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En el vientre de la ballena, de Diego Moldes

En el vientre de la ballena, de Diego Moldes

En el vientre de la ballena es un ensayo cultural y literario, de enfoque interdisciplinar y alcance humanista. Su autor lanza una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué es la cultura? Su respuesta, en cambio, es de una enorme complejidad. A partir de un sueño estival con una ballena, en un momento de presencia de muerte durante lo más duro de la pandemia global, Diego Moldes, influido en ese momento por la lectura de un texto de George Steiner, va desgranando los simbolismos mitológicos de este animal. Sus alegorías conforman una metáfora cultural sobre el momento en el que se encuentra nuestra cultura, sus múltiples acepciones, su génesis histórica y su futuro inmediato. 

Zenda adelanta un fragmento del libro, publicado por Galaxia Gutenberg.

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Este libro, pese a todo, no es una obra de tesis (aunque usé y uso la palabra) y por tanto ni es ni querría nunca ser un texto académico. A la vista está. Es un ensayo literario sobre la cultura. No hay por tanto índice, ni epígrafes, ni aparato crítico con notas múltiples intercomunicadas. No hay pretensión científica. Son reflexiones sobre el estado de la cuestión, sobre la cultura, lo que significa hoy, en el siglo XXI, lo que significó en el pasado cercano, en el lejano, y lo que podría suponer en el futuro. Transcribo por tanto lo que escribí en la página del libro de Steiner para explicarme.

Tesis de Diego Moldes Etapas de la cultura (cíclica)

Conceptos

– Supracultura
– Subcultura
– Metacultura
– Multicultura (= globalización)
– Transcultura
– Aculturización
– Sobrecultura

Recordemos que el simbolismo cosmogónico, de la ballena mitológica, estaba asociado a nivel profundo con los conceptos de creación, nacimiento, muerte y renacimiento. Mi forma de interpretar la cultura es como la de un ser vivo, un ciclo biológico, pero un ser vivo conectado con lo mitológico, es decir, no sólo nace, crece, se reproduce y muere, sino que renace en un eterno retorno (no el Ewige Wiederkuntf de La gaya ciencia de Nietzsche sino el de la tradición sánscrita hindú) de cultura o culturas que se suceden unas a otras. Esas culturas pasan por seis etapas de nacimiento, crecimiento, esplendor, decadencia –tomo la idea de Spengler pero despreciando su ideología subyacente y su pesimismo– y muerte, pero con una circularidad cíclica, propia de los mandalas del hinduismo y el budismo, que no dejan de ser más que representaciones del cosmos infinito. Esas seis Etapas de la Cultura, son las ya citadas: Precultura, Cultura, Contracultura, Poscultura, Neocultura, Incultura.

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Se puede criticar a este enfoque muchas cosas, comenzando por el sesgo subjetivo. Sí. Existe un triple sesgo en mi libro:

1. Yo, el autor.
2. Los autores que he leído y consultado.
3. Tú, el lector.

Las humanidades no son ciencias exactas regidas por criterios matemáticos o empíricos.

La cultura, para quien esto suscribe, se integra, como objeto de estudio, en el ámbito de las humanidades y las ciencias sociales. Comenzando por la Historia. Parece lógico apoyarse, en primer lugar, en los historiadores. Y dar un enfoque histórico a un alcance que devendrá en más literario (en la parte tercera). Ninguna disciplina humanística, ninguna búsqueda antropológica, sociológica, filológica-lingüística o psicológica, y por supuesto artística, puede prescindir de la Historia. Da igual que el campo de análisis sea una película, una novela, una pintura o una composición musical, un objeto ritual o de uso doméstico, una tribu melanesia o la corte imperial rusa. Si se prescinde de la Historia, se errará. Claude Lévi- Strauss (1908-2009) lo explicó con claridad en La Pensée sauvage (1962): «Lejos, pues, de que la búsqueda de la inteligibilidad culmine en la Historia como en su punto de llegada, es la Historia la que sirve de punto de partida para toda búsqueda de la inteligibilidad. Como se dice de algunas carreras, la Historia lleva a todo, pero a condición de salir de ella» (1964, 380).

Foto: Benjamín Ballester.

