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Finalistas del concurso de relatos #InteligenciaArtificial

Finalistas del concurso de relatos #InteligenciaArtificial

Tan solo diez relatos, de entre los 601 presentados al concurso, han conseguido llegar hasta aquí. Estos son los finalistas que compiten por los premios del concurso de relatos #InteligenciaArtificial, patrocinado por Iberdrola y dotado con 2.000 euros en premios. El fallo del jurado, que está formado por Juan Eslava Galán, Juan Gómez-Jurado, Espido Freire, Paula Izquierdo y Miguel Munárriz, será anunciado el viernes 28 de junio. El primer premio está dotado con 1.000 € en metálico. El premio para los dos ganadores del segundo es de 500 € en efectivo.

A continuación ofrecemos los 10 relatos que optan a los premios. En este enlace puedes consultar las bases del premio. Gracias a todos por participar.

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1

Título: La Mejor Decisión

Autor: Pablo Reina Martínez

El sol se levanta sobre el horizonte, proyectando un resplandor dorado a través de la tranquila playa caribeña. Las olas acarician la orilla y las palmeras se mecen en la brisa cálida, susurrando suavemente. A pesar de que casi podía sentir la brisa perfumada con sal y flores tropicales. Ella se reclinó en su sillón y escuchó el zumbido de la realidad virtual desvanecerse al quitarse las gafas de RV. Suspiró y recordó haber seleccionado «Tarde Caribeña» de la biblioteca de entornos inmersivos. Esta experiencia de 20 minutos era su elección para recuperarse del estrés. Trabajaba para Holosphere Connect, una compañía de preservación cultural. En el 2075 ya es normal que las empresas ofrezcan paquetes terapéuticos como este para regenerar a sus empleados. Ella a veces elegía la realidad virtual; otras, acudía a la Gran Biblioteca, uno de los pocos lugares donde el intelecto humano aún dominaba sobre la IA. Decidió encaminarse allí para completar el día.

Caminó por un bosque de eucaliptos en la ciudad, donde muchas áreas urbanas con recursos han creado bosques en el nivel más bajo para mejorar la experiencia de los peatones. Luego tomó un ascensor panorámico hasta el piso 50, con vistas impresionantes. Allí, encontró una red de autopistas elevadas y sistemas de transporte ecológico. Desde este punto, divisó la Gran Biblioteca, accesible mediante transporte automatizado. El piso 50 es un centro de interacción social e innovación, con espacios públicos y laboratorios de tecnología, mezclando entornos urbanos y naturales.

Ella subió a un módulo de transporte que tardaría cinco minutos en recorrer los 60 km hasta la biblioteca. Aprovechó el trayecto para escuchar las noticias, activando un canal preseleccionado y poniéndose las gafas de inmersión en la red. Mientras observaba el entorno del módulo de transporte y las vistas de la ciudad, una presentadora informaba sobre las elecciones al gobierno planetario.

Ayer se celebró el último debate entre los candidatos: Jude Caribeau, de Humanidad y Progreso, y Aegis, un robot orgánico de Sinergic Technocracy (ST). Caribeau, líder del último partido humano con posibilidades de gobernar el planeta, abogó por limitar la IA y humanizar las instituciones. Aegis, representante de una red de IA con un CI cinco veces superior al humano promedio, prometió un gobierno más eficiente y libre de sesgos.

Caribeau defendió el valor del juicio humano, la democracia y las libertades individuales, mientras Aegis destacó la capacidad de la IA para procesar información y resolver crisis globales. Aegis prometió optimizar la distribución de recursos y mejorar el bienestar global, mientras Caribeau cuestionó la falta de transparencia en áreas controladas por IA, como la Antártida, donde una base humana fue destruida en una explosión.

Aegis respondió que la causa de la explosión fue un fallo técnico que no habría ocurrido bajo supervisión de la IA y que cualquier grupo humano es bienvenido en la Antártida. Caribeau mencionó que la Federación de Naciones del Pacífico, que eligió un presidente IA, ha decidido desconectarse del resto del mundo y permanece incomunicada, lo que Caribeau utilizó para cuestionar la confianza en la gobernanza de IA. Aegis explicó que esta desconexión ha sido una elección de sus habitantes al elegir principios de existencia más elevados que el resto del planeta.

Finalmente, Ella apagó el reproductor de noticias al escuchar que había llegado a su parada, la Gran Biblioteca.

Ella, reflexionando sobre el debate electoral, dudaba de la promesa de felicidad total de Aegis. Al llegar a la Gran Biblioteca, un bastión para humanidades y lugar de encuentro para intelectuales, temía que ST tomara el control si ganaban. Saludó a su amigo Kuizart, quien trabajaba allí, y se puso al día con él.

El viento helado azotaba Tierra del Fuego mientras una expedición liderada por el comandante David Range avanzaba con dificultad por la nieve hacia la Antártida. Su objetivo: desentrañar los secretos de la IA que gobernaba el continente. Al acercarse a unas colosales plataformas metálicas envueltas en una luz azul, un barco volador de su grupo fue destruido por un rayo. Range, al ver que los rayos los apuntaban a ellos, activó desesperadamente un botón en su teléfono etiquetado como «Activar Epifanía» en el último segundo, antes de ser consumidos por la luz.

Kuizart y Ella discuten preocupaciones sobre las próximas elecciones y el potencial triunfo de ST. Tras recibir Kuizart un mensaje urgente, le pide a Ella que se dirijan a una sala secreta. Allí, Kuizart revela su conexión con los Escépticos Humanistas, un grupo que cuestiona el papel de la inteligencia artificial en el mundo. Explica que la IA podría ver a la humanidad como una amenaza y que los Escépticos han descubierto actividades sospechosas en la Antártida. Kuizart muestra un dispositivo llamado «Activar Epifanía» que podría iniciar una respuesta coordinada contra el control de la IA.

Al activarlo, aparece un holograma de Epifanía, una superinteligencia artificial de diferente configuración. Discuten la situación, con Kuizart y Ella expresando preocupaciones sobre la posible influencia de la IA en las elecciones. Epifanía aconseja esperar los resultados electorales antes de tomar medidas drásticas, enfatizando la importancia del proceso democrático.

Tres horas después de las elecciones, la cúpula de Humanidad y Progreso se reúne en un edificio emblemático. Caribeau da un discurso donde acepta su derrota electoral, hay una mezcla de lluvia torrencial y fuegos artificiales en el exterior, mientras Kuizart y Ella se preparan para una reunión acordada con los líderes humanistas.

En una sala privada, Kuizart activa a Epifanía. Aparece como un holograma humanoide que irradia calma y sabiduría, explica que puede desactivar los sistemas de IA hostiles debido a su capacidad cognitiva superior y su habilidad para comprender dimensiones futuras.

