Este Servicio interior es una interpelación directa al lector. Katixa Agirre (Vitoria-Gasteiz, 1981) idea una voz que está llamando la atención constantemente, como la llamaría una voz en off en una película, una voz diseñada para que no se pierda la concentración en la historia. La idea de Agirre es la de crear una etapa de una escaleta de guion cinematográfico, en la que la idea del guion queda apartada para dar pie a una narración que bien podría convertirse en una novela. Se alude constantemente a recursos narrativos del cine, de tal manera que la impresión que se extrae de la lectura es la de que la autora, que está emocionalmente implicada en la narración, nos detalla que un relato cuenta con una intención, sí, pero también con una serie de decisiones narrativas que se irán desplegando a medida que uno va avanzando sobre el terreno.
El asunto que provoca en Agirre tanto interés es el de unas vidas en las que está presente la derrota, porque sobre derrota es sobre lo que cabe escribir cuando afrontamos episodios de la guerra. Nos encontramos en tiempos de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, y nos encontramos con cuatro mujeres cuyo fin parece que va a ser trágico. Hay una trama, que parece pasar a un papel secundario, en la que estas mujeres actúan junto a otros personajes, una trama en la que cierta información comprometedora se debe ir ocultando, en la que quienes están fuera de la cárcel se comprometen a ayudar a causas a las que el primer franquismo persigue. Y decimos que la trama se antoja secundaria porque lo que se impone es la distancia documental con que está narrada la época. Este punto de vista ayudará a dar verismo a una historia en la que la realidad alimenta a la ficción y, posiblemente, la ficción esté alimentando a la realidad: allí donde solo hubo derrota ahora se consigue colocar una bandera de dignidad.
Agirre nos hablará sobre la traición sin entrar de lleno en temas de espionaje, hablará sobre la cárcel y lo patibulario, sobre las condenas a muerte, sobre las checas y la tortura, y hasta sobre la historia del país vasco, sobre un gobierno en el exilio y sobre la maldad de un tipo capaz de cualquier cosa con tal de dar salida a un odio engendrado en quién sabe dónde. En realidad, nos habla de algo tan duro como es la supervivencia y nos lleva a preguntarnos cuál es la materia de la que está hecha la supervivencia humana. La dignidad, que es lo que nos gustaría que fuera el sustrato del tema, es mayormente deseo, porque no cabe en otro lugar. Queda, con toda probabilidad, el asunto de la resignación o, en este caso, de la no resignación. Como Ethan Edwards, el personaje principal de Centauros del desierto, uno puede dar al mundo por perdido, saber que no hay marcha atrás en su causa, pero negarse a hincar las rodillas. Pero, a diferencia de lo que sucede frente al personaje que creó John Ford, aquí nos identificaremos sentimentalmente con los perdedores, incluso llegaremos a preocuparnos por su futuro, que forma parte del pasado, de nuestro pasado, lo cual provoca el efecto de que el relato se convierta en un triunfo.
Agirre ha compuesto una interesante novela que nos habla de ese momento crítico, ese momento que cambió el país y el mundo, del que todavía quedan muchas cosas por conocer, sobre todo las que se construyeron sobre los hombros de la gente involucrada en sacar adelante proyectos que suponían bienestar y vidas humanas. Acudiremos de nuevo a lo clandestino y a la persecución para adentrarnos, con un ánimo entre documental y narrativo, en lo mejor y lo peor de la condición humana.
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Autora: Katixa Agirre. Título: Servicio interior. Editorial: Tusquets. Venta: Todos tus libros.


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