Entre 1963 e inicios de 1979, durante casi dieciséis años, Elizabeth Lewisohn Eisenstein (1923-2016) escribió The Printing Press as an Agent of Change: Communications and Cultural Transformations in Early-Modern Europe, que Cambridge University Press publicó en dos tomos de más de setecientas cincuenta páginas. Cuando impartía en la Universidad Nebrija la asignatura de Historia de los medios de comunicación, les explicaba a mis alumnos que, si querían comprender la génesis de la modernidad y la forma en la que la imprenta alteró las relaciones comunicativas e intelectuales dentro del conocimiento humano en la época de su invención, la segunda mitad del siglo XV, este libro de Eisenstein era la mejor obra de investigación que conocía. Y que conozco. Generalmente en el ámbito docente se suele recomendar una traducción muy abreviada en español, que publicó Akal, pensando en estudiantes. Pero para los estudiosos e investigadores, hay que acudir a la traducción íntegra que publicó el Fondo de Cultura Económica en fecha tan tardía como 2010: La imprenta como agente de cambio. Comunicación y transformaciones culturales en la Europa moderna temprana. La editorial mexicana la incluyó en su serie de «Libros sobre libros». Y es una delicia para cualquier lector interesado en la historia cultural. Su único defecto, que la autora reconoce con su habitual honestidad, es que no abarca los reinos de la península Ibérica en el período estudiado —Portugal, Castilla, Navarra y la Corona de Aragón— ni tampoco el mundo árabe, ni griego bizantino. En el fondo se circunscribe a Francia y los reinos y principados alemanes, neerlandeses y de la isla de Gran Bretaña y la península de Italia. Es gran parte de Europa occidental, cierto, pero deja fuera la génesis de la imprenta en lenguas castellana, portuguesa o catalana, entre otras. Y ahí está el origen de dos imperios que darían lugar a dos culturas lingüísticas que en el siglo XXI son la segunda y sexta del mundo por comunidades de hablantes nativos. No estudia, por ejemplo, las universidades de Coimbra, Salamanca, Valladolid, Barcelona, Valencia o Santiago de Compostela, auténticos centros del saber en los siglos XV y XVI. Dejando al margen este hecho (hay que valorar un libro por lo que es, no por lo que no es o podría haber sido), su lectura estimula la mente como muy pocas. Y como ocurre con los estudios de gran calado cultural, abre numerosas vías de investigación, algunas de las cuales se han transitado en los últimos cuarenta y tantos años. Otras no. En mi caso, la relectura de La imprenta como agente de cambio me llevó a pensar en los períodos de la historia humana en donde la civilización da un salto cualitativo y cuantitativo. No cabe duda de que el siglo XV, su segunda mitad, fue uno de esos períodos. ¿Cuáles fueron los otros? ¿Es el inicio del siglo XXI otro de ellos? Considero que sí. El esquema de la página siguiente creo que lo explica de la manera más resumida posible.

ETAPAS DE LA CULTURA HUMANA

1. CULTURAS PREHISTÓRICAS

1.A. Cultura oral
1.B. Cultura pictográfica
1.C. Cultura ideográfica

2. CULTURAS HISTÓRICAS (ESCRITAS)

2.A. Cultura manuscrita
2.B. Cultura impresa
2.C. Cultura digital

La cultura oral, desde los albores de la humanidad, abarca de manera hegemónica todo el Paleolítico y parte del Neolítico. Por supuesto, sigue existiendo hoy, o coexistiendo, pero ya no de manera hegemónica, al menos desde la invención de la escritura en Sumeria. La cultura pictográfica, o más apropiadamente, las culturas pictográficas, se origina en las pinturas rupestres y los petroglifos (grabados en la piedra) y son la antesala de los logogramas, los símbolos y los jeroglíficos. Abarca desde el Paleolítico Superior hasta el Mesolítico y el Neolítico, las edades del Cobre, del Bronce y del Hierro y el inicio de la Antigüedad clásica. Los cómics actuales serían los herederos más visibles de la cultura pictográfica.

La Cultura Ideográfica es la antesala de la escritura y por tanto la bisagra de la puerta que comunica la prehistoria con la historia. Un ideograma, según el DRAE, es «1. m. Imagen convencional o símbolo que representa un ser o una idea, pero no palabras o frases fijas que los signifiquen. 2. m. Imagen convencional o símbolo que en la escritura de ciertas lenguas significa una palabra, morfema o frase determinados, sin representar cada una de sus sílabas o fonemas». Un ideograma por tanto es un signo, esquemático y en principio no lingüístico, que representa un concepto simple o comúnmente aceptado por una cultura o sistema cultural. Los símbolos matemáticos o químicos, las señales de tráfico o ciertas escrituras como las de China o Japón, o algunas amerindias, son ideogramas. Hay estudiosos que sí consideran la ideografía como escritura y, por tanto, como el origen de la Historia. Para nosotros, siguiendo el canon, el origen es la escritura cuneiforme surgida en Sumeria. Como escribió Samuel Noah Kramer en su popular libro, la Historia empieza en Sumer. Las culturas escritas tendrían tres fases, la manuscrita, la impresa y la digital (término que se ha impuesto en nuestro siglo al de «electrónico» o cultura electrónica, que era el que usaba McLuhan. Es más correcto decir cultura digital que electrónica, porque la era de la cultura impresa fue también una era electrónica durante buena parte del siglo XX). La cultura escrita a mano es la cultura manuscrita. En Europa pervivió como forma hegemónica de comunicación hasta la expansión de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg. Aunque es sabido que en Asia la imprenta ya existía desde cinco siglos antes al menos. En el caso de la imprenta china el consenso actual es situar su origen alrededor del año 1041, con el primer impresor del que se tiene noticia, Bi Sheng (毕升).

