofia avanzan paralelamente. Y el cruce de “intrigas”, que no se entorpecen una a la otra, le dan a la novela su singularidad mayor.

El final del hombre tiene dos notas de género. La primera, obvia, la de la inspectora transexual. La segunda, no menos de nuestros días, la de “la muerte del hombre”. Sin hacer ningún spoiler a una novela que no los admitiría, podemos anticipar que en todas las batallas de los sexos que se plantean en la trama de Mercero, la masculinidad queda derrotada. El autor juega con los estereotipos sin complejos y con la ironía necesaria para poder hurgar en ellos libremente. El maltrato, el orgullo de linaje o la virilidad antañona son temas presentes en El final del hombre. Los personajes masculinos van de lo patético a lo repugnante, pero no queda asomo de maniqueísmo, entre otras cosas porque los personajes femeninos tampoco están santificados. Es la condición humana la que queda en entredicho.

"Parece lógico pensar que la construcción de un personaje así en 2017 obedece también a un compromiso y a una voluntad."

El camino de transformación de Carlos Luna nos aparece ya en su última fase, pero recoge lo que socialmente es quizás más interesante: la aceptación, la integración, la tolerancia. Mercero es tal vez demasiado bondadoso con la sociedad que retrata, pues aunque la inspectora transexual recibe burlas, rechazo e incomprensión, se respira un cierto aire de normalidad (sobre todo en sus pesquisas callejeras y en los interrogatorios policiales) que no parece todavía muy cierto. Una novela es una novela, y sólo tiene compromiso de verosimilitud consigo misma, de modo que el reflejo del mundo que plantee no ha de ser obligadamente zoliano. Pero parece lógico pensar que la construcción de un personaje así en 2017 obedece también a un compromiso y a una voluntad —como tiene siempre la novela negra— de recorrer las excrecencias sociales. Y es ahí donde la novela podría haber sido más cruda. Los transexuales (sobre todo los transexuales que, como Carlos Luna, tienen ya edad madura) son todavía tomados no ya como figuras extravagantes y pintorescas, sino como mamarrachos; no escapan a la mirada curiosamente ofensiva del transeúne que se cruza con ellos; no encuentran nunca el anonimato, la indiferencia, el descanso del silencio: esa es la condición opresiva en la que deben vivir los transexuales aún.

"La llegada de la transexualidad al género mainstream debe alegrarnos. Las próximas aventuras de Sofía Luna quizá la conviertan en un personaje literario popular."

Mercero no le ahorra a Sofía Luna, sin embargo, ninguna —o casi ninguna— de las penalidades cercanas: la familia, los amigos, el entorno laboral. Y cobra especial relevancia la figura del terapeuta Coll, que aunque tiene una presencia fantasmal, le sirve al autor para articular con humor y con ternura las dudas y las inseguridades que el mundo le presenta a Sofía.

La novela, por lo demás, tiene una de las grandes virtudes del género policial: la narratividad ensimismadora. ¿Quién es el asesino?

La llegada de la transexualidad al género mainstream debe alegrarnos. Las próximas aventuras de Sofía Luna quizá la conviertan en un personaje literario popular. Pero en lo que sin duda la convertirán es en una mujer con todos sus atributos.

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Autor: Antonio Mercero. Título: El final del hombre. Editorial: Alfaguara. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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