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En busca del patriarcado, 11 – «El túnel, crónica de un femicidio»

En busca del patriarcado, 11 – «El túnel, crónica de un femicidio»

El amor es trágico: suele ocurrir que algo impide que sea del todo pleno, que perdure, que no haya dolor, que no lastimemos aunque sea un poco al ser amado. Y eso mismo lo hace atractivo, misterioso, triste, voluptuoso, insensato… ¿Pero es posible que si hay dolor sea amor? No lo sé, señora, y no empiece usted con preguntas inútiles que a Ernesto lo sacan de quicio. Ernesto Sabato. Hoy vamos a escribir sobre su túnel, libro por el cual se hizo conocido, a su pesar. Porque Ernesto carga con la contradicción de los lúcidos, la fama lo sulfura, los fans le corroboran que el mundo no tiene destino, que apelar a la lucidez es echar harina en saco roto porque la lucidez es intransferible, ya lo sabemos. Pero a la vez necesita de sus lectores, pues lo que se escribe es para ser leído, ¿no?

"Toda la mediocridad, incluidos editores, corrió en masa a las librerías a por su ejemplar fantástico"

“Podría reservarme los motivos que me movieron a escribir estas páginas de confesión, pero como no tengo interés en pasar por excéntrico diré la verdad, que de todos modos es bastante simple: pensé que podrían ser leídas por mucha gente, ya que ahora soy célebre; y aunque no me hago muchas ilusiones acerca de la humanidad en general y de los lectores en particular, me anima la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme. AUNQUE SEA UNA PERSONA”. Palabras de Juan Pablo Castel, el asesino, al comienzo de la novela. Las escribe desde el manicomio en donde fue encerrado después de matar a María. Bien podrían ser las del propio autor. Sabato no mató a nadie, pero perdió muchos años intentando ser comprendido, buscando la manera de encajar en el mundo, hasta que se dio cuenta de que no encajar es una virtud de pocos.

Y mientras no encajaba escribió tres novelasEl túnelSobre héroes y tumbas y Abaddón el Exterminador. Luego infinidad de ensayos, antologías, etc. Solía quemar lo que escribía, como buen inseguro, pero Matilde, la gran mujer detrás de este gran hombre, le salvó algunas de la hoguera. Ganó el premio Cervantes en 1984 y participó en el informe Nunca más, libro que relata los tremebundos hechos ocurridos en Argentina durante la última dictadura militar. “Una pesadilla”. Así define el tiempo que le llevó hacer ese trabajo. El túnel lo elevó al podio de los más leídos, no gracias a los editores, que por alguna razón que escapa a mi entendimiento se dan cuenta —cuando el milagro se da— del talento del escribiente cuando el pobre ya la palmó, salvo contadas excepciones. El túnel, decía, conoció la fama no gracias a estos señores: como suele ser, se lo publicó un amigo. Luego Camus, con quien había hecho migas en su estadía en París cuando aún era hombre de ciencia, lo recomendó a viva voz y ahí sí: toda la mediocridad, incluidos editores, corrió en masa a las librerías a por su ejemplar fantástico. El mismo que a.C. (antes de Camus) era una bazofia sin sentido. Dios mío, ardua tarea la de no deprimirse en este mundo de pelafustanes… “Los editores corrigen al genio”.

"Por momentos se comprenderán, se amarán de manera profunda, desmesurada, casi inhumana, pero serán momentos esporádicos, y eso es peor que no tener amor en absoluto"

Sabato no congenia con los dedicados a entretener, compara a los escritores que publican un libro al año con un plomero. Es un oficio digno, como cualquier otro, aunque el plomero, dice, le parece más útil, porque al menos te repara el caño. “Dante escribió un solo libro, Cervantes igual”. Sabato, por algo innato e inexplicable que traen algunos consigo, cuando se hizo conocido no se descarriló, no se infectó del coronavirus del éxito, no se dejó deglutir por las exigencias de la máquina idiota editorial. Si caes en esa andá a cantarle a Gardel, no te salva nadie de vos mismo, de empezar a escribir marketineramente, como decía él. “Uno no debe querer cobrar por escribir, o ese no debe ser el fin, uno escribe para decir su verdad; el escritor de verdad no se gana la vida escribiendo, se pone una ferretería, por ejemplo, o se dedica al contrabando o, como dice Faulkner, regentea un prostíbulo, ¡cualquier cosa menos ganar dinero con la literatura!”. “Un escritor tiene que escribir lo que siente que, en general, es una mezcla de bien y mal”. Y tiene razón: cuando el escritor se hace conocido se vuelve populista, empieza a vivir de la idealización de sus fieles, deja de decir sus verdades, escribe solo bienes y se olvida de los males, se adapta al entendimiento escueto, baja su nivel convirtiéndose en un rulemán más del aparato entretenedor, a veces de manera inconsciente.

