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Geografía social de la violencia de México

Geografía social de la violencia de México

El miedo crece en México. Los espacios que antes se consideraban seguros, como los barrios y los ranchos, ya no lo son. Han llegado a su fin. Y éstas son algunas de las variables que el antropólogo social Claudio Lomnitz analiza en su nuevo libro Antropología de la zona de silencio, que Ediciones Era ha puesto en circulación. El investigador, quien con esta obra cierra una interesantísima trilogía que comenzó con El tejido social rasgado y continuó con el ensayo Para una teología política del crimen organizado, ha intentado esta vez revisar la relación entre violencia y comunicación, y analizar el auge del rumor ante las amenazas a los periodistas. Su obra se erige así como una de las mejores visiones sobre la cultura de la violencia en México. Para el autor, nacido en Chile en 1957 y nacionalizado mexicano, el espíritu de los tres libros es una manera de aportar, desde la antropología y el periodismo, algunas entradas para poder comprender mejor la violencia en la que está metido el país desde hace 30 años, una tarea que implica conversar con la gente, escucharla e indagar en contextos concretos. Y es que la cuantificación del asunto parte de una clasificación de lo que está pasando, teniendo en cuenta que, por ejemplo, no es lo mismo un crimen pasional a que unos jóvenes sean rafagueados por metralletas automáticas en una esquina. Porque lo que aquí importa es entender lo específico para construir el sentido de lo que está pasando. Lomnitz dice que las formas de violencia que imperan en México hoy empezaron en los años 80 y 90, y se han ido desarrollando a partir de la guerra contra el crimen del presidente Felipe Calderón. Organizado a partir de siete conferencias que el ensayista pronunció en 2023 y 2024, Antropología del silencio se basa en una investigación regional que arrancó con un proyecto de la Comisión Nacional de Búsqueda y la Comisión de Búsqueda de Personas de Zacatecas, mediante los que se intentaba ayudar a pensar el problema de las desapariciones mediante la búsqueda de patrones. De esta forma, Lomnitz llegó a perfilar la idea de que una zona de silencio es una expresión que se refiere a aquéllos puntos geográficos donde se cometían asesinatos y que los medios de comunicación no podían cubrir por las amenazas que se cernían sobre ellos. En ese sentido, el investigador ha dicho que muchas de las personas con quienes se entrevistó para este libro hablan del fin del barrio, pues al ser un espacio donde ha habido muchos homicidios, va desapareciendo la vida callejera porque la gente ya no sale a la calle en la noche y los valores de respeto y empatía se van difuminando. Es lo que ocurre, por ejemplo, en provincias como Zacatecas, donde en 2021 hubo más de 3 mil desplazados de 14 ranchos, lugares donde el crimen organizado entró en las casas llevándose a los jóvenes para entrenarlos como sicarios, sin que las familias pudieran hacer nada. Este tipo de hechos llevan a Claudio Lomnitz a concluir que en México existe una soberanía negativa; es decir, “el derecho de matar personas, extorsionarlas, desaparecerlas y controlar territorios, sin que nadie te detenga”. Una forma de soberanía mediante la cual, sostiene Lomnitz, el crimen organizado no busca sustituir al Estado, sino parasitarlo. Ante los ojos del mundo y sin que nadie pueda remediarlo.

SENADORES CON ÍNFULAS DE EDITORES

El expresidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, se quedó sin el Consejo Editorial que le había pedido al influyentísimo político Adán Augusto López Hernández, desde el cual quería tramitar que el Senado se quedara con los derechos de autor de la obra de Octavio Paz. El plan era que Fernández Noroña, un sociólogo que siempre tuvo ansias de grilla y que parecía contentarse con ser editor, iba a asumir la presidencia de ese Consejo Editorial del Senado al salir de la presidencia del Senado, el pasado 1 de septiembre; pero su señorías jamás concretaron el acuerdo de la Junta de Coordinación Política para darle vida formal a ese Comité. Así que en uno de los plenos, el sociólogo y político con ínfulas de editor presentó un documento con el cual mostraba su rabieta y renuncia a presidir dicho Comité ante la carencia de recursos y fondos para trabajar, según dijo, haciendo pública una carta de renuncia que entregó al entonces presidente de la Junta de Coordinación Política, Adán Augusto López Hernández, el mismo valedor que ahora acababa de darle calabazas. A la sazón, su caprichosa y agria misiva exponía que al no haber recibido el Consejo Editorial del que ya parecía formar parte “un centavo partido por la mitad de presupuesto”, el Consejo Editorial no tenía recursos para imprimir “ni un volante u octavilla”, y “así las cosas”, se veía “en la ineludible obligación” de presentar su renuncia como presidente del Consejo Editorial de la Cámara de Senadores. Cabe recordar que el 4 de abril de 2025 se reveló que, de forma inédita, el Senado hacía trámites para quedarse con los derechos de autor de las obras completas de Octavio Paz, para lo cual estaba en conversaciones con el Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), poseedor de los derechos de los bienes tangibles y no tangibles del Premio Nobel de Literatura 1990 que, al no existir herederos de su obra, por decisión judicial se hacía cargo de dicho patrimonio. Y fue entonces cuando los cuervos alzaron el vuelo y comenzaron a rondar, entre otros monumentos, la piedra de sol que alumbró el ínclito poeta. Pero el destino parece tener otros planes que, ojalá, hagan mejor justicia poética a una de las obras cumbre de la literatura mundial del siglo XX. Ya veremos.

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