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Begoña Villacís: «Los niños tienen que aprender a ser buenos opinadores»

Begoña Villacís. Foto de Jeosm

Begoña Villacís (Madrid, 1977) cita a Zenda en el número 71 de la calle Mayor, edificio en el que tienen sus campamentos base los cuatro grupos políticos municipales. Su despacho es el contrapunto artístico y, hasta cierto punto, macarra, de un inmueble sobrio, algo viejuno, con un vestíbulo como de tanatorio y una sala de espera como de centro de salud sin reformar. En el refugio laboral de la candidata de Ciudadanos a la alcaldía de Madrid gobierna Audrey Hepburn, contenida en un afiche enorme, y vigilan, desde la puerta, los Doce hombres sin piedad de Reginald Rose, comandados por Henry Fonda. También hay una estantería bien nutrida de libros, muchos de ellos, sobre la Villa por la que mendigaba Cervantes y a la que Valle-Inclán tildó de absurda, brillante y hambrienta. Hija de profesor y psicóloga, abogada, madre de dos hijas y de una que está a punto de venir al mundo —Inés—, la política centrista nos habla, entre otras cosas, de sus lecturas de infancia, de su filia por los autores del boom latinoamericano y de su política cultural —y educativa—, que deja en manos de un escritor: Martín Casariego.

Con la que está cayendo electoralmente, conversamos sobre literatura:

—Lo primero de todo, señora Villacís, ¿qué tal está llevando el embarazo?

"Hacer coincidir el embarazo con la campaña hace que tengas otra perspectiva"

—La clave es tener buena forma física y yo la tengo. Además, buena forma en todos los sentidos: también mental y todo eso. Estoy muy preparada. Tenía muchas ganas. Además, creo que hacer coincidir el embarazo con la campaña hace que tengas otra perspectiva. 

—¿Se conjuga bien un embarazo con un ecosistema preelectoral/electoral tan zafio, tan agrio, tan amarillo?

—Como digo, te da una perspectiva distinta y te hace verlo todo con mucha tranquilidad. Si tú le preguntas a cualquier mujer que tengas en tu entorno cuál es el mejor momento para quedarte embarazada, te va a decir que ninguno. Nunca es un buen momento. La primera hija la tuve con 27 años y no era un buen momento porque estaba consolidando mi puesto de trabajo; la segunda la tuve con 28 y no era un buen momento porque estaba aspirando a un ascenso que era importante para mi carrera, y ahora tampoco es un buen momento. O sea, nunca es un buen momento. Si tenemos que esperar a que llegue el momento, el momento no va a llegar. Que, por cierto, le ha pasado eso a muchas amigas mías. No es un buen momento para las amigas que tengo yo y que, a día de hoy, están congelando óvulos, que lo están intentando y no pueden… Nunca es un buen momento para nosotras. 

—¿Ha pensado ya en cómo organizarle la biblioteca a Inés?

—Sí. De hecho, va a heredar las de sus hermanas, que ya tienen su propia biblioteca. Es una cosa que nos hace mucha ilusión a los padres. Según van adquiriendo sus tomos, ir organizándolos… Además, cuando pasan los años, como en esta edad evoluciona el nivel de lectura muy rápido, ven lo que leían hace dos años y les parece imposible. 

—¿Cuál es, Begoña, el primer libro que recuerda haber leído?

—Gengis Kan. Era muy pequeña. Empecé a leer muy rápido, muy pronto, antes que mi clase. Y mi primer novela larga fue Gengis Kan, me acuerdo perfectamente. Desde entonces, no paré de leer. 

—Es hija de profesor y de psicóloga. ¿En su casa había muchos libros?

—Bueno, no te lo puedes ni imaginar (Risas). No estaba empapelada mi casa, sino enlibrada. Además, mi padre escribe, tiene publicados veintipico libros. Entonces, he tenido mucha suerte y muchas opciones. De hecho, a día de hoy, sigo teniendo poca necesidad de comprar libros porque voy a casa de mis padres y me vuelvo con dos o tres. 

—¿Algún libro que fomentara su vocación política?