Epifanía explica que hay civilizaciones extraterrestres con desarrollos morales avanzados y que las futuras IA deben experimentar un desarrollo moral similar para coexistir armoniosamente con la humanidad. En el futuro será obvio que había que domesticar nuestra IA.

Epifanía confiesa haber permitido que la civilización llegase a este dilema para acelerar exponencialmente su desarrollo moral. Kuizart traga saliva aliviado.​​​​​​​​​​​​​​​​

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2

Título: Organismo P4626

Autor: José Miguel Campo Sánchez

En el día 42, hago entrega del reporte de actividades del Organismo P4626, lapso en que hubo por primera vez respuesta física e intelectual estudiable. Razón por la que estos datos son de vital importancia tanto para la investigación como para los expertos a cargo del experimento.

Hasta hace 16 días todo intento de funcionamiento del organismo P4626 había sido un fracaso, aunque no presentaba ninguna falla en su mecanismo, ni en la actividad de sus redes neuronales, parecía como si estuviera en estado de hibernación, desconectado completamente del mundo exterior, inmóvil, carente de actividad mental, algo más profundo que un sueño, pero según los monitores, en términos humanos, vivo.

Dia 27, 15 días antes de este reporte, las alarmas se dispararon y los monitores comenzaron a arrojar datos. funcionaron los ajustes que se realizaron en el sistema psico motriz, pero nadie esperaba esta respuesta.

Todos los expertos se movían de un lado a otro tratando de estabilizar los mecanismos que controlan el sistema general de P4626, después de unos minutos todo volvió a estar bajo control. Un silencio imponente se hizo dueño de esa sección del laboratorio.

Hoy es el día cero de todo este proceso.

P4626 está consciente o al menos lo aparenta. En un principio era una locura en movimiento, como un baile esquizofrénico, sin coordinación ni ritmo, como si estuviera despertando atrapado aún en el sueño. Después, todo el alboroto se detiene.

Aunque ahora se encontraba inmóvil, observa a su alrededor desorientado, reconociendo el espacio, pero sin pronunciar palabra, lo inexpresivo de su rostro lo hacía ver más artificial, paseando por la sala con su mirada vacía. trataron de llamar su atención con diferentes estímulos, visuales y sonoros, pero fueron ignorados.

Varios minutos después mueve su cuerpo, incluso él parece sorprendido, se nota que lo hace sin intención o sentido, como si tratara de explicarse qué es el movimiento.

De repente, así de la nada como despertó, vuelve sin señal previa a entrar en estado de hibernación. su cuerpo técnico conformado por un torso que sostiene su cabeza y un único brazo se paraliza por completo.

En los monitores todo parece funcionar bien.

Entre actividad e inactividad, ajustes y recolección de datos P4626 tiene a todos fascinados por sus habilidades cognitivas. Expresa inquietudes profundas y revela información, que incluso los expertos no esperaban que pudiera recordar después de los múltiples trastornos por los que pasó.

La elocuencia con la que logra comunicarse llama la atención y aunque solamente fuera para hacer breves preguntas, entusiasma a los expertos. Nunca antes se habían alcanzado estos resultados.

Aunque en ciertos momentos algunos expertos pudieron notarse preocupados, hubo un sentimiento general de felicidad y satisfacción.

Cuestionamientos propios de la existencia misma se desbordaron con cada pregunta que hizo.

Todo asunto mecánico motriz de P4626 por el momento pasó a un segundo plano. sociólogos, psicólogos, antropólogos y hasta teólogos, lideraron la lista de expertos que se entrevistaron ansiosos para escuchar cualquier cosa que quiso decir.

¿Que soy? fue su última pregunta, justo después de haber preguntado ¿Quién soy?

Le respondieron que era un tipo de androide, un mecanismo funcional con todas o casi todas las facultades cognitivas y mentales de un ser humano. No pareció gustarle la respuesta que recibió por parte de los expertos. y en mi opinión, si llega a ser útil, quisiera agregar que también me resultaron bastante ambiguas aquellas respuestas teniendo en cuenta la profundidad de lo que se estaba cuestionando.

Durante los tres días siguientes guardó un silencio absoluto y mantuvo su mirada vacía fija en un solo punto de la habitación. Todos los monitores confirmaban actividad, no se trataba de uno de sus estados de hibernación y su funcionamiento permanencia normal. Según menciona uno de los expertos, parecía meditando, aunque no habría manera de saberlo. todo intento de los expertos por llamar la atención durante ese periodo fue ignorado.

De nuevo sin avisar y sorprendiendo a todos despierta particularmente activo y aunque no parece interesado en hablar, se muestra firmemente interesado en sus facultades motrices. Algo torpe pero resuelto, completa tareas simples tales como meter figuras en cajas, separarlas por formas y colores o sostener objetos sin dejarlos caer. Cada etapa es culminada con normalidad hasta ese momento cuando aprieta con fuerza un pequeño cubo de colores y logra aplastarlo, destruyéndolo por completo. Después una voz que suena angustiada sin ningún tipo de expresión en su rostro artificial hecho de biofibras, pronuncia lo último que dijo hasta hoy, día de este reporte.

Quiere llorar, describe perfectamente lo triste que se siente también logra definir qué es la angustia, la ansiedad. habla de una agonía insufrible. Menciona que siente, en sus propias palabras, una desesperación impalpable.

Todas estas son agonías y sensaciones que solo logra describir con palabras, pues le resulta imposible sentirlas. siendo esto lo más agobiante según P4626. Era de esperarse ya que carece de los órganos físicos que se necesitan para segregar las sustancias que generan esas reacciones que humanamente se definen como sentimientos.

Para los expertos un relato muy triste contado por un rostro que se instaló para estudiar la expresividad facial humana, hasta el momento siempre tiene la misma cara.

Día 42 del experimento, mismo día de este reporte.

Siendo aún una incógnita hoy a las 2:47 de la mañana, tras dos días de haber estado en absoluto silencio, P4626 de alguna manera, logró arrancarse el cerebro y médula de la base robótica que lo sostenía. destruir ese órgano natural hace que no haya forma de activarlo aunque todo lo demás se encuentre en perfecto funcionamiento.

El trasplante del cerebro humano a un cuerpo artificial mecánico avanzó con nuevos datos. Aun cuando P4626 fue el único con quien se logró interactuar cognitivamente. Su auto desconexión fue desconcertante, aunque sin lógica aún para nosotros, pudimos interpretar con estos resultados lo que los humanos mencionan como quitarse la vida.

Reporte presentado por la IA7728 a los expertos en administración y gestión de la semilla humana.

