Ignoro si Pascal Quignard habrá leído Las coplas por la muerte de su padre, pero lo cierto es que Tesoro oculto —Galaxia Gutenberg— parece sustentar la vieja tesis de Manrique que decía que «Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar». No estoy tan seguro, eso sí, de que Quignard estuviese de acuerdo con el desenlace del ilustre verso elegíaco. Les invito a acompañarme en esta travesía fluvial y literaria en la que intentaremos ver el mar y descubrir si allí nos aguarda la muerte.
El libro de Quignard fluye abarrotado de versos, de alusiones a la naturaleza —gatos de distintas generaciones cuentan la vida de Louise— y de referencias a la cultura clásica. Efectivamente hay algo de epopeya melancólica en sus páginas, que casi sin darnos cuenta nos adentran en brevísimos párrafos que no son otra cosa que remansos de bellísima poesía. La historia nos va empujando hacia el verso de Manrique, hacia la muerte, tema omnipresente de la obra, pero el autor domina su oficio hasta tal punto que será capaz de escribir contracorriente sin que nos ahoguemos en el proceso.
Entre recuerdos de gatos vivos y gatos muertos —sus ojos inmóviles son espejos como lo es la página en blanco para un escritor, ambos reflejan los sentimientos más íntimos de quien los tiene delante—, Louise nadará continuamente en la pérdida. La de Louis, la de su padre, la del padre de su hija, la de la casa familiar y la de la vida prometida entre los muros de una vieja villa italiana. La memoria y el paso del tiempo viajan subidos a un presente de indicativo ingrávido, casi sin tiempo. El libro de Quignard envuelve como una ablución, purificadora y suave, esquiva con los detalles prácticos de la escritura de una novela. La reseña de un melodrama familiar apenas insinuado resulta casi un engorro.
Le leí a Quignard que, igual que les sucede a los gatos, él se desenvuelve mejor en la oscuridad de la noche. Hacia el final, Tesoro oculto adopta un tono difuso, metafísico, fragmentario. El narrador parece ser consciente de que la desembocadura se encuentra cercana y se embarca en digresiones que se vuelven más abigarradas. Con alguna elipsis de urgencia, Quignard acelera hacia el final de Louise, devolviéndola a las orillas del Yonne donde encontró el tesoro oculto que le cambió la vida. Y a pesar de todo, de la soledad y de los fantasmas de los muertos que constituyen su única compañía, no hay pesimismo, no hay derrota. La penumbra felina es solo un prisma desde el que observar mejor el mundo.
Nuestras vidas —y Tesoro oculto también— son los ríos que van a dar en la mar. Al terminar este libro nos bajamos de la barca justo donde el río pierde su nombre. Para nuestra sorpresa, Quignard consigue el más difícil todavía. Su novela concluye como una catarsis inversa, como un nacimiento al revés, tenue pero luminosa, como algo mágico y gris y extraño, difícil de definir, pero que en todo caso no es el morir que nos anunciaba Jorge Manrique.
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Autor: Pascal Quignard. Título: Tesoro oculto. Traducción: Silvio Mattoni. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todos tus libros.


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