[…]

A su vez, esas seis etapas contienen todas ellas diferentes formas, que se superponen como en un mandala circular, presentes en todas esas etapas, esas formas son siete conceptos: Supracultura, Subcultura, Metacultura, Multicultura (= globalización), Transcultura, Aculturización, Sobrecultura. Lo explicaré más adelante.

El ensayo que estoy desarrollando no sólo explicará esas etapas y conceptos referidos a la cultura occidental, sino que explicará por qué la llamada cultura moderna (occidental) está pasando de la etapa quinta, la de la neocultura, a la sexta, la de la incultura, transición necesaria para que de ella emerja una nueva cultura multicultural cuyo sincretismo fusionará, para bien o para mal, las culturas locales y los dos grandes bloques culturales, la Cultura Oriental y la Cultura Occidental. A esa nueva Multicultura la llamamos Globalización. Por supuesto soy consciente de que mi visión o cosmovisión (que no es realmente mía, sino que me ha sido dada a través de las lecturas, el cine y otros medios) no es neutral, no sólo por ser subjetiva sino porque es la de una mente occidental.

[…]

Actualmente parece que estamos pasando de la etapa quinta a la sexta —recordemos Precultura, Cultura, Contracultura, Poscultura, Neocultura, Incultura—, es decir, de la neocultura a la incultura. En esa misma fase de transformación conviven los siete conceptos, Supracultura, Subcultura, Metacultura, Multicultura (= globalización), Transcultura, Aculturización, Sobrecultura. La Cultura Occidental Moderna o, por simplificar, la llamada modernidad (no voy a hablar aquí de posmodernidad, un término surgido en los años setenta que no existe, es un puro invento intelectual, nada es posmoderno, lo moderno siempre es lo último, habría que cambiar el nombre a ese caduco constructo seudofilosófico), se puede datar con fechas y etapas históricas.

A. Cultura Occidental Moderna (Cultura Impresa) o Modernidad

– Precultura, c. 1400-c. 1450
– Cultura, c. 1450-c. 1959
– Contracultura, c. 1960-1970
– Poscultura, 1971-1994
– Neocultura, 1995-2020
– Incultura, 2021-c. 2060 (Fin de la Cultura Impresa)

B. Cultura digital (Cultura multimedia / Cultura global): 2000/2060- ¿…?

[…]

Nota:

Los colaboradores que enviaron sus contribuciones al autor son (citados en orden cronológico por su año de nacimiento, se indica también el país de su actual nacionalidad): Edgar Morin (1921; Francia), Noam Chomsky (1928; Estados Unidos) Alejandro Jodorowsky (1929; Francia), Fernando Arrabal (1932; España), Arnoldo Liberman (1933; Argentina-España), Román Gubern (1934; España), Peter Burke (1937; Reino Unido), Theodor Kallifatides (1938; Grecia-Suecia), Carlo Ginzburg (1939; Italia), Bernardo Kliksberg (1940; Argentina), Reyes Mate (1942; España), Jacques Attali (1943; Francia), Mauricio Wiesenthal (1943; España), Roger Chartier (1945; Francia), José Manuel Sánchez Ron (1949; España), Darío Villanueva (1950; España), Luis Alberto de Cuenca (1950; España), Jimmy Belilty (1951; España-Venezuela), Mircea Cărtărescu (1956; Rumanía), Ruth Fine (1957; Israel), Monika Zgustova (1957; República Checa-España), Juan Herreros (1958; España), Nuccio Ordine (1958; Italia), Francisco Javier Pérez (1959; Venezuela), Hilario J. Rodríguez (1963; España), Eloy Tizón (1964; España), Javier Gomá (1965; España), Agustín Comotto (1968; Argentina), Pilar Adón (1971; España), Antonio Domínguez Leiva (1971; España-Canadá), Eugenia Rico (1972; España), Diana Widmaier Picasso (1974; Francia), Julius Wiedemann (1974; Brasil-Alemania), Ingrid Guardiola (1980; España), Erin Hanson (1981; Estados Unidos), María López Villarquide (1982; España), María Sefidari (1982; España) y Jorge Morla (1988; España).

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Autor: Diego Moldes. TítuloEn el vientre de la ballenaEditorial: Galaxia Gutenberg. VentaTodos tus libros, AmazonFnac y Casa del Libro.

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