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El principio del fin

Quizás esté usted entre quienes piensan que, en cuestión de ficción y de cerrar el telón del planeta, ya está todo dicho. Meteoritos, tsunamis, zombis, guerras nucleares, invasiones alienígenas… ¡otra vez el fin del mundo! Y es que se dice, se sabe, se comenta: hay hartazgo de macroproducciones hipervitaminadas que nos recuerdan nuestro carácter de hormiguitas a merced del próximo pisotón cósmico. Como si no tuviéramos bastante con lo que pasa ahí fuera, ¿verdad? Sin embargo, uno de los largometrajes más apocalípticamente sofisticados de los últimos años no vive de maremotos ni riadas de gente chillona. Me refiero a Take Shelter (Jeff Nichols, 2011), a su espectacular Michael Shannon (1974) en el papel protagonista y a la idea de que la razón para ocultarse en un búnker ante una tormenta inminente quizás viva más dentro de nuestra cabeza que fuera —cosa que, a la postre, puede resultar más inquietante que el enésimo estallido del puente de Brooklyn.

Max Booth III (1993) captura la misma esencia en Tenemos que hacer algo (La biblioteca de Carfax, 2022), obra desprejuiciada, claustrofóbica y de desarrollo cuasiexpresionista. El escritor estadounidense se sirve del terror y la narrativa de catástrofes como vehículos efectivos para una novela corta que ilustra lo complejo de las relaciones familiares y esboza un retrato rápido —pero certero— de nuestras pulsiones más profundas. ¡Y sin renunciar a la diversión!

"Booth conoce los mecanismos del género; sabe bien qué tecla apretar para hacernos sentir repulsión y cuál provoca taquicardia, maneja con soltura los tres niveles del miedo enunciados en su día por Stephen King"

Madre, padre, hermana mayor y hermano pequeño se refugian de un tornado en el baño de su casa, para descubrir poco después que no hay manera de salir de allí dentro. Esta premisa —aterradora per se, excepto que salvase usted el reciente confinamiento coronavírico en un palacete— tiene aún mayor pegada si refinamos la fórmula. ¿Cómo? Añadiendo violencia de todo tipo de pelaje, adicciones, secretos capaces de desatar el caos, inquietantes amenazas al otro lado de la puerta e incluso brujería. Desconozco si puede calificarse como «terror psicológico», ya que soy de los que creen que toda forma de terror lo es —no en vano el género apela a nuestra psique a partir de un estudio más o menos evidente del trauma, como contábamos por aquí—, pero me queda claro que Booth conoce los mecanismos del género; sabe bien qué tecla apretar para hacernos sentir repulsión y cuál provoca taquicardia, maneja con soltura los tres niveles del miedo enunciados en su día por Stephen King (1947).

En cuestión de estructura, los espacios cerrados suponen un reto para todo novelista; de este desafío el autor también sale airoso. Ya que nos hemos levantado cinematográficos, me acuerdo de Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016) y del síndrome de Estocolmo que John Goodman (1952) nos hace sentir durante buena parte de la cinta. Hay ecos de Tarantino (1963) porque, como sucede en Los odiosos ocho (2015) o en su ópera prima Reservoir Dogs (1992), el bueno de Quentin y Booth comparten el gusto por la urdimbre de ambientes tensísimos poblados por personajes con intereses contrapuestos. E, igual que el director de Tennessee, nuestro escritor no rehúye lo gore. Así que absténgase, estómagos delicados: aquí la carne se sirve cruda.

"Tenemos que hacer algo se erige en estudio descarnado y pesadillesco de la otredad, de nuestros límites y los de quienes se sientan a nuestro lado en el sillón"

Tampoco era sencillo engarzar sin pretensiones determinados problemas sociales —ese virus que todo lo infecta llamado negacionismo, el racismo sistémico, el suicidio o la masculinidad tóxica— con el descubrimiento adolescente del amor y la sexualidad, o con cuestiones más excéntricas como el esoterismo y la histeria preparacionista, y lograr que el conjunto te mantuviese con los ojos pegados a la página. La Biblioteca de Carfax —que, junto a editoriales clásicas como Valdemar y nuevos referentes como InLimbo o Dilatando Mentes, se ha convertido por méritos propios en santuario para quienes disfrutamos de un buen trago de oscuridad— acierta de pleno con la publicación de esta obra breve e intensa, aparecida por vez primera en lengua inglesa en plena pandemia, cuyo texto fue convertido a guion por el propio autor y dio pie al filme homónimo dirigido por Sean King O’Grady en 2021.

Tenemos que hacer algo se erige en estudio descarnado y pesadillesco de la otredad, de nuestros límites y los de quienes se sientan a nuestro lado en el sillón. Porque lo más probable es que nosotros —lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos— seamos el apocalipsis. Que el paciente cero del próximo cataclismo se esconda en nuestra propia casa. Y que, desde el espejo, ese desgraciado ya esté acumulando conservas y papel higiénico.

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Autor: Max Booth III. Traductora: Shaila Correa. Título: Tenemos que hacer algo. Editorial: La biblioteca de Carfax. Venta: Todostuslibros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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