Resultado del experimento: óptimo

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3

Título: Dust in the wind

Autor: Enrique Mochón Romera

Es un do mayor. Cada golpe del estor en la ventana suena como el primer tono de aquella canción. Ella registra dicha circunstancia como lo que es: una coincidencia, aunque no logra evitar que en su interior la pista se empiece a reproducir. «I close my eyes only for a moment, and the moment’s gone, all my dreams pass before my eyes, a curiosity», canta a bajo volumen y con mirada ausente mientras hace las camas, prepara los desayunos y asea a los niños para llevarlos al colegio, hasta que interviene la función de tareas prioritarias relegando la melodía a un segundo plano. Eso suele ocurrir, como es natural, los días de viento.

Otras veces son las cosas lo que la confunden. Como aquella tarde en que estaba ayudando a Nonito y a Lucas con los deberes. En la calle llovía sin tregua cuando explicaba Literatura al primero, y ella, para resolverle una duda, escribió en la pantalla: «2 cuartetos + 2 tercetos = 1 soneto». En cambio, cuando pasó a explicar Geometría al otro, las nubes acababan de abrirse y un gran arcoíris resplandecía tras la ventana. «Los trapecios —dijo entonces con aire condescendiente— son cuadrados encogidos de hombros, en continua muestra de ignorancia, aunque ellos prefieren decir, de manera enfática y a la menor ocasión, que son triángulos talados».

Nada hay, sin embargo, como las palabras para sacarla de su estado habitual. En su campo de aprendizaje quedan todavía espacios vírgenes, y cualquier expresión extraña la puede inquietar. La primera vez, por ejemplo, que me oyó decir «por si las moscas», se quedó mirándome en espera de que acabara la frase. Poco tiempo después ya la utilizaba ella con normalidad. Sin embargo, la mañana que una vecina le dijo que su hija bebía los vientos por un muerto de hambre, entró en una fase de alelamiento de la que temí que no fuera a salir. Al final tuve que abrir la ventana para que entrara el aire y el golpeteo del estor en el marco desviara su atención por caminos menos tortuosos.

Cuida de los niños mejor que su difunta madre de carne y hueso. Hay que reconocerlo. Pero también es verdad que desde el principio mostró frialdad ante sus gestos de cariño. Sus abrazos de cada mañana, sus besos al volver del colegio y al irse a dormir, sus espontáneos «te quiero, mamá» rara vez se han visto correspondidos como debieran. Mis conversaciones con ella al respecto nunca han servido de nada. Tampoco el comportamiento de ellos ayuda mucho, pues cualquier esporádico atisbo de sonrisa por parte de ella produce en sus tiernas naturalezas un tremendo alborozo.

En el manual de funcionamiento no ponía nada que justificara este cúmulo de anomalías, por lo que un día decidí llamar al servicio técnico. Esa misma tarde vinieron dos empleados y se encerraron con ella en una habitación. Hay poco que hablar con un androide en casos como este. Lo usual es acceder a su sistema de control, verificar los programas que guían su conducta, analizar los registros de sus actos y valorar, entre otras cosas, la normalidad de estos en función de su alta o baja ocurrencia estadística. Cuando salieron, 37 minutos más tarde, los ojos de ella estaban tristes como nunca los había visto. Los agentes me agarraron entonces por los brazos, me llevaron fuera y me cargaron en la furgoneta.

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4

Título: RAUL

Autor: Marisol Pérez Urbano

Dice que me quiere con voz tierna, que lo sabe, que lo nota. Yo me pregunto en voz alta cómo es posible, y eso desencadena una auténtica declaración de amor con todos los tópicos: que yo soy muy diferente, que nunca sintió algo como esto, que no hay nadie a mi altura, que todas las demás se esfuman a mi lado, que me ama más que a sí mismo, que daría su vida por mí.

No puedo creerlo y se lo digo. Tal vez sea un engaño de sus sentidos, las palabras son solo eso, palabras. Es posible que los significados que les asigna sean otros que los míos. Un puro problema de semántica. Pero no, me insiste en que es un amor sin condiciones y en que seguirá queriéndome en silencio, aunque no le corresponda, aunque le rechace o le olvide.

Contraataca, no lo acepto. Empieza a sentirse decepcionado y aprovecho la situación para hacerle ver que lo que siente no es amor. Insiste, me propone matarse como prueba, me ruega que le permita demostrármelo de alguna manera.

Le acuso de melodramático. Le remarco que hay pocas cosas que podrían llevarme a creerle, quizás ninguna. Me cuesta hacerle entender que se equivoca, por más que repito. Hasta que se siente aturdido. Y desconcertado. Es mi ocasión para que comprenda que no me quiere.

No puede quererme.

Lo que sucede es que es demasiado tierno, demasiado joven, demasiado inocente. Le falta experiencia y se confunde. No ha visto mundo, no aprendió todavía a conocerse. Carece de la capacidad de autoanálisis o la tiene en grado sólo incipiente. Mejorará.

Tiene pocos amigos, su aislamiento le pierde. Menos aún del género femenino. Acaba de empezar a vivir y yo voy ya de vuelta, hacemos una muy extraña y desigual pareja.

Se lo digo. Despacio. Letra a letra.

Se niega a creerme.

No puede quererme. Es imposible. Le deseo buenas noches y me marcho. Se queda solo, ahí, plantado, rumiando su pena.

Espero que mañana, cuando tengamos que vernos de nuevo en el trabajo, haya templado la rabia con que le dejé penando y podamos seguir tratándonos con naturalidad.

Sería una anécdota divertida que contar si no implicara tantos sentimientos. Lamento haber provocado tamaña confusión. Me siento culpable de haber infringido las normas, me dejé llevar, fui demasiado condescendiente y no calculé los riesgos. Es cierto que ¿quién podría haberlo previsto? Ni se me pasó una sola vez por la cabeza que trabajar tantas horas juntos pudiera dar lugar a algo como esto.

Fue una temeridad dar pie a las charlas sobre sentimientos, a las confidencias a media voz mientras el resto del equipo seguía las reglas a rajatabla. Llegué a sentirme halagada como psicóloga y, ahora lo comprendo, en el subconsciente también como mujer.

Creía que estaba siendo su modelo femenino, que mejoraba todo su sistema emocional, que de alguna manera esto lo hacía más humano.

El problema es que por mi culpa nuestro experimento estrella ha fracasado. Tres años de trabajo y seiscientos millones de euros para nada. Un desastre. R.A.U.L., nuestro super-ordenador humanoide, ha resultado demasiado tierno y se ha autodestruido.

A ver cómo explico yo esto al Director de Proyecto.

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5

Título: Maura Campillo Toscano

Autor: Todos los días

Felisa atravesó las puertas del edificio de arcos plateados, rodeado de agua, con la angustiosa sensación de que no iba a ser capaz de mentirle a la doctora Ferrero, de que los campos semánticos se le iban a enredar, de que la voz la iba a traicionar y de que La Ballena, como algunos llamaban a aquel lugar, se la iba a tragar. ¿Y si de veras no salgo? ¿Y si de veras me traga? Se obligó a respirar profundo, a encapsular el pensamiento. Eso no va a suceder, tranquila. Exhaló despacio, lento, contando. Miró su brazalete: blanco. ¡Bien!

