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Fresco goyesco del desmadre nacional

Fresco goyesco del desmadre nacional

La presente e interminable crisis económica, política e institucional que aflige a nuestro país ha generado una ya copiosa actividad creativa. Escritores, dramaturgos, cineastas y hasta poetas la han reflejado en sus trabajos y la han convertido, en los casos logrados, en materia artística. El testimonio de una realidad degradada ha servido de base para hacer el diagnóstico de un tiempo a partir de las exigencias del arte, que no son las del reflejo directo del mundo. Pero también ha habido ejemplos de mención directa de los hechos y nombres que protagonizan la situación. En una de las escenas de la divertidísima zarzuela ¡Cómo está Madriz!, Miguel del Arco saca a relucir (si no recuerdo mal con enormes retratos fotográficos) con su propio nombre a Bárcenas, Rato y Camps. Y para el beligerante Teatro del Barrio, Alberto San Juan preparó la comedia Ruz-Bárcenas, base de B (la película de Bárcenas), cuyo solo título señala su meollo, la declaración ante el juez Ruz del extesorero del PP, llevado a presencia del magistrado desde la cárcel.

"La abundancia de contenido (reflejada en una extensión desmedida que supera las seiscientas páginas) se encarga de corroborar la ilustrativa imagen del salvaje oeste que semeja nuestro país"

La proximidad inmediata a hechos reales constituye el punto de partida de la novela de Juan Tallón Salvaje oeste. No utiliza el escritor orensano nombres propios reales, pero encadena situaciones que remiten a personajes o comportamientos de nuestra vida pública transparentes. ¿Habrá que ponerle patronímico al presidente del Real Madrid con megalómanos proyectos urbanísticos que se cuecen en el palco de vips? ¿A alguien le suena un torticero presidente del gobierno que reparte cargos entre sus más leales, o nombra y desnombra a los suyos en puestos de la mayor responsabilidad financiera? ¿Será delirio nocturno la venganza fría de dicho sujeto que pone en la vicepresidencia del gobierno a un íntimo y lo despide en una conversación de dos minutos? O, por suponer un asunto de menor cuantía, como diría un administrativista, ¿se habrá dado el caso de que el caprichoso jefe del ejecutivo disponga que su autor de cabecera obtenga el Premio Cervantes? ¿Es mucho imaginar una alcaldesa que pasa a ocupar la presidencia de la mayor caja de ahorros nacional? ¿Alguna vez la prensa habrá engañado, mentido, tergiversado la verdad o se habrá puesto al servicio de oscuros intereses de los líderes políticos? ¿Acaso la explosiva mezcla de poder, sexo y dinero resulta inédita?

Todo esto está en Salvaje oeste con una fidelidad hemerográfica aplastante. Pero ni siquiera el lector tiene que acudir a los periódicos, porque los datos, las situaciones, incluso las anécdotas se hallan en la memoria reciente y cercana del ciudadano más despistado. En todo caso, le llamará la atención el cúmulo de noticias públicas de la clase señalada. No son inevitables, pero sí convenientes para que la novela cumpla su finalidad de parábola de la actualidad nacional con visos hiperbólicos. La abundancia de contenido (reflejada en una extensión desmedida que supera las seiscientas páginas) se encarga de corroborar la ilustrativa imagen del salvaje oeste que semeja nuestro país.

"No encontramos a nadie bueno, digno u honrado. La amplia galería de sujetos responde a la perspectiva de seres planos, todos ellos malos, mujeres arpías, hombres desaprensivos"

Juan Tallón aplica tintas burlescas para pintar su retablo de la España contemporánea. Los sucesos tienden a la exageración. No es la inventiva lo que destaca en las anécdotas referidas, sino su carácter reiterativo. Contra el clásico principio legal de non bis in idem, el autor repite una y otra vez situaciones parecidas, aunque con variantes en los detalles menores, para una centuplicada condena de hábitos deplorables.

Un esquema reductor utiliza también para la presentación de los personajes. No se atisba en ellos penetración psicológica alguna. Al contrario, obedecen a unos perfiles maniqueos unilaterales. No encontramos a nadie bueno, digno u honrado. La amplia galería de sujetos responde a la perspectiva de seres planos, todos ellos malos, mujeres arpías, hombres desaprensivos.

"Salvaje oeste no es gran literatura, pero sin llegar a la alta literatura sí presenta un ameno fresco goyesco del desmadre nacional"

Tampoco se interesa Tallón por la arquitectura narrativa ni por la expresividad verbal. La novela está construida mediante el encadenamiento lineal de episodios en los que se van sucediendo las peripecias de los protagonistas. El estilo es chato, utilitario y funcional. No están en la intención del autor ni innovaciones modernistas ni destellos expresivos. Todo está dirigido a la comunicación directa de los contenidos.

Aunque Salvaje oeste no aporte nada novedoso respecto de la realidad española de nuestros días, y aunque su forma se atenga por completo a una simple recreación testimonial, no es desdeñable su propósito de ponernos ante los ojos lo que pasa a nuestro alrededor: la corrupción generalizada en medio de la que vivimos y de la que somos paganos. Políticos y empresarios, la casta del poder y del dinero que nos sojuzga, reciben en estas páginas los verdugazos que merecen. La burla tiene efecto liberador y uno no puede por menos que reconocer tal resultado en esta humorística crónica crítica de nuestro presente. Salvaje oeste no es gran literatura, pero sin llegar a la alta literatura sí presenta un ameno fresco goyesco del desmadre nacional.

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Autor: Juan Tallón. TítuloSalvaje oeste. Editorial: Espasa. VentaAmazonFnac y Casa del libro

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