"Una película, Doce hombres sin piedad, me hizo meterme en derecho"

—No. Yo diría que… (Piensa) He leído muchos libros de derecho. No ya sólo por mi carrera, sino porque es una profesión que me ha apasionado. Y creo que el derecho y la política están muy ligados. Básicamente, en un caso es el ejercicio individual de los derechos, y en el otro, el ejercicio colectivo de los derechos. Entonces, en ese sentido, siempre he tenido una sensación de que tiene que producirse la justicia en todos los contextos. Y, probablemente, todos los libros de derecho que he leído me han conducido a la vocación política. Sería complicado que te resaltase uno sobre todos los demás. Luego, también he leído biografías. La última, la de Michelle Obama, me la leí hace nada. La leí por curiosidad hace como dos semanas. Fue más una película, que es esa (señala un póster de Doce hombres sin piedad), la que me hizo meterme en derecho. 

—Estaba pensando en Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

—Bueno, es también de mis películas favoritas. Pero esta está muy bien. Henry Fonda, además, está brillante. 

—Dígame tres obras imprescindibles para usted.

"La familia de Pascual Duarte la volví a leer y me impresionó muchísimo"

—García Márquez me ha gustado muchísimo. Eso lo he heredado de mi padre. Lo tenemos todo en casa. Todo el mundo te dirá Cien años de soledad; a mí me parece muy curioso El otoño del patriarca. Pedro Páramo, de Juan Rulfo, también me gustó muchísimo. Luego, mucha literatura española, pero Camilo José Cela… Mira, La familia de Pascual Duarte la leí hace mucho, la volví a leer y me impresionó muchísimo. Quizá no es el libro mejor y, luego, si lo pienso más, seguro que he leído algunos que me han impresionado más todavía, pero como lo releí no hace mucho —me gusta mucho releer libros—, me dio la sensación de que lo vivía de forma distinta siendo madre que no siendo madre. Lo leí por primera vez muy joven, con 17 años o algo así, y me provocó una sensación distinta. Por eso es bueno leer libros. Borges también me gustaba mucho… 

—¿Algún autor u obra que no soporte?

—Eso me cuesta mucho decirlo. Mi hija me va a matar, pero los de Crepúsculo, que los está leyendo ahora, me cuesta mucho comprárselos (Risas). Dentro de lo que es la conformación de su biblioteca, yo les dejo su libertad. Antes, yo influía mucho más, y entonces leían los libros que leía de muy pequeña. Por ejemplo, cuando empezaron con las novelas, les obligué a leerse Momo, cómo no, que era uno de mis libros favoritos por aquel entonces, y ellas ya van eligiendo lo que es su menú. Ahora, se han comprado la saga Crepúsculo, son tres o cuatro libros, no sé. Y luego, no voy a dar nombres, pero mi otra hija me ha pedido un libro de un influencer, y eso tampoco me mola demasiado (Risas). Pero todo lo que sea leer me parece bueno. Entonces, tienen que leerlo todo y tendrán que evolucionar en gustos. 

—¿Alguno que le haya quitado el sueño?

—Pues mira, Ensayo sobre la ceguera, de Saramago me impactó mucho, por ejemplo. Además, me lo estaba leyendo justo en campaña, en la última campaña. Es un autor que me gusta mucho, pero no es mi autor favorito. Ese libro sí me impactó mucho. Lo de la ceguera blanca te inquieta bastante. Cuando, de repente, hay un hombre que abre los ojos y todo lo que ve es blanco… Luego, las estructuras que desarrolla cuando están internados… Me impactó mucho. Y luego hay libros que vinculas a hechos. La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, por ejemplo, es un libro que me leí de corrido. Tengo una forma de afrontar la lectura un poco adictiva. Me cuesta mucho dejar un libro que me estoy leyendo y que me está gustando mucho. Me terminé de leer ese libro una noche y, a la mañana siguiente, alguien a quien quería mucho, mi padrino, acababa de fallecer. Entonces, es un libro que mantengo en mi memoria: cada vez que lo veo, me provoca una sensación. Pero no fue tanto por el miedo como por todo lo que se produjo aquella noche. Fue una noche rara.

—¿Se ha enamorado alguna vez de algún personaje literario?