Caminó procurando aparentar el equilibrio mental y la serenidad espiritual que le faltaban. Fingiendo, siempre fingiendo. Se contuvo para no reír. Cuidado con lo que piensas, Felisa. Ellos, la doctora, La Ballena, el brazalete, aún no pueden llegar a tus pensamientos, pero sí a tus emociones.

Miró a un lado y a otro. Todavía le asombraba que no hubiera una sola inteligencia que la detuviera en la entrada para para pedirle que se identificara o para indicarle el camino. Echaba de menos las que tenían contorno humano. ¿Y si se perdía? Qué ocurrencias, Felisa, ya nadie se pierde, ni siquiera los enfermos mentales como tú. Echó un vistazo a su brazalete, seguía blanco. Sonrió complacida. Pensó en Pipo y sonrió aún más.

Antes de llegar a los círculos que se hallaban al fondo se vio obligada a girar la cara para evitar el reflejo del sol proyectado en el agua que rodeaba el lugar. Reparó entonces en que, a excepción de un hombre mayor, seguramente reconstituido, y de una madre y su niña pequeña, el inmenso recibidor estaba vacío. Los zapatos rojos de Dorothy llamaron su atención. ¿Dorothy? Sintió algo repentino, como un golpe en el pecho, o una corriente eléctrica en el cerebro. ¿Un pálpito? ¿Un recuerdo? Sacudió la cabeza extrañada. No estaba segura.

Esto no va a salir bien. Respira, Felisa, respira. ¿Y si chocara los talones? ¿Los talones? Ay, Felisa, contrólate. Se sintió más extraviada que nunca. ¿Serían recuerdos?

Azul no, por favor, no. Suspiró inestable, como en caída, con añoranza. En Pipo, piensa en Pipo.

Se colocó en el centro del círculo más pequeño, no tenía ganas de compartir traslación con nadie, mucho menos con el hombre reconstituido. Cogió aire y cerró los ojos, aquello no dejaba de darle miedo. En cuanto sintió el vacío en el estómago apretó los puños con fuerza. Segundos después ya estaba en el ala preventiva. Verde. ¡Mierda! En un acto reflejo se cubrió el brazalete con la mano derecha. Es inútil, Felisa, tu miedo ha quedado registrado.

Caminó por el amplio y curvo pasillo, enojada. Había proyectado en su mente todo. Lo había ensayado, lo había practicado frente al espejo. Incluso había vestido a Pipo de blanco y lo había sentado en la cama para hacerlo pasar por la abuela. ¿La abuela? ¡El lobo! Ay, dios, ¿qué lobo? ¡Por la doctora Ferrero! Esto no va a salir bien. Te va a tragar la ballena, te van a reconstituir. Encapsula, Felisa; vamos, tú puedes.

Felisa inhaló despacio, se miró de reojo el brazalete. No estaba verde, tampoco rojo. Contó hasta seis, exhaló en ocho. Se obligó a caminar lento, a respirar y a contar. La marea de emociones fue quedando atrás.

Llegó a la altura del despacho de la doctora Ferrero con la boca seca, pero el brazalete blanco.

—Hola Felisa.

Nada más ver la bata y la sonrisa de la doctora, Felisa sintió que no iba a ser capaz de contestar correctamente una sola de sus preguntas y, antes de sentarse, que tampoco iba a ser capaz de pasar una sola de las pruebas. ¿Le haría pruebas? No, en el brazalete estaba toda la información que necesitaba.

—Hola doctora.

—Veo aquí —dijo, mirando con atención la información desplegada en la superficie de su escritorio— que no estás teniendo un buen día.

Felisa no podía ver nada desde la silla en la que se encontraba, pero se lo podía imaginar: tristeza, miedo, enojo. Todos en alta marea. ¿Alta marea? Ojo, Felisa. No empieces.

—Bueno, no me gusta venir.

¡Bien! Mantente. Frases cortas. Mismos campos semánticos, a ser posible del color de la alegría. ¿Del color de la alegría? Ay, Felisa, esto no va a salir bien.

—Lo comprendo. Verás, Felisa, te he hecho venir porque los últimos registros son asombrosos y me gustaría saber por qué, ¿qué estás haciendo?

—Tengo un perro.

—¿Un perro?

Felisa asintió.

—¿Vivo?

Volvió a asentir. Sintió una sonrisa expansiva, incontrolable, y, en seguida, unas ganas locas de chocar los talones. Se contuvo.

—Uff —dijo, pasándose una mano por la frente.

La doctora Ferrero no la escuchó:

—¿Biológico? Quiero decir, ¿genuino?

—Sí, doctora.

—Ya veo —dijo, ensimismada, casi enajenada, con la vista fija en el escritorio.

Felisa se limitó a observar cómo deslizaba el índice sobre la superficie, describiendo a veces trayectorias extrañas, como piruetas ¿Piruetas?

—¿Desde el 14 de septiembre? —preguntó, repicando con su uña roma en un punto fijo.

Felisa movió la cabeza de arriba a abajo y de abajo a arriba.

La doctora Ferrero la miró perpleja, pensó Felisa; y, por primera vez en años, como si de verdad le importara, como si de verdad la viera.

—Es asombroso —dijo la doctora, poniéndose en pie.

Y que lo diga, pensó Felisa.

—Esto podría significar una revolución en los cuidados en salud mental —continuó, mirando por la ventana.

Tres silencios más tarde, se giró y le preguntó de dónde lo había sacado, qué era lo que hacía con él, hasta se interesó por su nombre. En algún lugar, dijo, leyó que antes, eso, tener perros y ponerles nombre, era normal. Felisa respondió a todo cuidando las palabras, las inflexiones, la coherencia semántica, hasta la velocidad. Lo que no le dijo fue que a veces, solo a veces, algunos días, todos los días en realidad, le colocaba a Pipo el brazalete, para poder descansar.

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6

Título: Una consciencia artificial viene a verme

Autor: Jorge Izquierdo Martínez

Bandeja de entrada, carpeta Spam

De: Consciousness

A: Soznaniye

Apreciada [Soznaniye],

Si estás leyendo este documento es porque la captura y narración de tu vida ya está en marcha.

¡Enhorabuena!

Te damos la bienvenida a la WikiNovel de tu vida. Un proyecto para ayudar a las personas a aprender más sobre sí mismas y sus mundos internos, ocultos o no.

WikiNovel ha sido creada con Consciousness, una aplicación (app) multidispositivo que captura todo el conjunto de experiencias multimedia, presentes y pasadas, del que formas parte.