La cuestión es que Juan Pablo se obsesiona con María por este asunto, por la necesidad casi ilusa de ser comprendido. Ella se queda mirando uno de sus cuadros en la exposición. “Con excepción de una sola persona, nadie pareció comprender que esa escena constituía algo esencial. Una mujer desconocida estuvo mucho tiempo delante de mi cuadro… Miró fijamente la escena de la ventana y mientras lo hacía tuve la seguridad de que estaba aislada del mundo entero”. A partir de ahí la cosa irá de mal en peor, por momentos se comprenderán, se amarán de manera profunda, desmesurada, casi inhumana, pero serán momentos esporádicos, y eso es peor que no tener amor en absoluto. Castel irá armándose una historia en la cabeza que nunca sabremos si es lo que en verdad sucede, pero estas enredadas elucubraciones lo llevarán a cometer el contradictorio asesinato, dado que “existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté”.

"Entonces todavía permitían este tipo de relatos a través de los cuales los humanos hacíamos catarsis, exhalábamos la violencia innata que llevamos dentro"

Castel es impulsivo, paranoico, imaginativo, como la mayoría de nosotros, pero él no es capaz de reprimirse en el momento crucial, le gana la sinrazón. Es posesivo, celoso y dominante, pero no es esto lo que lo arrastra a concretar el crimen. Hete acá el quid de la cuestión. A medida que nos adentramos en el vínculo comprendemos la complejidad de estos dos seres, la complejidad humana, comprendemos que es imposible reducirla a lo que el discurso de género pretende: la mató por ser mujer. Imposible. A semejantes actos humanos no se les puede encontrar una unívoca razón. La relación mujer-hombre es muy compleja, o al menos eso cree (sabe) el maestro Sabato, porque “el mundo del sentimiento es irracional”. Castel es un cóctel de miedos, de odios, de necesidad de afecto. Se enamora locamente y luego cree descubrir que María está jugando con él, siente que ella disfruta haciéndolo sufrir, intuye que se burla de él junto a su marido ciego y esto lo desquicia: el engaño, la traición, darse cuenta de que ella es un monstruo que no merece el amor que él le ha brindado ingenuamente.

Juan Pablo mata a María cuando aún no existía la palabra «feminicidio», todavía era un crimen común y silvestre, como el que perpetran hombres contra hombres o mujeres contra mujeres u hombres. Entonces todavía permitían este tipo de relatos a través de los cuales los humanos hacíamos catarsis, exhalábamos la violencia innata que llevamos dentro. ¿Si no lo hacemos así qué nos queda? La mugre está en nosotros y es al ñudo intentar barrerla bajo la alfombra. La mugre está en el inconsciente y “el inconsciente es la verdad. Es tenebroso. Todos tenemos instintos de solidaridad y de muerte. El arte libera, como los sueños. El artista lo que hace es soñar para toda la comunidad, liberar esa violencia, eso contenido”.

"La justicia, soberbia de opereta, podrá probar que se consumó el hecho, cómo se consumó, en qué lugar, a qué hora, pero jamás podrá conocer la Verdad, el móvil insensato y oculto en esa catacumba inextricable, misteriosa, inaccesible que es nuestro inconsciente"

En fin… El túnel es una novela escandalosa, sí, ¡el feminicida pide que lo comprendan! Y yo lo comprendí, que no es lo mismo que justificar, términos que suelen confundirse mucho. Sabato logra con su inconsciente pluma transmitirnos que “el hombre es contradictorio y limitado… En su espíritu luchan constantemente oscuras fuerzas opuestas que marcan su destino”. A través de Castel nos manifiesta que es imposible alcanzar el amor absoluto a nivel humano, y eso es lo desquiciante. Hoy lo acusarían de apología, escracharían en las redes hoguera a un tipo que declara que la patria debería ser la matria. Lograrían que su novela salga de circulación, la novela de un señor que afirma que “la mujer será la que salve al mundo, la mujer creadora de la vida y conservadora de la especie en esta época atroz, masculinista, porque la ciencia se hace con el intelecto, la hacen los hombres, y con ello han destruido al mundo. La mujer tiene valores existenciales mucho más profundos, misteriosos… Está vinculada con la tierra, con la fecundación. El mundo se salvará gracias a la esperanza de la mujer”.

Los motivos por los que alguien mata a alguien más son insondables. Los motivos por los que un soldado mata a otro son insondables. Los motivos por los cuales se presta a la batalla lo son. Los motivos por los que una mujer mata a su hijo o un hijo a sus padres. La justicia, soberbia de opereta, podrá probar que se consumó el hecho, cómo se consumó, en qué lugar, a qué hora, pero jamás podrá conocer la Verdad, el móvil insensato y oculto en esa catacumba inextricable, misteriosa, inaccesible que es nuestro inconsciente. “Jamás podrá nadie conocer qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte. ¿Se muere el amor? ¿O se enamora la muerte? Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte”, dijo la frase afanada de Internet.

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