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Un excelente plato de pasta

Un excelente plato de pasta

La aparición del SIDA como “peste” en Estados Unidos allá por los primeros años de la década de los ochenta sigue siendo uno de los grandes temas de interés del pasado reciente. El recuerdo de la aparición del actor Rock Hudson con el rostro demacrado —su belleza consumida por la enfermedad— es aún hoy una de las imágenes icónicas de la época. El cine aportó historias de impacto, como la de Philadelphia, con un Tom Hanks pletórico y el español Antonio Banderas en el papel de novio afligido; o, años después, otra gran película como The normal heart o la más reciente 120 battements par minute sobre el activismo LGTB de esos primeros años contra la indiferencia e inacción de las sociedades americana y francesa, tema del que también trata esta novela gráfica de Joyce Brabner y Mark Zingarelli.

"En Trapicheos en la Segunda Avenida, autora e ilustrador se han concentrado en la aparición de la enfermedad en Nueva York"

En Trapicheos en la Segunda Avenida, autora e ilustrador se han concentrado en la aparición de la enfermedad en Nueva York y especialmente en lo que supuso para un variopinto grupo de personajes que decidieron no mirar para otro lado y hacer todo lo posible en sus manos para luchar contra la plaga. Brabner, reputada guionista de cómics, recurre al relato de un viejo amigo cuyo estremecedor testimonio es suficiente para ilustrar un hecho de la historia de la que aún no se ha hablado lo suficiente. El excelente texto, aunque dramático, no carece de humor; y, a pesar de la crudeza con la que se cuenta todo y de la tristeza que recorre el relato, la jovialidad de los personajes transciende las palabras: un enfermero y su pareja, vendedores de marihuana, artistas, drag queens, lesbianas… No en vano, en muchos casos ese humor fue tan benéfico para las víctimas como para los supervivientes a la hora de enfrentar la devastación de su alrededor. El poso de tristeza que deja tanta muerte, en todo caso, es inevitable.

Mark Zingarelli ilustra con maestría a esos carismáticos personajes, les reviste de autenticidad y los muestra con sencillez en reuniones donde se fuma mucha hierba, se come, se bebe, se organizan para la distribución de medicamentos o planean el viaje en una caravana para cruzar la frontera con México en busca de medicinas para los enfermos.

"Ron Woodroof y Mark Zingarelli —y sin duda muchos otros— vivieron en aquella época convulsa situaciones semejantes, en las que lo aventurero, lo siniestro y lo trágico se confundían en un mismo acto"

En 2013 Matthew McConaughey consiguió el Oscar por una magnífica película de Jean-Marc Vallée, Dallas Buyers Club, basada en un hecho biográfico muy semejante al que está en el arranque de Trapicheos en la Segunda Avenida: el tráfico clandestino desde México de unos medicamentos que estaban prohibidos en Estados Unidos y que paliaban el desarrollo de la enfermedad. Ron Woodroof y Mark Zingarelli —y sin duda muchos otros— vivieron en aquella época convulsa situaciones semejantes, en las que lo aventurero, lo siniestro y lo trágico se confundían en un mismo acto. Zingarelli lo desnuda todo con su dibujo, evita la exuberancia (salvo en la portada) nos enseña sin artificio el desconcierto de aquellas vidas.

En un momento del libro, en una de esas reuniones en casa de la pareja que trafica con la sustancia y con marihuana, un personaje pregunta a la autora —que también forma parte de la historia dentro de los recuerdos de su amigo— qué diferencia hay entre un cómic y una novela gráfica. Ella responde sin titubeos: “Uno son espagueti… La otra, pasta”. Cuando el lector acabe de leer este libro se sentirá como si acabase de terminar un excelente plato de pasta y supiera además que la buena comida, aunque nos deleite el paladar, nos deja luego un sabor doloroso.

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Autores:  Joyce Brabner y Mark Zingarelli. Título: Trapicheos en la Segunda Avenida. Editorial: Dos Bigotes. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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