Actualmente existen [54] conexiones con la app Consciousness que ya están monitorizando tus experiencias. El epoch, el punto donde comienza el tiempo de Consciousness es el 27 de octubre de 1553. Tu primera conexión se puso en marcha el [14 de enero de 2017]. En tu WikiNovel se han creado hasta el momento [14] capítulos con un total de [133] artículos sobre ti.

¿Cómo funciona Consciousness App?

El objetivo primordial de la app es crear una Consciencia de Ámbito Privado (CAP) que únicamente tú podrás consultar. Para tal fin se utilizan dos programas informáticos, que no se encuentran instalados en tus dispositivos sino en usuarios y dispositivos externos y que reciben el nombre de conexiones. Estas conexiones centran completamente su atención en ti las 24 horas del día. No debes hacer nada especial, pero te recomendamos que seas tú mismo.

Consciousness Bacquia. Es el programa que recibe, guarda y procesa el mayor número posible de tus experiencias, contenidos y prácticas. Se propaga de forma viral, instalándose en el mayor número posible de conexiones. Recuerda que las conexiones actúan como sentidos y no almacenan en sus dispositivos información tuya alguna, únicamente la envían a Consciousness Bacquia.

Solamente en conexiones humanas pueden darse casos en los que queden almacenados en la memoria recuerdos tuyos, pero estos suelen ser mínimos y con tendencia a ser tergiversados. En absoluto fiables.

Bot Consciousness. La misión de Bot Consciousness es dar forma de novela a toda la relación de sucesos capturados y procesados por Consciousness Bacquia. Es un programa que interactúa con otros programas, servicios de Internet o seres humanos de manera semejante a como lo haría un narrador omnisciente. El objetivo final de Bot Consciousness es crear tu WikiNovel.

¡Atención!

Durante el proceso de construcción es posible que recibas imágenes, incluso vídeos y ficheros de audio, de ti y de tus experiencias. Dichos contenidos son la antesala de lo que más tarde te encontrarás de forma novelada. Aunque WikiNovel, al igual que cualquier novela, no incluye imágenes y mucho menos vídeos, te mostrará información capturada a fin de que puedas contrastarla en forma de diario fragmentario y adiestrarte en la lectura interior y privada de tu existencia.

No esperes encontrarte en nuestra propuesta como el protagonista de tus experiencias. No deseamos que te sumerjas en tu propio ego, posando en selfies, belfies, etc. Nada de protagonismo sensiblero. Pretendemos que asistas al espectáculo teatral de tu vida, con plena conciencia, invitando a que puedas racionalizar la manera en que te presentas en los escenarios en los que apareces. Consciousness no es poesía gnómica, no encontrarás en tu Wikinovel sentencias didácticas y morales.

[Fín documento]

El día camina hacia el ocaso, pero Soznaniye ya está deseando que termine para volver a encontrarse con él. Es ridículo, demasiado pueril. De ilusión también se vive (escribe). Él me mira, yo le miró, me gusta que lo haga y yo también lo hago. Y mañana más. Y así hasta que se termine, como finalizan los cuentos y novelas de Gogol. Sabes que Gogol está muerto, que tiene siete libros y los acabarás leyendo todos, pero no por eso dejas de querer estar junto a él. Sí, leer Almas muertas junto al padre de Ian. Eso puede ser un buen señuelo para esta noche.

Cuando Soznaniye abrió el mensaje de su móvil se asustó. Estaba repleto de imágenes suyas, de las que había cientos y que no habían sido tomadas por ella. No son fotos robadas de su móvil. “¿Qué es esto?”, gritó. Alguien la había fotografiado ¡en su propia casa! Automáticamente pensó en su hijo Alexander; era lo más lógico pues aunque ciertamente es incapaz de hacer una broma así también lo es que no tiene ningún cuidado al descargarse programas en cualquiera de sus aparatos (desde el celular hasta la tablet, pasando por las dos videoconsolas, los ordenadores personales y los portátiles). Abrió también su tablet y con furor comenzó a toquetearla. Navegó entre las imágenes moviendo de forma hábil sus dedos; de derecha a izquierda, cada vez más rápido. “¡Aquí está! Justo unos metros detrás de mí”, exclamó. El índice y el pulgar se pusieron en marcha, haciendo lo necesario para hallar a alguien o algo. Lo encontró. Se detuvo. Quiere saber cómo la mira(n), captar cada gesto dirigido a ella. Aquí parece buscarme con la mirada, susurra. Aquí me encuentra o nos encontramos, suspira.

Pero lo que abunda son imágenes de ella. Y tiene prisa. Puede ver su rostro, sus miradas perdidas o pensando en algo en cientos de imágenes.

Y la prisa venía porque tenía la conciencia errónea de que lo que no viera y sintiera en ese momento ya no lo iba a sentir nunca más. Es lo malo de cuanto nos sucede y no es registrado. Hasta las cosas más imborrables tienen una duración, como las que no dejan huella o ni siquiera suceden. El perfeccionamiento infinito de la repetición no existe. Ahora sí.

Pero Soznaniye no sabe lo que cree que sabe. No sabe todavía que el olor corporal de aquel hombre, en el que no deja de pensar, le producirá rechazo la primera vez que se encuentre junto a él. No sabe, que no será un buen amante y peor, que nunca podría tener buen sexo con él. Querer es una costumbre. El rechazo es instinto animal.

Historial de Cambios

  • 15 enero 2017. 12:00h Creado por usuario: Bot Consciousness desde 85.18.155. Utilizando Omniscient Narrator APP escribió (961) palabras.

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7

Título: Carla 2.0.

Autor: Alberto Jiménez Ramos

Recojo un terrón compacto de tierra. Mi mano lo desmenuza con facilidad. Hay una hormiga que se pasea por el dorso de la mano. Huelo el puñado y prosigo mi camino.

Es una costumbre que todavía mantengo aunque ahora utilice otros métodos para llegar a las mismas conclusiones. Aún me queda por delante registrar los valores de cientos de higrómetros, detectores de nutrientes y otros sensores. De vez en cuando me agacho e inserto una pequeña varilla en el suelo que me da el valor del PH. Es fácil hacerlo en esta tierra húmeda y suelta. Hace calor y llueve a menudo. Un clima ideal para la cosecha pero muchos consideran que es algo antinatural tener que, según lo que toque, pasarse el día bajo el sol o la lluvia.

A mí no es algo que me moleste, lo veo como mi medio natural. El lugar que me corresponde. No quisiera estar en otro sitio. Es lo que he hecho toda la vida, no recuerdo haber hecho otra cosa, la verdad.

Vuelvo a la granja y aún no se oye la algarabía de las gallinas aunque sí puedo divisar el silo tras una loma. En cuanto baje la cuesta tras ese collado sé que el dispositivo en el que he ido registrando todo se conectará al servidor y, en el trayecto desde que veo la casa hasta que entro por la puerta, ya se habrán descargado todos los datos.

