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Félix Romeo, el insumiso eterno

Félix Romeo, el insumiso eterno

Hace unos meses escuché tu nombre en Radio 3. Durante unos breves instantes pensé que estabas vivo, que hablarían de tu nuevo libro, de la próxima novela que ibas a publicar. Pero todo era mentira. Porque hoy, 7 de octubre, se cumplen 10 años desde que nos dejaste huérfanos de tus historias. Hace una década de esa frase en el ABC: «Fallece el escritor Félix Romeo«. Nada de literatura, ninguna floritura, periodismo a palo seco, titular de mojama.

La primera vez que supe de ti no fue por tus libros. En la prensa, quizás fue otra vez en el ABC, contaban la historia de un joven de Zaragoza que se había negado a hacer «la mili» —como llamábamos entonces al servicio militar obligatorio— y el servicio social sustitutorio —la alternativa para los objetores de conciencia—; un insumiso, como os llamaban en el telediario. Era 1995 y cuando entraste en la cárcel no había intelectuales manifestándose a las puertas ni calles incendiadas. Yo no tuve el arrojo para hacer lo que tú hiciste, aunque creía en ello, y te admiré por esa valentía y por ser consecuente con lo que pensabas. Al final del artículo mencionaban que habías publicado una novela. Recuerdo que ese día tenía que coger un avión a Londres. Iba a pasar en Reino Unido varios meses. En mi maleta no estaban ni Cervantes ni Dostoyevski, ni siquiera había alguna novela de mis preferidos de entonces, Cela y Greene, tenía solo dos obras, A dos ruedas, de José Machado e Historias del Kronen, de José Ángel Mañas. Ambas las releí una y otra vez durante esos días fríos en el condado de Kent, esperando saber quién era y si podía pertenecer a la Generación X siendo de Burgos; hasta que los dejé por la colección de las obras completas, en inglés por supuesto, de Frederick Forsyth. Intenté comprar Dibujos animados en varias librerías de Madrid esa tarde, antes de viajar a Inglaterra, pero no tuve suerte. En aquellos tiempos, a mitad de la década de los 90, no había ebooks, e internet era algo al alcance de muy pocos. Tuve que esperar a volver a España para poder leerte, para disfrutar con esta divertida adaptación de los «Me acuerdo» de Georges Perec y Joe Brainard.

"Pero lo que más dolía de Amarillo no era la historia del suicidio, sino esa crónica cargada de culpa por los amigos perdidos"

No sé dónde quedó ese ejemplar de Dibujos animados. No tengo biblioteca y regalo todos los libros una vez que los he leído. Sí que recuerdo que el tuyo estaba muy desgastado. Volvía a él de vez en cuando solo para disfrutar de unas pocas páginas, las que más me gustaban las marcaba con una X en rojo. Pasaron 7 años hasta que supe otra vez de ti. Ya no eras el insumiso, ni salías en el periódico por un prometedor debut literario; ahora la cosa se ponía seria: tenías una segunda novela, DiscothèqueEn esa obra cabía todo: humor, tragedia, comedia negra, Shakespeare y un teólogo iluminado —Miguel de Molinos—. Con Dibujos animados recordé mi infancia, con Discothèque descubrí que había autores que escribían los libros que a mí me gustaría escribir, como Un enano español se suicida en Las Vegas. A ti no te dio tiempo a preparar tu Watusi; Casavella lo logró por los pelos. Y entonces llegó el 2008 y publicaste Amarillo, un puñetazo en la tripa sin avisar, que me dejó sin aire, doblado en el suelo intentaba pasar las hojas, pero el oxígeno no llegaba. «¿Cómo no me di cuenta de que te ibas a suicidar?», te preguntabas en el libro al recordar a tu compañero Chusé Izuel. Pero lo que más dolía de Amarillo no era la historia del suicidio, sino esa crónica cargada de culpa por los amigos perdidos. Lo siguiente que supe de ti fue ese titular del ABC: «Fallece el escritor Félix Romeo«. 

"Ahora parece que tengo el valor para acabar con esto, 10 años después: es el momento de terminar de leer tus libros"

Después de ese 7 de octubre de 2001 se publicaron más obras tuyas, pero no leí ninguna. Quizás porque eso hacía que la despedida fuese definitiva. No me atreví a comprar Noche de los enamorados, la novela que habías entregado unos meses antes de tu muerte. Un true crime, que diríamos ahora. En ella cuentas la historia de tu compañero de celda, un asesino. Me enteré hace unos meses que Plot ha juntado tus cuatro novelas en un solo volumen. Ahora parece que tengo el valor para acabar con esto, 10 años después: es el momento de terminar de leer tus libros.

Hoy publicarán quién se lleva el Nobel, quizás una poeta de Camboya o un ensayista de Bielorrusia, puede que por fin Murakami, quién sabe, no me importa, me da igual; porque yo te lo daría a ti, cada 7 de octubre te daría uno nuevo, por cada obra que no pudiste escribir, por cada libro tuyo que no podré leer.

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