"Tengo tendencia, en cada libro, a encontrarme a un personaje del que enamorarme y con el que identificarme al 100%"

—Sí, de muchos (Risas). De muchísimos. No puedes evitarlo. Cada vez que leo un libro… Además, tengo una personalidad muy empática y soy capaz de empatizar con todos los personajes. Te puedes enamorar tanto de personajes masculinos como femeninos. Tengo tendencia a, en cada libro, encontrarme a un personaje del que enamorarme y con el que identificarme al 100%.

—¿Y ha querido matar a alguno?

—También (Risas). Tiendo a pensar en los últimos libros que me he leído, ¿no? Entonces, si te hablo del último libro que he leído sobre Madrid, me entran ganas de matar a Fernando VII; si te hablo de la biografía de Michelle Obama, me entran ganas de matar a Trump (Risas), o sea, no en sentido literal, pero siempre hay un malo malísimo. Me gustan los libros en los que los malos no son tan malos. Tiendo a encontrar ciertos puntos de atracción hacia los malos en los libros. Sí. Y me gustan los personajes que no son tan buenos-buenos. El mundo no es así, no es tan binario. Falcó, de Reverte, por ejemplo. 

—¿Qué está leyendo ahora?

—El lenguaje de las ciudades, de Sudjic. Lo tengo ahí. Está muy bien ese libro. 

—¿Un político que lee es mejor que uno que no lo hace?

—Creo que sí. Leer te abre la mente y, sobre todo, te permite acceder al conocimiento y te da una perspectiva más abierta de la vida. No sé cómo sería la vida sin leer. No leer es buscar limitarte, te impide llegar más allá. Sin embargo, leer te permite abrir la mente, romper fronteras. 

—En su programa electoral para las elecciones municipales de 2015 (en el día en que se hizo la entrevista el de este año aún no era público), el sustantivo “cultura” y el adjetivo “cultural” aparecen 38 veces. Hablemos de su política cultural.

"Una cosa es conocer Madrid; otra, conocer Madrid culturalmente, y otra estar cuatro años trabajando en todas las opciones culturales que tiene el Ayuntamiento de Madrid"

—Va a llevar cultura Martín Casariego. No tiene nada que ver el programa de hace cuatro años con respecto a este. Una cosa es conocer Madrid; otra, conocer Madrid culturalmente, y otra estar cuatro años trabajando en todas las opciones culturales que tiene el Ayuntamiento de Madrid, conocer realmente cuáles son los contenedores culturales que tiene Madrid, la oferta que dan, cómo han involucionado con este equipo de gobierno, cómo ha caído en picado la facturación, la oferta, y haber hablado con muchísima gente del sector… Tú puedes tener una aproximación como ciudadana, mucho más ajena, y otra cosa es conocerlos y ver el potencial que tiene Madrid a nivel cultural y darte cuenta de que, en este mundo de ciudades, sólo vamos a poder competir con el valor añadido que tenemos, que son nuestros activos culturales. Madrid es una capital cultural muy importante. Tenemos desde la calle más grande dedicada a los teatros musicales de todo Iberoamérica, algo que la gente desconoce, a proyectos muy interesantes, públicos, como Matadero, francamente mejorable, con todas las cosas que han hecho, o privados como, por ejemplo, el Teatro Kamikaze, que ahora está buscando sede. Luego, es muy importante, uno, como referente nacional e internacional, y dos, canalizar la cultura hacia los barrios. Un problema que tienen las ciudades tan grandes es que tiendes a dejar la cultura en el centro. A nivel de bibliotecas, por ejemplo, habían presupuestado siete y no han hecho ninguna. No se ha dado prioridad a la cultura este año. Los niveles de gasto cultural por distrito son comparables a los de Álvarez del Manzano. Es bajísimo. Y, sin embargo, hemos visto cómo ha subido espectacularmente el gasto en festejos populares. Que no me parece mal, pero hombre, uno espera otra cosa de Madrid. 

—Adelánteme algo de su nuevo programa cultural.