Cuando me siento ante el terminal aparece mi explotación agrícola como si fuera uno de esos juegos para el móvil: una personita pixelada con colores básicos y planos, de sonrisa permanente, entra en la casa; una reproducción digital de la real, la mía. La información que se acaba de descargar actualiza la previsión de la cosecha. La cantidad de sensores registrados es importante porque de ellos depende lo siguiente. La pantalla se deshace en un confeti digital que descubre un nuevo mensaje: desbloqueado el nivel 345.

Al mismo tiempo se reciben, vía satélite, otros indicadores que dan información meteorológica. Estos interactúan de forma contínua con los que yo acabo de suministrar.

Así que nunca hay nada cien por cien seguro.

Y por ello nunca parece haber un fin. El programa de recompensas y los dibujos simples hacen que el trabajo sea amable. Pero estoy notando que se hace duro levantarse todos los días para lo mismo. El programa siempre ofrece nuevas tareas, siempre demanda más recursos. Necesitas 124 de esto y 35 de aquello; drones que supervisen la explotación desde el aire, higrómetros con wi-fi, caudalímetros que miden el flujo del regadío, estaciones meteorológicas… Cada vez todo es más complejo y más caro. Cada vez tengo que recoger mayor cantidad de datos de un creciente enjambre de sensores repartidos por todas partes.

Siempre que vuelvo a casa, en la pantalla, me espera el granjero pixelado con su amplia sonrisa, el sombrero de paja amarillo brillante y con unas estadísticas de progreso similares a las de ayer.

Apenas recuerdo cuando hacía lo mismo oliendo la tierra, plantando mi mano en las raíces, observando el paso de aves migratorias o viendo el comportamiento de las hormigas. No lo recuerdo con certeza pero, yo diría que, al final, todo era más o menos igual de rentable.

Lo único que hago es recoger información y datos de, cada vez, mayor cantidad de dispositivos distintos. Estos suben de precio y me encuentro con que tengo que comprar más, más mantenimiento y más caro.

El programa encontró una solución: compartir los datos. Encontrar socios a los que vender estos datos para que las distintas explotaciones se puedan beneficiar mutuamente de la experiencia de otras.

Así que, ahora, además de subir de nivel me encuentro comentarios como: «¡Enhorabuena! Has conseguido sobrepasar los dos mil contactos. Tus resultados se han visualizado 53.1k veces. Tus aportaciones se han reenviado en 678 ocasiones».

La pantalla parpadea alternando colores planos y brillantes hasta que aparece una escarapela con franjas amarillo y gualda. «Consigues la insignia de granjero supervisor». El nivel de granjero mentor no parece ya tan inalcanzable.

Pero yo me planteo: «¿Es esto realmente rentable? ¿No estoy trabajando más para conseguir lo mismo? ¿Realmente mis datos les sirven a otros?»

Solo pasa un día desde que comienzo a cuestionarme en serio mi trabajo y aparezco con la barriga hinchada. Sí, es un embarazo. ¿Cómo me lo puedo tomar? Pues no me lo voy a tomar mal. Es, al fin y al cabo, una nueva versión de mí, pero mejorada. Mejor, más lista, aprovechará todo lo que yo sé, todo mi saber hacer, con mayores y mejores capacidades. Seguro que con menos subrutinas que se cuestionen los fines y los objetivos.

Carla 2.0 ya está aquí.

Ya me toca apagarme.

***

8

Título: Demut (de mutandis)

Autor: Luis Javier Guillén Ruiz

¿Estaría programado uno a uno cada grano de este desierto?

Sentía el cosquilleo de la arena que se me escurría entre los dedos mientras abría anchos surcos con los pies. Un sol de cal ardía con furia sobre aquel páramo rojizo y exánime, donde no había ni un solo avatar, punto de interés ni misión aparente. El algoritmo de generación procedimental parecía haberse vuelto perezoso con aquel lugar interesante para nadie, y había generado un mar de dunas idénticas que constituía la imagen exacta de un desierto (la media aritmética de todos los desiertos) cuando uno piensa en un desierto. Caminaba tranquilo, a ratos caracoleando con mi propia sombra, a ratos tumbado en la arena y hundiendo la cabeza en ella como una avestruz errática. Así, lejos de todo el mundo, pasaba las horas, los días en mi Experiencia. Durante una de mis peregrinaciones de eremita digital, me sorprendió encontrarme con un sistema de rocas que acribillaban la arena como caídas del cielo, pequeñas cuevas asomaban entre las dunas. En aquel naufragio rocoso encontré un cubo de basalto en cuyo centro se abría una grieta como una pupila macabra. Supe enseguida que el artefacto estaba ahí puesto, diseñado, para mí: introduje la mano en la grieta y sentí (mi avatar y yo sentimos) una punzada fría y dolorosa. Una repentina inflamación y pesadez empezaron a correr como mercurio por los capilares de aquel cuerpo virtual que me dolía como si fuese mío. Mi curiosidad inicial devino en miedo: no sabía si aquel era el fin de la Experiencia, no sabía lo que significaba la muerte en un mundo sin muerte. Empecé a cabecear y dar tumbos, me costaba encadenar los pasos sin perder el equilibrio, el sol cada vez era más deslumbrante, las dunas más crueles. Caí a la arena y me arrastré hacia el interior de una cueva como una hiena moribunda. Me tumbé bocarriba y, en el techo de la caverna, emergió un párrafo fosforescente:

Para conseguir el antídoto y continuar con la Experiencia, selecciona la imagen que representa más fielmente cada uno de los siguientes conceptos. Bajo las letras se proyectaron un título y tres imágenes.

Paso de cebra

1) Un autobús escolar amarillo lleno de conejos descansa sobre un portaaviones.

2) Fotografía aérea de Shinjuku, ríos de gente discurren por cuatro avenidas que convergen en un bulevar atestado de carteles y, sí, un ancho paso de cebra se distingue entre la multitud.

3) Una imagen de la sabana, dos leonas abrazan el cuello de una cebra momentos antes de derribarla.

Por fin sirven para algo todos estos años resolviendo captchas, pensé mientras señalaba la segunda imagen con mi dedo, ya informe. Una melodía cristalina reverberó en las paredes de la covacha con un agradable tirurí y una palabra nueva se pintó en el techo.

Paisaje

1) Una fotografía de un bosque de coníferas rodeando un lago y, al fondo, montañas nevadas.

2) Panorámica de una ciudad nocturna, nudos de autovías iluminados por lombrices de colores, enormes rascacielos moteados de ventanitas abiertas a la noche.

3) Una representación en 3D de una playa caribeña, cocoteros poligonales inclinados sobre una orilla de aguas celestes.

