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Entre bambalinas con el agente de la joven promesa de la fantasía

Entre bambalinas con el agente de la joven promesa de la fantasía

Nature is what nature is… Science is what we think nature is on a given day.

(Conrad Neumann)

Fantasía, libros, mundos imaginados. ¿Les apetece? Pues a por ello. Yedid Peretz, seguramente les suene este nombre. O no. Debe de sonarles, claro, estamos hablando de un autor que no solo representa el futuro de la literatura de fantasía y ciencia ficción, sino que ya es, a sus 27 años, un mito en este ámbito en cualquier país de Occidente. Parece, según me confesaba su agente norteamericano hace unas semanas, que el mercado asiático, refiriéndome con esto a China y Japón, también le ha abierto las puertas. China, donde sacan primeras tiradas de trescientos mil ejemplares… ¿Se lo imaginan?

Cultivar con un éxito similar al que Peretz ha logrado dos géneros repletos de pesos pesados es algo con lo que muchos sueñan. Lo más probable, bromeé con su agente, es que encontrara alguna lámpara mágica y sus dones le sean debidos a un genio. Porque Yedid Peretz es un joven autor nacido en Haifa. Con doble licenciatura, o como queramos llamarlo hoy día, en historia y filología clásica. Sus grandes referentes son aquellos que muchos no asociarán jamás con la fantasía. Autores anónimos de épocas oscuras, como el medievo bajo, sagas nórdicas, versos bíblicos… En fin, el mensaje se comprende. O eso espero. El autor asegura no haber leído nunca otro autor de fantasía que Tolkien y un tal Asimov en ciencia ficción. Y no se nota su efecto. No hay presencia de ninguno de ellos en los párrafos cuidadosamente cultivados. La perfección de una prosa elegante y sutil se capta hasta en castellano. Él escribe en inglés, y lo habitual sería esperar una obra que de algún modo haya pagado el peaje de la traducción, pero la habilidad con la que Peretz entreteje las historias, el modo en que despliega personajes, tramas y subtramas, supera las barreras del idioma. Si son ustedes de los que han leído columnas de opinión anteriores de mi autoría, sabrán que no es nada fácil obtener elogios de mi parte. Hagan suposiciones de la calidad de este joven.

Pero díganme, aquellos de ustedes que lo hayan leído, ¿se les ocurre otro autor mejor dotado? No digan que han sido capaces de dejar alguna de sus obras sin terminar más allá de una semana. No soy capaz de imaginar semejante despropósito.

"El panorama literario necesitaba la llegada de algo así. Mi cordura de nerd berreaba como un recién nacido por una obra maestra"

En España podemos encontrar Río Tinta de Luna (premio Nébula), la primera novela de su colección más reciente, La Pentalogía de lo Perdido, publicada por Fantascy, quien suma con esta colección su mayor acierto editorial; casi el único. E imagino que su agencia española, Ella Sher, tampoco debe de sentirse descontenta con contar entre sus clientes con alguien de la talla de Yedid Peretz. A pesar de tener colgado de forma permanente el cartel con el que anuncian a los autores noveles que no leen nada, que no acogen nuevos escritores, y que a buscar agentes a otra parte, han sabido encontrar un hueco para el joven israelí. Por lo que he llegado a escuchar, la pugna entre los agentes españoles por proporcionar sus servicios a Peretz fue larga y no exenta de juego sucio. Las agencias están saturadas para nosotros, los mortales. Para él, el cielo es el límite. Y se comprende. Ustedes también lo harán, si aún no han adquirido esta obra de alta fantasía, cuando terminen Río Tinta de Luna. El panorama literario necesitaba la llegada de algo así. Mi cordura de nerd berreaba como un recién nacido por una obra maestra.

En el libro la primera innovación con la que se topa el lector es el sistema mágico. Aquí la magia funciona de un modo que ningún otro autor ha sabido describir nunca. Tenemos la mala costumbre de tolerar el clasicismo en unas sagas, el simplismo de Sanderson, el colorismo —no sé de qué otra manera llamar a los que describen la magia con colores—, y tantos otros despropósitos. Unos lo hacen de modo más complejo que otros. Cientos, miles de imaginaciones, fracasaron en la tarea de innovar en la historia de la magia. Ha sido necesario que llegara un autor joven, extraño y extravagante —esto lo abordaremos más adelante—, para demostrarnos que no era imposible innovar la estructura mágica de la literatura fantástica. Que las arrogantemente llamadas “leyes de la magia de Sanderson” no eran más que paparruchas arropadas por sus hooligans. Brandon Sanderson es solo un autor tocado por la suerte, que usó las puertas giratorias para publicar y los contactos, así como el plagio a un gran pensador del mundo intelectual americano. Yedid… Yedid es un genio.