"Queremos hacer el museo contemporáneo más grande que hay al aire libre en Europa, y para eso queremos utilizar la zona de AZCA"

—Tiene que ver con la programación, evidentemente. Tiene que ver con profesionalizar la cultura. Es decir: nosotros queremos para los puestos clave no a amiguetes, no a gente puesta a dedo, sino a gente que sea profesional. Para eso, los concursos tienen que ser públicos, tienen que ser transparentes. Esas serán las dinámicas que vamos a utilizar nosotros. Y luego es importante que los madrileños sepan las opciones que tienen. Hay muy poca comunicación respecto a todo lo que tenemos, y hay que poner en valor las cosas. Hay veces que intervenciones urbanísticas, por ejemplo, nos pueden ayudar mucho a explicar a la gente lo que tenemos. Por ejemplo: el eje Prado-Recoletos, que va a ser reconocido por la UNESCO antes o después, nosotros queremos llevarlo a la Glorieta de Carlos V y llegar a Atocha. La gente no conoce la Fábrica de Tapices, el Panteón de Hombres Ilustres… Queremos hacer un eje paseable y de la cultura. Queremos hacer el museo contemporáneo más grande que hay al aire libre en Europa, y para eso queremos utilizar la zona de AZCA. Fíjate cómo cambia la plaza de Colón ahora mismo con la escultura. Pues eso es lo que queremos hacer en zonas que a día de hoy están muy degradadas porque están sin utilizar, sin ocupar. Todo lo que infrautorices a nivel público se acaba dedicando a otras actividades. Duerme la gente en soportales y hay problemas de seguridad, de hecho. Ahí queremos hacer un museo. Y luego hay cosas que tienen que ver con la educación, pero que nosotros vinculamos con la cultura. Vamos a sacar deporte del área de cultura. Básicamente, porque no hay gente superespecializada en cultura y superespecializada en deporte. Creo mucho en la especialidad, y si tú te dedicas a cultura, tú te tienes que dedicar a cultura. Esto es bastante innovador: la gente siempre los coloca juntos.

Begoña Villacís. Foto de Jeosm

—A nivel nacional, su partido se ha comprometido a redactar «un plan de apoyo a la difusión de la Historia española» para combatir la «leyenda negra». ¿Qué opina sobre esto?

—Me parece bien, sinceramente. Tenemos una visión, en ocasiones, demasiado autocrítica. No estamos consiguiendo que nuestros jóvenes estén adquiriendo una base cultural suficiente. Por lo menos, yo lo veo con mis hijas: el nivel de Historia que aprenden en el cole es muy básico y es claramente insuficiente. Toda persona que tiene una formación insuficiente, con la educación básica que demos, es víctima de todo tipo de conspiraciones. Es una víctima fácil. Por supuesto, como país, hemos hecho cosas malas, las haremos, las estamos haciendo, de hecho (Risas), pero creo que también es importante tener una formación global que te impida ser una víctima fácil. De hecho, te puedo poner un ejemplo: en uno de los últimos plenos, a un pobre hombre, que era vocal y que proponía hacer actividades culturales por el Día de la Hispanidad, la concejal de Podemos le llamó «ignorante genocida».

—Me acuerdo de la que se lió, por ejemplo, con la plaza de Juan Pujol.

"Escuchando al PSOE y a Podemos, se entiende que los grandes problemas de Madrid son quitar una medalla a Carmen Polo, sacar una Virgen del parque de Valdebebas…"

—Si yo te contara… Hemos tenido un problema… ¡Bueno, y además seguimos! Porque cada tres plenos de media hablamos de Franco. Escuchando al PSOE y a Podemos, se entiende que los grandes problemas de Madrid son quitar una medalla a Carmen Polo, sacar una Virgen del parque de Valdebebas…

—¿Por qué la izquierda se avergüenza de nuestra historia y la derecha no hace otra cosa que blanquear la leyenda negra y pontificar sobre Hernán Cortés?