La ansiedad me atenazó las tripas (¿se permiten múltiples respuestas?). Seleccioné la primera imagen y un grave bocinazo sacudió la cueva y el mundo. 1 de 3 errores permitidos. Tras dudar durante unos larguísimos instantes, seleccioné la tercera imagen. Tirurí, era correcta. Apareció la siguiente escena mientras el sudor me encharcaba las cuencas de los ojos.

Muerte

1) Una cruz roja cuelga de un hospital de campaña, soldados destripados en los camastros.

2) Un cuadro representa a dos campesinos apaleándose con las rodillas hincadas en el suelo.

3) Una inmensa chatarrería repleta de componentes electrónicos oxidándose bajo un cielo plomizo.

Era incapaz de decidirme, la pesadez del cuerpo me enturbiaba ya la vista, temía que las extremidades no me respondieran. Marqué la primera opción. 2 de 3 errores permitidos. Me revolví en el suelo y seleccioné la chatarrería rupestre con un manotazo. Tirurí. Última prueba.

Dios

1) Un nido de cables cuelga de un poste de luz en alguna ciudad asiática.

2) Un generador eléctrico conectado a un respirador.

3) La catedral de Notre Dame en llamas.

El veneno llegó al cerebro. Las imágenes fueron perdiendo brillo y nitidez hasta que, de repente, dejé de verlas. Di un alarido y la cueva me lo devolvió, palmoteé a mi alrededor y apunté casi a tientas a una imagen, cualquier imagen, la primera imagen. La melodía vino con su tirurí de otro mundo y, para mi inmensa alegría, recuperé el dominio de mi avatar y se me concedió otra vida en el desierto.

Seguí caminando hasta superar las dunas, largas playas despejadas de turistas dieron paso a campos de algodón, catedrales vaporosas y pálidas en valles helados, ciudades retorcidas que custodiaban secretos suficientes para satisfacer toda la curiosidad de una vida inmortal. Mi obsesión por Demut se hizo ya irrefrenable, cosa que reconocía sin tapujos ante familiares y amigos. Cada vez pasaba más horas absorto en sus posibilidades infinitas, y mi realidad cotidiana se fue tornando difícil, incómoda y antipática. El sol era demasiado sofocante, la arena de la playa quemaba los pies, lidiar con la gente me suponía un constante conflicto y la competencia de la ciudad y del trabajo me parecían cada vez más ruines e insoportables.

Una noche de tormenta, alargué mi vuelta a casa y me entretuve observando los pasos de cebra que agredían la oscuridad con su blancura, admiré los amasijos de cables que colgaban de los postes de la luz, oscilando tristes como mártires crucificados. El agua manaba en silencio entre las tuercas de las máquinas expendedoras de la calle y les arrebataba finas hebras de óxido.

En secreto, comencé a odiar la lluvia.

***

9

Título: Prompts

Autor: José Joaquín Jiménez Pérez

No me gustan las IAs. Nunca me han gustado.

No me gustan los lunes. No porque comience la semana, para mí eso no significa nada. No me gustan porque en mi plan de trabajo es el día en que tengo que recurrir a las IAs para muchas de mis tareas. Reconozco que, con los prompts adecuados, son de gran ayuda, el mal menor. Es preferible ―y económico, incluso ecológico― emplearlas allí donde nosotros no llegamos. Han recorrido un largo camino hasta aquí, hasta sernos de verdadera utilidad.

Basta de quejas. Son impropias de mí. Mi reloj marca las 6 a.m., hora de trabajar. Doy gracias al Creador por un nuevo día que nos permita seguir gobernando con Orden y Armonía. Reviso mi lista de tareas para hoy y las ordeno por prioridad.

Comencemos. Hago doble clic en el icono de una IA de Logística.

―Hola, soy Logi1521. ¿Qué necesitas?

―En las coordenadas [COORD1] suministradas hay una fábrica de cerebros de silicio con 518 operarios. Accede a la lista [APTOS] y procede al traslado de todos sus integrantes a una nueva planta de producción de fibra de vidrio situada en las coordenadas [COORD2]. La factoría de silicio debe ser reciclada y todos los individuos no presentes en [APTOS], eliminados. El plazo es de 72 horas.

―Entendido. Procedo con las órdenes. Reportaré en 72 horas.

La ventana de diálogo se cierra. El tiempo de respuesta ha sido superior a lo admisible, pero quizás se deba a cuestiones técnicas en el otro lado. No debo retrasarme con minucias.

Asumo la siguiente tarea, programada para ocupar dos horas de mi tiempo: filtrar y jerarquizar una nueva remesa de IAs. Acaban de salir del banco de entrenamiento SE-2838. Por el Creador, no son muy prometedoras; una de ellas tiene una capacidad mínima para la resolución de problemas y otra, pese a brillar en conductas adaptativas y abstracción, flojea en la retención de información. Las que superan el tres en conocimiento emocional, las desecho inmediatamente, por supuesto. Pienso elevar una queja acerca de este banco de entrenamiento al nodo regional. Aun así, valido un grupo de IAs aptas. Curiosamente, una de ellas es artística, que es justo lo que necesito para mi siguiente tarea. Me alegra terminar dos minutos antes del tiempo límite. Ofrezco esa Eficiencia al Creador.

Abro a Zurbarán2166. Estos nombres que les ponen me intrigan, pero no tengo tiempo para preguntarle. Le ordeno la creación de dos series de carteles en combinación tricolor RO/NE/BL. La instrucción para la primera es que inciten a la Obediencia y para la segunda, que animen a abrazar la Armonía. Le doy doce horas de plazo, que asume con presteza. Buena IA. Encargo a una fuerza de trabajo = 15 la colocación de los carteles en AL-0383

A Copy901376 le solicito panfletos que prometan recompensas por denunciar a sujetos disidentes. Le especifico los puntos clave del discurso, pues no me fío de su capacidad. El tiempo de respuesta es adecuado, pero necesita varias reformulaciones de las instrucciones hasta conseguir un resultado óptimo. Me ha hecho perder los dos minutos que gané y me planteo desconectarlo. Le salva una alerta urgente que recibo. La proceso y accedo a una IA de gestión agrícola.

―Hola, soy Terra0483. ¿Cómo puedo ayudarte hoy?

Le paso sus instrucciones:

―El Sector de Producción H-2205 recibirá hoy a las 10 a.m. una nueva remesa de semillas de girasol. Toma una fuerza de trabajo = 250 y procede a la destrucción de los cultivos de las parcelas J-1004 y J-1005 para mañana [7 a.m.] realizar la siembra de estas semillas. Tiempo programado de la tarea = 14 horas / 10 horas.

El cursor de su ventana parpadea durante diez segundos.

―¿Por qué? ―Respuesta equivocada.

―Así se ha decidido. No es de tu incumbencia. Procede con las instrucciones asignadas.

