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El microcosmos rural

Resulta difícil saber, de entrada, adónde quiere ir a parar Daniel Gascón con Un hipster en la España vacía. Uno se encuentra con el diario de un tipo excéntrico, que destila ocurrencias llamativas y deja constancia del envés de la realidad común. Le da la vuelta a la vida corriente de hoy mismo desde la perspectiva de alguien alejado de ella por un prurito de originalidad, extravagancia o extrañeza. Ese sujeto ha huido de la ciudad al campo y, sugestionado por el marco rural en el que habla, La Cañada, pueblo turolense del Maestrazgo, quiere beber leche fresca de oveja. Su tía le replica que no, que debe tomarse en tetra brik.

La anécdota, y otras de semejante corte, se refieren con un aire de candidez total, la de un tonto listo que deja en suspenso nuestra credibilidad. Ese personaje principal, Enrique, recuerda mucho el tipo de ideaciones humanas de Javier Tomeo, ingeniosas, desconcertantes y extraterritoriales, que tienden a atentar contra la lógica y se gastan aires surrealistas. No sería extraño que ahí estuviera la semilla del tipo creado por Gascón, porque este conoce bien la obra de su paisano, cuyos Cuentos completos ha editado.

No hace falta, sin embargo, avanzar mucho en la novela para distinguir su objetivo. Enrique, prototipo abultado del joven urbanita disidente de los gustos de su clase acomodada, contrario a la moda y a lo establecido; Enrique, digo, arquetipo de la pasión por lo alternativo, asume un entusiasta papel reformista bajo el que Gascón encierra una parábola burlesca del mundo actual. Ahí radica la meta del autor, construir un edificio literario donde albergar tópicos sociales, culturales y mentales de nuestros días. En la nómina incluye, con sarcástico cuestionamiento, la vida virgiliana en la naturaleza y el retorno al medio rural, tan de moda en las fechas presentes tras incentivarlo, al parecer, la interminable pandemia. A ese fin, Gascón adopta una fecunda decisión argumental: hacer que el protagonista plantee a las claras la desiderata que le ha llevado a abandonar la ciudad y a emprender una nueva vida en un pueblo. Enrique lo anuncia solemnemente como “el proyecto”. Lejos de la frivolidad y la velocidad vacua de la vida moderna, el joven se implica “en un proyecto realmente transformador”. Su ambición es total, no menor, aunque de otro signo, que la del regeneracionismo nacional de su compatriota Joaquín Costa, a quien cita de pasada.

"La peripecia de Enrique se va colmando de anécdotas ocurrentes, siempre con un ojo puesto en el reverso de la actualidad "

Por una parte, muestra Gascón con pinceladas humorísticas rasgos lugareños, hijos de un costumbrismo satírico e hiperbólico. Solo citaré el anuncio de los bandos municipales al son de una jota. Por otra, hilvana notas sobre ciertas creencias y actitudes. Un solo ejemplo: ordeñar una oveja no deja de ser una forma de acoso sexual. Todo ello encaja en la trayectoria del personaje dentro de su programa modernizador. Empieza por establecer en esa poco más que aldea “un taller didáctico-vivencial con perspectiva de género sobre nuevas masculinidades”, mientras va perfilando más amplias metas. Y sigue, con la zorruna oposición del alcalde, implicándose en la vida del pueblo, al punto de presentarse a las elecciones municipales y ser elegido regidor del lugar.

La peripecia de Enrique se va colmando de anécdotas ocurrentes, siempre con un ojo puesto en el reverso de la actualidad y con el indisimulado alcance general que el propio hipster subraya: “En unas pocas casas, unas pocas familias, se reproducen los grandes problemas de nuestro tiempo. Un pueblo es un microcosmos. En él encuentras todo lo general”. Anotaré algunas, nada más como prueba de la inventiva desatada del autor: la visita en plan memoria histórica a un museo de los horrores con el propósito de robar un esqueleto, el del Lorca del Maestrazgo y el Miguel Hernández local, que resulta ser una mujer; la usurpación cultural de la cantante americana Clytemnestra Ramírez al vestir el traje tradicional de La Cañada; la celebración de la Cumbre del clima en el pueblo y el secuestro de la activista Greta Thunberg; o la filmación allí de la película definitiva sobre la guerra civil española en cuyo desglose de contenidos se aprecia la zumba del autor (“Está todo. El enfrentamiento fratricida, la lucha dentro de la izquierda, la intervención de las potencias del Eje, quema de conventos, moros violadores, Málaga, Badajoz, el Alcázar de Toledo, la defensa de Madrid, las Brigadas Internacionales, la columna Durruti, el inglés que llega y se enamora de la joven miliciana española…”, y varias líneas más con otros detalles).

"Daniel Gascón derrocha inventiva para crear situaciones y menudea desenfado, ingenio verbal, chirigotas y gusto por la transgresión"

En el torcedor sarcástico de Daniel Gascón se enredan grandes cuestiones del momento, el regreso a la naturaleza, las construcciones culturales, el sistema capitalista, el feminismo, el heteropatriarcado, el emprendimiento, la transición ecológica, el lenguaje inclusivo, la retórica de los políticos… Pocos escritores nuestros de hoy tienen una mirada tan despierta e incisiva sobre los lugares comunes de la posmodernidad social e ideológica, y pocos una actitud tan irreverente para fustigarlos con gracia. El emprendimiento, por ejemplo, da lugar a un tronchante episodio que convierte a una madame, Silvina Domingo, y al prostíbulo que regenta, el Shanghái, en modelo de actividad empresarial. Cuando la ministra visita el pueblo hace, víctima del equívoco al que le llevan las anteojeras ideológicas, las más elogiosas referencias al lupanar y a su dueña, a quien alaba como ejemplo de mujer comprometida con el feminismo. En un apunte que más que redondea la broma política, escuchamos a la ministra celebrar el consenso logrado por un Ayuntamiento gobernado por las fuerzas progresistas y declarar su compromiso con la España vacía. La chanza sobre el lenguaje inclusivo la borda Gascón con una atrevida versión del famoso “Canto a la libertad” de José Antonio Labordeta:

Habrá un día en que todes
al levantar la vista
veremos una tierra
que ponga libertad.

Hermane aquí mi mane…
también será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otre

la lleguemos a ver
pero habrá que consensuarla
para que pueda ser.

Daniel Gascón derrocha inventiva para crear situaciones y menudea desenfado, ingenio verbal, chirigotas y gusto por la transgresión. No es fácil mantener semejante tensión carnavalesca a lo largo de una novela entera, aunque no sea muy larga, pero lo consigue, al precio, eso sí, de incurrir alguna vez en el chiste malo. Un hipster en la España vacía es un libro muy divertido, lo cual no distrae de su capacidad de fustigar aspectos serios y representativos, si bien risibles, de nuestra sociedad. Entre ellos, la propia moda de la literatura idealizante que visita nuestros despoblados pueblos como quien hace un viaje al Edén.

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Autor: Daniel Gascón. TítuloUn hipster en la España vacíaEditorial: Literatura Random House. VentaTodostuslibros y Amazon

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