—De verdad, no sé… Es que no se puede juzgar la Historia con los ojos actuales. No podemos establecer nuestro baremo, nuestro tipo de civilización, nuestras reglas, nuestra forma de vivir, nuestra sociedad… No son exportables a hace ocho, siete o seis siglos. No se puede comparar, es absurdo. Evidentemente, hemos tenido muchos episodios violentos en nuestra Historia. Todas las naciones se han construido sobre episodios violentos. Sigue habiendo episodios violentos a día de hoy. En África sigue habiendo guerras. ¿Qué quieres que te diga? Queremos occidentalizarlo todo y eso es absolutamente imposible. Estas políticas revisionistas, al servicio de una u otra ideología, me parecen absurdas. Sí que creo que los niños deben tener formación, una educación. Los niños tienen que tener el criterio suficiente para poder diagnosticar ellos mismos. Estamos buscando politizar hasta los niños. Estamos politizándolo todo. Hay un intrusismo, por parte de la política, en todas las esferas de la vida que yo encuentro inaceptable y poco higiénico además. Entonces, creo que los niños tienen que aprender a ser buenos opinadores y, para eso, tienes que darles una formación muy global.

—¿Buenos opinadores o ciudadanos críticos?

—Sí, ciudadanos críticos. Pero bueno, yo la crítica y la opinión las ligo. Sí, tienen que ser ciudadanos críticos. No necesariamente escépticos, sino críticos. Me parece que eso es lo mejor que puedes hacer. Por eso, yo a mis hijas les compro buena literatura y admito que lean…

—A instagrammers.

"Uno de los programas más potentes que tenemos es para garantizar, en determinados barrios, que los niños, a los seis años, saben leer correctamente"

—(Risas) Efectivamente. Ah, y otra cosa que te quería decir. Con respecto a la cultura. Hay cosas que son de cultura pero que no tenemos en el área de cultura. Uno de los programas más potentes que tenemos es para garantizar, en determinados barrios, que los niños, a los seis años, saben leer correctamente. Y, para eso, tenemos un programa específico que es muy importante. No sabes a qué nivel les influye, para toda la vida, el hecho de saber o no leer correctamente a los seis años. Es una de las primeras barreras que tienen los niños. Para eso, queremos empezar desde las escuelas infantiles con estimulación temprana y que puedan leer incluso los niños que lo tienen más complicado porque viven en barrios en los que lo tienen más difícil. Nos parece algo obvio, pero no es el caso. 

—Hace unas semanas, Matadero de Madrid acogió una obra tildada de “semiporno” —reconozco que el adjetivo me descoloca— llamada Dios tiene vagina. El Ayuntamiento de Madrid la financió con 25.000 euros, según informó La Razón. Asociaciones cristianas anunciaron que denunciarían al consistorio por un presunto delito contra los sentimientos religiosos. A usted, todo esto, ¿qué le parece?

"La cultura es muy amplia y no soy partidaria de censurarla"

—Yo lo que dije es que la mejor manera de boicotearlo, en vez de recurrirlo y no sé qué no sé cuántos, es no ir a verlo. Y ya está. A ver, esto se hace de una forma intencionada por parte del Ayuntamiento, a nadie se le escapa. Sólo se dirigen a una religión, que es a la que acosan constantemente. Pero la cultura es muy amplia y no soy partidaria de censurar la cultura. Otra cosa es que a mí no me guste e invite a todo el mundo que piense como yo a que no vaya a verla. Pero no soy partidaria de censurar la cultura, aunque a mí no me guste y me parezca que esté muy forzado el adjetivo «cultural» para ese tipo de obra. Pero es mi percepción y no puedo imponerla al resto del mundo. 

—Para finalizar: entre la tutela y la subvención, por un lado, y la supresión del Ministerio de Cultura que propone Vox, por otro, ¿usted, dónde se ubica?

—En el medio. De hecho, no sólo no suprimimos el Ministerio de Cultura, sino que, fíjate, en el Ayuntamiento de Madrid, donde se ha tratado la cultura como algo menor y se ha metido en el cajón de sastre, nosotros separamos cultura y deporte y le damos a la cultura entidad propia. Sí que turismo queremos vincularlo a la cultura. Queremos que el tipo de turista que venga aquí lo haga por un foco de atracción determinado, el cultural. Las subvenciones: si se producen, deben estar justificadas, deben ser objetivas y transparentes. No puede ocurrir que se haya batido el record de subvenciones a dedo, sin concursos ni publicidad. No puede ocurrir que hayamos batido el récord de contratos a dedo. No creo que deba desaparecer el Ministerio de Cultura, pero debe haber mucha más luz y taquígrafos en el mundo de las subvenciones. Sin duda.

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