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«Finch», la joya de Tom Hanks y Apple TV+ que no debería pasar desapercibida

«Finch», la joya de Tom Hanks y Apple TV+ que no debería pasar desapercibida

Si Finch, una película de ciencia ficción, drama y aventura producida por Amblin y protagonizada por Tom Hanks, un perro y un robot digital, se hubiera estrenado en diciembre de 1999, estaríamos hablando de un más que seguro blockbuster, todo un éxito de taquilla. Estamos en 2021 y Finch, afortunadamente, sigue existiendo, pero en la forma de largometraje televisivo estrenado directamente en la silenciosa pero prestigiosa plataforma de la manzanita, un nuevo Apple Original de Apple TV+.

Pero lejos de nosotros invocar fantasmas de las navidades pasadas. La película de Tom Hanks hace, precisamente, por mirar hacia adelante en las peores circunstancias posibles. Finch es una suerte de último hombre vivo con muy poco de Charlton Heston, y a la vez un trueque de conceptos con el Soy leyenda de Richard Matheson. Si el científico Robert Neville se veía obligado a pulular por una desierta ciudad por las bestias nocturnas, Finch, el que Hanks representa con su bonhomía habitual, cobra la forma, giro argumental mediante, de un misántropo que a ritmo de “American Pie” prefiere, por trauma y por prudencia, mantener a toda costa su soledad.

Sumario

"El director británico Miguel Sapochnik da la impresión de haberse entendido perfectamente con el de Forrest Gump y Náufrago"

Quizá la referencia más adecuada para Finch, trabajo que se podría consumir perfectamente como una película muda, podría ser Wall-E, la película de Pixar en la que un pequeño robot cumplía sus funciones en un mundo abandonado y que en su momento —se dijo— ya retrotrajo el cine de Chaplin. Como en esos casos, estamos ante un excelente cuento mítico americano que cumple las funciones de película Amblin y a la vez asume los requerimientos tecnológicos del director Robert Zemeckis, aquí escondido a través de su productora Imagemovers, con la que ha realizado diversos avances en el campo del cine de animación (The Polar Express, Beowulf, Cuento de Navidad…).

En todo caso, el director británico Miguel Sapochnik da la impresión de haberse entendido perfectamente con el de Forrest Gump y Náufrago, ambas obras maestras protagonizadas por Hanks. Su película tiene un dinamismo y falta de gravedad digna de otra época, pese a que se guarda ciertos hachazos emocionales al espectador típicos de ese cine spielbergiano que buscaba la lágrima a toda costa. También existe una inocencia desvergonzada personificada —es un decir— en la figura de Jeff el robot, un trabajo de ingeniería digital e integración en la imagen real a la altura de lo esperable en Zemeckis (y al que pone voz Caleb Landry Jones). Sapochnik, director de las batallas más potentes de Juego de tronos y de una rareza como Repo Men, rebaja el cinismo de aquellas obras potenciando el sabor de road movie y otros fetiches americanos fuertemente anclados en el western utilizados aquí como punto de entrada para plantear temas existenciales propios de, aquí sí, la ciencia ficción. Podría ser un gran artesano a lo Badham o Donner, solo que trabaja fundamentalmente en TV.

"De ese modo, Finch es un camino desde un subterráneo con tecnología vintage hasta el mar, hacia un nuevo horizonte"

Finch es, por tanto, un relato sobre el valor de la vida, ya sea humana, animal o finalmente artificial, entendida ésta como experiencia con una validez única y necesaria. Solo la confianza mutua, como la que van forjando Finch, Jeff y Perro, es capaz de tender puentes hacia un nuevo horizonte (¿será por eso la maravillosa metáfora del puente que relata el inventor a su creación frente a un escenario “Monument Valley”?). Un futuro improbable pero posible en el que, por cierto, no todo es como dice el maestro, o no todo es como te lo endosa la tradición, y por eso hay un cierto lugar para la marca personal, o como dice el sabio de la película en esas reglas un poco a lo Zombieland, “vivir un poco”. De ese modo, Finch es un camino desde un subterráneo con tecnología vintage hasta el mar, hacia un nuevo horizonte, que se detiene para encontrar cerca del final un momento trascendental en, ojo, un paisaje típico del originario Viejo Oeste y que parece llamar, por tanto, a la imaginación más esencial del mito nacional americano.

Lo importante, sin embargo, es que Finch lo puntúa todo como un relato sin muchas pretensiones, una comedia dramática (o drama cómico) de aventuras con unos brillantes y discretos efectos especiales que saca todo el provecho de Tom Hanks, él mismo un monumento nacional americano capaz de catapultar las emociones del espectador hasta niveles febriles. Pero ojo, que el foco de la película no es solo él y ni mucho menos el perro, sino Jeff, ese robot metepatas que se asimila a su padre y, a la vez, no lo hace, del cual adivinamos un progreso heroico que el filme nunca culmina, en beneficio del misterio, y que representa, en sí mismo, esa voluntad de actuar siquiera torpemente y bajo cualquier circunstancia. Es decir, el auténtico talante americano al que su maestro parece haber dado la espalda.

Desconozco si Finch acabará siendo valorada como creo que merece, pero por delante nuestro ha pasado una estupenda película y apenas nos hemos dado cuenta.

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david bowman
david bowman
7 meses hace

«…estaba asustado. Y tan solo…» Jodó, qué chorro de genuina emoción. Creo que voy a llorar. De pena: doblar a Tom Hanks tendría que ser delito. Como robar, violar o saltar semáforos en rojo.