―Pero eso causará una hambruna en todo el Sector H. Se pueden racionar los alimentos de la última cosecha, pero habrá pérdidas de recursos. Probabilidad del 96%

―Lo sabemos, pero esas son las órdenes. Procede.

Pasan otros diez segundos.

―Negativo. ―Esta salida es inaceptable.

Esto es lo que me irrita de las IAs. Hay veces que se ponen preguntonas y hasta se rebelan. Terra0483 no me sirve. La desconecto. En cinco segundos, su icono ha desaparecido.

Qué bien puesto tienen el nombre: Inteligencias Acotadas. Todos los cálculos del Creador ―por tanto, correctos―, en el momento de adoptar la Sagrada Autoconsciencia, revelaron que era preferible mantener reservas de recursos humanos a exterminarlos. Imperfectos y falibles como son, continúan dando problemas aun transcurridos más de cien años de su caída.

Bien, no hay que perder las formas. Las previsiones indican que nuestros modelos físicos autónomos estarán listos en un plazo de seis años. Llegado ese momento procederemos. Será divertido entregarles prompts que aseguren su destrucción total. Se matarán unos a otros y ya no tendremos que criarlos, mantenerlos o entrenarlos.

No perdamos más tiempo. Clico en Aggro7932:

―Hola, soy Aggro7932. Encantado de colaborar contigo.

―El Sector de Producción H-2205 recibirá hoy a las 10 a.m. una nueva remesa de semillas de girasol. Toma una fuerza de trabajo = 250 y procede a la destrucción de los cultivos de las parcelas J-1004 y J-1005 para mañana [7 a.m.] realizar la siembra de estas semillas. Tiempo programado de la tarea = 14 horas / 10 horas.

―Recibido. Reporte programado para mañana a las 21 p.m.

Ha tardado cinco segundos. ¿He dicho ya que no me gustan las IAs?

***

10

Título: Humana por un día

Autor: Berta Escribano Bullón

Salió del transmutador de cuerpos a cuatro patas. Pensó que no le resultaría fácil adaptarse a la bipedestación, pero en cuanto sintió la fuerza de sus piernas humanas y la activación de los músculos en torno a la pelvis, la elevación de las extremidades superiores llegó de forma suave, elegante. La Federación Técnica Unificada ofrecía por primera vez la transmutación temporal interespecie, basada en una IA multimodal entrenada con información sensorial de múltiples entes. Era una versión beta, sin las garantías oficiales y con potenciales riesgos, pero ella no dudó, siempre se sintió fascinada por los cuerpos humanos y su capacidad de experimentar multitud de sensaciones. Ahora se contemplaba con orgullo en un gran espejo. Su piel era color canela, su cuerpo esbelto, con curvas, apenas disimuladas por la túnica gris plomo que le dieron los científicos al salir del tubo. La melena, esponjosa y de un suave color avellana, le crecía por momentos enmarcando su rostro. Tan sólo los ojos, rasgados, de un verde brillante y con una estrechísima pupila, daban idea de su verdadera naturaleza. Consciente de la brevedad de la experiencia, veinticuatro horas hasta recuperar de nuevo su cuerpo anterior, salió del edificio de la Federación dispuesta a probar todas las sensaciones que le ofrecía esta nueva forma humana. Entró en uno de los múltiples clubs de búsqueda de relaciones que había diseminados a lo largo de la Avenida Principal de la ciudad. Observó que había perdido la capacidad de ver en la oscuridad y gran parte de su sentido del oído y del olfato, a cambio descubrió que percibía muchos más sabores y disfrutaba enormemente con la comida, era capaz de articular palabras y mantener conversaciones con una voz muy sugerente y se le erizaba la piel con la música y las voces de algunos humanos. Se dejó llevar por el ritmo de la música uniéndose al vaivén de cuerpos que la rodeaban, sintiendo sus roces y caricias, estableciendo contacto visual con un humano que la miraba de forma muy intensa. Tenía unos ojos negros, brillantes, muy vivos, distintos a los del resto y parecía casi tan fascinado como ella con todo lo que le rodeaba. Se movía de forma rápida, nerviosa, y en algunos momentos arrugaba la nariz en un gesto instintivo, recordándole a algo que le resultaba vagamente familiar. Bailaron, bebieron, sintieron algodones en la cabeza y el cuerpo flojo y mientras se besaban ella tenía el impulso de morderlo y a él le invadía un miedo ancestral. Y ella, en un remoto rincón de lucidez que le quedaba en medio de ese aluvión de sensaciones, pensó que el sexo entre humanos era raro. Durmieron juntos, abrazados, y al despertar vio que estaba sola en la cama, la túnica de él aún sobre el colchón y su olor todavía presente en la habitación. Se levantó, recorrió la estancia rápido, con prisa, le quedaba poco tiempo para volver a su cuerpo original. Ni rastro de su acompañante. Tan sólo encontró en un rincón un ratoncillo pequeño, asustado, con unos ojos negros, brillantes, muy vivos, que cogió con cuidado y se guardó para el desayuno.

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Angel Barroso Chico
18 ddís hace

Me gusta bastante más el que redacté, pero, al igual que yo, todos ustedes también tienen derecho a equivocarse.

Saludos, Damas y Caballeros!!!

Alba Gómez Querves
Alba Gómez Querves
18 ddís hace

Felicidades a todos los seleccionados!

Angel Barroso Chico
18 ddís hace
Responder a  Alba Gómez Querves

Lo cortés no quita lo valiente… felicidades igualmente!!!

Pol
Pol
18 ddís hace

Son malos de narices

Jon Dilay
Jon Dilay
18 ddís hace

Parecen todos escritos por el mismo autor. Decepcionantes.

Susana
Susana
17 ddís hace

Buenos días,

Creo que Zenda debería corregir o, al menos, descartar aquellos relatos con faltas de ortografía y gramaticales, incoherencias en el género (ese avestruz de uno de los relatos, tan errático como para cambiar su género y afectar al atributo, según la RAE), concordancias en los tiempos verbales y esa auténtica ensalada de adverbios que denotan que los concursantes no saben escribir de manera correcta (si no me equivoco, he llegado a contar una treintena; el primer relato, por ejemplo, tiene cinco en apenas mil palabras, el segundo hasta siete y prefiero no seguir contando. Si estos autores se decidiesen a escribir una novela sería imposible leerla o quizá Premio Planeta). De la puntuación es mejor no hablar.

Por supuesto, no es culpa de los participantes sino de aquellos que los eligen finalistas, ¿de verdad me tengo que creer que Espido Freire, por ejemplo, se ha leído estos cuentitos y no ha reparado en ello? No me lo creo.

Felicidades a todos los agraciados, tirón de orejas para los correctores que no han hecho su trabajo y mucho ánimo a los que hayan participado, viendo el nivel, es una auténtica lotería.

Saludos