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El mundo en sus manos

A finales del s.XV los Reyes Católicos tenían un poder casi absoluto. Sus dominios, conseguidos a base de batallas y alianzas, se extendían hasta tierras ignotas. Los ingleses, los portugueses, holandeses e italianos también anhelaban ostentar el papel de ser los amos de un mundo que despertaba, y con tal empeño empezaron las expediciones más arriesgadas de la Historia para encontrar y consolidar rutas de comercio, especialmente con Asia. Fueron precisamente Isabel y Fernando quienes financiaron el coste de la empresa que llevó a Cristóbal Colón al Nuevo Mundo en 1492. Hacia el año 1500 le encargaron a uno de los miembros de estas expediciones la ejecución de una Carta Universal de todas las tierras conocidas hasta esa fecha. En realidad, dicho mapamundi era una representación del increíble poder alcanzado por la Corona de Castilla. Fue la primera carta en la que se representó el Nuevo Mundo, ya definido entonces por Américo Vespucio como un nuevo continente.

El ajedrez es tan riguroso como sus anotaciones cartográficas. Si coloca esa pieza en un lugar que no se corresponde con la historia de esta partida, entonces el futuro de la batalla que se está librando sobre el tablero, cambiará completamente. La única diferencia estribaba en que mientras en el tablero blanco y negro que tenían ante sí se jugaba una partida entre dos amigos con el único objeto de distraer el ánimo, en el multicolor de la Torre del Homenaje se iba a iniciar una lucha de poder como la Historia no había visto jamás.

Concebir ese mapa fue una tarea peligrosa, pues era ambicionado por espías de varios países, fascinante, pues nadie había visto hasta entonces, ni con tanto detalle, los emplazamientos del Viejo Mundo, África, Asia e India. Estaba asimismo representado el mar Mediterráneo, el océano Índico, el Atlántico y, destacado en un vistoso color verde esmeralda, se distinguía el inmenso continente americano, unido de norte a sur.

Los navegantes navegan hasta el fin del mundo, los pintores pintan cuadros y los reyes hacen la guerra, para tener a todo el mundo entretenido.

La persona que realizó esta magna y arriesgada empresa, fue un hombre renacentista. No sólo era cartógrafo, también fue científico, astrónomo, comerciante, y un hombre de estado al servicio ce la Corona de Castilla. Su nombre, Juan de la Cosa.

Se estaba jugando una larga partida entre aventureros, gente de mar, hombres de ciencia y comerciantes que vivían bajo la protección de Castilla. Solo Dios sabía en qué acabaría todo aquello. O quizá, ni él mismo lo supiera y todo fuera obra del Diablo.        

"En la recreación de esta formidable historia, Montserrat Claros hace gala de una maestría como pocos para convertir la travesía de la lectura en una Aventura con mayúsculas"

En la recreación de esta formidable historia, Montserrat Claros hace gala de una maestría como pocos para convertir la travesía de la lectura en una Aventura con mayúsculas. No se trata solo de la Carta creada por Juan de la Cosa. En esta novela desfilan, además, algunas de las personas más poderosas e influyentes que había en aquel momento sobre la faz de la Tierra: la reina Isabel de Castilla y su futura heredera Juana, los Medici de Florencia, el obispo Fonseca —quien proporcionó a Juan de la Cosa todas las cartas navales conocidas—, el Duque de Medinaceli, protector de Juan de la Cosa y uno de los más fascinantes protagonistas de la novela, dadas sus contradicciones entre las obligaciones políticas y la vida que en realidad anhelaba vivir. Además, la audaz escritora hace entrar en el tablero narrativo a los artistas Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, que tendrán su papel en la vida del codiciado mapa. Y, finalmente, un personaje maravilloso que actúa de hilo conductor entre todos ellos, Jácome Gallego, el hijo del sastre de gala de la casa Medinaceli. Repudiado en su propia tierra y acusado de sodomía, seguimos su periplo como aprendiz de costurero en el séquito de la archiduquesa Juana, la princesa rubia, como la llama Claros, y la Historia bautizaría como Juana la Loca. Más tarde seguimos a Jácome hasta Hertogenbosch, en Flandes, tras sufrir un naufragio, donde vivirá en la casa de un excéntrico y misterioso pintor, y posteriormente viajaremos junto a él hasta Florencia, donde completará su aprendizaje en compañía del gran Leonardo da Vinci. Jácome es el alfayate que enhebra con un mismo hilo todas las historias, hilvanando traiciones e intrigas en un solo mapa fascinante.

Me abruma el Mundo y su vano afán de supervivencia para, finalmente, caer en el oscuro abismo de la nada. Levantarse para hacer ¿qué? me pregunto. Toda obra humana es un intento fallido de eternidad.

"La carta de Juan de la Cosa es una obra renacentista. Otro mapa más para no olvidar a quienes a golpe de inteligentes gestas han construido todo esto, que hoy parece derrumbarse bajo nuestros pies"

Montserrat Claros recrea magistralmente escenas entre estos increíbles personajes, convirtiéndolos en seres humanos tangibles y despojándolos de esa aura mítica que todos tenemos en la mente. Gracias a esa magia de detalles, mientras se lee La carta de Juan de la Cosa, uno es capaz de escuchar las geniales discusiones existenciales entre un soberbio Leonardo y un atormentado Miguel Ángel, sentir el aire de Flandes e imaginar los embravecidos mares que dibuja la escritora malagueña con su exquisito vocabulario marítimo. Puedes asomarte y contemplar el mismo piélago que contemplaría Juan de la Cosa desde la Torre del Homenaje del Castillo de San Marcos en el Puerto de Santa María, mientras se preguntaba cuándo podría hacerse de nuevo a la mar para emprender una nueva aventura en aquel paraíso de aguas turquesas y selvas inescrutables.

Quien tiene en su poder las rutas marítimas del Atlántico, tiene el poder del Mundo en sus manos.

Esos vastos territorios vírgenes de la Carta Universal algún día los cartógrafos, y los geógrafos, ya no los pintarán de verde salvaje e ignoto. Los tintarán con el color púrpura. El color de la ambición.

Y me pregunto, ¿cómo consigue transmitir Montserrat Claros todo eso? La respuesta es bien sencilla: porque tras una labor de documentación tan espectacular, hay ante todo pasión. Mucha pasión.

La carta de Juan de la Cosa es una obra renacentista. Otro mapa más para no olvidar a quienes a golpe de inteligentes gestas han construido todo esto, que hoy parece derrumbarse bajo nuestros pies, y un recordatorio de que la humanidad seguirá guiando su rumbo mirando las estrellas. Solo que ahora éstas serán su próximo destino.

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Autor: Montserrat Claros. Título: La carta de Juan de la Cosa. Editorial: . Venta: Amazon y Casa del libro

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