En cuanto a la estructura de la novela, creo que puedo afirmar que he encontrado por primera vez un autor de fantasía que ha sabido romper con la maldición más larga del género. La estructura cíclica, el camino del héroe, que lo llamaba Joseph Campbell. Ese constante inicio desafiado por una crisis, orquestado en torno a altibajos, efectismos imprescindibles para conservar la atención de lectores de concentración relajada, y una obligación constante de imitar a otros. Yo era de los que pensaba que resultaba imposible no imitar a alguien, incluso de forma inconsciente. Que ya todo estaba hecho. Que la fantasía había alcanzado su límite años atrás, y ahora solo quedaba continuar escribiendo arcos narrativos simplones, disfrazados de complejidad, y arropados por abundantes efectos especiales. Sin olvidar aquellos recursos, extremadamente comunes para cualquier autor, que permiten jugar con las emociones del lector. Disparen la síntesis de endorfinas y catecolaminas. Respeten el manual que Campbell supo desentrañar en todos los escritos de la humanidad, y tendrán el trabajo hecho. Una obra que cosechará fans histéricos, engreídos y absurdos. Pero nada de literatura verdadera. No de esa que permitiera a uno defender el género frente a autores, amigos, de otros géneros, armados de prejuicios.

"Fue después de este primer libro cuando al joven Yedid le llegó el contacto de los sueños de cualquier autor: un agente literario con mayúsculas"

Al menos hasta que la primera obra de Yedid Peretz, Un poco de polvo para los muertos, fue publicada por Tor Books en el 2018, ganando un premio Hugo y dejando boquiabiertos a los trolls que habitamos este submundo de la fantasía. Este primer trabajo entraba en la ciencia-ficción. Y fue capaz de remover conciencias y despertar sensibilidades hasta en los más estoicos. No sé cuántas personas conozco, o cuántos testimonios han llegado a mí, de lectores que han abrazado el veganismo, una vida más desapegada, una capacidad para trascender lo mundano… un estilo de vida más respetuoso con el mundo. Todo esto únicamente por un libro. No se me ocurre mayor locura. Todos sabemos del poder de la literatura para obrar milagros. Pero quiero recalcar que se trata de una obra de ciencia ficción.

Fue después de este primer libro cuando al joven Yedid le llegó el contacto de los sueños de cualquier autor. Un agente literario con mayúsculas. De estos con los que muchos sueñan, capaces de cualquier cosa con tal de que sus autores escriban, produzcan y sean conocidos. Las agencias españolas a su lado son cuadras de postas con asnos enganchados al café y arrogantes en demasía, en lugar de cuartos de milla. El Canguro. Un agente que hubo un tiempo en que lo asociaba a un bulo. Una persona a la que no se encuentra por internet, que no tiene web, ni redes sociales. Que no necesita seguir las normas que al resto nos encarcelan. Si un autor brilla con algún tipo de luz propia, como un diamante cortado por un genio, el Canguro sabrá encontrarlo. Le viene de familia, pues su padre era joyero en The Diamond District y él mismo ocupó una silla en la misma joyería por un tiempo. Sinceramente, no creo que nadie fuera capaz de rechazar su representación. No importa si eres un Obama, una Kardashian, King o Follett. Este hombre le hace la vida más fácil a sus autores. Hasta extremos tales que la vida sin el Canguro no es nuevamente concebible para ellos. No es solo su agente, se convierte en su niñera.

El Canguro es el agente con el que tuve la suerte de hablar sobre Yedid Peretz para estas líneas. Lo conocí hace tres años en un simposio en la Universidad de Nueva York. Parece más un típico ricachón de Los Ángeles que ha caído sin saber cómo en Nueva York. Pronto estará desplumado, medio desnudo y en una comisaría sin haber dicho más de tres frases. La presa perfecta para la Gran Manzana. Parece un tontito, alguien con pocas luces, demasiado lento incluso para la vida en un pueblo. Pero claro, eso es hasta que se conversa con él. Si es que no decide conservar la fachada de ricachón alelado. Por suerte para mí, no fue mi caso. Y después de aquello nos habituamos a conversar de vez en cuando por correo. Recientemente —la pandemia no debe impedirme conservar a los amigos— nos volvimos a encontrar en Nueva York. En su ático, con la chimenea crepitando y sus dos gran danés reclamando atención todo el tiempo —por suerte mi esposa se ocupó de esa parte—, le traduje una de mis columnas de opinión, y sobre todo la bilis que despertó en redes sociales. Las risas del Canguro hicieron que el tiempo que empleé en escribir aquella columna valiera la pena.

"Yedid tiene un nuevo libro y el Canguro quería colocarlo con la editorial que más ofreciera"

Entonces comenzamos a conversar sobre su cliente más reciente. Yedid. Me di cuenta de que perfectamente me serviría como contrapunto a mis constantes ataques a los mediocres autores de fantasía contemporáneos. Y me esforcé por recordar la conversación, interrumpida por cafés, luego algunas cervezas, pizza, y más whiskey del recomendable. Así supe que HBO había adquirido los derecho de Un poco de polvo para los muertos. Y de la próxima aparición de esta obra en el mercado hispano. También me enteré de detalles como la sensación que causó en la Feria del libro de Frankfurt del 2020, a pesar de celebrarse de forma telemática. Yedid tiene un nuevo libro y el Canguro quería colocarlo con la editorial que más ofreciera. De ahí que lo paseara como un granjero orgulloso desfila con el más grande de sus bueyes. Eso por no contar que los dos libros hasta ahora publicados de Yedid están traduciéndose a varios idiomas simultáneamente.

