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El sin ventura Juan de Yuste, de Alí Calderón

El sin ventura Juan de Yuste, de Alí Calderón

Alí Calderón es un poeta y crítico literario nacido en Ciudad de México en 1982. Es doctor en Letras Mexicanas por la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde 2013. Recibió el Premio Latinoamericano de Poesía Benemérito de América y el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde. Fue becario de la primera generación de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía. En 2014 recibió en China y en Estados Unidos el Poetry East-West Award por su trabajo como editor de Círculo de Poesía. Es autor de los libros de poemas Imago prima, Ser en el mundo y Las correspondencias, publicado por Visor en España en 2015, traducido al inglés (Valparaíso USA, 2017) y al italiano (Ensemble Edizioni, 2023); de los libros de ensayos La generación de los cincuenta (2005), Del poema al transtexto. Ensayos para leer poesía mexicana (2015), Piedras para una poesía trasatlántica (2017), Poesía panhispánica. Apuntes para una constelación (2021). Actualmente es profesor del Doctorado en Literatura Hispanoamericana de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Presentamos una selección de textos de su último libro publicado, El sin ventura Juan de Yuste (Plural Editores, Colección Agua Ardiente, Bolivia, 2023), una obra en la que el autor cuenta desde una poesía investigativa el episodio que en 1520 tuvo como consecuencia que una columna de conquistadores cayera en manos de la resistencia indígena camino a Tenochtitlan, en palabras de Mijail Lamas: «encontramos no solo invención, apropiación o reescritura sino un vertiginoso entrecruzamiento de voces, puntos de vista y texturas fónicas. Este libro es un arriesgado monstruo verbal, ejemplo de una nueva épica que pretende el desmontaje y remontaje de la historia».

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E se acoraban porque Ofir e sus talentos fueron, e también la fina argentería y abrusado el oro e la craza para amonedarlos, hacienda ya de los perros del Extremo. Que del árbol de la juventud perenne cuelgan los pomelos o mejor decir auríferos pedruscos copelados e crecen, sin desdoro e nidios, herbazales de argento y de ruibarbo y en los mangles, el jengibre, los bejucos, el benjuí. Dicen que brizna el sándalo en las siete cibdades del César. De chusqueros daremos en señores. Vinieron e venimos por el oro. Esmoyenca sin alendro e taga astillas, tamos, tarmas, tueros dese tronco. Tróquese la mazamorra en farfalla y fuego del principio, mogollón de garambullos o blancas de vellones. Sean los lazdrados lembranza y morte de otro tiempo. Por mor de los amortecidos háganse aquí los reales y florines, los pepiones ricos, relumbrosos. Brinquen del chacaj o el almácigo viejas chachalacas e que graznen hasta dar con el Quivira. He de abrangar tal un puño desta arena los cornados, derrancaré y arranco del oro los sartales, los tejuelos. Escárdense terrones de los granos, que la grima de ajobar lo poco no nos troce. Vide a Antón de Alaminos y a Ponce de León regabarse del Boyuca; más habremos aquí e cato solo de redrojo las pernulas. Abrácense las piedras y el azogue. Allende las sierras de cedros oyameles he de apañar lo arrobiñado: hojas de oro y plata y los morlaces y fundidas joyas y bezotes. Han de sacar a Su Majestad el quinto, la enquinola de dineros, lambrenquines de los oros. E cuánta habrá de ser la total mi parte. Corran los ríos e sus ocho camarones de oro. Soy Pánfilo de Narváez. Seré señor de México. He de matar al asno y a quien le aguija. Mías serán muchas islas ricas de oro y perlas y piedras preciosas, de especiería. Que se argenten los campos y se doren. He llegado y sin arredro.

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[Sobre un agarrofado que cogita los truenos y centellas]

Qué puta es la Fortuna,
puto fado,
puto el rey e muy putos
quienes de hinojos besan
sus plantas putas, puto César,
puta Sicilia, más puta Cerdeña.
Borgoña puta, muy puto su Duque
y Nápoles de putos.
Un chorizaco de Moguer me dijo:
En las Yndias las grandes quyebras.
Andara yo con Jofre de Cotañes
arrimándome al oro: marcos de plata, escudos,
reales de a ocho, pesos de oro fino.
Hubiéreme llevado el hambre
a la Marca Eslovena y Pordenone,
más allá de Levante, a piso Fiorentino.
Puto Namur e puta la Zelanda,
Gran Puto el Duque de Brabante,
puto Gante, muy puto el su baptismo.
El Juan González Ponce de León,
gran matador de perros indios,
e Francisco Verdugo e Joan Gamarra
en Trinidad nos dicen que comer con trompetas
o morir ahorcados.
Hernando Alonso, natural de Niebla,
en sabiendo que el primo
Gonzalo se emputece con muger e con fijos indios
gritó entre los remeros
cogidos en Goleta y el Tolón:
morir o ganar la honra.

Miradme agora.
Soy Pero Villalobos.
Mejor hobiere dado yo a través
en la nao de Alonso de Parada
o que mi carne fuese, los mis ojos
comidos por los peces
como aquesos cuarenta
perdidos de Cristóbal de Morante.
Hidalgo pobre mas hidalgo,
en Asunción de Baracoa,
en el repartimiento
de Santa María de Puerto Príncipe
no truje nunca grillos mas miradme
agora malherido de lançadas
y varazos, miradme
acogotado en un madero,
miradme fecho un cristo de las tantas puñadas
e molido e tenido peor que bestia, miradme.
Dios no mira ni el puto Rey
que emputa sus condados palatinos,
Duque de Estiria, el puto, y de Carintia,
Puto señor de Güeldres, iredes a putear a las Malinas,
puto Dios, puto el Rey, puta Castilla,
putos indios y puta esta su tierra,
puto vos, puto todo, putarraz.

***

Hay sacrificios
gran grita golpes sordos
Se han llevado españoles
al toque de atabales
Un siseo de sierpe
oculto entre la yerba
Protégenos Dios mío

***

Día de San Cirilo, mil quinientos e veinte años.

Han asomado sierpes, arracranes, desque llegamos de Tezcuco. Va Pedro de Alvarado cabizbajo por el real como un eclipse. Hólgase pues su testa no fue guisada en ollas de ají con su chilmole. De ruin a ruin, quien acomete presto, vence. Vide más animales alimañas: algunos escorpiones e ciertas aves agoreras. Engrillonado bufa el Cacamatzin. Gimen otros señores y se duelen. Dábamos tragos de agua fétida para cobrar anélito. A diestra que les damos y a siniestra una mano que no se olvida. Mas vuelven a la carga. Tajos, cabezas al cercén. Somos todos de cuerpos muy molidos. No se duerme. San Cirilo de Jerusalén miró cruzar el cielo a unos demonios. Aquí parecen solo los gusanos que comen los adentros de las ratas. ¿No habéis visto el infierno? Catadlo aquí. En los últimos días oigo de contino en conversaciones al paso mentar a San Andrés. Dicen los perros indios que captivaron españoles. No habremos salvación. Con mi daga de vela, otros con la misericorde, llegamos al Cacama. Vide entre sueños cuerpos castellanos, mi cuerpo, uno tras otro, desnudos en la acequia. Fice entrar el puñal entre sus carnes y ansí lo hicimos todos. Lloró el señor del Tlatelulco mas sólo supe del metal encajándose adentro hasta la empuñadura. No cesan de salir gusanos y descubrirse arracraneras. Agora las jornadas son de curar heridas y enterrar los muertos. Lo juro. Amén.

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Autor: Alí Calderón. Título: El sin ventura de Juan Yuste. Editorial: Plural Ediciones. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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