Le prometí al Canguro no dar muchos detalles, aunque tengo su permiso para comentar que en breve saldrá un trabajo de Yedid de literatura juvenil, que dejará a Harry Potter en el fango, donde siempre debió estar. En cambio, desvelar el nombre de mi amigo no solo no me está permitido, sino que sería una traición a su confianza y al aprecio que le tengo. Imperdonable.

Llegados a este punto, les debo pedir disculpas. Sé que he descrito poco de los dos libros de Yedid. No soy amigo de los resúmenes, no me gusta pretender que un libro se puede describir con algo tan escueto. Y este joven israelí se aseguró de que sus trabajos fueran imposibles de resumir. Algo que, me comentó el Canguro, le supuso un problema en sus primeros intentos por encontrar editorial. Les puedo adelantar, no obstante, que el autor refleja en sus obras su preocupación por la muerte del planeta Tierra, por la pérdida de principios y la esclavitud que nuestro maravilloso sistema nervioso sufre a manos de esas tecnologías ideadas para explotarnos como producto y consumidores. También puedo contar con alegría que al fin alguien ha sido capaz de narrar una historia, dos en realidad, rompiendo con todas las cadenas de ambos géneros —fantasía y ciencia ficción—. Ya solo con decirles que ha creado un nuevo sistema mágico, tan fácil e intuitivo de entender que es inimaginable de qué modo lo habrá logrado, el lector de fantasía debería ser incapaz de contener la impaciencia por encontrar Río Tinta de Luna.

Una advertencia es pertinente: aunque el segundo libro se encuentra finalizado, van a esperar para publicarlo a que HBO anuncie el rodaje de Un poco de polvo para los muertos. A los impacientes quizás les convenga esperar antes de empezar. Porque no encontrarán nada como su trabajo. Esto no es El nombre del viento, fácilmente sustituible por una docena de otras sagas. Si usted es de esos que no lleva bien las esperas, retrase un poco el comienzo de la lectura de los libros de Yedid.

"Me gusta considerar a este hombre un amigo, pero no me atrevería a dictar sentencia en ese aspecto"

Por lo que sé, pronto llegarán novedades al mercado español. El autor se dedica a escribir y a hacer activismo medioambiental. Tiene dos secretarios. Uno es el literario, que cuida todos los detalles relacionados con lo que da dinero. El otro secretario, al parecer, está para evitar que la pasión de Yedid por combatir las injusticias con los animales y el medio ambiente acaben con él en la cárcel. El Canguro comentó que también proveía al autor de sus vicios. Me llamó la atención que lo dijera inexpresivo, sin una risa socarrona siquiera. Se sabe que los autores del Canguro se acostumbran rápido a los placeres que el agente de agentes por excelencia les ofrece. Quizás sea un modo de controlarlos, quizás solo sea agradecimiento. Me gusta considerar a este hombre un amigo, pero no me atrevería a dictar sentencia en ese aspecto.

Si hay algo por lo que deberían conocer a Yedid Peretz, aparte de por su don para la creación, es por su pasión por el mundo natural. En su entrevista más reciente en español, publicada en El País, criticaba abiertamente las actividades petrolíferas en el Golfo Pérsico, así como la condición de muerte prematura que exhibe la naturaleza de Israel y Palestina, resultado de los prolongados conflictos armados.

Esta columna iba a incluir una entrevista con Yedid. Sin embargo, el vertido de toneladas de crudo en Israel lo ha mantenido alejado de cuestiones más triviales. Algo en lo que coincidimos. Cuando el medio ambiente muere, la literatura, del género que sea, es poco más que un lujo absurdo. Me pidió que hablara del modo en que los principales medios de comunicación (en España también ha ocurrido) han acallado la catástrofe. En Reino Unido, Alemania, Israel, Japón, Estados Unidos, Canadá… El vertido de crudo que va a representar la muerte definitiva del mar Mediterráneo, el más contaminado del mundo, se ha mantenido en secreto. Netanyahu, un señor que tiende a ser opaco como los calzoncillos de un adolescente, se ha ocupado de esto. Tanto es así que si se busca la ubicación del vertido por Google Maps, verán que los señores estos que se disfrazan de progres han censurado las imágenes por satélite.

Yedid es un gran autor, quizás sea el escritor de fantasía que al fin gane un premio Nobel. Pero también es un hijo de su tiempo, un hombre con sensibilidad, al que entristece que usted, lector, se entere de este desastre medioambiental tan solo porque entró a este artículo a leer sobre una nueva fuente de entretenimiento. Y eso que él no sabe, como yo sí sé, que los artículos que abordan cuestiones medioambientales no movilizan ni una vigésima parte que los que tratan de la barriga de Brandon Sanderson, la mediocridad de la fantasía española, o el preocupante hecho de que Abercrombie se crea una especie de Berserker. Algo de trastorno disociativo. Como el que tiene Yedid y encontramos en sus libros, como el que le vendría bien a más de uno.

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